Ejercicio 11: Maleta

You are currently browsing the archive for the Ejercicio 11: Maleta category.

Una vez más gracias a todos por su participación. Es momento de comentar. El Ejercicio DOCE será publicado a las cero horas del Viernes veinticinco de Abril.

No se porque, si siempre tiendo a hacerle caso a mi instinto, desde que salí del aeropuerto en roma, tenia la sensación de que esa maleta no era la mía. Aun así, que era idéntica y sentía el mismo peso, esa vocecita dentro de mi me decía que no lo era.

Y no lo fue.

Al llegar al hotel, abrí la maleta para salir de dudas de una buena vez por todas. Lo primero que me encontré al abrirla fue una sotana. Eso no me decía nada, yo era sacerdote y siempre lo último que ponía era la sotana, empecé a escarbar entre las ropas, me encontré un oso de peluche, viejo, desteñido y descosido al que le faltaba un ojo. Pero lo que resolvió quien era el dueño, fue la bolsa de plástico que me estaba hasta el fondo de la maleta, dentro, un enorme dildo de látex de color rosa, con una tarjeta pegada al listón que lo envolvía, que decía:

NORBERTO:

Para que no me olvides en tu visita al vaticano.
XOXO

J. J. Posadas.

¿Quién será ese tal Norberto? Con cuidado quite la cinta y la deja en el tocador de la cama.
Un par de horas, después de lavar perfectamente el dildo, con un leve dolor en el ano y una gran sonrisa, fui a buscar al dueño de la maleta.

¡¡Puta madre!! Agarré otra maleta.

La aguda voz de Eduardo Quis inundó la habitación, tal como a él lo inundó de frustración y sorpresa ver una camisa militar, que nunca había comprado.

Eduardo colocó la maleta sobre la cama, para que la luz del enorme ventanal le permitiera ver su contenido. Con un brusco movimiento echó a un lado la camisa arrugada, tan mal acomodada que tapaba todo el contenido de la maleta.

Si Quis no hubiera visto con tanta atención la escopeta recortad, quizá hubiera sabido del pasaporte mutilado, la sotana que aún olía a nuevo o tal vez pudo haber visto el Zippo que decorado con un escorpión rojo y la frase Angelus Mortis. Pero el sol, al reflejarse en el arma, lo abstrajo demasiado.

Por desgracia, más bien por dinero, el brillo de la escopeta sería lo último que vería, pues al levantar la vista hacia el ventanal, una certera bala le atravesó la cabeza entrando justo por en medio de los ojos.

En el edificio de enfrente, Ernesto Medel desarmaba con parsimonia el Sniper.

Me cagan este tipo de trabajos, matar a lo lejos es de maricones…francotirador…francos mis güevos peludos.

Medel marcó un número desde su celular. Por tercera vez, respondía el buzón de voz

Armenius, hijo de tu reputísima madre, es el último mensaje que te dejo, si no estás a las ocho donde quedamos te va a cargar la verga aunque tenga que ir por tí hasta Singapur, cabrón, pareces nuevo.

Ya menos encabronado Medel colgó y marcó otro número.

¿Señor Tanganica? El trabajo fue hecho de acuerdo a sus especificaciones, lo veré en la catedral a las ocho en punto… Sí, estaré oficiando.

Medel llevó su mano a la bolsa del pantalón, buscando su Zippo. Al recordar dónde estaba, en su rostro afloró una de esas sonrisas que a él le causaban comezón y a los demás, pánico.

Ni modo, voy por mi maleta.

Apenas sintió el descenso del avión, Mario despertó. Había llegado a Moscú. No tenía idea de cuantas horas había dormido. Mientras que otros turistas se encontraban emocionados de haber a Rusia, para Mario los viajes era una cosa muy familiar. Ya tenía en su haber muchos países recorridos, aterrizajes, aeropuertos, y maletas, pero había muchas cosas en su pasado de las que prefería no acordarse.

Un poco adormilado, se dirigió a recoger su maleta. Divisó una negra con detalles que inmediatamente le fueron familiares. Sin perder más tiempo, se dirigió al hotel donde había reservado su estancia en Moscú. Arribó sin contratiempos y se dispuso a desempacar lo necesario en la habitación.

