Ejercicio 1: Zombis

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Es increíble que hallamos llegado hasta este punto, con el mundo lleno de zombis, pero no son como los de las leyendas y los videojuegos, no van por el mundo matando y comiendo, no hacen nada, absolutamente nada, ese el problema.

Entre el botox, yoga, comida orgánica y esa famosa vacuna, ya es imposible morir, pero eso no evita que el cuerpo llegue a un estado cual asíntota que nunca toca a la muerte.

El mundo se lleno los últimos 200 años de viejos con piel acartonada y seca, tan delgada que se ven los pocos músculos cubriendo los huesos. Primero cede la memoria, luego el habla y después las funciones motoras. Es una muerte en vida, bajo promesa de vida eterna.

Poco a poco las familias se han llenado de familiares que no mueren, pero no sirven para nada, antes eran uno o dos y un asilo era la respuesta temporal ante lo inevitable, ahora son 5 o 7, padres, tíos abuelos, tatarabuelos. Sanos y sin arrugas en la cara, pero atrapados en sus cuerpos.

Son pocos los que mueren en accidentes o por enfermedades, la mayoría están condenados a ser la eterna carga, no muertos, pero sin vida.

Mañana cumplo 145 años, fui de las primeras que obtuvo esta condición, aún conservo el movimientos de dos dedos y la conciencia de saber que esta no es vida, si mañana mi tataranieta se acobarda como ayer y y no desconecta mi respirador, yo misma lo haré.

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Gracias por participar.

Ahora, comenten. Saludos a todos.

Hoy pongo en venta lo que posiblemente tengo, lo que sugiere ser mío, eso que por más intento, no tullo, no muestro. Busco en los cajones que cerrados localizo mientras me hallo una rasgadura, pequeña, diminuta, insipiente, por donde sin quererlo, se desgarra mi muerte. La vendimia está puesta, lo he anunciado por todos lo medios posibles requeridos. He anunciado en postes, en diarios, en cantos subliminales, y hasta por las plazuelas… “hoy venta de garaje”.
Verbeneo las mentes y los ojos que me han escuchado. No puedo no echar la casa por la ventana. No puedo no quedarme sin nada, sin todo. Reúno la violenta turbulencia que se forma mientras deposito, y formo los objetos en la mesa principal, donde se encontrará un poco de aquí, un poco de mí, un mucho de allá…

Abro las puertas, bien abiertas, cierro los ojos mal cerrados, escondiéndome entre las pestañas que saltan al dominio, al abordaje, al garaje. Coloco en posible cobranza los utensilios que he puesto, uno en uno y, aquel en sí. Mismo lugar, lugares comunes que desde siempre se han trasmutado en infinitas desproporciones de mí. No por uso ni desuso es que sello mis intereses… no por vicio ni beneficio, es que me deposito entre los vitrales.

Se han llevado ya mi dedo, comenzando por la parte inferior de este.
Aquel que se posa con traje lustro, ha tomado mi pierna y parte de la mano. Aquella sonriente, se aleja convencida de que ha adquirido un buen par de cejas, esos niños que tanto tentaron y que pensé que no se llevarían nada, han corrido con un poco de mis uñas, y yo, yo prosigo con esta infinidad de mi mismo vacío…
Me he anunciado en noctarios, en anuncios, esta puesta…“hoy gran liquidación”.

NetoCU (antes Cane)

Aquella noche en que le pedí a Hernán que me regalara un zombi por mi cumpleaños sabía que no me lo negaría. Cuando niña tuve uno, vivíamos en la región de la playa y me lo regaló mi padre por mi cumpleaños numero siete. No le compres eso Juan, dijo mi madre en el espanto, tu tendrás que pagar los destrozos que haga. Pero no hizo ninguno, el calor y los peces con que intenté alimentarlo no le cayeron bien y murió antes de poderlo mandar siquiera a procurarse algo ´decente´ para comer, ya lo imaginaba yo colina abajo corriendo con trote torpe a la playa para buscar algo, al menos el brazo de algún turista, pero nada, dejó de existir la vez que intentando masticar una estrella de mar le tronó la mandibula y al querer acomodarsela le corté yo misma la cabeza.

Antenoche cumpli treintaysiete. Hace mas del mes le había pedido a Hernán el regalo. Para su creación se requiere de la luna y ese día era el justo, por eso no se negó. Me amaba. La noche de mi cumpleaños me trajo el envoltorio en correas de hierba calihuia, entonces supe que era mi zombi.

Al abrirlo estaba con su rostro gris y los ojos desorbitados articulando gemidos e intentando desprenderse de la hierba, fui la aprendiz de hechicera mas feliz de la isla.

Antenoche cumplí treintaysiete y ayer, mi zombi salió solo a cazar. Obtuvo lo que necesitaba, pero tengo que entrenarlo porque se comió a Hernán y destrozó a dos familias por la calle trece. Tengo que enseñarlo a no cazar mas de lo que se puede comer.

Creo que voy a extrañar a Hernán.

1/09/07 Hola:

Querido diario hoy es un dia muy especial para mi, mi padre y mi hermano crearon un virus bueno, es pa curar a las personas malitas no es grandioso? y mas grandioso es que voy a ir a ver la presentacion sobre eso a Inlgaterra, despues te digo los detalles.

15/09/07Hola:

Disculpa diario por no escribirte pero el virus de mi papa fallo, algo paso y ahora las personas son como muertos vivientes, mi hermano los llama zombie, lo bueno es que estan invadiendo solo europa, pero dice mi hermano que dentro de poco todo el mundo y yo siento feo…

31/10/07Hola:

Hoy es dia de brujas pero no me dejan salir en la noche por que los zombies ya llegaron a america y ps mi hermano dice que no puedo salir y me tengo que quedar en la casa por las noches y que no habra la puerta a nadie. Mientras el esta en el laboratorio con los demas cientificos, tengo miedo cuando no esta.

Me tengo que ir parece que ya llego.

20/11/07Hola:

Diario, no se que dia sea hoy, los zombies me atraparon y no pueden comerme ni transformarme no se que pase, me tiene enserrada, solo te tengo a ti y mi almuhada, quiero salir de aqui, quiero a mi hermano… (empieza a llorar)

1/12/07Hola:

Al fin soy libre mi hermano me rescato con otros cientificos y el jercito, parece que todo acabo y los muertos desaparecieron, los mataron a todos, hoy mi hermano me digo que podiamos regresar a la casa, pero despues digo que ya no por que todavia faltan unos por acabar.

31/12/07Hola:

Diario soy la unica sobreviviente, hubo un ataque contra las instalaciones y todos murieron, soy la unica que sigue viva gracias a mi hermano… Tal vez sea la unica, voy a buscar gente al mundo, te dejo aqui y cuando regrese te volvere a escribir nos vemos diario tkm y mi nombre es Achlys y estoy en busca de algun sobreviviente, si alguien lee esta libreta escriba cuando estuvo aqui y como se llama, gracias.

Cuando escuchó por televisión al reportero exclamar-. ¡Ya valió madre! -lo apagó. La transmisión fue en vivo desde Tijuana. Guardó en una maleta las armas que había reservado de su armería. Se acarició el bigote, luego la panza. Sabía que hacer. Al parecer los zombies ya habían transformado toda Norteamérica y caminaban lento, pero seguro, a México. “Como testigos de Jehová, pero sin tocar la puerta”, pensó. Poco le duró el gusto: “ARMAS CONTRA ZOMBIES. LLEVE LLEVE BARA BARA” y se vendió la mayoría a buen precio. Ahora no servía el dinero. Suspiró… tendría que desempolvar la Harley e irse de noche, que no lo vieran en su barrio.

-o-o-

Ernesto “Pistolas” Medel, a tres meses de la invasión zombie en México, era seguido por un escuincle que lloraba por su madre. La Harley duró poco sin gasolina y por incidentes tuvo que abandonarla. Atada estaba la escopeta a su espalda. No era su mejor arma. Habían caminado por la carretera a Puebla, buscando entre los coches abandonados provisiones. El niño trataba de platicar pero le ignoraba.

Cuando llegaron a la primera gasolinera, y les recibió el encargado zombie, Ernesto empujó rapidamente al niño hacia el zombie y disparó. El escudo humano. Comprobaba su efectividad cada tanto que algún pendejo le seguía. La mejor arma.

-o-o-

Caminando más, balas menos, encontró una Harley. Casi idéntica. Sintió nostalgia y se montó en ella. Aún quedaba gasolina. Arrancó. No se había divertido tanto desde que fue parte de la guerrilla y mató gringos en Uruguay. Empezó a cantar una vieja canción a falta de radio: “El rey Satán va en su cadillac rojo, no me esperes despierto mamá, tú tampoco mujer, que me invitó a viajar. Voy de viaje al sur y presiento que no voy a regresar”.

Caminando, todo el día caminando.

Hace tiempo que no ve un ser humano vivo, las calles están casi desiertas, hay un cuerpo decapitado pudriéndose por aquí, uno allá y otro más adelante y cada ser con el que se topa lo ve como su comida.

Lleva días sin probar bocado, la lluvia lo ha ayudado a mitigar su sed pero no es suficiente, su cuerpo maltrecho lo hace cada vez más lento, pero no se detiene, tiene que encontrar alimento, algo que sacie su hambre y su sed y que lo provea de fuerza para continuar su camino.

