Articles by Sr. Violencia

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Estaba en los baños cuando todo empezó, una mujer entró con sangre en la cara, diciendo cosas de zombies y muertos, no creíamos nada de lo que decía, pero uno de esos… monstruos entró, sujetó a la chava esa y la jaló hacia fuera, eso provocó la histeria en todas las demás, pero yo tomé el control, logré atrancar la puerta y encerrarnos del exterior, pasamos horas escuchando gritos de horror, además de ser inundados por una densa nube apestosa, hasta que finalmente fuimos rescatadas por los bomberos.

Mientras salíamos todavía con la peste en el aire, vimos como muchos barrenderos y personal de limpieza sacaba los cuerpos podridos y explotados de los zombies, además de que el SEMEFO sacaba, a las victimas de esa masacre, en bolsas negras, de esas que parecen de basura.

Caminábamos por un pasillo de acceso hacia la salida del estadio donde había sido el concierto, íbamos rodeadas de camillas y botes de basura, en las paredes había publicidad de los próximos eventos, tanto conciertos como partidos de futbol y cosas semejantes.

Uno de esos pósters llamo mi atención.
- Ah mira, ¡Paulina Rubio y Celso Piña en 15 días!

Detrás de mi escuché un grito lastimero, de un bote de basura salió la mitad de un zombie, cayendo sobre mi, me mordió un hombro.
- Ash, no aguantan nada, ¡¡yo solo decía!!

No se porque, si siempre tiendo a hacerle caso a mi instinto, desde que salí del aeropuerto en roma, tenia la sensación de que esa maleta no era la mía. Aun así, que era idéntica y sentía el mismo peso, esa vocecita dentro de mi me decía que no lo era.

Y no lo fue.

Al llegar al hotel, abrí la maleta para salir de dudas de una buena vez por todas. Lo primero que me encontré al abrirla fue una sotana. Eso no me decía nada, yo era sacerdote y siempre lo último que ponía era la sotana, empecé a escarbar entre las ropas, me encontré un oso de peluche, viejo, desteñido y descosido al que le faltaba un ojo. Pero lo que resolvió quien era el dueño, fue la bolsa de plástico que me estaba hasta el fondo de la maleta, dentro, un enorme dildo de látex de color rosa, con una tarjeta pegada al listón que lo envolvía, que decía:

NORBERTO:

Para que no me olvides en tu visita al vaticano.
XOXO

J. J. Posadas.

¿Quién será ese tal Norberto? Con cuidado quite la cinta y la deja en el tocador de la cama.
Un par de horas, después de lavar perfectamente el dildo, con un leve dolor en el ano y una gran sonrisa, fui a buscar al dueño de la maleta.

¿Cómo surgen estas cosas? No lo se, tampoco recuerdo cuando empezó esta… fascinación.

Nadie lo sabia, por que esto no lo hacia en publico; como todos, escondemos nuestras “vergüenzas” en casa, en la recamara, bajo las sabanas. Lo oculte durante mucho tiempo, nadie podía entenderme, no todos podemos ser perfectos, seguidores de normas y leyes que no se quien las impuso y porque las impuso.

Y ahora que lo pienso un poco mas, remontándome a lo mas oscuro de mi mente, donde están guardadas todas esas cosas que nadie sabe, aparece como si fuera una película, donde yo era el protagonista, me veía mi mismo junto a la puerta del baño, viendo a mi abuela secar su cuerpo desnudo con una toalla. Nunca tuve la intención de espiarla, simplemente fue una coincidencia, además de que eso me lleno de vergüenza a tal grado que evitaba toparme con mi abuela, pero no podía quitarme de la cabeza su cuerpo húmedo.

Así que en una ocasión, cuando me quede solo en casa, entré en la habitación de la abuela y tome uno de sus tejidos, y con eso en mano me masturbe por primera vez.

Con el tiempo, mi abuela desapareció de mis fantasías, pero no los tejidos, es tal mi fascinación, que incluso, aprendí a tejer y soy muy bueno hasta eso, de dos agujas y de gancho como quieran, todo para poder tener con que poder satisfacerme.

No todos somos iguales, por eso no espero que me comprendan porque realmente me vale madre.

Todo se fue al carajo, todo desapareció, así, en un tris, tu amor y el centro histórico del D.F. se hundieron en un enorme agujero de kilómetros de diámetro y todavía mas de profundidad.

Miles de personas desaparecieron en el hundimiento, pero no estabas ahí, tu estas lejos, como en otro continente, mientras que yo, en la orilla con muchas ganas de saltar.

Muchos me consuelan diciendo que voy a estar bien, que no valías la pena, así como dicen que es mejor que se haya hundido el centro, porque nos libramos de mucha delincuencia y ambulantes.

La ciudad se ha vaciado, millones en largas colas de automóviles se alejan para nunca volver, pero yo permanezco inmóvil, esperando a una sola persona que por mas que lo desee nunca volverá, parece que también se la trago la tierra al igual que los edificios del centro.