Mario quedó atónito al abrir la maleta. Libros infantiles, plumones, juguetes. Parecía ser la maleta de un niño. Mario no comprendía el motivo de su equivocación. La maleta le parecía muy familiar. No pudo con la curiosidad. Entonces halló algo que lo transportó años atrás.

Era ese oso de peluche por el que tanto lloró en ese viaje a Guatemala. A sus escasos 3 años, no podía resignarse a perder su más preciada posesión infantil. No quería irse sin su oso. Su papá logró convencerlo de que la maleta se había quedado en casa, y durante el viaje se encargó de comprarle un montón de cosas para hacerle olvidar.

Cerró la maleta, y en el exterior vio, fijándose de nuevo, vió una nota que rezaba “no entregar con las otras maletas” colgaba fuera de la maleta, junto con la firma de su padre. Un encendedor sujeto al cierre tenía una frase grabada: “te amo Dolores”

Dolores… “la mujerzuela por la cual papá terminó divorciándose de mamá” Tenía un hijo de la misma edad de Mario. Rompió el boleto de vuelta. Nunca volvería donde su padre.

- Desayuno continental por favor - Dijo Luís a la camarera

A esas horas de la mañana era un milagro que hubiera encontrado una mesa en el atestado restaurante del aeropuerto.

La mujer, tras dirigirle una sonrisa institucional se retiró contoneando su generoso trasero enfundado en una ajustada falda caqui. La imagen de ese trasero desnudo apoyado sobre una reluciente mesa de cocina le cruzó por la mente. La paladeó por un momento y la descartó.

Abrió su periódico y comenzó a leer los encabezados.

Casi terminaba con la primera plana cuando ella regresó, equilibrando en una mano la bandeja. Tras depositar su contenido se marchó, ya no sonreía.

El café despedía un aroma estupendo. ¿Demasiado temprano para “condimentarlo”? Que va nunca es demasiado temprano. Se alargó en dirección a la valija a sus pies buscando la licorera. Tanteó infructuosamente las bolsas laterales.

- Carajo solo falta que la haya perdido -

Corrió un poco la cremallera principal, lo justo para introducir la mano sin desparramar por el suelo el contenido. Que extraño, no recordaba haber llevado ninguna prenda de color negro. Se trataba de un atuendo clerical.

Recordó la última vez que extravió su maleta, pasaron casi tres semanas hasta que la recuperó.

- Mierda -

Se decidió a huronear un poco más. Encontró una foto en blanco y negro de alguien que le resultaba vagamente conocido, un pasaporte en blanco y ¡Oh Dios! una enorme fajilla de billetes.

- Disculpe - Le dijo el extraño de mediana edad elegantemente vestido que tocaba su hombro - ¿Podría acompañarme?

Se percató del objeto cilíndrico apoyado en sus costillas. Sin decir nada se levantó y ambos se dirigieron al baño.

Quince minutos después Damián salía gritando histéricamente.

- ¡Hay alguien muerto allí adentro! -

La maleta y el extraño habían desaparecido.

La enjoyadísima marquesa de Cruzalta recibió la noticia de la pérdida de su maleta con humor.

- Había ahí un vestido exclusivo mío. Como estoy deforme quien haya robado la maleta nomás lo va a poder usar de trapo.

- No la robaron – le informó su dama de compañia. - Confundí la maleta de otro por la tuya.

- ¿Como en esa película de Daniel Jimenez Cacho que nunca he terminado de ver porque me tumba de sueño?

- ¿…?

- Sí. Daniel Jimenez Cacho se lleva la maleta de una fulana y la fulana se lleva la maleta de Daniel. Al llegar a sus casas descubren su error y empiezan a hurgar en las pertenencias del otro para dar con su paradero. Él lee el diario de ella y ella escucha las grabaciones de él. Se idealizan y se enamoran del otro y luego no sé que pasa porque me da sueño y me duermo. Ha de ser porque temo que ambos se conozcan y vivan felices para siempre en lugar de que se aborrezcan nomás de verse, que es lo que pasaría en la realidad. Mejor miremos la maleta que te trajiste.

Abrieron la maleta. Dentro había un encendedor con la frase “carpe diem” grabada y un oso de peluche tan relleno de mota que por las costuras asomaba su contenido.