Cruza calles, plazas, centros comerciales y otros lugares a pesar del peligro que representan, el hambre lo hace cada vez más temerario. Entra en una tienda pero el éxito parece eludirlo, sale de ella y el ya habitual silencio es interrumpido por un grito.

En medio de la desorientación que el hambre le provoca, logra ubicar el lugar y se apresura hacia él, se tambalea y cae por el cansancio extremo, se levanta con dificultad, su cuerpo está al límite pero no puede ignorar el grito.

Llega demasiado tarde.

Los restos de una joven están esparcidos por el lugar, la carne del torso fue arrancada a mordidas, los miembros parecen haber sido roídos y la cabeza no está en el sitio.

Busca con la vista pero no hay nada ni nadie, se acerca lentamente y empieza su festín, no probará carne viva pero esos despojos lo mantendrán unos días más hasta que encuentre otra víctima… o hasta que alguien lo decapite.

Ser un muerto vivo no es fácil.

-La encontré mi señor –dijo Guntermato al bajar de su caballo e inclinarse ante Rodocronte, el gran mago. Por fin, después de mucho recorrer ruinas semienterradas por densos bosques, la he encontrado. La saqué de entre lo que parecían los restos de una choza, aquí la tiene mi señor –desató un bulto de la espalda de su caballo y se lo dio al mago. –Coincide perfectamente con la descripción que me hizo: un cubo gris, del tamaño de una cabeza de oso, con un lado hecho de cristal; bueno, señor, lamento que el cristal esté roto pero espero que con su sabia magia sepa hacerlo funcionar. Tome, la envolví en pieles para protegerla del viaje.
Al recibir el objeto y quitarle las pieles, la cara del mago se transformó en un gesto de admiración, alegría y codicia.
-¡Oh, por todos los dioses! –dijo. Éste es el objeto señalado en las antiguas crónicas, el instrumento del culto más poderoso jamás practicado. ¡Con esto Guntermato, seremos más que reyes!
-¿Pero cómo es eso mi señor?, ¿qué dioses favorecen a esta cosa?
-Antaño, mi querido amigo -señaló el mago sin dejar de ver el objeto gris- los antiguos reinos utilizaban estas cosas para crear zombies. En cada choza se instalaba un cubo de estos y diariamente todos los miembros de la choza eran hipnotizados por el cristal del cubo. Así poco a poco sus mentes iban siendo controladas por los sumos sacerdotes que a través del cristal y con la ayuda del dios Teve les enviaban mensajes a los hipnotizados. Así se creaban y se destruían imperios a conveniencia de los sacerdotes del dios; los que controlaban el cubo se convertían en los amos de todo.

Ahora nos toca a nosotros invocar al dios Teve, ¡y empezar a regir al mundo!

Lo único que he estado pensando una y otra vez, una más y cien veces repetida hasta que el cansancio de mis inútiles ojos moviéndose lado a lado sobre las aceras y los edificios humeantes, destrozados.

Días antes todo hubiese sido distinto. Pero todo cambio desde el segundo sol surgido por la explosión nuclear a miles de kilómetros de distancia, las invasiones extraterrestres y ése jodido sonido de todo el día, ése “Tiiiiiiit” que entra constantemente a pellizcar la membrana más sensible de mi cerebro.

“Tengo que hallarla”

Desde entonces todo el mundo se ha vuelto loco. He visto a mis amigos caer desde la ventana de su departamento. Los he visto comerse unos a otros, persiguiendo pedazos de animales, pedazos de cualquier forma putrefacta. No sé que busco, sólo camino sin razón, camino y las sombras me atosigan.

Recuerdo haber estado aquí antes, cuando era un niño y es precisamente esos recuerdos de un sólo golpe… un golpe y tres negros sobre una mujer.

La furia es siniestra; mi madre es la que está siendo violada por los extraños personajes no-vivientes. Mi madre muestra parte de gozo y quietud, nada le importa. Su rostro que es en parte tan mío y tan de nadie, como no perteneciente a este mundo. Al dar el primer golpe mis nudillos se hundieron en una carne verdosa, sujetando las arterias entre mis uñas y arastrando a otro más y el otro que no gime ni grita, sólo se desvanecen entre el pavimento gris.

Al tomar a mi progenitora entre mis brazos puedo sentir un alivio en mi mente, el “tiit” ha cesado, la he salvado. Su dulce aroma, sus bellos labios, sus ojos tristes. El sabor de sus pezones, sus piernas, su lengua entre mi lengua y toda ella al momento de devorarla.

Cuando se dio la noticia ya todo mundo lo sabía, sin embargo sonaba como si hubiésemos estado en una de esas películas de los años años cincuenta:”Regresan los muertos“.

He de confesar que hubiera preferido a los zombis que caminan renqueando y que se alimentan de los sesos de los vivos. Cualquier pútrido cadáver hubiese sido mejor a la pesadilla que estamos viviendo.

En un principio fue muy agradable poder intercambiar impresiones con el padre muerto, el amigo que había perecido durante la adolescencia o con el abuelo que dejamos de ver en la niñez.

Pero una vez que terminaron las escenas de alegría comenzaron los reclamos y las órdenes; por suerte, en mi caso, fue más sencillo. Mi padre se apersonó para luego regañarnos por la venta de la casa de Peralvillo. De nada valieron las explicaciones de mi mamá.

Afortunadamente atrás de mi papá llegó mi abuelo para reclamar la falta de atención que le había puesto al negocio familiar, que de no ser por eso, aún seguiríamos gritándonos con el difuntito.

Los verdaderos problemas se dieron a nivel de los grandes corporativos y del gobierno. ¿Quién iba a ponerse a discutir con Benito Juárez o con Lázaro Cárdenas sobre la mejor forma de llevar a cabo los asuntos de estado?

Y aunque los muertos no pueden interactuar con el mundo físico, sus voces son muy estridentes y son capaces de meterse hasta la recámara a dar sus órdenes; al fin al cabo ellos son los “mayores” y como tales están reclamando sus fueros.

Desde entonces todo ha sido un problema. ¿Ya dije que tampoco duermen?

Lucía

No era la más hermosa, pero lo volvía loco. Era una obra de arte que solo él entendía. Se enamoró perdidamente desde el primer momento, pero nunca tuvo siquiera el valor suficiente para sentarse a su lado. Una noche que veía una película de muertos vivientes en compañía del único amigo que tenía, se le ocurrió aquello de aprender a revivir muertos, así podría tenerla a ella. Tener que matarla primero no le incomodaba, de cualquier modo la iba a revivir ¿O no? Con este pensamiento abandono todas las comodidades y se lanzó a la búsqueda del anhelado conocimiento. Una vez aprendido, su primer experimento lo realizó con el único amigo que tenia. - Si funciona con mi perro funcionara con ella – y funciono. Le quitó la vida en un callejón oscuro, sin golpes, sin dolor, sin sangre. Realizó el embrujo de resurrección ahí mismo, y como le enseñaron dejó solo el cuerpo sin vida para que despertara cuando tuviera que hacerlo. Esa Noche al tiempo que preparaba la cena, se iba sintiendo más satisfecho de lo que había logrado. Colocó un candelero en el centro de la mesa y se miró en medio de uno de los rituales vudú a los que asistió tantas veces. Siempre supo que todo valdría la pena el día que alcanzara a tener una parte del poder de Dios. - Levántate y anda - dijo entre risas. Estaba dormido cuando llegó, - Lucia - dijo entre suspiros. Lucía, semidesnuda, con el pecho y abdomen abiertos, sin parte de la piel, sin sus hermosos ojos negros, sin corazón, escurriendo por todos lados, estiraba los brazos para alcanzarlo, el perro muerto igual que ella, intentaba arrancar los músculos expuestos de su pantorrilla. El vomitando por toda la casa gritaba como loco. - Maldita donación de órganos…

Durante las primeras horas de la Zombificación.

- Oye papá ¿dónde está mi mamita?

- Afuera.

- ¿Y porqué no la dejas entrar?

- Porque si la dejo entrar nos va a morder hasta matarnos… junto con sus amigas.

- ¿Qué le pasó?

- No sé. La última explicación que oí decía que era por el polvo de la cola del cometa que cayó la semana pasada. Dicen que ese polvo se mezcló con una sustancia que tienen más las mujeres que los hombres que se llama estrógeno y que eso las convirtió en zombies.

La puerta se sacudió con violencia. Alguien intentaba entrar. Al niño no le gustaba ese ruido. Cerró los ojos y se tapó los oidos. Cuando los volvió a abrir vió a su papá empuñando la motosierra listo para accionarla.

Ya no se sacudían ni la puerta ni las dos ventanas de la cochera tapiadas con pesadas planchas de madera.

- Duerme – le dijo su papá.

- No puedo. Extraño a mamita.

Mientras su papá examinaba por enésima vez los cartuchos de su escopeta, el niño preguntó.

- ¿Si todas las mujeres se convirtieron en zombies quién va a tener bebes?

- Quizá las niñas cuando crezcan, si no se convierten en zombies también.

- ¿Las niñas no son zombies?

- No. Cuando fuí a la cocina por comida ví por la ventana a nuestro vecino bajar con sus 2 hijas al sótano mientras tú mamá y sus amigas del club rotario se metian por las ventanas.

- ¿Y ahora qué pasará?

