Rosalía y Gustavo encontraron su pasión mientras aún eran estudiantes de arqueología. Todo comenzó durante una expedición en el tercer año de estudio.
Una noche, estando en medio de la borrachera de fin de semana, Rosalía se alejó del grupo y buscó internarse de nuevo en el sitio y en el camino tropezó con Gustavo quien dió media vuelta sobre su eje y casi por inercia la siguió.
En poco tiempo se encontraron solos enmedio del sitio. La luz de la luna nueva apenas alumbraba algunas estelas -que recién habían sido rescatadas de la selva- dibujando un hermoso paisaje onírico.
Rosalía comenzó a imaginar cuánta fuerza fue necesaria para tallar esas esculturas, se imaginó a los hombres pasando horas golpeando la piedra para sacarla de la mina se sonrojó…de pronto, su respiración se aceleró, sintió un suave calor subiendo desde el centro de su cuerpo, sus pechos se hinchaban al imaginar las ceremonias realizadas a su alrededor mientras veían a esa simple piedra como el objeto más sagrado..
-Si. Y ahora esas piedras están tan duras, tan perpetuas. -Contestó Gustavo ante un comentario que Rosalía había lanzado en medio de su éxtasis. Ella, aún sin salir de su sorpresa, esbozó una sonrisa a la vez que mordía su labio inferior.
Entonces Gustavo se acercó a la estela, se recargó en ella y comenzó a acariciar las formas grabadas a la vez que gemía suavemente. De pronto sintió una manita que comenzó a acariciar su espalda mientras que otra mano se dirigió al cierre de sus bermudas. Cuando Gus se dió la vuelta, se encontró de frente con los pechos desnudos de Rosa.
Así inició esa loca pasión de ese par de arqueólogos que aprovechan cada excavación para dar rienda suelta a su pasión por las viejas piedras.