La marquesa de Cruzalta siguió la recomendación de la inscripción del encendedor. Consiguieron pipas pues ni ella ni su dama de compañía sabían liar un cigarro. Cuando ya se habían fumado a medio oso de peluche la marquesa creyó que era buena idea redecorar su casa. Puso en práctica esa idea encendiendo las cortinas.

Al otro día el servicio forense sólo pudo reconocer a la marquesa de Cruzalta por el oro fundido que cubría su cuerpo carbonizado.

-¡Demonios!

Ésa no era su maleta y ahí llevaba su ropa e instrumentos de trabajo (¡eran las cinco treinta y a las siete tenía que empezar!). Se reprochó por maldecir y se sentó en la cama.

-Tranquilo -se dijo, tomando lo primero que vio: un osito de peluche-. Seguramente me podrán prestar allá.

El osito tenía una tarjetita de tortugas ninja que rezaba “Para Arty”. Sería un niño… probablemente era su regalo de cumpleaños. Pensando en el pobre chico, dejó el juguete en la maleta y vio, cuidadosamente doblada, una sotana. Abriendo mucho los ojos, la tomó y lo primero que se le vino a la mente fue la imagen del niño vestido de sacerdote (cosa bastante absurda). Pensó que quizá el sacerdote iría a ver a su sobrinito, o quién sabe, quizá tenía un hijo adoptivo o de antes de ordenarse. Imaginó al hombre saliendo al zoológico con el niño y sonrió al visualizar tan tierna imagen.

Lo último en lo que pensó fue en la pederastía. Todo el mundo asociaba sacerdocio con pederastía, como invierno y frío.

-Puro prejuicio -decía-; sí, hay casos, y qué triste, pero no es cierto que todos, ni siquiera la mayoría… Es como decir que las enfermeras matan ancianas sólo porque algunas… Son falacias.

En eso pensaba viendo que en la maleta había Biblia, estolas y otros artículos religiosos. Al ver que la sotana era de su talla, miró al cielo, sonriendo, y dijo.

-¡Siempre piensas en todo! ¡Sabes que me encantan las tortugas ninja!

Y se metió al baño para darse una ducha. A las siete en punto debía oficiar misa y el padre Artemio nunca era impuntual.

-Eres un maldito paranoico, sabias -Joaquin le reclamaba a su hermano, mientras este registraba la maleta que acababa de robar.

-No mames, seguramente este tipejo es un malnacido degenerado. Nomas deja que veamos que trae de equipaje y te daras cuenta. Veras que tengo razon.

Antonio revisaba la maleta que, mediante un soborno, logro robar para su meticuloso escrutinio, en la misión de encontrar algo perturbador en el pretendiente de su hija Estela. Los primeros segundos fueron algo desilusionantes, pues solo encontro ropa, cepillos, artículos de higiene personal, perfumes, unos libros, un par de zapatos envueltos en una bolsa de plastico.

-Ya viste, no hay nada extraño. Devuelve la maleta y vamonos - Joaquin le espeto nuevamente para que desistiera de una vez.

Pero Antonio no se conformo solo con mirar superficialmente. Reviso una por una todas las prendas, bolsa por bolsa, casilla por casilla. Con cuidado para que nada se le pasara por alto, hasta que encontro un viejo encendedor dorado con una inscripcion que decia: “Con mucho amor de Becky”. Esto le perturbo y comenzo a inventar teorías acerca del mentado pretendiente.

“Ha de ser un pinche mujeriego”, “solo quiere cogerse a mi hija”, “seguramente es un mariguano”, que esto, que lo otro. Mientras Antonio vociferaba, Joaquin en voz baja dijo: “si supieras…”

-¿Que dijiste?

-Nada. Ya acabaste, regresala y vamonos. Que quien sabe cuanto mas podran hacer esperar a tu yerno.

-Si todavia no acabo… Mira esto -le mostro un maltratado pasaporte. Joaquin no se inmuto. Despues de indicarle que el pasaporte no tenia ni fotografia ni nombre. Nuevamente comenzo a divagar acerca de quien era realmente el novio de su hija.

