Ejercicio 10: Funeral

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Una vez más gracias a todos por su participación. Es momento de comentar. El Ejercicio ONCE será publicado a las cero horas del Viernes Once de Abril.

Su profesión era la más inusual para vivir en la Ciudad de México, en pleno 2008. Sin embargo era ampliamente recomendada, incluso por el personal de la famosa funeraria de Félix Cuevas, en la que le había llorado a más de un artista o político importante.

matilda

Aquella tarde había sido contratada para llorar fuertemente -casi rayando en la histeria- durante 2 horas. Su llanto y duración preferida. Siempre había pensado que nadie podía haber sido tan bueno como para merecer un llanto más largo.

Entró a la sala sin fijarse siquiera en el nombre del patrón, como se refería ella al muertito. De reojo miró a los presentes y los encontró extrañamente conocidos. -De accidente seguramente, de los que se quedan medios muertos y van cayendo en cadena- pensó. Además que de luto y con semblante triste, toda la gente luce igual.

Se instaló de rodillas ante el féretro y comenzó a llorar. Al principio los sollozos eran casi imperceptibles, pero a los cinco minutos el fuerte llanto acompañado de frases atormentadoras como ¿Por qué Dios mío? ¿Porque?!?! ¡Aun no era tiempo!, provocó que varias mujeres la acompañaran en esa pieza orquestal que el llanto fúnebre es.

Entre llanto y moco, sus acompañantes hacían comentarios de la fallecida.

-Siempre tan considerada con los sentimientos de los demás-
-Nunca le importo salir de madrugada, a cualquier hora estaba disponible-
-Supongo que su trabajo la enloqueció… ¡Mira que irse por lo más cobarde y ruin!-
-Ve a la llorona, se nota que ella era su colega… ¡Que bien llora!-

Matilda sabía que las conversaciones en los funerales siempre son iguales. Sin embargo, la última frase le despertó curiosidad: nunca había sabido de alguna colega profesional.

Se acercó al féretro abierto y un frío intenso le recorrió el cuerpo. Su fuerte llanto fue callado para sólo transformarse en un grito espeluznante al tocarse el cuello y comprobar que tenía las mismas marcas que la patrona. Marcas de la soga con la que se colgó.

Dos viejas beatas tenebrosas asistieron al funeral de su contemporáneo Fofógoras, un notable ateo con quien por años habían sostenido largas y agrias discusiones sobre religión.

- Vamos a rezar un ruega por nosotros – le dijo una beata a la otra cuando vió que ninguno de los asistentes guardaba el debido respeto por el muerto.

- ¿Y no nos correrá su nieta?

- Esa atea alzada como su abuelo no se va a atrever. Avísale a la gente.

Luego de la letanía.

- Este funeral es muy raro. ¿Ya te fijaste que estamos velando un ataud vacío?

- Es que Fofógoras se hizo cremar tan pronto como falleció.

- Fofógoras estaba loco. ¿Viste que su nieta se salió cuando empezamos a rezar?

- Te digo que es igualita a su abuelo quien ahorita ha de estar pagando sus pecados en el infierno.

- Shhh. Ahí viene la nieta.

- Hola, gracias por venir. Mi abuelo me indicó que a las que rezaran por él les sirviera de este café exótico. Ya ven que le gustaba viajar por todo el mundo.

- Ah gracias, qué considerada.

Luego de que las beatas se zamparan varias tazas de café.

- ¡Qué café tan sabroso! Parece que el viejo al final se ablandó. Así les pasa a todos los que enfrentan a la muerte. A la mera hora se vuelven muy mansitos. Le tengo que preguntar a su nieta dónde lo puedo conseguir… ¿niña, sabes dónde consiguió este café tu abuelo?

- De sí mismo. Me pidió que lo preparara con sus cenizas. Para ustedes.

- Qué pinche horror, es detestable.

Javier tomó el teléfono y marcó de memoria un número. Después del cuarto timbrazo la familiar voz de Perla le indicaba que ella no se encontraba ahí en ese momento, pero que debía dejar mensaje después del bip. ¡Aló! Nena, ¿te apetece salir mañana en la noche?.

- ¿Aló? ¡¡Pinche mamón de mierda!! ¿Pero que carajo estaba pensando?

No sé a qué hora escuches esto, pero si no lo haces, yo te marco al móvil para quedar de acuerdo ¿te parece? ¡Baaai!

- Puta, hasta su voz ha de ser desagradable.

Inmediatamente después de colgar, Javier se dirigió a la ventana de su departamento, la abrió de un brusco movimiento y tras dar una profunda aspiración, volteó hacia abajo, para disfrutar el vértigo, esa llamada que nos hace la tierra para que saltemos.

- No, no, no, no mamar, Kundera se está revolcando en su tumba, que espanto, que puto espanto.

      Si me lanzara ahora – pensó –, mi funeral atraería multitudes

- Me doy, esto  es demasiado para mí.

 

¿Confirma que desea enviar “Javiercuento.doc” a la papelera de reciclaje?

 

- Nunca estuve tan seguro de algo en mi vida.

 

*clic*

 

Maldita sea, es horrible revisar los textos de pubertad. Pinche Javier, era un Gordolfo Gelatino cualquiera. Qué bueno que me libré de ese bodrio antes de que alguien más lo leyera.

