Articles by Rox

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Un piso en Atocha no queda tan cerca del cielo me recordaba al entrar a esa vieja estación.

Había vuelto. El vivero, las tortugas, los top manta, el cielo azul. Todo estaba ahí. Faltaban sus besos, mi sonrisa que enseñaba todos los dientes y sobre todo, faltaban sus dedos dibujando mi escote mientras me tomaba un cortado en la barra de esas islitas con café.

Pagué un euro y medio por el café (una ganga) y una sonrisa melancólica se dibujó en mi rostro ante el ¡Venga, guapa! del cantinero. Tomé mi back pack naranja y subí al tren rumbo a Sevilla. Ese bulto pesaba más de lo que recordaba.

Ya instalada en mi asiento de segunda clase, abrí la maleta. Hasta arriba estaba un Teddy Bear -Que raro, pensé- y con enorme curiosidad y prisa espulgué para que más hallaba. Una falda azul con vuelo y unas tanguitas con la leyenda “kiss me maddly”. -Muy sexy- pensé con una sonrisa torcida y me lo medí -muy pequeño para estas caderotas- .

Una foto con dedicatoria me hizo envidiar a sus amigos. Un libro de Poncela y un encendedor que solo decía “made in china”. ¿Fumaba? una cajetilla lo confirmó. Recordé el placer que era fumar después de comer o coger. Me maldecí por haberlo dejado. ¿Para que?, si al final lo que me había de matar no era un enfisema.

Seguí espulgando con ansiedad. Cada objeto desempacado me indicaba que pertenecía a una persona muy diferente y lejana a mí. Sin duda, ella era alegre, desinhibida y con un gran futuro por delante.

Encontré su pasaporte lo comparé contra el mío. Mismo nombre, misma fecha de nacimiento, diferente cara. Su foto gritaba felicidad y la mía amargura. Y no eran las arrugas. Guardé todo antes de comenzar a llorar.

Sólo me queda esperar a mañana. Esperar haber activado las reacciones correctas y nunca conocerlo. Y no terminar refundida 30 años en una cárcel andaluza.

Su profesión era la más inusual para vivir en la Ciudad de México, en pleno 2008. Sin embargo era ampliamente recomendada, incluso por el personal de la famosa funeraria de Félix Cuevas, en la que le había llorado a más de un artista o político importante.

matilda

Aquella tarde había sido contratada para llorar fuertemente -casi rayando en la histeria- durante 2 horas. Su llanto y duración preferida. Siempre había pensado que nadie podía haber sido tan bueno como para merecer un llanto más largo.

Entró a la sala sin fijarse siquiera en el nombre del patrón, como se refería ella al muertito. De reojo miró a los presentes y los encontró extrañamente conocidos. -De accidente seguramente, de los que se quedan medios muertos y van cayendo en cadena- pensó. Además que de luto y con semblante triste, toda la gente luce igual.

Se instaló de rodillas ante el féretro y comenzó a llorar. Al principio los sollozos eran casi imperceptibles, pero a los cinco minutos el fuerte llanto acompañado de frases atormentadoras como ¿Por qué Dios mío? ¿Porque?!?! ¡Aun no era tiempo!, provocó que varias mujeres la acompañaran en esa pieza orquestal que el llanto fúnebre es.

Entre llanto y moco, sus acompañantes hacían comentarios de la fallecida.

-Siempre tan considerada con los sentimientos de los demás-
-Nunca le importo salir de madrugada, a cualquier hora estaba disponible-
-Supongo que su trabajo la enloqueció… ¡Mira que irse por lo más cobarde y ruin!-
-Ve a la llorona, se nota que ella era su colega… ¡Que bien llora!-

Matilda sabía que las conversaciones en los funerales siempre son iguales. Sin embargo, la última frase le despertó curiosidad: nunca había sabido de alguna colega profesional.

