Articles by Taquero Narcosatanico

Yo soy un hijo de la madrugada. Me cagan los lunes y me aburren los domingos. Escribo cuentos desde los 6 años y siempre mato a mis personajes. Odio a los Dodos. Mi casa es muy fría porque los departamentos de al lado tapan el sol. Escucho música de manera patológica. Ronco por las noches. Atiendo la taqueria narcosatanica y siempre me pasan cosas raras. Dicen que aquí violan, ¡Corra!

Preparándome para meterme a bañar, noto que hay un escarabajo en el piso donde está la regadera. Qué dilema. Me da demasiado asco como para quitarlo de ahí con mi mano, pero tampoco me animo a matarlo. Debo hallar una solución. Tengo una cita con Laura y debo estar aseado, pero no puedo hacerlo si hay un bicho ahí. Me vomitaría.

Observo. Veo que hay un hoyo en la coladera. Seguramente el escarabajo vino de ahí. Debo pensar cómo regresarlo, pero sin tocarlo. Busco algún objeto con el cual pueda enviar a ese bicho por la coladera. Buscando a mí alrededor veo una bandeja roja en el lavabo. Tengo una idea.

Tomo la bandeja y comienzo a llenarla con agua. Mi plan es que al arrojársela al bicho, éste se vaya por la coladera. Es un plan perfecto. Ni le hago daño ni tengo qué tocarlo. Soy un genio.

Al llenar la bandeja roja, me preparo mentalmente para lanzársela al escarabajo. Debo hacerlo con suficiente fuerza para que el bicho se vaya por el hoyo. Me decido a hacerlo, tomo impulso y arrojo el agua.

El escarabajo es revolcado por el agua, de manera que queda colocado boca arriba. Ni siquiera se acercó al agujero de la coladera. El bichejo intenta reincorporarse, pero el piso mojado no se lo permite. Lo intenta con una desesperación francamente angustiante. Sólo se escucha el fuerte golpetear de su caparazón en el azulejo.

Creo que la cagué. Para sanar mi error, pienso que es mejor empujar al bicho con la misma bandeja en lugar de arrojarle agua. Acerco la bandeja al bicho intentando empujarle. Sin embargo, cuando estoy a punto de tocarlo, me resbalo y aplasto al bicho con mi codo.

Creo que cancelaré mi cita con Laura.

- ¿Bueno?

- ¡Hola Gatita! ¿Cómo andas?

- Mal. Estoy en el funeral de Guillermo.

- ¿Guillermo? ¿Quién es ese?

- Mi novio. Al que apodaban “El Taquero”

- Ah… No te creo. A mí se me hace que otra vez estás en una fiesta. Y no me invitaste, va culera. Yo hubiera llevado el chupe…

- Ejem… ¿no me oíste? ¡Mi novio está muerto!

- Pinche mentirosa que eres. Si en el fondo se escucha que están rapeando y todo el pedo. Seguro está bien chido el desmadre.

- ¿Cuál rapeando? ¡Están rezando, pendejo!

- Ajá, sí. Ahorita mismo le hablo al “Taquero” para que veas que eres bien chorera.

- ¿Y cómo le vas a marcar, si estás hablando conmigo?

- Neta. Deja le digo a mi mamá que le hable desde el suyo.

- …

Suena tono de celular con “La cumbia de los pajaritos”

- ¿Ya ves? Desde aquí suena su teléfono, ni modo que lo hayan enterrado con todo y celular.

- Pues así fue. El así lo señaló antes de morir. Era un pinche frívolo, ya sabes… Ash, no sé por qué te estoy dando explicaciones. Es más, no sé cómo sigo hablando contigo, chinga a tu madre, ¡Adiós!

- Espera, no me cuel…

Gatita cuelga el celular y se dirige hacia los asistentes.

- Ahora sí, sigamos con el “entierro”. ¡Wooooohoooooooo! Ice, ice, baby!

- No se si soy yo, pero me parece que esta es la mejor canción de todas la que se han hecho y se harán. La canción definitiva. No me veas así, es que soolo escucha. La manera en que son ejecutados todos y cada uno de sus instrumentos, todo al servicio de una experiencia. Miles de sentimientos entremezclados. Como si llegara un huracán y te arrojara a la cara todo lo que conoces para convertirlo en algo nuevo, diferente, original. Cambia la realidad. Cambia todo. Y todo se convierte en nada. ¿Sientes lo mismo que yo, Bonzo? ¿Lo sientes?

- A mi no me preguntes, yo sólo soy un gato.

Ahí estás. Tan bella como siempre. Pasa a mi departamento y relájate, el viaje de regreso debió ser pesado.

Siéntate junto a la mesa, la cena casi está lista. Veo que notaste la decoración. No te sorprendas, la coloqué para ti. ¿Escuchas la música? Es Chopin, tu favorito. Mientras esperamos a que esté listo el pavo permíteme que te sirva un poco de vino, es cosecha especial.

¿Por qué no sonríes? ¿Acaso esta no es la velada perfecta? Seguro te preocupa algo. Descuida, cuando te dé tu regalo tu preocupación se acabará para siempre. Cierra los ojos, es una sorpresa.

Mientras tanto, escucha a Chopin. Escucha ese melancólico piano. Piérdete en la textura que forma la música y no se te ocurra abrir los ojos. Si lo haces, no podré darte tu regalo.

En este momento estoy en tu espalda. ¿Estás feliz ahora? ¿No es ésta la mejor velada de tu vida? Pues aquí viene la mejor parte. No abras los ojos. Solo escucha.

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Bang

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Mi revolver viejo te acaba de dar tu regalo, justo en la nuca. El vino rojo de tu copa se ha derramado en el mantel blanco de la mesa. Su textura se confunde con la de tu sangre.

Fuiste muy ingenua. ¿Creías que dejaría salir a una chica como tú sin vigilancia? ¿Creíste que podías renunciar sin consultarme? Lo siento mucho, pero esa decisión no te correspondía. Tuviste que pagar.

Ahora, debo admitir que de todas mis chicas, tú eras la más bella. Déjame fumarme un cigarro por eso. Haré unas ruedas de humo en tu honor… antes de descuartizarte. Las chicas recibirán cada parte de tu cuerpo como obsequio navideño. Así sabrán que no hay escapatoria.

Feliz navidad, ramera entupida.

Hola, soy Maria y quisiera hablarles de mi papá. ¿Por qué? Pues porque él no es como los otros: es un zombi.

Así es, mi papá es un muerto viviente proveniente del panteón. Sus ojos son rojos como la sangre, su piel es verdosa como el pasto, huele a carne echada a perder y es bien fácil que pierda la cabeza.

Pero no me malentiendan. Él es un buen padre y es muy bueno conmigo. Si estoy aburrida, me deja armar su cuerpo como rompecabezas. Si estoy triste, se quita los ojos y hace malabares con ellos para hacerme reír. Una vez se le cayó un brazo y un perro lo enterró en el jardín. Nos tomó toda la tarde desenterrarlo, pero fue muy divertido. Y cuando alguien me hace algo, siempre está ahí para defenderme.

Lo malo es que en ocasiones puede ser un verdadero monstruo. Si se enoja, comienza a hacer ruidos extraños y no entiende razones. Si alguien lo ve feo en la calle, inmediatamente comienza a perseguirlo. Y si no le agrada un novio mío, lo amenaza diciéndole que se comerá su cerebro. A pesar de esto, yo lo quiero mucho y lo considero el mejor padre de todos.