Hablaban en voz baja frente al cuerpo de su amigo, el mismo que dio su último suspiro dentro de los fierros retorcidos de un auto. Siempre pensaron que su muerte fue de manera por demás estúpida.

Aquella noche, totalmente alcoholizados, el conductor del vehículo compacto golpeó por alcance a un taxi y le rompió una calavera. Trataron de huir, esquivaron varios rojos del semáforo hasta que se encontraron con alguien igual de briago que ellos al volante y a toda velocidad en una camioneta.

Él, que viajaba en el asiento trasero, no resistió las heridas, y las múltiples fracturas le arrancaron la vida en el trayecto al hospital.

- Es que no es lo mismo. La última vez que fui a un funeral, el que estaba en una caja era mi abuelo. Murió de causas naturales. En esa ocasión sólo abracé muy fuerte a mi abuela, no había necesidad de decirle nada. Ahora qué le digo a los familiares.

- Es fácil, diles que te sientes mal, que estás con ellos en todo lo que se les ofrezca y que tengan pronta resignación.

- No me salen las palabras, ve tú primero, yo te sigo.

Se quedó frente al ataud, le echó una última mirada al cadáver y cuando estaba a punto de decirle unas palabras, vio al compañero salir corriendo del lugar, seguido de una turba enfurecida.

Dos días después se encontraron, aquel que salió huyendo por supuesto no fue al velorio y al verse las preguntas no se hicieron esperar.

- ¿Qué les dijiste?

- Me puse tan nervioso que lo único que salió de mi boca fue “Muchos días de estos”.

El maestro Sadr Qunyawi hizo la plegaria ante los restos del más respetado preceptor y poeta sufi.

Cientos de sus discípulos llorábamos la perdida de quien predicó que el hombre perfecto mira hacia su interior, hacia su alma intelectual buscando sabiduría. Llorábamos nuestra orfandad, nuestro dolor egoista.

Tenía 12 años cuando el persa Farid al-din Attar vaticinó que haría arder a los aspirantes espirituales del mundo. Ahora todo el Islam peregrina a su tumba aquí en Konya.

Amó a la humanidad. Deseaba que ella también se amara.

¡Ven, quienquiera que seas!
Infiel, religioso o pagano, poco importa.
Nuestra caravana no es de desilusión,
sino de esperanza!
¡Ven aunque hayas roto mil veces tus promesas!
¡A pesar de todo, ven!

Mantenía permanentemente su gran alegría interna. Libre de la pedantería del soberbio, vivió su espiritualidad como un niño, danzando, cantando.

¿Qué puedo hacer, oh musulmanes?, no me reconozco a mi mismo.
No soy cristiano, ni judío, ni mago, ni musulmán.
No soy de la mina de la Naturaleza, ni de los cielos giratorios.
No soy de este mundo, ni del próximo, ni del Paraíso, ni del Infierno.
No soy de Adán, ni de Eva, ni del Edén, ni Rizwán;
Embriagado con la copa del Amor, he visto que los dos mundos son uno;
no tengo otra cosa que hacer más que el jolgorio y la jarana.

Condenado a muerte, en virtud de haber nacido, se alegró cuando enfermó porque supo que había llegado su momento para hacerse uno con el Amado. Falleció pocos días después mientras dormía.

Recuerdo la tristeza y las palabras finales de Qunyawi durante las exequias:

“Santo, hombre imposible. Tu credo, tu lengua y tu raza fueron la humanidad. Libre, sublimada por la felicidad, por la pureza de intención, por la voluntad impecable. En ello creíste y confiaste. Quienes te amamos intentaremos imitar tu coraje para armonizar con el universo. Amigo, padre, hermano; gracias. Hasta que volvamos a vernos, hasta que volvamos a contemplar tú sonrisa al final del tiempo.”

Bunny se ve serena aunque no puedo distinguir sus ojos. Estoy contento con eso, su espíritu es fuerte y eso me tranquiliza. A su lado Jacob y Ámbar riñen por algo que no alcanzo a distinguir. Bendita inocencia. Ella revuelve sus ensortijadas cabelleras.

- Niños, no peleen - les dice con una sonrisa.

Yess se acerca y les toma de la mano.

- Vengan, les invito un helado -

En el rincón más alejado del cuarto, encogida y con las manos sobre el rostro está Princesa. Ha venido sola. Su mirada se cruza con la de Bunny al levantar la cabeza. Después de un momento de incertidumbre muestran ambas una tímida sonrisa.

- Hola, ¿Cómo como estas? - Le pregunta Bunny acercándose.

- Triste - responde Princesa rompiendo en llanto - ahora que Papá no está me siento muy sola -

Grandes lagrimones corren por sus mejillas.

- A pesar de todo lo amaba y lo extraño mucho -

El abrazo de Bunny hace que Princesa se sobresalte.
- No estas sola, El te amaba también y se que ahora los cuatro tenemos un ángel que nos protege desde arriba -

Si pudiera sonreír lo haría, ahora sé que todos estarán bien y que puedo marcharme tranquilo. Solo quisiera decirles algo más, Bunny, Princesa, Jacob, Ámbar los amo.

Veo acercarse a Mamá y Papá.
- Ven con nosotros - me dicen.

Me habían dicho que cuando uno se muere el cuerpo deja de funcionar… ¡pamplinas! ¡Que me devuelvan mi dinero!