Se acercó al féretro abierto y un frío intenso le recorrió el cuerpo. Su fuerte llanto fue callado para sólo transformarse en un grito espeluznante al tocarse el cuello y comprobar que tenía las mismas marcas que la patrona. Marcas de la soga con la que se colgó.

El mundo como lo conocemos se acaba. Veinte minutos a lo mucho tardarán los misiles del medio oriente en llegar a América del Norte. Desde hace dos días -con el asesinato de todos los líderes en el G8- las ciudades han sido un caos, las comunicaciones -excepto la radio- se han caído, los templos se han abarrotado.

No entiendo cómo es que aun tengo luz. Más ilógico aun es el que yo esté escribiendo un post. Debería estar cogiendo, diciendo “te quiero” a los que quiero, escondiéndome como topo, leyendo lo que me falta de Garibay o haciendo algo que nunca hice… como sexo en grupo, que se yo.

Pero no, estoy escribiendo un post que nunca se publicará.

Los Estados Unidos y Europa ya mandaron a su élite al espacio. Bonitos supervivientes de una raza con la idiota manía de creernos inmortales. Polvo de estrellas es lo que somos. Seguro que esos “elegidos” están filmando ahora mismo el ataque nuclear.

Y yo estoy escribiendo un post. ¿Por qué?

Gazpacho ya ha comido y duerme tranquilo a mis pies. Yo también estoy tranquila. Supongo que es por esa tranquilidad que da el que no queda más que hacer. Tranquilidad que no existe en los gobiernos, quienes ante la inminencia nuclear les dio por “proteger” nuestra “cultura”. Wow, la Monalisa esta a salvo, también discos duros con nuestro conocimiento y hasta DNA de diferentes especies de animales. Seguro que el DNA humano es de un blanquito impedo, pff.

They say the devil’s water, it ain’t so sweet, you don’t have to drink right nowBut you can dip your feet, every once in a little while

Elegí a The Killers y Foo Fighters para morir. ¿Is someone getting the best of you?

Supongo que escribo porque no me confieso, cuando no tomé de esa agua prohibida, chapoteé en ella. Porque hubo quien tuvo lo mejor de mi.

Quizá de lo único que me arrepiento es

Naomi Holbrook inició la visualización del holograma en la habitación.

Primero apareció un cachorro de hurkle (del Planeta Lirht). Se movía rápido y sinuosamente, ayudado por las articulaciones dobles de las patas de en medio. De su cola enredada se veía una mochila negra que contrastaba con el perfecto azul de su piel brillante.

-¿Porque esta azul?- preguntó Zen. -Es que esta feliz- Contesto ella. Zen hizo una mueca.

Después apareció una gallina de pantano de las Colonias Sutang, en Nueva Venus. Revoloteaba animosamente sus alas verdes y a su paso iba dejando pelo caer al piso. En su pico trasero llevaba maquetas de DNA.

-Que feo animal, ha de ser muy sucio tenerlo cerca- dijo Zen. -Pero es muy inteligente- contestó Naomi.

No pudo decir más porque Zen se carcajeaba del rinoceronte de dos cabezas, llamadas Tweedle y Tweedledam. Bajando del transporte marciano, cada cabeza quería irse por un lugar distinto, lo que producía una escena bastante cómica. Sin duda, en sus ojitos de en medio se les veía la emoción por llegar.

-¡Que lindos!- Grito Zen al ver a la mama e hijo slissii vestidos a la usanza del viejo oeste. -No son osos de felpa, aunque su parecido es notable- Dijo Naomi.

Sin duda, los slissi eran la especie inteligente preferida de los humanos, por rellenitos y afelpados. Era difícil decirles que no a esos ositos dorados de ojos negros. El niño se veía feliz.

-Entonces, ¿Mañana si vas a la escuela?

-¡NO, NO QUIERO!- gritó Zen y corrió.