- Sobreviviremos. La humanidad nomás acaba de perder algunas recetas de pozole y la costumbre de andar con la ropa planchada.

Autor: controlzape

-Este sí que no baila, pero tampoco se detiene-.

Un instante para reposar el cuerpo, buscar provisiones, tal vez armas; una alternativa. Alguien -no importa quién- aprovecha sus últimas horas para masturbarse en una esquina; nuestro fin es inminente, nuestra locación, idónea. Escondidos en una Sexshop tenemos la ventaja de las luces neon; le veremos venir. Le frenaremos para que al menos algunos escapen nuevamente. No quedamos ya ni diez metatexteros y empero, siendo francos, los posibles sobrevivientes son todavía menos. En la retaguardia, Cazador y Triquis comienzan a evidenciar indicios de la mordida y en cuanto a mí, desde mi caída del autobús cada vez camino con mayor dificultad; pronto no podré mantener el paso y tendrán que decidir entre abandonarme o cargar conmigo y sacrificar velocidad.

¡Mierda! ¿Cómo podíamos adivinar que él no permitiría que este mundo siguiera su marcha sin su presencia? De todas formas era obvio que ninguna caja le contendría del día o de la noche. Ahora somos objetivos, simples squares que cometieron el error de jugar un ejercicio metatextual demasiado cercano a su muerte; tentando al ego probablemente más ambicioso que haya pulsado un teclado. Llevamos días huyendo. No tuvimos tiempo ni de enterrar el cadáver del Árbol; él, que decidió suicidarse antes de traer la muerte al resto.

Hemos intentado todo pero no sucumbe. Hipster nos persigue todo el camino a Ptown. Ahí veremos si el hechizo que Lilith compró a un bokor haitiano valía tanto como lo que ella tuvo que ofrecer. Aún nos queda un hálito de esperanza.

Oigo un grito y un cristal rompiéndose. Todos corren al otro lado de la tienda, pasándome hacia la salida trasera. El último rostro que veo desfilar es del buen Semidiós -me despide con mirada sincera-. Luego sólo un par de ojos fulgurantes y dientes rechinando. Le vacío toda la munición pero es inútil. Norman Mailer Zombi está sobre nosotros.

León

- Wey, despierta! -

- Qué pedo qué pasa qué? que haces en mi cuarto chingando?

- Wey, ya oiste? verás presta atención!

~silencio sepulcral~

- No oigo nada -

- Exacto! hay algo raro hoy wey, demasiado silencio -

- Son las cuatro y media de la mañana en martes de fin de quincena idiota ¿qué querías, un carnaval? -

- Pues se me hace muy raro esto, ni el perro de la vecina ladra y no he escuchado a la pareja de arriba salir a correr, son bien madrugadores wey, qué pedo? estoy frikeado en serio.

- No mames, deja de ver esas pinches películas, neta no mames, dejame dormir wey -

- Como quieras, pero estaré pendiente -

- Haz lo que quieras -

Una hora después.

~toc toc…… ~

~TOC TOC~

- No mames, despierta! alguien está tocando la puerta wey, nadie toca a esta hora -

- Pues ve y abre no estés chingándome -

- Nel wey me da miedo, neta -

- Si no vas, neta cabrón, te madreo, me vale madres que uses anteojos , además no seas idiota, fíjate primero por la mirilla y ya-

- La qué? -

- El pinche hoyo con vidrio en la puerta! -

- Ok deja checo -

- Jaja es tu jefa wey, chale, ábrele tú wey ando en boxers me voy a meter al cuarto -

Abre la puerta.

~GROAAAARRRRR~

- Weyyyy argghhhh NO MAMES NO ES MI JEFA ES UN PINCHE ZOMBIEEEEE! -

Sale el amigo del cuarto, toma bate de béisbol y salva a su amigo destruyendo la cabeza del zombie a golpes.

- Perdón wey neta, nomás pensé que tu jefa había vuelto al chupe -

- Eres un idiota, cierra la puerta antes de que entre otro! -

Tengo la fría intención de morderlos a todos. Uno a uno. Y todavía no sé que carajos me pasa. Me siento un cerdo, un cerdo siendo castrado que grita y nadie viene a mi auxilio. Esta pinche manía de pensar en inglés. ¡Im so fucked!.
Este es el segundo día de esta inmensa cruda que me cargo. Pero sigo sin entender el ardor, el dolor, el espejo hecho trizas y el gato muerto en la mesa de la cocina. Estoy sudando el infierno. Me pregunto si el ruido afuera es por el desfile del 20 de Noviembre. Nadie ha venido a tocar. ¿Será Halloween?. Nadie ha venido a pedirme dulces, ya no sé si acaso hoy será Navidad. La siesta, el ponche, las posadas, las nalgas de Alicia moviéndose al compás de aquel mambo sobre mi.
Tengo la fría sensación de morderlos a todos. A todas. El pinche dvd ya no sirve. Las noticias están en ese extraño idioma que sigo sin entender, escucho el tumulto otra vez afuera, las sirenas, cosas que caen, los ciegos corriendo, los perros, las putas, las gordas, los nerds del departamento de arriba, la señora de la limpieza, mi ex jefe, el vecino pacheco, la chamaca tan crecidita del 3B.
Creo que es hora de salir (o de entrar), ha vuelto el ardor en los ojos, el hambre, el hambre es tanta y no sé de que, quiero gritar, me duelen los rasguños, me arden las mordidas del gato. Tengo tanto frío como aquel día de angelitos en la nieve. Solo quiero salir a buscarla, quizá deba correr, hay que salvarse, hay que huír, pero todos ríen, todos suspiran, todos murmuran lo mismo que yo desde ayer…

DC Zombies

Todo comenzó con un resplandor en el cielo y un murmullo en las nubes. El hambre fue lo que lo trajo aquí y lo que hizo fue alimentarse, hasta que los Superhéroes de la tierra simplemente dejaron de existir.

Los primeros en caer fueron los héroes menores. Los Titanes Adolescentes se encontraban cerca del lugar donde la figura de traje dorado y cabello rubio (se hacía llamar El Centinela, de acuerdo a la información que me dio Oráculo antes de ser consumida) y no duraron ni siquiera veinte segundos. Ahí perdí a Robin otra vez.

Después siguieron los Outsiders, que dieron más pelea, pero el resultado fue el mismo. Dick luchó con gallardía pero al final fue consumido, en un momento de indecisión, por Donna Troy. Para entonces, el grupo de superhéroes infectados estaban limpiando completamente la costa oeste y expandiendo la plaga a México y a Canadá.

Para cuando la Sociedad y La Liga de la Justicia estaban en el caso era demasiado tarde. Quienes pudieron huir, huyeron. Nadie volvió a saber nada de ninguno de los Flash. Cronos, Hourman, Degaton, todos los viajeros en el tiempo habían desaparecido mucho tiempo antes, como los cobardes que son. Hal Jordan, como siempre que es necesaria su ayuda, huyó hacia las estrellas. El capitán Marvel tuvo la bondad de volver a su forma humana después infectarse. Al probar la carne humana automáticamente perdió el favor de los dioses. Casi disfruté al destruir su cráneo. No podía arriesgarme, potencialmente era demasiado peligroso.

Eventualmente, todo se redujo al viejo equipo, los mejores del mundo. Mis planes de resguardar una cierta cantidad de la humanidad en la cueva se hicieron añicos después del escape de Arkham. Todo se conjugó para que, al final solo fuéramos Kal y yo, refugiados en la fortaleza de la soledad, matando el tiempo.

Y, confieso una cosa, pasar el resto de tus días junto a un boy-scout es muy aburrido…

Zombie… who?

Consideraciones previas:

  1. Mi experiencia y conocimiento acerca de los zombies esta limitada a Resident Evil 1, Exterminio (28 Days) y a Triller de Michael Jackson.
  2. Según Wikipedia: Un zombi es una figura legendaria propia de las regiones donde se practica el culto vudú… un muerto resucitado por medios mágicos por un hechicero para convertirlo en su esclavo… muerto viviente y… quien hace las cosas mecánicamente como si estuviera privado de voluntad

Querido Diario:

Uy! No! Q rabia! Q stress! Mi papi me dijo q no m va a poder comprar el cel nuevo..no q lata! Y éste q está so last seasson! Le dije q ya no lo quería mas!..es q… osea!!! Hello? Como m va a dejar así?

Arrggg!

Mejor me relajo un poco porq si no capaz y m salen arrugas..ay no! y luego d nuevo a hacerme el retoque de la nariz pfff… no pues no puedo… debo enfocar toda mi energía en lograr el permiso d mi mami para hacerme mis lolas pa’ mi cumple… ya verá la perra esa de Vicky cuando m vea llegar con mis tetas nuevas… ash! Lo malo es esperar hasta mi cumple el año q viene… 15 no se cumplen todos los días jeje y menos se festejan con un par de ese tamaño ja!

Como m muero por bajarme ese churrito bello de ♥David♥ ay! Si me viera.. cómo me derrito… bueno no me derrito me hago agua si me entiendes, no? jajaja… es q es tan lindo… tan ♥Ryan♥, si ese… el de The O.C. ay nooo!!! Es q cuando veo a ese niño… hasta los calzones me tengo q cambiar!!!

Anyway… hoy me pelee con Susie la muy estúpida cree q si no se traga no queda embarazada… yo le dije daaaa osea!?… va para el mismo sitio!!!