Resulta que mis oídos seguirán siendo funcionales hasta que me incineren; oí a uno de los de acá decir que es un pequeño defecto en el modelo humano, pero que las nuevas generaciones ya están arregladas. Se escucha como un micrófono distante, pero lo suficientemente audible como para escuchar en un radio de un metro.

He oído a tías que no conozco decir que era un buen chico, aplicado, amable… Nunca nadie había estado tan cerca de mí hablando sobre mí y no conmigo. Bueno, sin contar cuando mis papás me sentaban en la mesa del comedor y discutían sobre qué iban a hacer conmigo y quién de los dos tenía la culpa mientras yo miraba mis uñas crecer.

Hablando de papá y mamá: hace rato los oí, o, más bien, sus gemidos. Pobrecitos, están peor que nunca. Ahora oigo a mis amigos: hablan de esas extrañas cosas que hacemos… bueno, hacíamos juntos… ¡y se ríen! Se ve mal en un funeral hacerlo, pero bueno, siempre fueron muy… ¡Joder! ¿Ahora lloran? ¡Quién los entiende! ¡No lloren! ¡Este lugar es la onda! ¡Me siento genial!

Tal vez estoy siendo egoísta… creo que me extrañarán. Aquí me dijeron que ni me preocupara por eso: que no extrañaré a nadie. Intenté ponerme triste pero no pude. Parece ser que la tristeza está prohibida aquí. Qué raras reglas… pero todos se ven muy contentos, eso es bueno… creo.

Diablos… quiero que me incineren ya para contemplar a los pajaritos sin distracciones…

Todos dicen muy joven… ¿Quince años es muy joven?

Ámbar decidió quedarse sola un momento. Se fue alejando de los brazos protectores de su pareja, de las palabras de aliento de sus tías, del aura extraña que rodeaba el lugar. Estaba cansada de pensar y llorar así que se sentó quieta en un rincón para observarlos a todos. Observar a las mujeres que llegaban con los ojos llenos de lágrimas a abrazar a su madre, a los hombres y su expresión incómoda, a las sombras desconocidas que llegaban con morbo o buenas intenciones.

Miró llegar a alguien conocido y trató de desaparecer en vano. El hombre la alcanzó para darle el pésame.

- Tanto tiempo. - Dijo él y se sentó a su lado.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a acompañar a tu hermano. ¿No te da gusto verme?
- La verdad no.
- Aquí está, ¿verdad?
- Sí.

Ella miró a lo lejos buscando los ojos de su novio.

- ¿Me dejaste por ese pendejo?
- No, te dejé porque tú eres un pendejo.

Ámbar se levantó, su prometido fue hacia ella y la abrazó mirando al intruso y marcando territorio.

- ¿Estás bien niña?
- Sí. Bueno no… ¿De qué estaban hablando?
- ¿Viste a la muchacha que llegó con mi primo Luis?
- Mhmmm… ¿Luis es el grandote o el gordo?
- El grandote de bigote canoso que se fue hace ratito.
- ¿Qué tiene?
- Dice Jorge que esa morra anduvo muchos años con su jefe.
- Y dicen que las mujeres somos las chismosas…
- Tú preguntaste.
- Ya sé.

Ella se quedó mirando a la nada un rato. Él lo notó y la abrazó. Ella comenzó a llorar de nuevo, murmurando cosas. Él sólo entendió una frase:

- ¿Porqué… porqué hacerse eso si de todos modos se iba a morir pronto?

— ¿Sabes que le ocurrió? — Preguntó con voz queda la mujer junto a la oreja de su amiga.
— No tengo idea, parece ser que recibió un fuerte golpe en la base del estómago que le desprendió los órganos internos. — Respondió la otra y luego de una pausa agregó: — Bueno, eso fue lo que escuché.

Más allá, cerca del ataúd un hombre que parecía ebrio conversaba con tres más que reían por momentos.
— ¡Coño compadre, deje de estar diciendo esa vainas del difunto, mire que se puede molestar la familia!.
— Si cámara, tiene razón Gonzalo mi vale, ahí están los hijos, deje la jodedera.

El ebrio les miró desde sus vidriosos ojos y levantando su mano como queriendo detenerlos mientras asentía. Tomó aire y luego exclamó casi siseando: — Está bien mis estimados, está bien, no diré nada más. Pero luego no estén preguntando vainas —. Miró a su alrededor para percatarse de que todos le habían escuchado para luego concluir: — Están ustedes como viejas beatas, locos por conocer el chisme, pero dándose golpes de pecho.

— Hagamos una vaina — dijo un tercero — Vamos pá’fuera y ahí nos echa el cuento. No creo que al muerto le moleste que nos enteremos de cómo murió. Todos éramos sus amigos.

Los demás asintieron a las palabras del último, más por curiosidad que por otra cosa. Pero el borracho negó con la cabeza y luego dijo:
— No hay porque salir pá’ninguna parte mi llave, no es mucho lo que hay que decir. A mi compadre lo mataron de una patada.
— ¿De una patada? — preguntaron todos al unísono.
— De una patada namás. Se la dio la María Tacón, su querida burrita. Ustedes saben como era ese Ernesto con ese animal.

Esa noche, se recuerda en el pueblo como la noche de María Tacón. Vaya usted a saber porque.

No entiendo lo que pasa, solo veo a varia gente llorando, escucho como dicen “Era tan bueno, como pudo haber muerto.”