Joaquin no podía creer lo que estaba escuchando: “seguramente es espia, o agente encubierto, por eso el maldito es un puto mujeriego, bla bla bla…”, ya harto de todas las idioteces que se generaban en la mente de su hermano, Joaquin le dijo:

-¿Que quieres? Por eso Estela nunca te ha presentado a sus novios.

-¿Como que novios?

Cuando Antonio se dio cuenta del significado, quedo en shock.

Fue en este mismo aeropuerto, hace tres años que pasó el asunto de la maleta y se la conté a mi amigo Panchito, que esta vez vino a recogerme:
- ¿Y cuándo te diste cuenta que no era tu maleta, pinche Samuel?
- No me había dado cuenta que aquella maleta no tenía el candado que le había comprado, de hecho no tenía uno. Por eso, cuando agarré la maleta, de ella se salieron las cosas, algunas desconcertantes: unas flores secas en ramo, un encendedor, un oso de peluche y una sotana. Yo tenía que saber de quién era la maleta para encontrar la mía. Así que en un rincón me puse a esculcar el contenido. Encontré un pasaporte; pero estaba sin nombre y con la foto arrancada.
-¿Fuiste con los de la aerolínea? Quizá ellos podrían localizar…
-Lo iba a hacer cuando veo en el peluche una abertura, de ella salía un polvo grisáceo, y logré ver plástico, eran pequeñas bolsas que llevaban coca.
-Y lo llevaste a la policía…
-Si lo hacía, me hubieran creído un narco. Empecé a guardar las cosas, entre ellas vi un encendedor de plata rotulado… al menos eso me dijo quién era.
-¿Qué chingados decía? ¿De quien era ese encendedor?
- La frase decía “Güero”. Entonces sentí el cañón de una fusca a ladito de la oreja. Era un tal Bruno “Güero” Quintana, que decía mientras me incorporaba: “Un cigarro por cada muerto”. Entonces sonó un disparo, el cabrón cae a mis pies mientras dos PFP van sobre de él. Tardé seis meses en recuperar mi maleta, “que porque era evidencia” decían los polis.
-Qué raro que tuviera una sotana, creí que era cura.
-Cuando me dieron mis cosas, uno de los agentes me dijo más o menos cómo estuvo el pedo: Este wey era asesino contratado por narcos, vino aquí porque se había muerto su madre. El pendejo guardó flores en el equipaje, mismas que se secaron. Suplantaría al cura a cambio de unas cuantas dosis escondidas en el relleno del oso, que tenía plomo en polvo para no ser visto por los rayos x.
A partir de eso, decidí pegar un chingo de estampitas a la maleta.

En cuanto Carlos vio su maleta en la banda transportadora, la tomó sin importarle que empujaba violentamente a una joven y a un elegante caballero.

-¡Permiso!- dijo sin dar oportunidad para que le reclamaran aunque, al salir, todavía escuchó un lejano “¡Hey!” que ignoró por completo. Había tanta gente, que no revisaron su contraseña de equipaje. Salió y tomó un taxi.

-¡Waldorf Astoria!- le ladró al chofer que arrancó de inmediato.

Carlos odiaba que modificaran sus planes. ¿Cómo podría permitir retrasos un egresado del TEC? Estaba orgulloso por haber ganado ese contrato a numerosos competidores de quienes se burlaba cada vez que podía. Al llegar a su habitación abrió la maleta.

-¡Mierda!- gritó furioso. Ropa perfectamente doblada y algunos documentos pero nada suyo. Un oso de peluche extendía sus brazos hacia él. Carlos lo tomó con brusquedad -casi con asco- y dijo:

-Algún papá con un regalo para su pinche mocoso.

Tiró el juguete y tomó una de las prendas. Una sotana.

-¡Puta! Más bien algún sacerdote pedófilo…

Entonces vio la espalda descosida del pequeño oso; dentro del juguete había un pasaporte, pero no había fotografía ni nombre. “Qué raro”, pensó. Había también un encendedor grabado con la frase “Omnia Mors Aequat” y en otro apartado de la maleta un envoltorio de papel blanco: flores secas. Recordó vagamente las noticias y sacó una carpeta. Horarios y fotografías… todas de él mismo.

Sintió un escalofrío; entonces lo escuchó a su espalda.

