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	<title>Metatextos &#187; Serguei</title>
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	<description>Literatura minimalista en línea</description>
	<pubDate>Mon, 06 Oct 2008 23:40:34 +0000</pubDate>
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	<language>en</language>
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		<title>¡Igualitos a su padre!</title>
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		<pubDate>Fri, 02 May 2008 05:02:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Serguei</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ejercicio 12: Continuación]]></category>

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		<description><![CDATA[A lo largo de mis años, nunca quise asistir a un funeral. Casi siempre fue por indiferencia, por no jugar al hipócrita con los allegados de un difunto cuyo deceso simplemente me tenía sin cuidado. Sin embargo, también hubo otros casos, muy pocos, en los cuales el dolor de perder a seres muy amados me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A lo largo de mis años, nunca quise asistir a un funeral. Casi siempre fue por indiferencia, por no jugar al hipócrita con los allegados de un difunto cuyo deceso simplemente me tenía sin cuidado. Sin embargo, también hubo otros casos, muy pocos, en los cuales el dolor de perder a seres muy amados me hizo encerrarme en mi mismo. Nadie podría entender la magnitud de las penas que me embargaron entonces, y yo no tenía por qué explicarlo a nadie.</p>
<p>Pero, sin reparar nunca en ello, había un funeral al que no podría faltar de ninguna manera: el mío propio. Había escuchado historias acerca de personas que veían su propio funeral, lleno de parientes y amigos llorando, algunos más sinceros que otros. En contraste, mi sepelio fue poco concurrido. Caminé entre las personas, atento a escuchar sus conversaciones (ni muerto podía quitarme lo chismoso)</p>
<p>- ¡Este señor! Me cuentan que nunca asistió a ningún funeral en su vida. ¡Vaya insensible!<br />
- Ya ve usted como lo paga. Ha venido muy poca gente a velarlo. Ni siquiera he visto a sus hijos. ¡Igualitos a su padre!</p>
<p>Sonreí y pensé que no podría estar mas de acuerdo con la doña. Dejé el chisme y me dirigí a disfrutar de aquellos cuya compañía era la más importante y que, como yo en ocasiones anteriores, decidieron guardarse de recibir condolencias.</p>
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		<title>Un recuerdo inesperado</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 05:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Serguei</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ejercicio 11: Maleta]]></category>

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		<description><![CDATA[Apenas sintió el descenso del avión, Mario despertó. Había llegado a Moscú. No tenía idea de cuantas horas había dormido. Mientras que otros turistas se encontraban emocionados de haber a Rusia, para Mario los viajes era una cosa muy familiar. Ya tenía en su haber muchos países recorridos, aterrizajes, aeropuertos, y maletas, pero había muchas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Apenas sintió el descenso del avión, Mario despertó. Había llegado a Moscú. No tenía idea de cuantas horas había dormido. Mientras que otros turistas se encontraban emocionados de haber a Rusia, para Mario los viajes era una cosa muy familiar. Ya tenía en su haber muchos países recorridos, aterrizajes, aeropuertos, y maletas, pero había muchas cosas en su pasado de las que prefería no acordarse.</p>
<p>Un poco adormilado, se dirigió a recoger su maleta. Divisó una negra con detalles que inmediatamente le fueron familiares. Sin perder más tiempo, se dirigió al hotel donde había reservado su estancia en Moscú. Arribó sin contratiempos y se dispuso a desempacar lo necesario en la habitación.</p>
<p>Mario quedó atónito al abrir la maleta. Libros infantiles, plumones, juguetes. Parecía ser la maleta de un niño. Mario no comprendía el motivo de su equivocación. La maleta le parecía muy familiar. No pudo con la curiosidad. Entonces halló algo que lo transportó años atrás.</p>
<p>Era ese oso de peluche por el que tanto lloró en ese viaje a Guatemala. A sus escasos 3 años, no podía resignarse a perder su más preciada posesión infantil. No quería irse sin su oso. Su papá logró convencerlo de que la maleta se había quedado en casa, y durante el viaje se encargó de comprarle un montón de cosas para hacerle olvidar.</p>
<p>Cerró la maleta, y en el exterior vio, fijándose de nuevo, vió una nota que rezaba “no entregar con las otras maletas” colgaba fuera de la maleta, junto con la firma de su padre. Un encendedor sujeto al cierre tenía una frase grabada: “te amo Dolores”</p>
<p>Dolores&#8230; “la mujerzuela por la cual papá terminó divorciándose de mamá” Tenía un hijo de la misma edad de Mario. Rompió el boleto de vuelta. Nunca volvería donde su padre.</p>
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