En la mañana me despertaron, me dijeron que me bañara, me dieron un atuendo negro, y mi madre con lágrimas en los ojos me dijo “Se murió tu tío Luís.” En realidad, nunca conocí mucho a mi tío Luís, solo sabia que estaba muy viejo y que sus hijos (mis primos) eran casi de la edad de mi madre (o eso parecía); según yo no le faltaba dinero, mis padres se la llevaban hablando de la gran “inversión” que hizo cuando era joven, tenia muchas gasolineras por todo el estado o algo así, nunca les ponía mucha atención.

Mi padre no dejaba de decirme que me debería de comportar lo mejor que pudiera, mi madre no dejaba de llorar. Ya estando ahí pude ver a mucha gente conocida, mis tíos, abuelos y aquella mujer, joven, radiante, hermosa, demasiado para ser la esposa de mi tío Luís. Lo que pasó después esta un poco borroso, misa, muchas lágrimas, y mucha gente abrazándose. Solo hay una cosa que recuerdo con mucha exactitud; el momento en que llego un señor en traje que dijo que era hora de leer el testamento, vi la cara de la ahora viuda esposa de mi tío alegrarse con un resplandor, hasta ahora solo puedo identificar esto con una palabra, parásito.

Inés se detuvo en el umbral del lujoso salón que se dibujaba entre luz y penumbra. Al fondo, vio a Lucía, arrodillada frente al ataúd. Con asombro, observó en la pared un retrato conocido, cuya mirada le produjo un estremecimiento.Algunos rostros voltearon a mirarla. Lucía se levantó y caminó hacia ella.

- Qué haces aquí, qué quieres. -dijo en voz baja con un dejo de desprecio.

- Necesitaba venir. Lucía, le sonará extraño… pero quisiera recuperar algo que, en cierta forma, es mío.

- Nada que esté en mi casa es o fue alguna vez tuyo.

Inés fue hacia el fondo del salón sin mirar el ataúd y contempló el retrato.

- Esto es un recuerdo mío -le dijo.

Lucía rió acallando los murmullos. Cohibida volteó a mirar el ataúd y susurró:

- Yo mandé hacer este retrato poco después de nuestra boda.

- ¿Pagó por este cuadro?

- Por supuesto. Incluso le ofrecí a Leandro mi apoyo para el pintor, un tal Medina, aunque nunca volví a saber de él.

- ¿Ofreció ser mecenas del pintor? Vaya Lucía, su generosidad no tiene límites. ¿También pensaba condicionarlo a casarse con usted para tener sus favores?

Lucía se quedó sin habla mirándola con furia.

- Por lo visto, Leandro le guardaba algunos secretos -agregó Inés. Vera, este retrato se pintó mucho antes de lo que cree. ¿Recuerda el reloj que le regaló cuando empezó a “apoyarlo”? Busque en él una inscripción, es la misma que verá alrededor de su mano en el cuadro. Le dejo mi tarjeta, por si cambia de opinión.

Al volver del cementerio, Lucía buscó la caja donde su marido guardaba aquel obsequio, en la tapa leyó unas palabras, mismas que encontró en el reverso del reloj. Agitada, fue hasta donde estaba el retrato. En una minúscula y hermosa caligrafía halló la frase. Desconcertada, sacó del bolsillo la tarjeta y la leyó mientras sentía hervir su sangre:

Inés Medina. Pintora

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“Allá en el fondo está la muerte, pero no tengas miedo” es un fragmento de Instrucciones para dar cuerda a un reloj de Julio Cortázar.

- ¿Bueno?

- ¡Hola Gatita! ¿Cómo andas?

- Mal. Estoy en el funeral de Guillermo.

- ¿Guillermo? ¿Quién es ese?

- Mi novio. Al que apodaban “El Taquero”

- Ah… No te creo. A mí se me hace que otra vez estás en una fiesta. Y no me invitaste, va culera. Yo hubiera llevado el chupe…

- Ejem… ¿no me oíste? ¡Mi novio está muerto!

- Pinche mentirosa que eres. Si en el fondo se escucha que están rapeando y todo el pedo. Seguro está bien chido el desmadre.

- ¿Cuál rapeando? ¡Están rezando, pendejo!

- Ajá, sí. Ahorita mismo le hablo al “Taquero” para que veas que eres bien chorera.

- ¿Y cómo le vas a marcar, si estás hablando conmigo?

- Neta. Deja le digo a mi mamá que le hable desde el suyo.

- …

Suena tono de celular con “La cumbia de los pajaritos”

- ¿Ya ves? Desde aquí suena su teléfono, ni modo que lo hayan enterrado con todo y celular.

- Pues así fue. El así lo señaló antes de morir. Era un pinche frívolo, ya sabes… Ash, no sé por qué te estoy dando explicaciones. Es más, no sé cómo sigo hablando contigo, chinga a tu madre, ¡Adiós!

- Espera, no me cuel…

Gatita cuelga el celular y se dirige hacia los asistentes.

- Ahora sí, sigamos con el “entierro”. ¡Wooooohoooooooo! Ice, ice, baby!

-¿Triste no?- Preguntó mientras sus ojos recorrían el ataúd y su pecho exhalaba lastimero suspiro.