-Lo iba a hacer en tu fiesta de esta noche, disfrazado de sacerdote, pero tú modificaste mis planes. Odio que modifiquen mis planes.

El Elegante Caballero le clavó la jeringa con veneno cerca del corazón. Dejó una flor sobre el cuerpo moribundo y salió pensando divertido en el nombre que le daban los periodistas: “El Asesino de las Flores Muertas”.

El Satánico Doctor Iosephus

Después de un relajante baño y con un estado de ánimo más tranquilo. Xochitl empezó a levantar todas esas cosas que venían en la maleta, que en un arranque de ira había arrojado cuarenta minutos antes. El retraso del vuelo y el denso trafico de Bombay, casi logran que perdiera la cita pactada con los, después de una complicada y tensa reunión de cuatro horas, flamantes clientes indios. El abrir la maleta y ver que no era la suya, fue la gota que derramó el vaso. Maldijo a Aeromexico, mientras la maleta volaba por la habitación.

Mientras levantaba las cosas, su mente empezó a divagar acerca de cómo sería ese hombre a quien le pertenecía la maleta, ahora en sus manos. ¿Sería un hombre maduro como los clientes con quienes se entrevistó o sería un atractivo joven como esos actores de Bollywood?

Entre las ropas encontró un hermoso oso de peluche, que seguramente sería un regalo para ¿su pequeña hija o para una amante ansiosa que lo esperaba en casa? Decidió conservarlo, sería un excelente regalo para su sobrina. El oso era obviamente un regalo ¿para que desperdiciarlo? No podía ponerse en contacto con el dueño y la maleta no tenia documentos importantes ni identificaciones.

Una bella caja de madera fina, había quedado dentro de la maleta. Unos finos habanos cubanos ocupaban una de las dos divisiones internas, mientras que en la más pequeña se encontraba un encendedor de plata con una palabra en sánscrito hecha de oro. El verdadero dueño de la maleta era sin duda uno de esos empresarios que a cada rato se volvían más y más ricos.

Salió a la terraza de su lujosa habitación, encendió uno de los habanos y se dispuso a admirar el Queen’s necklace, mientras planeaba su bien merecido día de shopping.

La etiqueta del equipaje decía ‘Aeromexico- Terrazo / Camilo’ Y ella no era ni Terrazo, ni Camilo. Apretó los puños y azotó la maleta contra la pared.

Del otro lado de la ciudad, el viejo Camilo esculcaba sin pesos de conciencia una maleta parecida a la suya, pero con otro tufo. Los sostenes oscuros, los calzoncitos olorosos y el perfume caro de mujer barata, le hacían babear.
Así, todas las pertenencias de la extraña pasaron a revista: el osito de peluche con remiendos en la panza, un encendedor dorado con la leyenda “San Antonio” –que no dudó en embolsarse- y los retazos de un texto que, juntándolos con habilidad, resultaban ser una declaración de amor o de muerte, pero nunca un recuerdo sin importancia:

“Este tipo me mueve el tapete más de lo acostumbrado. Es sucio, grosero y mentiroso pero endiabladamente encantador. Lo que me castra es que lo escuché hablando con una pinche vieja a la que ya empiezo a odiar…”

-Pobre pendeja- musitó el curioso.

Siguió con la inspección pero al llegar al fondo de la maleta, se detuvo: había una Colt 1911 calibre .45, siete cartuchos sin percutir y cuatro paquetes de marihuana.

-aparte de pendeja, delincuente- musitó nuevamente. Y la boca se le inundó de sangre, que luego escupió junto con un trocito de carne.

De vuelta al otro lado de la ciudad, la dueña se disculpaba telefónicamente por la pérdida.

-…la tiene un riquillo amante de Ermenegildo Zegna y que tiene unos hijos bien pinches feos.
-¿y los paquetes?
-estaban en la maleta; también los perdí
-la entrega irá incompleta…
-pues sí pero tú sabes que yo te sigo, Emilio
-Lo sé, Camelia, siempre lo haces…

Ella sonrió pero el corazón comenzó a contabilizar rencores mientras el tapete dejaba de moverse. Necesitaba otra Colt 1911.

Un piso en Atocha no queda tan cerca del cielo me recordaba al entrar a esa vieja estación.