Los expertos dicen que fue por la sobreexplotación de los mantos acuíferos, ¿habrá pasado lo mismo con tu corazón y tu amor? ¿Cómo rellenar un pozo de tal profundidad? Con mas amor, claro, hablando de tu corazón, porque el otro es con tierra.

Finalmente, todos se resignan conmigo incluido, ya nadie hace nada para reparar lo que se hizo con abuso, al centro histórico de mi corazón y a la ciudad.

NOTA DEL ESCRITOR: este texto esta parado por 25 palabras (325) no me acuerdo si cae dentro de la tolerancia, pero mientras sean peras o manzanas, lo voy a poner en pasados.

Ciudad de México, 5 AM.
Todavía no amanece y la fila para consultas medicas en la clínica numero cincuenta del seguro social ya da la vuelta a la manzana.
Odiaba el tener que ir al doctor, el que la pensión no le alcanzase para un doctor particular, pelearse con la bendita burocracia cada vez que le daba uno de sus achaques, formado por horas para que el doctor nomás lo viera por encimita y lo corriera a los cinco minutos, ya no había respeto, tantos años de arduo trabajo, miles, decenas de miles de semanas cotizando ¿y para que? ¿Para unos cuantos pesos y horas de filas? ya no había respeto.
Dormitaba recargado a la pared, estuvo a punto de caerse por quedarse dormido, cuando vio a lo lejos una figura conocida, un viejo amigo, caminaba cojeando de una pierna, debido a una vieja herida, vestido con un uniforme de policía patito, y la gorra mal puesta, cargando una bolsa de tela.
- ese pinche Huitzi! – gritó cuando paso a su lado sin haberlo visto.
Huitzilopochtli, Dios de la guerra, volteó distraído, para sonreír al reconocer a quien le hablaba.
- ¡Tlaloc, cabrón! ¿Cómo has estado? - dándose un ferviente abrazo.
- Aquí en consulta otra ves, ¿y tu?
- vengo de la chamba, ¿sigues con la sinusitis?
- Si, tanta pinche agua, que ¿eres velador?
- Pos si, es lo único que queda ¿y tu?
- Ya jubilado, con esta madre del calentamiento global, ya no llueve como antes.
- Si ta’ todo de la fregada.
- ¿Qué traes ahí en la bolsa? - pregunto Tlaloc al ver la bolsa agitarse.
- Ah, es Quetzalcoalt, anda también remalo, parece que le dio gripe aviar, lo llevo con el veterinario.
- ¿A ver cuando nos juntamos para echarnos una moronga y unas chelas no?
- Si, en el nivel, como siempre ¿no?
Se volvieron a abrazar, para que Huitzilopochtli reanudara su lenta y cansada marcha.

Lo golpeo en el rostro, haciendo que retrocediera, chocando contra la pared, arrinconándolo, no tenía escapatoria. Todo aquel infierno acabaría en ese momento y ese lugar, Juan golpeo hasta que no tuvo mas fuerzas.
El cuerpo sin vida cayo al piso, el ruido de la armadura metálica resonó en toda la habitación.
Juan respiro profundamente tratando de calmar el ritmo desenfrenado al que había sido sometido.
Se dio media vuelta, recogió su ayate del piso, al que le dio un beso con la devoción religiosa que despertaba la imagen ahí impresa, para luego ponérselo encima de la playera de las Águilas del América. Algunos curiosos y testigos juran haber escuchado un coro de Ángeles celestiales cantar un aleluya cuando eso sucedió.
Salio del lugar, para encontrarse frente a frente con Malintzin, viéndose a los ojos por unos instantes.
- pinche Malintzin! – dijo en náhuatl – como es posible que te gustara el Cortes, si era un verdadero pendejo, quinientos pinches años y no entiendes, carajo! – grito en español.
Además de Malintzin, A Juan Diego lo esperaba Hector, un detective tuerto de apellidos extranjeros; Maria, con su ropa mojada y en las manos las eternas prendas de sus hijos, y por ultimo una mole humana de mas de dos metros de estatura, que cargaba una plancha de piedra de una tonelada de peso, como si no pesara nada.
Mientras se alejaba los cuatro caminando hacia el horizonte, en búsqueda de mas aventuras, para luchar contra el mal, no muy lejos de ahí un viejo ahuehuete volvía a florecer.

Afuera, la nieve caía en densas ráfagas de viento que golpeaban con violencia las ventanas provocando un ruido blanco constante.
Afuera, las condiciones no aptas para salir, el viento cortante como el borde de una hoja de papel.

Yo, sentado en el borde de la cama todavía caliente, estoy desnudo, cansado, desesperado, viendo absorto hacia el exterior.
Tú, acostada, con la espalda desnuda, pero con la sabana en las manos, mordiéndola una y otra vez, lagrimas rodando por tus mejillas.
Pero en el fondo, todo el tiempo fuiste invierno, fue tan solo un espejismo.