-¡Sí, cuéntame!, ¿cómo se llamaba?-

-Alfonso, es español, solo que no recuerdo exactamente el nombre del lugar. De todos los que seguido velamos, este es el que con más cariño recuerdo. Es que sabes, este tipo estuvo genial, marcó una época.-

-¿Porqué?- Pregunto intrigado.

-Fue el único loco que contagió a muchos y aun así fue respetado. Tuvo grandes aventuras, unas buscadas y otras que lo encontraron. Peleó con gigantes, temibles caballeros, dueño del corazón de princesas y se rumora que hasta se dio de palos con espíritus del más allá. ¡Ya no los hacen como antes!, además, por aquella época era difícil crearse fama y aun así cruzó los siete mares. Desde el más miserable hasta el rey más acaudalado le conoció y no lo olvidó.-

-¡triste terminar así!-

-Lo se, pero no te preocupes, renacerá, ya verás.-

-¿Cómo?, explícate.-

- Bueno, si nadie abriera las portadas que lo encierran muere, nosotros velaremos su cuerpo, de ser el caso, después de un tiempo lo enterramos; pero este no es así, aunque tenga tiempo no falta quien lo descubra por primera vez, o quien vuelva a encontrársele…- súbitamente cortó la conversación y oídos atentos exclamó: - ¡espera! , ¿Oyes?-

- Sí, la caja… rechina… parece que…-

-Alguien vuelve a leerlo y creo que volverá a salir…- volvió a interrumpir. - Sí, ¡está saliendo!-.

Los dos miraban asombrados mientras Alfonso empezaba a calzarse la armadura al tiempo que desentumía su cuerpo. Hecho esto llamó con enjundioso silbido a su caballo, al cual de un salto montó y tras de un relinchido galopó hacia el horizonte.

-¿Y cómo dices que se llama?-

- Se llama Alfonso, Alfonso Quijano, pero el nombre del lugar no puedo acordarme…-

A-Como crees??

B-Si cabron, felpo, murio, mamo, en pocas palabras .

A-Pero si apenas el domingo estuvimos platicando, ya sabes sus platicas de hombres bien cabrones.

B-Ya vez lo que pasa por andar de culero.

B-Huevos que, eso pasa por no fijarse cuando pasas la calle. Vamos por un cafecito no? Pinche frio no me deja ni rezar, jajajajajajaja

A-Ni sabes rezar que te haces pendejo.

B-Vamos antes de que se acabe.

A-Ya viste men, ahí esta el Mauro, traetelo.

B-Nel, ya vez como es de desmadroso no nos vayan a correr y luego donde cenamos? Ya sabes como es su familia. Mira, ya van a rezar otra vez, como si con eso lo fueran a salvar al muy cabron.

A-Si verdad? Pinche culero que era, te acuerdas cuando mato al gatito de Doña Concha? Y al de Don Toño? Y los perros que enveneno que? Y solo son los que le sabemos, quien sabe cuantos mas se llevo entre las patas.

B-Y miralo ahora, en su cajita, con su carita de inocente el muy cabron y hasta de traje y con corbata jajajajaja.

A-Shhhh…. Callate cabron.

B-Oye guey se puede enjuiciar a alguien por ser serial cat_dog killer?

A-Mmmm, no creo, pero dejar de usar tu pinche spanglish.

B-Se podra rezar en spanglish?

B-Father nuestro que estas en el sky, santificado sea your name…. Que mas sigue?

A-Libranos de todo mal amen, no?

B-Jajajajajajajajajaja

A-Jajajajajajajajajaja

B-Oye guey que dejo la maestra de tarea?

A-No se, ademas le decimos que venimos al velorio y con eso la libramos.

B-Cierto, es mas deberian cerrar la secu en su honor.

B-Jajajajajajajajajaja

A-Jajajajajajajajajaja

Para Joako
por su cooperación, paciencia y mamonería.

-Tío, ¿se siente bien?

-Sí, solo un poco cansado del viaje. No te preocupes Estela.

-Por favor, siéntese. ¿Le sirvo café?

-Gracias.

-Mi tía Eveli, ¿cómo está?

-Bien. Viene en camino con los chamacos.

-Ese par de latosos. ¿Qué dicen mis primos?

-Pues, Jorge se acaba de titular y Joaquina apenas va a entrar a la universidad.

-¡Qué bueno!

-…

-…

-¿Cómo te sientes?

-Mal y usted lo sabe, pero debo hacer el esfuerzo. Aunque muchas veces él me dijo que ya estaba cerca su hora, no pude hacerme a la idea. Y ahora…

-¿Y… cómo pasó sus últimos momentos tu papá?

-Siempre decía que a lo que más le temía era formar parte de la inexistencia, pero no se le veía asustado ni angustiado, estuvo sereno y atento. ¿Papá nunca le dijo como deseaba morir?

-¿Te refieres a lo de Buñuel?

-Sí, en su último suspiro dijo: me muero y estoy consciente de ello. Y esbozó una sonrisa.

-Recuerdo el día que leí el texto del funeral. Le pregunté, ¿qué onda con tu “cuento”? Me contestó: así es como quiero morir. Y además, mi hija, si es que llego a tener una, se va llamar como La Jefa.

-¿Escogió mi nombre sin siquiera saber si yo llegaría?

-Ya sabes. Sus iris.

-¿Cómo el día de mis XV?

-Y que lo digas. Cuando me dijo que en lugar de darte tu última muñeca, te regalaría su libro de cuentos de Asimov, le dijé “¿Qué quieres?”.

