Articles by Zinowewia

Ingeniera.

Como todos los días muy poca luz se filtraba entre las hojas de los Cornus de aquel jardín que tanto te gustó y que jamás disfrutaste por completo, levantabas en alto esa botella de vodka donde veías sonriente el brillo del sol que se reflejaba victorioso en su fría superficie, el triunfo sobre el vidrio sólo podía compararse con la satisfacción de tu sonrisa.

Sonreías diferente a como lo hiciste por la mañana, cuando te dije que tu ropa no tenía la sobriedad suficiente para el sepelio de mi madre, sólo dijiste: ̶ —después de todo nunca nos llevamos bien— ̶ y reíste de manera tan sarcástica que el aire se volvió agrio. No pude evitar comprenderte, mi madre siempre tuvo miedo de que robaras sus cucharas.

Aquella mañana además de sentirme triste por su muerte, yo recordaba cómo desde la primera vez que fuiste a mi casa cuando éramos novios ella metió sus cucharas en un vaso y lo mantuvo en sus manos protegiéndolo de ti, ese acto se repetía cada vez que ibas a visitarla, incluso después de casados.

Después de proteger su preciado tesoro, comenzaba la batalla, tú hablándole tratando de parecer simpática, ella contestándote sin bajar la guardia, presionando ese vaso entre las manos. Nadie en la casa entendía su fijación con unas cucharas tan baratas, esta incomodidad nunca te permitió disfrutar de aquel jardín.

Esa tarde, yo te veía bajo la débil luz, estabas ebria y mirabas la botella que habías vaciado, esperaba el momento adecuado para decirte aquello que estaba escrito para ti en el testamento, esa frase que simbolizaba la capitulación de una larga guerra entre ustedes, entonces dije:—̶ mi madre te heredó sus cucharas— ̶ tú contestaste: —̶ claro ya no las puede cuidar—̶.