Articles by Thimael

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Miles de cuerpos yacían en el suelo, bañados en sangre y cubiertos de tierra. Las trompetas tronando, llamando a la batalla a escuadrón, tras escuadrón de leales y poderosos soldados, prestos a defender a los suyos del Apocalipsis.

Apocalipsis en forma de una lluvia nauseabunda que quemaba la piel y derretía la carne. Los humildes recolectores solo atinaban a correr despavoridos mientras en lo alto del cielo, estallaba el combate. La aviación desplegaba su, quizás ultima ofensiva, mientras el mundo que millones de individuos conocían, se desmoronaba rápidamente.

Los soldados preparaban sus filas. No iban a pasar a la historia sin luchar, si los ángeles del Apocalipsis pensaban llevarse por delante este mundo, ellos estaban listos para mostrarles el infierno, así fuera el último acto de sus vidas.

Las pisadas de aquellos Titanes legendarios se sintieron hasta lo más profundo de la tierra, haciendo temblar cada estructura y helando la sangre de los habitantes de aquel organizado mundo. Clamaban a sus dioses el porque de aquel castigo, de aquella masacre, mientras sus fuerzas armadas se lanzaban a una batalla inútil.

- ¡Ya vienen! Protejan a la Rei…

El descomunal pie detuvo la frase de aquel comandante, y sus hombres, presas del pánico salieron despavoridos sumándose al desorden y caos de la situación. Era el fin del mundo sin duda alguna, todas las leyendas se cumplían: La lluvia de acido, la llegada de los Titanes, la aniquilación de su especie y del mundo conocido, eran la prueba de las escrituras.

- ¡La Reina ha muerto!

La frase caló hondo. Sin la Reina, toda la colonia esta perdida…

Los hombres de “Los 7 Ángeles: Control de Plagas” se retiraron cumpliendo su misión como siempre. Otro mundo que llevaban a la aniquilación de manera profesional y por un precio más que razonable…

Julieta estaría por llegar. Su madre, tenía listo el almuerzo, pues ya lo decía el dios Saber Popular, “Una buena alimentación, ayuda a la educación de tus hijos”.

Puntual, Julieta pasó junto al cuadro del vestíbulo. Estaba cubierto con una tela negra que escondía las heridas de un cuerpo, lacerado y crucificado, que brillaban con fulgor carmesí. La sonrisa beatifica que antes adornaba el maltrecho rostro de ese dios olvidado, ahora era una mueca de indiferencia.

- Buenas tardes mi niña. ¿Qué tal el colegio?

- Muy bien mamá, pero estoy preocupada. – Respondió Julieta mientras se sentaba a almorzar.

Pasó el primer mordisco con algo de jugo de fresa, su preferido, y dejó los cubiertos sobre la mesa. Se notaba que iba a decir algo importante.

- En filosofía nos han puesto a investigar el sentido de la vida y el universo.

La educación de esos días era muy adelantada. Nunca hubiese pasado por la mente de aquella buena mujer, tener esa temática como tarea del colegio. Pero como debía ayudar a su hija, respondió segura:

- Porque no le preguntas a Dios. Es el único que podría responderte.

En la pared, la figura del cuadro sonrió. Al fin y al cabo, algún día se darían cuenta que él seguía existiendo.

- Pero Madre, ¿No me habías dicho que Dios estaba muerto?

La sonrisa se borró del rostro coronado de espinas.

- Claro que no mi vida, ven y te lo muestro.

La niña la siguió mientras la sonrisa reaparecía tímidamente en la cara del INRI. La mujer se acercó al estudio, encendió el computador y tecleo unos comandos con agilidad propia de la generación X.

- Ahí lo tienes. Te lo he dicho muchas veces Julieta, solo tienes que teclear www.google.com para hablar con Dios…