Naomi salió de la habitación visiblemente enojada. -¡Para el próximo clonamos uno de mi familia!- amenazó a Fred Holbrook.

Francisco Aldebarán bajó del tren en el que viajaba desde Cuévano y se dirigió a la atascada casa de cambio. Necesitaba cambiar sus pesos de abajo por dorados. Era una chingadera viajar en lo que fue México desde la Guerra Senderista, que partió al país en 18 jodidos minipaises.Casi llegaba a la caja cuando la cerraron sin dar explicaciones. -Pinchis Culichis güevones- pensó y se fue al bar de la estación a cagar. Ya liberado de la presión en sus intestinos, ordenó una cuba.

Con la valentía que da el tercer trago, se acerco a Crisanta Cruz, quien portaba un prominente escote. Crisanta dijo vivir en la Monarquía Católica de la Nueva Galicia y estaba esperando a su amado para la sesión del comité de Reunificación.

-Que mamada, seguro que esta mochita nomás lo dice para que la deje en paz- pensó Francisco. Así que decidió esperar al mentado comité.

Minutos después, todos los integrantes habían llegado: Juan Preciado, Tita de la Garza y por supuesto Don Regino Burrón, artífice del Plan de Reunificación. Tlacotzin y Crisanta sacaron el Tequila, que no se exportaba más que a Europa y Asia.

-Primero unas copitas, después lo importante- dijo Don Regino.

Dos botellas después de brindar por lo chingón que fue México, de cantar rancheras y de vivas a Hidalgo, aquello era un desmadre. Tita hablaba por celular con MamaElena y se disculpaba llorando por no llegar. Crisanta y Tlacotzin fajaban casi pornográficamente y Juan preguntaba a cualquier sombrerudo si era Pedro Páramo.

Don Regino hablaba con Francisco de la chingadera que es vivir en el Imperio de Chilangolandia con un contacto físico que, a pesar de su borrachera, Francisco lo sentía bastante puñal.

Dijo ir al baño, pero Francisco se subió al primer tren que pasó. -Mis güevos unificados, que!- pensaba mientras orinaba la tierra mexicana que se asomaba entre los vagones.

-Otro día más, otra huída más- fue el primer pensamiento de Lagarto al despertar. Roca y Lagarto iban en esa cansada caravana de sobrevivientes de los Elefantes Pecosos. La única esperanza para los metahumanos era irse al Contienete Oriental. Quizá en otro continente y con el Oceano de los Desolados de por medio, podrían encontrar la tranquilidad que dan las noches sin luna.

Roca se había enamorado de Lagarto aquel día que se habían quedado atascados en el Charco del Suplicio y él la había salvado. Sin duda, el que Lagarto respirara con branquias ayudó. Roca lo amaba a pesar de ser una especie inferior, sin la capacidad de emitir melodías y colores al pensar. Nunca vio de esa manera a un Rojo Cristal, pero al fin y al cabo, todos eran metahumanos.

Amanecía y los pájaros invisibles cantaban. Sin duda, para Lagarto era el mejor momento del día, ya que Roca pensaba con tranquilidad y emitía melodías color púrpura-naranja que embellecían el lugar.

Después de copular, vieron los gritos azules de otra Primavera Pura. Los Elefantes Pecosos estaban a menos de 300 kilómetros. La caravana apretó el paso, ajustando la velocidad con los rayos láser de reserva.

Eran bestias enormes y pesadas como la ausencia. Sus orejas les llegaban al piso, por eso eran llamados como aquel animal mitológico. Sin embargo no tenían ese largo apéndice sobre la cara y las 30 filas de dientes aterrorizaban a metahumanos e infrahumanos por igual.

Sentían como como la manada se acercaba… 200, 150, 100 kilómetros. Lagarto tomó a Roca del pelo de sus caderas y la llevó a la Cueva de los Hermanos del Sol. Sabía que era peligroso, por el rencor que éstos les tenían a los Primavera Pura (ya que no aceptaron el 44% de su DNA como metahumano), pero sin duda estarían más expuestos sin esa protección.