Ay! No! hoy fue un día stresante!!! Hoy todo mundo amaneció como sin cerebro!!!

*Dele no mas… destroce!

Caminando por la playa al atardecer, despidiéndose del único remanso de paz que él conocía. Mientras miraba el sol y con lágrimas en los ojos… no sintió el pinchazo en el pie de ese maldito pez, su cadáver estaba tan podrido que el alma de él quedó petrificada en el tiempo, igual que su cuerpo. Su mente quedó en ese instante diciéndole adiós al ocaso durante, no tengo idea de hasta hace cuanto tiempo. El punto es que este calló en mis manos cuando me disponía a recoger conchitas a la orilla del mar, y ver, si acaso me encontraba una perla.

Y vaya perla que me encontré. Por ese pez globo ahora tengo un mucamo, con la cara llena de nostalgia y de ternura, que con solo escuchar mi voz el zombi hace lo que le pido, desde unos huevos estrellados o atender mis hormonas.

De vez en cuando quisiera escucharle una frase, pero pensándolo mejor, no. No necesita alimento, no necesita dormir, mi esclavo es totalmente perfecto. Envenenado por azares del destino para cumplir con todos mis caprichos.

Uno

—A ver, Donchuy. Platíquenos lo que le pasó con aquel compita suyo, que dizque ya se había muerto. Yo le invito su mezcal si nos lo cuenta.

—¿Para qué? ¿Para burlarse? —El ebrio agachó el rostro y volvió a hundirse en sus pensamientos. El joven le ordenó entonces a la mesera que le llevara dos copas de mezcal a aquel sujeto.

Luego del primer sorbo, el ebrio comenzó a balbucear: —Andaba fuera del pueblo, cuando me avisaron que mi amigo había muerto. Llegué tres días después. Cuando me vio en la puerta, la hermana de mi amigo me abrazó, gritando: “¡está muerto, Jesús, está muerto!”. Me acerqué hasta donde estaba él, y lo contemplé un rato largo. Parecía dormido. Para entonces yo ya tenía algo de fama como mago/adivinador. “Hacedor de maravillas”, me decían. Así que me pareció normal gritarle que se levantara. Llorando, le grité una vez más. Abrió los ojos. Intentó erguirse. ¡Lázaro!, gritó una de sus hermanas. Ella se desmayó. Casi me cago del susto. No terminaba de acostumbrarme a lo que podía hacer. Ya ves, a eso me dedicaba yo en aquellos tiempos. Pero ahora…

La burla del grupo no se hizo esperar: “¿Entonces se levantó y andó?”, preguntó el joven. “¡Anduvo, pendejo!”, le contestó otro, siguiendo el juego. “Bueno, sí anduvo pendejo un rato, pero ya después se compuso”, contestó éste, completando la broma. El estallido de risas fue generalizado. El joven sacó un billete de 50 pesos de su cartera. Lo arrugó y lo lanzó al piso. Todos reían a carcajadas. —A ver Donchuy. ¡Ahora baile! —El ebrio, terriblemente humillado, recogió el dinero. Éste era el precio de la inmortalidad, la insignificancia de ser dios.

Le dio un sorbo a su mezcal, cerró los ojos y —sin llorar, casi— se puso a bailar.

Doble i.

Los gritos de los soldados los despertaron súbitamente. No sabían cuanto tiempo durmieron. “¿Qué diablos origino aquella pesadilla?” Se preguntaba, pero no importaba, ella estaba ahí. Quitaron aquellos muebles que tapaban la puerta. Pronto, el olor a muerte los golpeó. Ahí tirado, justo en la entrada estaba un cuerpo inerte.

Todo era confuso. Lo sorprendió el ataque en el centro comercial. Fue tan repentino que sin pensarlo corrió hacia esos condominios, quizá por ser el lugar con mayor altura y más cercano. Nunca pudo recordar cómo y ni cuanto tiempo le tomó llegar a aquel lugar ni de donde obtuvo ese machete, pero ¿no es normal olvidar bajo esas circunstancias?

Instintivamente había corrido a aquel edificio, donde vivía ella. Aquella a la que tanto amó. La vio, peleando con el zombi de su ex-novio, posiblemente ella lo vencería. Sin embargo, el zombi de su tía arremetió contra ella. Él se vio obligado a intervenir, atacando por la espalda al ex-novio zombi, única muerte que le produjo satisfacción.

Ella no se atrevía a matar a su tía, pero él quebró las frágiles piernas de la zombi y cortó su cabeza. Ambos corrieron al departamento. Se oían gritos por doquier, al entrar vieron en la sala el cadáver del tío, como pudieron lo sacaron y amontonaron toda la sala sobre la puerta y se encerraron en el cuarto de ella. Aquel cuarto a donde no se había atrevido a entrar por miedo al compromiso y provocó la dolorosa ruptura. Como pudieron, taparon la puerta y se sentaron en una orilla, mientras oían al ejército atacar a los zombis.

Llamó a su hermano y un reconfortante: “todos bien aquí ¿que pedo contigo?” Él contesto: “Vivo” mientras ella sonreía, la pesadilla parecía haber terminado.

Este pueblo era pequeño, pobre, pero tenia al menos, un poco de bucólico encanto. Parece que fue ayer cuando en esta misma calle había un mercado ruidoso y lleno de gente. La soledad que ahora me rodea es casi tan insoportable como el hedor.

Hace solo cuatro días vi con mis propios ojos como un sacerdote de la sinagoga se aproximó al primero de los cadáveres caminantes gritando ¡Golem! ¡Golem! El monstruo lo devoró con un hambre infinita, sus gritos retumban en mi cabeza.

El primero de ellos, en vida fue mi vecino; murió de una enfermedad extraña y su familia lo enterró como manda la tradición, mientras guardaban él más riguroso luto llegó su amigo, el blasfemo, el loco predicador.

Hasta ese día, solo lo conocía por referencias, por rumores de lavadero, le atribuían extraños poderes y aun más extrañas filosofías. Desde mi casa pude ver como se paraba frente a la tumba de su amigo y pronunció las fatídicas palabras.

¡Lázaro, levántate y anda!

Hola, soy Maria y quisiera hablarles de mi papá. ¿Por qué? Pues porque él no es como los otros: es un zombi.

Así es, mi papá es un muerto viviente proveniente del panteón. Sus ojos son rojos como la sangre, su piel es verdosa como el pasto, huele a carne echada a perder y es bien fácil que pierda la cabeza.

Pero no me malentiendan. Él es un buen padre y es muy bueno conmigo. Si estoy aburrida, me deja armar su cuerpo como rompecabezas. Si estoy triste, se quita los ojos y hace malabares con ellos para hacerme reír. Una vez se le cayó un brazo y un perro lo enterró en el jardín. Nos tomó toda la tarde desenterrarlo, pero fue muy divertido. Y cuando alguien me hace algo, siempre está ahí para defenderme.

Lo malo es que en ocasiones puede ser un verdadero monstruo. Si se enoja, comienza a hacer ruidos extraños y no entiende razones. Si alguien lo ve feo en la calle, inmediatamente comienza a perseguirlo. Y si no le agrada un novio mío, lo amenaza diciéndole que se comerá su cerebro. A pesar de esto, yo lo quiero mucho y lo considero el mejor padre de todos.

En la oscuridad de la habitación, caminaba de un lado a otro. Afuera, en la calle, se escuchaban lamentos y un ocasional grito. Esperaba que manteniendo las luces apagadas y evitando hacer ruido, ninguno notara que aun estaba ahí, aun no era tiempo.

Se acerco a la ventana y con cuidado miro hacia afuera. Ahí estaban, moviéndose por las calles, sin rumbo, sin ningún motivo, esperándolo. Pero todavía no estaba listo. Aun tenía algo que hacer.

Del otro lado de la habitación, detrás de la gruesa puerta de roble del sótano se escuchaban golpes. Era ella. Y la había perdido.

Se aparto de la ventana y se acerco a la puerta. Del otro lado podía escucharla moverse, buscando una salida, pero no la había. Solo a través de esa puerta ella podría escapar, y él no lo permitiría. No todavía.

Pero no podía decidirse, ¿Cómo podría? Sabía que era la única manera, pero en su confusión no podía encontrar el valor. Recargo la frente sobre la puerta, buscando sus lagrimas, pero ya no tenía. Ya no tenia nada.

Entonces lo llamo por su nombre. Con eso basto.

Se acerco al viejo librero; torpemente y temblando abrió el ultimo cajón. Saco la vieja colt .45 y la cargo. Se acerco a la puerta y la abrió. Bajó las escaleras lentamente hasta distinguirla en la oscuridad.

Cuando ella lo vio, hizo un ruido gutural. El no hizo caso y se acerco mas. La cadena que la sujetaba se estiro al máximo, pero no fue suficiente.

Se acerco mas y tomándola del brazo, la mordió.

Luego le disparo al corazón.

Se palpo la herida punzante e infecta de su hombro, luego puso el revolver en su barbilla y jalo el gatillo.

Ahora solo tenían que esperar un poco y despues estarían juntos de nuevo.

_______________________________________________________________

Luis.

Yo, nada mas.

Hambre

– ¿Y ahora? ¿Se acabaron todos? – Preguntó el que parecía ser el líder. Uno de sus ojos colgaba sobre su mejilla.

El otro zombi le miró con rostro preocupado, en realidad con un pedazo de su rostro.