-¿Qué le contestó?

-Nunca le he regalado una muñeca, para qué lo haré ahora que ya no juega con ellas. Este libro es un tesoro para mí.

-Y lo cuido como tal.

-Eso lo hacía feliz…

La oscuridad es total, no oigo nada. No puedo moverme, me supongo que eso pasa cuando uno muere, pero no veo la dichosa luz. ¿Será esto todo, quedarse así en la nada? ¿Será el infierno?

¿Qué es lo que suena? Parece como si fuera un arroyo, todo está tan oscuro, ni siquiera puedo sentir mi cuerpo solo oigo y pienso.

¡Dios, perdona mis pecados y déjame ir a tu reino o al infierno, pero no me dejes aquí!

-Parece que duerme, se ve tan calmado. Ya dejo de sufrir…

Esa voz, es de mi hija, puedo oírla, aunque muy quedo pero se entiende Se oye mucha gente. ¿Por qué no oigo a los mariachis que pedí que tocaran? ¡Maldición, les dije que quería que lo tocaran en mi funeral!

-Tan bueno que era y tan rápido se nos fue
-Si, así es esto ¿ya trajeron el café con piquete?
-¡A la salud del compadre, que en paz descanse!
-Tan pedote que era, ¡salud!
-Te acuerdas de la semana pasada, fue la última vez que chupamos…

Las voces se apagan otra vez ¿que esta pasando? No entiendo nada. ¡Maldición! Otra vez el vacío. ¿Cuanto tiempo ha pasado? Oigo oraciones y llantos, cada vez son más claros los sonidos. Son mis hijos y parientes llorando y un sacerdote rezando.

Ese sonido es… ¡Son palas y tierra cayendo! ¡Han puesto la losa!

¿Qué sucede? ¡Siento mi cuerpo, tengo frío! ¡Oh Dios mío, estoy vivo!…

Tíííía. ¿Quieres un dulce? Son de los que mi abuelo repartía. Los guarde en mi pantalón y mira, aquí estaban. Ten, toma.

-Gracias nena.

-¿Susana, aquí estas? Ven ya. Te estamos esperando y los demás empiezan a impacientarse.

-Déjame Rodrigo, que empiecen sin mí.

-Sabes que no puedo hacer eso. Daniela: anda, vete a jugar con tus hermanas. Deja que tu tía y yo hablemos.

-Ay papaaá.

-¿De qué quieres hablar Rodrigo? ¿Del tiempo que llevaba sin hablar con papá? ¿O de las palabras hirientes que le dije la última vez que lo vi?

-De cuánto nos amaba; y nosotros a él, Susana. Ya no puedes seguir torturándote. El jamás te recriminó nada y, si acaso, cuando hablábamos, reía y se alegraba al referirse a ti como su chamaquita celosa, su caramelo sonriente.

-Mira Rodrigo, déjame en paz, te lo pido, por favor.

-¿Te acuerdas que nos decía que no había mejor regalo que un buen caramelo? ¿Ý que acostumbraba llevarnos cada tarde a la dulcería, después de clases? Si lo piensas, es casi un milagro que no seamos obesos.

-No seas tonto Rodrigo, jaja.

-Tú eras su favorita Suz; tienes que animarte y pensar alegremente en él. Mi papá se dedicó a mamá y a ti; nunca querría que su dulcecito esté triste. Baja ya, estamos todos esperándote.

-¿Natasha está aquí?

-El me dijo alguna vez, muy serio en sus palabras, que era hora de reencontrarse con las libaciones de su juventud…

-Entonces se separó de mamá y se fue a viajar por ahí, y cuando regresó traía del brazo a esa vieja más joven que nosotros, que además ni habla.

-Es rusa. ¿Qué esperabas?

-Es una puta.

-Es familia, y alegró los últimos días de un viejo dócil y benévolo. Ten, cómete este dulce y llévale el otro a papá.

-¡Crema de limón, sus favoritos!

-Al final, él me dijo que había descubierto unos dulces aún más excepcionales; jamás dijo cuáles, sólo que eran azules…

Sabía que de mis gusanos no habrán mariposas pero escuchar esto era mucho peor. Imaginaba algo diferente que estas frases de esa gente. Quería ver de nuevo todos mis mecheros perdidos, pensaba vivir otra vez cada momento de mi vida. La he convertido en una película que estaba planeando ver alguna vez más, pues me convertí en un dvix, me metí en un agujero estrecho, me aplasté y ahora tengo que oír en directo que se dice sobre mi existencia aquí, aunque no ahora. Y yo soñaba con el silencio. Y yo deseaba desaparecer desapercibido. Y yo no necesitaba sus comentarios. Y yo sabía que sí que me lo merecía. Y yo me sentía por fin natural. Como un trozo del universo cualquiera. Y ellos no hablaban de nada que fuera relacionado conmigo. Y a mí me daba igual. Y yo sola mente sentía que no me dejan ni morir sin participar en la puta sociedad. Y yo sólo había pedido que me dejen en paz. Y ellos no, decían que esto no se puede, decían que descanse en paz y no oían que ruido estaban produciendo. Y yo me dije a tomar por culo, que se joda lo normal y lo real y la vida entera, pues salí de repente de la tumba y pregunté al cura si no tiene un pitillo y él tenía y luego dije a una amiga que fumaba mucho después de mi muerte, no tienes fuego, A, yo tuvo que perder los mios en alguna parte, y ella tenía, y luego alquién gritó un vampiro, matadlo, un vampiro hay que eliminarlo y enterrar en seguida, un vampiro y yo dije y qué, joder, y me fui vivir una vida nocturna fuera de la sociedad y de la realidad y tal. Y me daba igual que no soy una mariposa. Y no tengo ni idea como se acabó aquel funeral mio, es que ya no estaba allí.