Así, agazapados, sólo les quedaba esperar otro día mas.

El ángel escritor

-Muchos pensadores han querido hacer notar que la navidad es un espíritu, pero es un guión ridículo- me dijo Ángel en un tono triste cuando iba pasando. Fingí no oírle, pero sus palabras me rebotaron en el cerebro, así que regresé.

-¿Cómo?- pregunté.

-Dios elige al final el argumento y Dios es un cursi- aseguró con rencor.

Ángel tenía alas, sombrero y vestía de gris. Pensé que seguramente era un loco más… y sobre todo porque traía shorts con este frío culero. Le dije que quería saber más, pero que fuéramos a San Ginés. Ya con chocolate y churros servidos, Ángel me comenzó a explicar.

Resulta que Dios escribió la Biblia y no quiso volver a pensar, por lo que las “nuevas” historias las inventaban los ángeles escritores y él era uno de ellos. Esos textos (la mayoría navideños, por que a Dios le gustaba alardear de su cumpleaños) eran enviados con anticipación, editados e inspirados a diferentes personas.

Ángel estaba en la tierra porque estaba harto de que sus historias fueran editadas con cursilerías y se convirtieran en grandes hits. Ante mi mirada de incredulidad, me aseguró que cuando escribió “Un cuento de Navidad”, el malo era el niño y chantajeaba sentimentalmente al viejo por ser incapacitado. El cascanueces no era un sueño, si no que la niña se puso bien high con opio.

Entre mas chocolate tomaba, más historias raras me contaba. Santa era un ladrón, los árboles empezaron como un negocio canadiense, etc. Me di cuenta que se estaba emborrachando y como pude lo saqué de ahí, mientras Ángel vituperaba a Dios y escupía al cielo (con lamentable resultado, por cierto).

Mientras Ángel descansaba, comencé a pensar que este era el wey mas raro que había terminado en mi cama, hasta que se puso caliente. Resultó que no tenía pito. Era un ángel de verdad.

Querido Lisandro:

Te escribo esta carta pa pedir tu perdón de dos “asuntitos”. Perdóname por lo que te hice (uno) y por lo que ya mero seguro que te pasa (dos). Estoy mala, muy mala de esa horrorosa enfermedad que anuncian hoy los diarios en primera plana. Y sé como me la pegué.

El viernes te mentí (uno). No fui a ver a mi abuelita a Santa Manuelita. Me fui de güilota con la pinche Esperanza. Ya sabes como es ella de rogona y yo de tan fácil convencimiento. No, no quiero echarte en cara todos los lados por los que me besuqueó el Romualdo. Sí, tu primo de los esteits.

Fue él quien me pego esto, pinches gringos cochinos. Mientras me manoseaba pensaba no, no, ha de traer una pinche enfermedad, pero ya sabes como soy yo de tan fácil convencimiento.

No, no es momento de moralinas, es momento de darnos cuenta que los síntomas están ahí:

  • Hambre de podrido (ya me tomé un tepache)
  • Lujuria (acuérdate del mañanero)
  • Laguna mental (olvide como se llama la cosa que se pone en la chingadera de la cocina)
  • Sed de agua (Ya tome coca)
  • Ganas de arrastrarse (limpié por debajo de la cama)

Sé lo que piensas mi amado Lisandrito, que son mis arranques de siempre. Pero no es como cuando lo del cáncer testicular, ora si es real. Lo sé, lo siento dentro y mis entrañas se mueren. Ya sabes lo que dicen, que es de afueras pa’ dentros.

Así que perdóname porque ya te pegué la enfermedad (dos). Pero te lo mereces porque ya me enteré que andabas de pitoalegre con la Melany.

Eternamente tuya (y te chingas),

Rosalbina (28-diciembre-2007)