– No lo se – respondió un tercer zombi. – Tenemos varios días buscando, pero ya ni siquiera perros hay – agregó. – Nos hemos comido todos los cerebros que había. Hace ya dos meses se acabaron los humanos, aquellos que no comimos son ahora camaradas hambrientos – concluyó con tono afligido.

Luego de aquella conversación los tres zombis caminaron juntos sin decir palabra. Tenían hambre, mucha hambre y alimentarse sólo de cerebros era harto difícil, más aún en un planeta asolado por las radiaciones y la lluvia ácida.

El del ojo colgante se detuvo un momento. Los otros dos le imitaron con ojos interrogantes. El ojo se movió como un látigo y la mandíbula del zombi apretó el rostro partido de su compañero. De una dentellada terminó de desprender lo que quedaba de cara y hundió con furia el rostro en la cabeza del ahora agonizante zombi. Su boca buscaba ansiosa un trozo de masa encefálica por entre los pedazos de carne, músculos, los huesos crujían ante la descomunal fuerza del hambriento engendro.

Se detuvo de pronto y tosiendo sacó su rostro de entre el amasijo de sangre. Escupió y casi vomita debido a las arcadas.

– ¡Mierda!, ¡esto sabe a mierda! – gritó.

El otro zombi lo miró aún asombrado por lo ocurrido. Se inclinó sobre si mismo y estalló en llanto. Entre sollozos cubriendo su putrefacto rostro se le escuchó: – Estamos jodidos entonces, yo tenía la esperanza de alimentarme de ustedes.

– Si, estamos jodidos – concluyó el otro. Una lágrima resbaló desde el ojo colgante y calló sobre el suelo estéril.

Mi vida, de muerta, empezó cuando Ángel, un estudiante de medicina realmente motivado, me salió con el chistecito de regresarme a la vida.

He de confesar que no todo fue culpa de Ángel, también culpable fue a la aseguradora que me vendió un seguro de gastos médicos mayores tan espectacular que cubría la posibilidad de mantenerte congelado por cien años en el caso de que en ese lapso alguien descubriera como volverte a la vida. Fascinante mi afición a apostarle a aquello que tuviera probabilidades remotas a nulas, y sin embargo, heme aquí de regreso.

En esto andaban mis pensamientos cuando fijé mi atención en un cuadernillo que en su portada leía “Manual para el Reingreso a la Vida”.

- Carajo, ¿una zombi?, suspiré.

Según mi cuadernillo tenía que llenar varios formularios y presentarme a la Oficina para el Registro de los Muertos Vivientes. Mientras llenaba los formularios me di cuenta que me sentía sorprendentemente despierta y llena de energía y me preguntaba cuánto tiempo había pasado desde mi muerte hasta hoy.

Encontré una pequeña maleta con ropa y me vestí, formularios llenos y firmados en mano. Caminé por un pasillo donde letreros indicaban hacia donde debía de dirigirme. La oficina de registro estaba llena de personas, todas con cara de resignación. Tomé un turno, el 139 y vi que estaban atendiendo en la ventanilla al número 42. Maravilloso, descubrí en un segundo que ni de viva ni de muerta soporto las filas, pero no había más que hacer.

Me senté junto a un zombi como de mi ¿edad?, bueno, uno que se veía amable y un poco menos perplejo que los demás.

- ¿Qué tal te la pasaste de muerto?, pregunté.
- Mucho mejor que de vivo en la primera vuelta. Sonrió.

En ese momento hice mi primer amigo de la segunda vuelta.

-Así que esto es Cuévano –dice Franz en voz alta para sí mismo.

Mirando desde lo alto ve una “ciudad” –original manera de llamar al pueblo usaban los locales- que imagina puedo haber sido bastante pintoresca en sus tiempos de esplendor, ahora yace abandonada.

Visualiza la calle principal, está empedrada. Sólo dos segundos después se encuentra caminando sobre ella, aminorando el paso se retira la termopiel del rostro, quiere percibir el aroma a adobe y anciano que inunda los pueblos, en su lugar se encuentra con un repugnante olor a putrefacción que lo obliga a colocarse de nuevo la capucha, ésta no sólo aísla la peste sino también el agobiante calor.

Malditos cuevanenses, su narcisismo fue su perdición, tal era su hambre de gloria eterna que acabaron por arruinarse, bendita ironía, menudo poema –piensa mientras pasea frente a la Catedral y la observa con gran asombro.

Los cuevanenses eran en realidad buenos arquitectos, de hecho, aún perdura su fama de eruditos en todas las ramas de la ciencia… y de las artes. Pero sentir que su destino era permanecer en el mundo para siempre, avalar la experimentación sobre cadáveres ilustres, traerlos de vuelta a la vida. El pueblo entero quedó contaminado en dos días, muy pocos lograron huir.

Repentinamente aparece una figura al final de la calle, camina hacia Franz con la mirada perdida y paso veloz. Él se dispone a desenfundar su asesino sónico cuando se da cuenta que una sombra más asoma desde una distancia menor, ¡un ruido lo hace voltear! Casi embestido visualiza su laboratorio en el que aparece al siguiente instante, sólo.

Inventar un modo de teletransportarse y utilizar el primer viaje para ir a Cuévano, ¡sólo un –decir terco sería pleonasmo- descendiente de cuevanenses! –Piensa mientras tendido en el suelo respira agitado y sonríe.

 

-Mulder.

www.elmulder.blogspot.com

Alienado

La pantalla de cristal iluminaba la habitación, los sonidos emergían de la bocina perforándole los oídos, misteriosamente parecía no incomodarle. Al cabo de un rato, los colores se tornaron opacos, como si una malla grisácea los envolviera, pensó que podría ser el humo del cigarro que ocupaba la habitación por completo.

Eran las 6:00 de la mañana cuando decidió levantarse del sofá, tomó el celular con las manos todavía un poco entumidas y se metió directo a la ducha. El agua caía con tal potencia como castigando su piel, sin embargo parecía no importarle, sólo podía pensar en la llamada que tanto esperaba. Al mirarse en el espejo notó su piel un poco más transparente de lo acostumbrado mientras arrancaba con vehemencia algunos pelillos indeseables.

Salió de su casa todavía adormilado, una pesadez invadía sus movimientos, dobló a la izquierda y después de un par de calles notó que estaba caminando sin rumbo, se detuvo un momento, miro el celular, nada. Siguió caminando sin saber bien hacia donde se dirigía. Entró a una tienda, caminó automáticamente hacia el pasillo 3, sabía que ahí lo encontraría, pago y se marchó.

Ahora sus pasos parecían tener dirección, conforme recorría las calles apretaba el paso cada vez más. Azotó la puerta al entrar, esquivó al gato mientras dejaba caer su chamarra sobre la cama, guardó el celular en el bolsillo y se sentó. Estaba ahí, frente a él, delante de ese mundo que le era tan familiar. Los colores seguían ahí, opacos, grisáceos. Sonrió.

-Guey, no mames! Te dije que no empezarás a jugar sin mi. ¿Cómo supiste que en qué tienda iba a estar a la venta? Te dije que yo te avisaba. No hay pex mano, te perdono nomás porque es el nuevo de Brainbread.-

Miopía.

Abrió los ojos y reconoció de inmediato el lugar. El laboratorio.

Intentó armar el rompecabezas de su desordenada memoria. Recordó que algo había fallado… ¿pero qué? Habían repetido el experimento muchas veces, siempre con éxito. ¿Qué había salido mal?

Buscó a tientas los gruesos anteojos que encontró hechos pedazos.

-Mierda!- exclamó, pues sin ellos no veía prácticamente nada. Usando una mano como táctil guía intentó examinar el lugar.

Avanzó unos metros pero resbaló con algo líquido. Cayó de bruces sobre un bulto tibio que recorrió a tientas, reconociendo en sus formas y texturas a una persona.

Arrancó el gafete del cuerpo y acercándolo lo más que pudo a sus ojos leyó: “Dr. E. Schlösinger”

-¡Ernst!- gritó el hombre mientras movía con fuerza al doctor. “¡Que esté vivo!” rogó, pues la situación era bastante abrumadora como para enfrentarla solo.

Buscando algún pulso de vida en el cuello se detuvo al sentirlo empapado. Se acercó la mano a los ojos para verla cubierta de sangre. “¡Está herido!” pensó, sin saber como ayudarlo.

-¡No te me vayas!- chilló el hombre desesperado. Acercó su boca a la del doctor tratando de reanimarlo con respiración artificial. Súbitamente éste reaccionó, tomándolo por los hombros con una fuerza increíble mientras soltaba un gemido ronco.

El doctor lo mordió salvajemente, arrancándole por completo la nariz y parte del labio superior.

El dolor fue indescriptible. Un chorro de sangre tibia manó del destrozado rostro empapándole la camisa. Trató de liberarse pateando con todas su fuerzas, pero el doctor volvió a morderlo, ésta vez arrancándole un trozo de mejilla.

El doctor lo soltó y el hombre se desplomó sin fuerzas. Sintió como la vida se le escurría rápidamente por las heridas mientras un manchón borroso se acercaba y le hundía los dientes con fuerza, arrancándole la tráquea.

El silencio.

Caminando por el pasaje que creía reconocer. El silencio. Recuerdos vagos y muy difusos, mi mente tratando de recordar y asociar en un orden lógico los acontecimientos. ¿Dónde estoy?

