Miles de cuerpos yacían en el suelo, bañados en sangre y cubiertos de tierra. Las trompetas tronando, llamando a la batalla a escuadrón, tras escuadrón de leales y poderosos soldados, prestos a defender a los suyos del Apocalipsis.
Apocalipsis en forma de una lluvia nauseabunda que quemaba la piel y derretía la carne. Los humildes recolectores solo atinaban a correr despavoridos mientras en lo alto del cielo, estallaba el combate. La aviación desplegaba su, quizás ultima ofensiva, mientras el mundo que millones de individuos conocían, se desmoronaba rápidamente.
Los soldados preparaban sus filas. No iban a pasar a la historia sin luchar, si los ángeles del Apocalipsis pensaban llevarse por delante este mundo, ellos estaban listos para mostrarles el infierno, así fuera el último acto de sus vidas.
Las pisadas de aquellos Titanes legendarios se sintieron hasta lo más profundo de la tierra, haciendo temblar cada estructura y helando la sangre de los habitantes de aquel organizado mundo. Clamaban a sus dioses el porque de aquel castigo, de aquella masacre, mientras sus fuerzas armadas se lanzaban a una batalla inútil.
- ¡Ya vienen! Protejan a la Rei…
El descomunal pie detuvo la frase de aquel comandante, y sus hombres, presas del pánico salieron despavoridos sumándose al desorden y caos de la situación. Era el fin del mundo sin duda alguna, todas las leyendas se cumplían: La lluvia de acido, la llegada de los Titanes, la aniquilación de su especie y del mundo conocido, eran la prueba de las escrituras.
- ¡La Reina ha muerto!
La frase caló hondo. Sin la Reina, toda la colonia esta perdida…
Los hombres de “Los 7 Ángeles: Control de Plagas” se retiraron cumpliendo su misión como siempre. Otro mundo que llevaban a la aniquilación de manera profesional y por un precio más que razonable…