Puedo ver la escena, mis padres y mi hermana lloran… me siento mareada, el incienso siempre me ha mareado, y no consigo entender como es que todavía me afecta…

- … pero sobre todo, una gran amiga - Marco termina de hablar, su voz suena triste…

¡Lucca! de repente reparo en él, una lagrima escurre por su mejilla… planeábamos casarnos en mayo… ¡pero si ya estamos en mayo!… ¿por qué no me case?

- ¡TODO ES TU MALDITA CULPA! -

El grito de Eduardo sobresalta a todos, y entonces le veo, apartado en un rincón, llorando… ah ya recordé

Eduardo se acerca al féretro

- Si no me hubieras engañado… ¡ESTO NO TENDRÍA QUE HABER PASADO¡ -

Comienza a golpear el ataúd aunque esta esposado y custodiado… logran por fin aquietarlo… y yo me doy cuenta que Enrique se encuentra junto a mi familia

- Perdónenme - susurra…

Observo como mi padre le ayuda a levantar y como mi hermana lo abraza…

Te perdonamos, de todo corazón te perdonamos - le dice mi madre - Prude solo estuvo en el momento equivocado en el lugar equivocado… Dios ya la tiene con él

Enrique comienza a llorar y yo también… lloro de tristeza al ver el ataúd de mi mejor amiga junto al mío… el cristal hecho trizas por los golpes de Eduardo…¡ay amiga! ¿nunca pudiste dejar de amar a Enrique verdad?… nunca, ni aunque el estuviese casado y tu casada también… sigo llorando… pero ahora de alegría, porque veo la luz y mientras me dirijo hacia ella pienso: “¿pero eso es lo que hacen los amigos verdad? ayudarse unos a otros, aunque eso involucre perder la vida a manos de tu esposo”… entro a la luz, me fundo en ella.

Wad-al-Hayara. Septiembre, 2110.

-¡Héroes! Eso es lo que son. Y mira que hay que tener bien puestos los huevos para hacer lo que ellos hicieron. Héroes, chingado… ¡Héroes!

La voz de don Elpidio Abdul Ibn-al Abdul se quebró al recordar a los šuhada de la Yihad Mexicana que en ese momento acompañaban en solemne cortejo fúnebre: sus compadres Don Yusef Martínez Farid y Don Miguel Kareem Aziz, quienes se habían inmolado en un ataque final que derrotó definitivamente a los últimos infieles que se resistían a la conversión.

-Yo lo vi- decía alguien en voz baja- las llamas medían como cien metros.

-Yo creo que sí llegó como a medio kilómetro- decía otro.

-Dicen que se veía la cara del Único entre las llamas- acotaba uno más.

-¿Y sus familias?- preguntaba uno menos amarillista.

-El Gobierno se hará cargo. Nada les faltará y recibirán los honores que se merecen por ser herederos de héroes, ¿verdad Don Elpidio?

-¡A huevo!- contestaba el acongojado compadre- Se merecen un “menumento” esos cabrones. ¡Ojalá estén disfrutando de setenta y dos vírgenes cada uno!- concluyó don Elpidio recibiendo una severa mirada de las viudas a quienes no agradó mucho esa idea.

Wad-al-Hayara. Una bodega. Dos días antes.

-Pinche compadre ¿de dónde sacó tanto chingado explosivo?

-Un trueque. Se los voy a vender a la Brigada Suicida. Pinches loquitos ¿no compadre?

-Pos cada quien hace de su culo un papalote…

-Y lo vuela… ¡Pero en mil pedazos!

Ambos compadres se carcajearon mientras Don Yusef descubría un cable rojo en una de las cajas de explosivos.

-¿Y esta mad…?

El detonador se activó y la explosión llegó a cien (o quinientos) metros llevándose a los compadres, la bodega y a los infieles que, después se supo, se encontraban justo encima de ellos.

¿Y las Vírgenes? Ni una.

El Satánico Dr. Iosephus

-Atención por favor… estamos acá reunidos…

-¿Y ese quien es?

-Tengo entendido que un ex.

-¿Pero no debería darle vergüenza? De seguro lo hizo por su culpa.

-No vale, es un ex de su juventud, creo más bien que ahora era su amigo.

-Pues tan bueno no fue, mira lo que hizo.

-Bueno con ella nunca se sabía.

-Eh… disculpen allá atrás, un poco de silencio por favor… gracias… prosigo, sus padres me han pedido que diga unas palabras y lea la carta que dejó, todos acá sabemos lo difícil que es este momento y sé que muchos no estarán de acuerdo con lo que hizo, pero creo que es justo leer su visión de los hechos, pues al fin y al cabo ninguno de nosotros llegó realmente a comprender lo que ella sentía.