Recuerdos aleatorios. Mi profesora favorita, una Doctora rusa diciendome “los virruss son las herrrrramientas de Dios”. Recuerdos de correr y ocultarse. Tratar de sobrevivir. El camino es café y no hay nada. Sólo polvo. Y el silencio. El maldito silencio. No se ve nada vivo alrededor. Me siento. Cierro los ojos.

Esto es más que una pseudo-muerte contagiosa, el instinto de tratar de alimentarse de humanos tiene un principio mucho más complicado. Verá, los estudios preliminares mostraron que en modelos murinos, el virus se modifica. Tiene la capacidad de crear variantes de sí mismo a una velocidad aterradora. Sucede lo mismo en otros mamíferos. Se aprovecha de la diversidad. Uno de los estudiantes dijo que cuando dejaba a los sujetos de estudio cerca unos de otros se ponían más violentos. El estar en conjunto empeora su condición. También comentó que comían los cerebros de los cadáveres. Yo sólo vi que tenían preferencia por los globos oculares pero nada concluyente. El antropólogo de la unidad anexa busca patrones de comportamiento en leyendas vampíricas y canibalismo. Quiere establecer una correlación entre la creencia de “comer humanos-robar fuerza-espíritu-vivir eternamente” entre varias culturas humanas y nuestros resultados. Yo lo veía como un intento desesperado de entender… Encontramos catorce variantes en un mes solamente en este laboratorio. MUTAN. ¿Entiendes lo que eso significa? La epidemia se esparcirá más rápido que cualquier posible cura. Piensa. Trata de sobrevivir. Huye.

Miro mis manos ensangrentadas y mi vacío alrededor. El silencio. ¿Entonces porqué estoy vivo?

Anoche la recogí en el aeropuerto. Cinco minutos después ya la quería matar. ¿Estudiante de intercambio? ¡Mis ovarios! Todo el camino de regreso balbuceando estupideces para subnormales.

- ¿Verdad que canto como Mía, la de RBD?

- No sé quien chingados es esa pero definitivamente no estabas cantando ¿te hizo daño la comida del avión? -le dije francamente harta.

No volvió a abrir la bocota.

En la mañana, cuando sacó su huesudo trasero del dormitorio, no pude reprimir una carcajada:

- Güey, en esta universidad no necesitas uniforme. Te me regresas en chinga a cambiarte.

Puso su cara de perrito atropellado. Ternurita, pensé, le voy a bajar a mi mamonez, esta pendeja necesita que la oriente.

La boté para que arreglara su ingreso. Dije que le hablaba para dar el rol en la noche. A las nueve pasé por ella.

- Hay un super concierto, ¡vamos! - me dijo.

- Bueh… ¿dónde es?

- En el Auditorio Nacional.

Cerca del estacionamiento, vi la fauna reunida, tratando de mantener la calma pregunté:

- ¿Concierto de qué?

- De RBD, ¡qué emoción! ¿no?

Moví la cabeza. Me lo merezco por confiar en los subnormales.

- Güey, esa “música” no me late - dije. Aquí tienes para el taxi, le das esta dirección. Voy a estar en el Circo Volador, cualquier cosa, me llamas. Ora, bájate que ya me está dando urticaria.

Bajó. Emprendí la huída pero al oir el alboroto voltee: la señalaban, una horda de subnormales avanzaba torpemente hacia ella, estiraban los brazos, gimiendo, babeando. La asquerosa masa, la rodeaba. Ella, fascinada, reía estúpidamente, posaba. Empezaron a jalonearla, pude ver el gesto de terror en su cara de french puddle. Intentó correr pero los tacones se lo impidieron. Cayó de bruces. Cual zombis ávidos de cerebros se amontonaron sobre ella. Doble chasco se van a llevar.

¡Es Mía! ¡Es Mía! balbuceaban.

Por mí que se la queden.

Bomberman.

Ricardo entró al pequeño restaurante sacudiéndose el abundante polvo del traje, se acercó al mostrador y dijo:

«Deme una gran jarra de agua de frutas, y que esté bien helada. Realmente necesito refrescarme.»

El dependiente no volteó cuando, con un gruñido malhumorado, le dejó saber que había escuchado.

Ricardo se sentó ante una mesa y esperó. «Menudo tipo con suerte que soy», pensó. «Apuesto a que hubo al menos 200 muertos. ¡Ese estúpido de Jack! Mira que poner 10 minutos en lugar de 100. Espero que el infeliz se esté pudriendo en el infierno.»

Miró a su alrededor y pensó que, para ser un lugar tan mediocre, estaba demasiado lleno. Luego pensó que, para estar tan lleno, estaba demasiado silencioso.

So orden llegó.

El camarero le sirvió en silencio. Ricardo tomó el vaso y bebió, preguntándose por qué demonios estaba esta gente tan tranquila después de la explosión. Intempestivamente, escupió violentamente el agua de frutas.

«¿Qué demonios es esto», murmuró. Levantó el vaso y observó. «Es… sangre», admitió con horror.

Levantó la mirada hacia el rostro del camarero, dispuesto a reclamarle con violencia, pero lo que vio poco tenía que ver con un rostro: una pálida máscara humana con el vacío asomándose por las cuencas.

«¡Dios!», pensó, «parece una especie de… ¡zombie!»

Se levantó de un salto y se dirigió a la calle. Los silenciosos comensales le miraban ahora con sus horribles rostros vacíos.

Corrió como un loco, aparentemente sin rumbo fijo, pero sus pasos lo llevaron hacía el edificio recién destruido. Los paramédicos ya habían llegado y estaban sacando los cadáveres.

Instintivamente, se acercó a una camilla para ver el rostro de uno de los muertos.

Era el suyo.

Comenzó hace una década. Sin razón conocida los despojos caminaron sobre la tierra, con hambre infinita. Los gobiernos dimensionaron el problema muy tarde. Cuando intentaron unirse contra la amenaza, ya no hubo tiempo para coordinar acciones de investigación y contraataque.

Lentos, aparentemente frágiles, carentes de organización y propósito; sin embargo, su fortaleza radicaba en otra parte. Los muertos a lo largo de la historia eran demasiados comparados con los vivos, su ejercito constaba de incontables soldados. Carecían de líder o proclama, no se podía minar su voluntad destruyendo a un individuo o desalentar su acción de manera política. Su ubicación era cualquiera en que existieran asentamientos humanos, por lo que a pesar de trasladarse lentamente se encontraban en todas partes y no discriminaban entre objetivos militarse y civiles. A pesar de aparentemente carecer de propósito, avanzaban como una enfermedad, como langostas destruyendo cosechas, constantemente, sin descanso, en perfecta coordinación, como conectados por un vínculo telepático.

Una respuesta nuclear era impensable. Diseminados por el mundo en grupos de diversos tamaños, resultaba imposible e ineficaz concentrar tal ataque en un punto. Los ejércitos tuvieron que combatir cuerpo a cuerpo. No era poco común llegar a defender una población y que ésta ya se encontrara infectada; sus habitantes terminaban siendo el enemigo.

La raza humana ha desaparecido, entre los restos de su civilización, un nuevo ser se arrastra como único dueño del planeta, y en los escombros de una pequeña casa de las afueras tiene lugar la siguiente escalofriante escena:

Pedro Zombi: ¿Argh esto llaaargmas calificaciones?, ¡son unaaarg vergüenzaaahh!. ¡Y laaarg colegiatura cuestaaarhg el ojo de la caaaragh que me quedaaarghh!.

Peter Zombi Junior: PeRdóhhn daddýy, NoH mÉ puedHo KonzenTTraR, téngho muchízizizimoz provlémaz ¿vézzz?. HávlándohtÉ lÁ netA netiiíziimáH……, zoiií Emo-Gay Zombiií.

Pedro Zombi (sosteniéndose las mejillas carcomidas y jalándose el cabello podrido): ¡¡NoooooorrgghhhHaaaaarrrggggggrrgggggggg!!.

 

Existe un mundo de realidades en dónde habitan los vivientes muertos, esos que cumplen con la rutina día tras día, aquellos que se levantan a la misma hora mecánicamente, con sueños rotos y almas inexistentes. Seres invadidos por el polvo maligno de las decepciones han dejado atrás todo aquello que era importante, para atender lo urgente. Nadie recuerda sus nombres, mucho menos sus vidas, ni siquiera ellos mismos.

Andan en dos pies, se juntan con otros como ellos, para obedecer al supremo, a quien nunca han visto. Noche tras noche se ven al espejo para descubrir que en sus ojos no hay reflejo, son muertos vivientes o vivientes muertos que no han podido tener una tumba, en ese lado oscuro de la luna a donde van las almas de estos y de todos los seres.

Ser Zombie

1Llevábamos tres días escondidos en ese cuarto y la esperanza de sobrevivir es nula. La comida ha empezado a terminarse, cuando eso pasé todos estaremos muy irritados. No es necesario describir la peste que hay en este lugar, cada rincón está lleno de mierda y la única ventilación que tenemos es un pequeño hoyo en el techo. Afuera sólo hay ruidos, gente gritando, pisadas, explosiones, gemidos, rasguños y luego silencios prolongados.