Permanecemos en silencio una eternidad, no hay nada que decir, nada que explicar, nada que mentalizar.
Los dos buscamos como desafiar la soledad, buscándonos, envolviéndonos, como quien busca el sol.

Yo, caminando en la nieve, soportando el golpe del viento, acercándome a la barranca donde en el fondo agua lleva.
Tú, en la bañera, el vapor rodeándote, asfixiándote, al ver tus manos algo metálico brilla, corta tu piel, lo rojo, lo vital, recorre tus brazos, hasta caer en grandes gotas en el agua mezclándose.

Ambos tenemos frío, tanto que no podemos respirar, el agua nos rodea, sumergiéndonos, distorsionando nuestra vista, los sentidos en si.
Los dos, viendo al cielo, al infinito, buscando el sol, pero ya nunca más lo volveremos a ver.

Solo fuimos un movimiento, un momento, nunca eternos.

Todas las casas del vecindario dormían, esperando la llegada de San Nicolás tanto para los niños de la casa, como aquellos que todavía tenían alma de niños.
En la casa de los Gonzáles López era tranquilidad, la chimenea estaba apagada, aunque todavía quedaban algunas brazas que humeaban. Eso no importaba, ya que la suela de las botas podrían soportar ese calor por el tiempo mas que necesario para poder entrar y salir por ahí sin ningún problema.
Pero cuando se encontró a un par de metros del árbol de navidad con los zapatos de la familia en la base, con las cartas dentro, se topo con la sorpresa de que no estaba solo.
- ¡que demonios! – grito llamando la atención de la otro personaje.
Por un momento, Santa pensó que se estaba viendo a un espejo, pero conforme veía más detalladamente, se da cuenta de que no, su doble estaba mal maquillado, con las mejillas demasiado rosadas, la barba parecía de estambre más que otra cosa, y la ropa era de muy mala calidad.
Ese Santa misterioso empezó a hablar en un idioma completamente desconocido, tratando de caminar en forma muy rígida, como si no tuviera rodillas y codos, al par de pasos, mientras seguía platicando, un brazo simplemente se le desprendió cayendo al piso con un ruido seco, a otro par de pasos una pierna corrió con la misma suerte, hasta que la cabeza rodó hasta los pies del verdadero Santa, quien la levanto, observándola detenidamente, para luego azotarla contra el piso.
Se dio media vuelta, sin haber dejado regalo alguno.
- ¡Pinches Chinos piratas! – dio un salto para salir por la chimenea.

- ¿y bien?

- pues nada, que hay millones de muertos vivientes en las calles.

- ¿muertos vivientes?

- si zombis, y andan comiéndose los cerebros de los vivos.

- ¿y los vivos mueren?

- no wey, andan en bicicleta felices con el aire refrescándoles el cráneo vacio, ejem… perdón, si mueren.

- pero si están muertos, ¿qué no los hace zombis?

- eergh… pues, pues no.

- ¿por qué no? si están muertos.

- porque para ser zombi, se debe tener cerebro.

- ¿por qué no se comen entre ellos si tienen cerebros?

- pues porque están mal, ya no sirven.

- ¿entonces todos los muertos están regresando a la vida?

- si, aunque algunos ya son casi los puros huesos, se levantan de las tumbas, de las narco fosas, de los tiraderos clandestinos donde sepultaron a los revoltosos anarkosos.

- ¿hasta los que fueron cremados?

- pues se reportan tolvaneras de cenizas que atacan gente, y urnas que se agitan como maracas que trio.

- ¿que lo esta provocando?

- pues a lo largo de la historia ha habido múltiples motivos, Dioses que resucitan a su hijos al tercer día, extraterrestres de malas películas, virus de videojuegos famosos, promesas de campañas en vomitivas series de televisión, en fin.

- ¿pero en esta ocasión?

- pues todos nuestros estudios nos indican que fue culpa de una estación de radio.

- las ondas electromagnéticas?

- no, un concierto masivo que organizaron.

- ah caray, explíquese.

- pues hicieron un concierto donde hubo regeeton, duranguense y cerro RBD con timbiriche.

- ¡chingo a mi madre!

- y de que manera.

- ¿dónde me dijo que estaban todos los zombis?

- en el estadio señor, comiéndose los cerebros tanto de los “artistas” como de los asistentes.

- ¿si hay cerebros ahí?

- pues no muchos pero si.

- y que les esta pasando a los pobres zombis al comerse esos cerebros?

- parece ser que están explotando por gases, osease, que se están echando unos pedotes.

- ¿no son tóxicos?

- no, apestan de la chingada, pero nada mas.

- ah bueno, dejen que se acabe toda la comilona y luego manda a los de limpieza.

- entendido.