Yo sé que quienes sufren más son los que quedan, por eso, mamá, papá, perdonen, amigos, si, ustedes tres, cada uno tiene su carta, disculpen por irme así, de forma tan abrupta y sin decirles nada, pero es que ya no aguanto más, se supone que descubrir hace tres años que soy bipolar me haría sentir mejor, y no sólo por el tratamiento, sino porque sé que no estoy loca, que es sólo un trastorno, pero es que nunca me he sentido normal, nunca encajé en este mundo y no nací con las fuerzas para cambiarlo, me sorprende más bien haber durado tanto; y estoy agradecida por todo lo bueno que tuve, aunque lamento no me haya hecho sentir feliz. Creo que soy yo la incapaz, algo esta roto acá dentro y nunca he podido repararlo.

Sé que me tildaran igual de loca por lo que voy a hacer, pero creo que mis niños estarán bien conmigo, no quiero ser una carga más allá de mi muerte ni quiero que ellos sufran lo que yo.

Las personas entran y salen de aquel sitio, caras largas y gestos serios pueden verse alrededor. En el centro, a la vista de todos, una bella urna adornada con relieves descansa rodeada de flores y lágrimas.

Una mujer llora a gritos por el dolor de una partida que piensa prematura, otras la sostienen y consuelan sin mucho éxito, los hombres permanecen en silencio observando la escena con la cabeza baja.

 

-Triste final, Jalil, triste final-

-Si, el destino de cada uno de nosotros Hussein-

-Apenas ayer en la mañana lo vi cuando le llevaba la comida a los gringos esos con los que trabajaba y ahora ahí está, en esa pequeña cajita-

-Si, decía que quería conocer y asimilar su forma de vida para irse a vivir a eua-

-No lo sabía-

-Oye… ¿Y qué es lo que piensan hacer con las cenizas?-

-¿Qué cenizas?-

-Pues las que están en la urna-

-No lo cremaron, eso fue lo que pudieron recuperar del cuerpo luego de la explosión-

-En la m…-

En una devastada sinagoga israelí dos marines mexicano-americanos conversan plácidamente:
- ¿Ya cayó otro, verdad?
- Sí.
- ¿A cuántos se llevó este cabrón?
- No pus, éste salió más bonito que cabrón: sólo mató 15 personas.
- Te dije. Cada día están más y más pendejos. Ahora hasta entre ellos se matan.
- Sí, pero no dejan de sorprenderme sus métodos. Este culero violó cincuenta mujeres y sodomizó 30 menores de edad antes de venir a inmolarse en la embajada.
- Anda, ¿y ya lo identificaron?
- Sí.
- ¿A qué se dedicaba?
- Era rabino.

¿Quien iba a decir que fuera capaz de asesinar a esos de Hacienda? -decía un allegado al difunto-.-¿Quien diría que el IETU iba a provocar, el asesinato de 24 burócratas?… Y eso, porque el 25 y 26, un policía los salvo al ultimarlo por la espalda.

Yo lo “cotorree” dos veces, en algunas pedas. Leí su blog, pero era malo e inconsistente… Un asco -decía el acompañante al allegado-.-No te vayas con la finta, su vida, empezó a volverse vana y vacía, pero antes escribía bien -corregía el allegado.

Lo que pasa, es que se sentía explotado en el trabajo… No ganaba tan mal el güey, pero gastaba un chingo. El sentía que debía ganar tanto, que le permitiera llenar ese vació en su vida, con todos los excesos que el dinero pudiera pagar -recordó el allegado-.

¿Oye, y esa rubia? -dijo el acompañante-.- ¡Uy, mi amigo!, ella fue la causante de todas sus desgracias -respondió el allegado-.-Después que lo dejo, se volvió un alcohólico suicida… Después un loco alcohólico… Al final, el alcohol careció de sentido.

¿Ves esa chica de allá y aquella del fondo? -dijo el allegado-. Esa esta chida y la otra aguanta… ¿que con ellas? -respondió el acompañante-.-Pues, en su locura… Llego a comprender a las mujeres, y tuvo éxito, pero cuantas más chicas llevaba a la cama, mas vacío se sentía -concluyo el allegado-.

¿Pero, eso que tiene que ver con matar 24 burócratas? –Pregunto, desconcertado el acompañante-.-Todo, cuando vino la declaración anual, vio su multa por 3 meses de atraso, aunado a que desde hace 4 años le debían su ISR… Uso de pretexto su vida vacía, agarro una escopeta y dos semiautomáticas, para hacer un verdadero “cambio” en México -respondió el allegado-.

Pues si, mínimo cambiaran a 24 “afortunados” burócratas -concluyo el acompañante-.

Pocos eventos, si alguno, tienen la carga psicológica y anímica de un funeral.
El ejercicio de esta semana consiste en escribir un cuento de 300 palabras o menos cuyo tema sea las conversaciones escuchadas en los funerales de

a) Un atacante suicida.
b) Un condenado a muerte.
c) Un personaje literario.
d) Ustedes mismos.

Tienen hasta las 23:30 (Hora del la Ciudad de México) del Jueves 3 de Abril para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 4. Recuerden que hasta el cierre de este ejercicio los textos del ejercicio pasado pueden seguir siendo comentados. También les recordamos que una vez terminado su texto deben mandarlos a revisión y acomodarlo en la categoría correspondiente (Ejercicio 10: Funeral).

P.D: Por primera vez en las diferentes encarnaciones de este, su taller, hemos llegado a un ejercico de dos dígitos. De corázon, muchas gracias por participar.