2

El tedio se ha apoderado de nosotros. El encierro empieza a causarnos visiones y ataques de histeria. A esta alturas salir sería un suicidio, nos comerían inmediatamente. Estamos completamente rodeados y posiblemente somos los únicos sobrevivientes. Pero no por mucho tiempo. Algunos no tardarían en morir producto de la deshidratación. Yo sólo pensaba que cuando eso pasará la peste sería insoportable.

3

Las raciones se terminaron ayer y es probable que nadie venga a rescatarnos. El día de hoy han muerto de hambre dos compañeros. Algunos están considerando tomarse sus orines; yo me resisto a esa idea.

4

Esto ya parece un cementerio, en dos días han muerto cinco personas. El olor me produce nauseas, he vomitado varias veces. Un raro impulso se apodera de mí, veo a mi compañero de junto y comer carne humana ya no me parece tan descabellado. Pienso que si fuera parte de ellos no estaría pasando estas penalidades.

5

Al fin probé la carne humana del cadáver de mi compañero de junto. Sólo quedamos cuatro personas, no tiene caso, la humanidad está perdida. Me dirijo a la puerta y la abro. Ellos no tardarán en entrar. Ser zombie no puede ser tan malo, tan siquiera esta noche me estaré dando un festín. Ojala todavía queden muchos cadáveres como los de mi compañero.

Ahí están, ya oigo sus pisadas…

Corre

-¿Estás lista?

-Sí.

-¿Segura que llevas todo?

-Sí, está muy pesada –dijo la niña, sujetando la mochila.

-No te preocupes, no está tan lejos, ¿recuerdas dónde es, verdad?

-La casa donde se ven luces en la noche.

-Sí… esa.

Quería llorar, pero no se lo permitió. Si él comenzaba a llorar, ella también lo haría, necesitaba que fuera valiente y la única forma de hacerlo es no dándose cuenta de la situación.

-Tenemos que irnos, no hay tiempo.

Se limpió el sudor de la frente.

-Pero tú no vas a poder correr, papi. Uno te mordió en la pierna.

-Estoy bien, recuerda lo que tienes que hacer. Cuando te diga, agarras la escopeta y te vas corriendo ¿ok? ¿también llevas los cartuchos?

-Sí, todo.

Fueron juntos a la puerta. Sabía que esta era la última vez que la vería, pero tenía que hacer todo lo posible para salvarla, debía protegerla. De él mismo si era preciso.

Abrió la puerta de golpe. El viento helado y unos gemidos guturales los golpearon en la cara.

-¡Corre!

Aparecían de la nada, entre las sombras, dentro de su imaginación llena de miedo y adrenalina.

Se detuvo al final de un callejón. Era el lugar perfecto, un cuello de botella. Volteó, y advirtió que ella seguía corriendo.

-¡Espera!, dame la escopeta.

Ella lo obedeció, con los ojos llenos de lágrimas.

-¿Lista?

-Lista.

-No mires.

Esperó a que la distancia fuera suficiente. Apretó los dientes lo poco que pudo… y también el gatillo.

Unas pequeñas manos arrebataron la escopeta del cuerpo inmóvil.

-Gracias papi.

Se fue caminando, no era necesario correr, esas cosas estarían comiendo por un buen rato.

Querido Lisandro:

Te escribo esta carta pa pedir tu perdón de dos “asuntitos”. Perdóname por lo que te hice (uno) y por lo que ya mero seguro que te pasa (dos). Estoy mala, muy mala de esa horrorosa enfermedad que anuncian hoy los diarios en primera plana. Y sé como me la pegué.

El viernes te mentí (uno). No fui a ver a mi abuelita a Santa Manuelita. Me fui de güilota con la pinche Esperanza. Ya sabes como es ella de rogona y yo de tan fácil convencimiento. No, no quiero echarte en cara todos los lados por los que me besuqueó el Romualdo. Sí, tu primo de los esteits.

Fue él quien me pego esto, pinches gringos cochinos. Mientras me manoseaba pensaba no, no, ha de traer una pinche enfermedad, pero ya sabes como soy yo de tan fácil convencimiento.

No, no es momento de moralinas, es momento de darnos cuenta que los síntomas están ahí:

  • Hambre de podrido (ya me tomé un tepache)
  • Lujuria (acuérdate del mañanero)
  • Laguna mental (olvide como se llama la cosa que se pone en la chingadera de la cocina)
  • Sed de agua (Ya tome coca)
  • Ganas de arrastrarse (limpié por debajo de la cama)

Sé lo que piensas mi amado Lisandrito, que son mis arranques de siempre. Pero no es como cuando lo del cáncer testicular, ora si es real. Lo sé, lo siento dentro y mis entrañas se mueren. Ya sabes lo que dicen, que es de afueras pa’ dentros.

Así que perdóname porque ya te pegué la enfermedad (dos). Pero te lo mereces porque ya me enteré que andabas de pitoalegre con la Melany.

Eternamente tuya (y te chingas),

Rosalbina (28-diciembre-2007)

En el año 3025, la tierra se ha convertido en un lugar donde la vida dejó de abrirse paso…

La capa de ozono sería una anécdota de haber alguien quien la recordara. La aridez de la tierra y la escasez de agua han destruido la poca flora que había sobrevivido al paso del hombre, con su afán por transformar su entorno irresponsablemente. Radiaciones naturales y provocadas han envenenado al planeta.

Sin embargo, esa rara combinación entre contaminación, las condiciones climáticas, radiación y los restos de raza humana muerta han hecho lo imposible: de la tierra empiezan a alzarse miles de cuerpos sin vida, sin un grano de conciencia, sin las necesidades básicas que los distinguían; a excepción de una: el hambre.

No huelen, no ven, pero adquirieron un sistema nervioso, capaz de sentir las cercanías entre ellos, los constantes sonidos producidos por el aire caliente que sutilmente les arranca carnosidades, la fortaleza o debilidad del suelo que pisan… y la ausencia de alimento, situación que los devolvería a ese polvo del cual emergieron.

El más sensible de todos, el primero que alzó entre los suyos, sintió algo que podría comerse, así que instintivamente dirigió sus pasos hacia uno de los polos de la tierra. Los demás sintieron sus cansados pasos y lo siguieron: a medida que se acercaban, descubrían los motivos del viaje: comida, mucha comida.

No todos los zombis lograron sobrevivir al viaje. Las ventiscas furiosas destruían esas masas frágiles: volaban cabezas, se desprendían retazos, se desmembraban cerebros: dejaban a su paso una estela de carroña.

Por fin llegaron a su destino en forma de un Dinosaurio Gigante, atrapado en un iceberg. Al mismo tiempo, una nave alienígena del tamaño de una ciudad trasporta al espécimen, dejando a los terrícolas sin nada.

Ahora tendrán que comerse entre ellos…

Gerson Obrajero “Tlalocman”.

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Now playing: Black Sabbath - Iron Man
via FoxyTunes

Lo último que recordaba Alberto, luego de la fuerte colisión con aquella enorme camioneta, era una luz radiante que poco a poco decrecía en diámetro hasta volverse apenas un punto blanco… y luego, nada.

Le parecía haber dormido una eternidad y estaba temeroso del despertar. Ya veía de nueva cuenta algo de luz, lo sabía por el color rojo que mostraban sus párpados cerrados. Abrió los ojos, se levantó y echó un vistazo alrededor. El piso era una especie de pavimento blanco, mientras una enorme nube cubría el cielo.

- ¡Hey, otro que despierta! - advirtió una voz.

- Vamos, chico, anímate y espera el veredicto que vendrá pronto - dijo una amable señora.

- ¿Dónde estoy? ¿Por qué todos parecen zombies? - preguntó Alberto.

- Te lo diré sin rodeos: hoy es el día del juicio final. - contestó la señora.

Alberto recordó entonces que durante el accidente llevaba colgado un crucifijo; lo buscó y encontró debajo de su camisa, luego comenzó a rezar:

- Señor, ten piedad de este humilde siervo tuyo…-

La señora, dando cuenta de la oración, lanzó un grito a los resucitados que andaban cerca:

- Si alguien ha visto a Jesús de Nazareth por estos rumbos, avísenle que acá está otro de los suyos.

Alberto quedó inmóvil. Desde el horizonte se acercaba una figura humana… no era precisamente como lo había imaginado, pero luego de ver aquellas grotescas heridas en manos y pies, supo que era Él.

Alberto inició la conversación:

- Jesús, ¿no deberías estar al lado de tu padre en este día?- No, Alberto… me parece que también te has dejado llevar por el engaño.- ¿Qué no eres hijo de Dios?- Silencio…¡ahí viene!

En un instante, las nubes se disiparon. Se escuchó una potente, divina voz:

- ¡Atención…!

 

La gente en las ciudades huía aterrada. Las calles estaban atestadas de personas que habían dejado de vivir desde hacía años, o meses, o días. Rostros cadavéricos escurrían líquidos nauseabundos y los cuerpos putrefactos se movían lentamente dejando a su paso pedazos de brazos, piernas, ojos y sesos. Los cementerios se hallaban ahora vacíos pues sus ocupantes se habían levantado de lo que se suponía era el sueño eterno.

Repentinamente, una luz apareció en el cielo provocando un mayor terror; el sonido de trompetas y la aparición de seres alados que descendían a la Tierra hizo que muchos cayeran de rodillas implorando el perdón de sus pecados. Delante de los ángeles se veía a quién parecía comandar al divino ejército: vestido con lo que semejaba a una armadura, portaba un estandarte con la frase “Quis Ut Deus” escrita en letras doradas, su estatura era colosal y el sol parecía obedecer a sus palabras. Dio un paso al frente y dijo:

“Buenos días a todos. Emm… Es un poco vergonzoso decir esto… ¡Je! Bueno, verán, esto es… ¡Ejem…! ¡Ok! ¡Bienvenidos al Apocalipsis!” Un tremendo sonido de trompetas se escuchó en todo el Universo. “¡Hey! ¡¡Hey!! ¡Silencio!” Los ángeles encargados de las trompetas callaron, avergonzados. “Novatos.” dijo el Arcángel entre dientes. Luego dirigiéndose de nuevo a la multitud dijo:

“Como iba diciendo, esto es el Armaggedon, sin embargo ha habido un pequeño error. El sistema encargado de regenerar los cuerpos para La Resurrección se cayó esta mañana, y nuestros computitos… ¡perdón! nuestros ingenieros lo están arreglando. No tardarán más de medio millón de años, así que… Sigan disfrutando del mundo, no pequen y luego nos vemos.”

Los millones de muertos vivientes cayeron, nuevamente sin vida.

“Ah, y… perdón por el desmadre” - concluyó el Arcángel antes de elevarse junto con sus compañeros.

Iosephus (El Satánico Dr.)

Trance

Él me llamó de la oficina. Algo grave estaba sucediendo. No recuerdo qué más dijo, sólo el te amo antes de colgar.

Sentí angustia. Angustia como un gusano amargo resbalando por el abismo de mi garganta. Me senté a llorar. Desde que comprendí lo que pasaba supe que no sobreviviría. No, siempre lo supe, y una resignación helada me escarchó la piel.

Zombies. No podría mirarlos siquiera. No tenía el valor. No podría gritar, correr, luchar por mi vida.

Traté de escuchar lo que sucedía afuera. Sólo la electricidad viajando por los cables.

No quise acercarme a las ventanas ni para cerrarlas. Fui a mirarme al espejo. Vi un rostro hinchado y rojo, una boca pequeña, acostumbrada a los labios apretados, unos ojos débiles y mudos. Toqué el espejo con la mano derecha mientras la izquierda la imitaba en mí. El frío era el mismo. El dolor el mismo. Lo único que reconocí fue la sed. Dejé de mirarme sin apartarme del espejo. Mis pies estaban a punto de congelarse.

Sed. Es que el gusano de la angustia había secado mi garganta, eso era.

Fui a la cocina. Al fondo de la alacena estaba la botella que guardaba para una ocasión especial. Las ocasiones especiales siempre son las que menos imaginamos, pensé.

Y ahí mismo me senté a esperar, a pensar en lo cansada que estaba, en que no me pasaría nada a mí porque hacía mucho tiempo que no estaba yo para las cosas del mundo.

Después de un rato sonó el teléfono. Después escuché algunos autos pasar por la calle. Gente correr. Gritos. Se escucharon también golpes en mi puerta.

Yo seguía en el piso de la cocina, muriéndome de frío.

Entonces se escuchó que rompieron un vidrio. Fue como si me despertaran.

Y sí, no pude gritar.

Demonios

-Nunca me llevé bien con mi padre, lo sabes-. Dice mirándola con los ojos llenos de lágrimas.

Ella se levanta del sofá y se acerca, se inclina, lo toma de las manos y pone una Mágnum en entre ellas. -Sí, lo sé Carlos, pero quizá esta sea la mejor oportunidad de vencer tus fantasmas del pasado y terminar con su miseria de una vez-.

Carlos responde rabiosamente. Su rostro marcado mostraba lo difícil que había sido mantenerse con vida desde hace algunos años. -Aunque siempre fue un hijo de puta conmigo y con mi madre no puedo hacerlo, a pesar que está ahí dentro devorando lo que queda de ella, no puedo entrar a matar al miserable. Realmente le temo Candace-.

Un silencio entre los dos deja escuchar los jadeos del monstruo, crujidos de huesos al romperse y los chasquidos de cada mordisco. Carlos se lleva las manos a la cabeza; algo que creía olvidado regreso a su mente. Cuando de niño su madre lo escondía cada que su padre borracho llegaba a golpearla brutalmente. Se podía ver su dolor por la expresión en su rostro y su torso curvado.

Repentinamente, Carlos se levanta y camina hacia la habitación, se detiene frente a la puerta un momento, quita el seguro y entra.

Candace lo observa desaparecer tras la puerta al cerrarse. Se escucha un grito y un disparo sordo. Una intranquilidad invade a Candace, entra corriendo a la habitación; encuentra a Carlos en el piso y junto a él, su padre devorando los sesos esparcidos por el suelo.

-Finalmente no pudiste con tus demonios Carlos-. Al borde de las lágrimas y con cautela toma él arma de su compañero de escuadrón. Sale del lugar dejando atrás la horripilante escena.

-Que miserable infancia viviste Carlos-. Pensó Candace.

Caminantes


La última noche de marzo, Henry cayó enfermo. Después de tres días murió. El funeral se celebró como era costumbre. Con él, eran quince las personas que fallecían en Les Cayes en la misma semana. En mayo, las inusuales desapariciones cesaron. Las muertes se volvieron esporádicas, cómo debía ser.

Las conjeturas sobre el penoso acontecimiento circularon por algún tiempo. Se afirmaba que, aquellos hombres, fueron victimas de la mano izquierda.* El puño izquierdo se encuentra lleno de resentimientos y posee malas intenciones; es la mano de Babakó.**

Con el mes de septiembre el infortunio llego al pueblo. Después del medio día las nubes grises cubrieron el cielo. Las malas noticias llegaron antes que la tormenta. En el cementerio se encontraron lápidas rotas, féretros abiertos, cadáveres ausentes.

Una lluvia se presentó al caer la tarde. En los caminos casi abandonados siluetas se deslizaban entre las gotas de agua. Aquellos que transitaban las húmedas calles chocaron con los difuntos.

El número de muertos andantes aumentaba conforme transcurrían los días. Los cuerpos se desplazaban por la fuerza de una voluntad ajena. Andaban junto con las sombras, con la mirada vacía, murmurando frases entrecortadas. Los fallecidos se movían sigilosamente. Rondaban sus casas; visitaban sus lugares favoritos. Caminaban hasta perderse entre los cañaverales.

El temor recorrió cada rincón del pueblo. La vida cotidiana se redujo a las diligencias necesarias. El encierro se convirtió en la actividad favorita tras la puesta del sol. La mayoría de personas se marcharon. Cuando llegó noviembre, en Les Cayes, únicamente permanecía una familia.

Los Duvalier no parieron, parecían sentir afecto por los muertos errantes. En su vieja mesa muñecos de los difuntos se alineaban. Las figurillas de cera, atravesadas con espinas negras, llenas de lazos y plumas, esperaban pacientemente sobre un altar.

* En Haiti, la práctica del vudú con fines negativos, recibe el nombre de Voudou Gauche o Main Gauche «Vudú de la mano izquierda»

**Babakó: Se trata de un loa o divinidad del vudú. Posee un aspecto maligno y se le invoca apara la magia negra.

- ¿y bien?

- pues nada, que hay millones de muertos vivientes en las calles.

- ¿muertos vivientes?

- si zombis, y andan comiéndose los cerebros de los vivos.

- ¿y los vivos mueren?

- no wey, andan en bicicleta felices con el aire refrescándoles el cráneo vacio, ejem… perdón, si mueren.

- pero si están muertos, ¿qué no los hace zombis?

- eergh… pues, pues no.

- ¿por qué no? si están muertos.

- porque para ser zombi, se debe tener cerebro.

- ¿por qué no se comen entre ellos si tienen cerebros?

- pues porque están mal, ya no sirven.

- ¿entonces todos los muertos están regresando a la vida?

- si, aunque algunos ya son casi los puros huesos, se levantan de las tumbas, de las narco fosas, de los tiraderos clandestinos donde sepultaron a los revoltosos anarkosos.

- ¿hasta los que fueron cremados?

- pues se reportan tolvaneras de cenizas que atacan gente, y urnas que se agitan como maracas que trio.

- ¿que lo esta provocando?

- pues a lo largo de la historia ha habido múltiples motivos, Dioses que resucitan a su hijos al tercer día, extraterrestres de malas películas, virus de videojuegos famosos, promesas de campañas en vomitivas series de televisión, en fin.

- ¿pero en esta ocasión?

- pues todos nuestros estudios nos indican que fue culpa de una estación de radio.

- las ondas electromagnéticas?

- no, un concierto masivo que organizaron.

- ah caray, explíquese.

- pues hicieron un concierto donde hubo regeeton, duranguense y cerro RBD con timbiriche.

- ¡chingo a mi madre!

- y de que manera.

- ¿dónde me dijo que estaban todos los zombis?

- en el estadio señor, comiéndose los cerebros tanto de los “artistas” como de los asistentes.

- ¿si hay cerebros ahí?

- pues no muchos pero si.

- y que les esta pasando a los pobres zombis al comerse esos cerebros?

- parece ser que están explotando por gases, osease, que se están echando unos pedotes.

- ¿no son tóxicos?

- no, apestan de la chingada, pero nada mas.

- ah bueno, dejen que se acabe toda la comilona y luego manda a los de limpieza.

- entendido.

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