Había vuelto. El vivero, las tortugas, los top manta, el cielo azul. Todo estaba ahí. Faltaban sus besos, mi sonrisa que enseñaba todos los dientes y sobre todo, faltaban sus dedos dibujando mi escote mientras me tomaba un cortado en la barra de esas islitas con café.

Pagué un euro y medio por el café (una ganga) y una sonrisa melancólica se dibujó en mi rostro ante el ¡Venga, guapa! del cantinero. Tomé mi back pack naranja y subí al tren rumbo a Sevilla. Ese bulto pesaba más de lo que recordaba.

Ya instalada en mi asiento de segunda clase, abrí la maleta. Hasta arriba estaba un Teddy Bear -Que raro, pensé- y con enorme curiosidad y prisa espulgué para que más hallaba. Una falda azul con vuelo y unas tanguitas con la leyenda “kiss me maddly”. -Muy sexy- pensé con una sonrisa torcida y me lo medí -muy pequeño para estas caderotas- .

Una foto con dedicatoria me hizo envidiar a sus amigos. Un libro de Poncela y un encendedor que solo decía “made in china”. ¿Fumaba? una cajetilla lo confirmó. Recordé el placer que era fumar después de comer o coger. Me maldecí por haberlo dejado. ¿Para que?, si al final lo que me había de matar no era un enfisema.

Seguí espulgando con ansiedad. Cada objeto desempacado me indicaba que pertenecía a una persona muy diferente y lejana a mí. Sin duda, ella era alegre, desinhibida y con un gran futuro por delante.

Encontré su pasaporte lo comparé contra el mío. Mismo nombre, misma fecha de nacimiento, diferente cara. Su foto gritaba felicidad y la mía amargura. Y no eran las arrugas. Guardé todo antes de comenzar a llorar.

Sólo me queda esperar a mañana. Esperar haber activado las reacciones correctas y nunca conocerlo. Y no terminar refundida 30 años en una cárcel andaluza.

Y mis cosas? Quien chinga las tendrá? Mi maquina? Mis manuales?

Porque me tiene que pasar esto a mi? Maldita sea.

Y todo por esas malditas prisas, ni siquiera puede uno parar a revisar sus propias cosas.

También esta es de color café, de piel, como la mía, encaja perfecto en mis manos, la siento como la mía, jajajajaja.

Con razón la confusión. Que cagado no? Que dos cabrones lleven la misma maleta, al mismo vuelo, y luego dicen que dios no juega a los dados? Ja, si seguro es que lo hace.

Todo esta desordenado, aunque con cierto orden, existe el desorden ordenado? El perfume, el reloj, las plumas, la ropa, hasta un biblia. Todo esto es muy inquietante.

Un pasaporte mexicano y sin foto. Seguro lo tramito en la Plaza de Santo Domingo. A quien se le ocurre? Igual y su pasaporte sufrió un accidente, no? Pudo haberse mojado o la foto no le favorecía y decidió quitarla. No, no mames, eso no pasa. Se me hace que este canijo andaba en malos pasos, aunque con esta ropa? No, no creo, seria demasiado. Además, el no mataras y el no robaras son pecados mortales para ellos no? Bueno., aunque en estos dias ya ni se sabe que pedo con los clérigos. Si violan niños, que no harán? Que hago? Maldita sea.

Pues, así que digas mal, mal no me veo eh. La sotana me sienta bien, el crucifijo, solo me falta el agua bendita jajajajaja Desde hoy serás el Padre Cito, será pecado? Vestirse de padre y no ser padre? Además, si el padre Amaro andaba de cabroncito, porque yo no? Total condenados ya estamos, y que es eso de exonerar? Da risa me cae.

Y si era un asesino cereal? Seleccionaba a sus victimas en plena misa? Luego las mataba con todo la saña de que es capaz alguien que ha vivido recluido en un –convento?- bajo el yugo de la religión, con todas esas privaciones, sin TENER SEXO!!! No mames, eso si esta bien cabron. Si hubo serial killers que se vestían de payasos, por que no uno vestido de padre.

Maldita sea, que hago?

Verónica camina muy rápido por el pasillo en busca de su equipaje, envuelta en sus pensamientos, recuerda las palabras de su mejor amiga: “Las coincidencias son lecciones de vida, una razón para entender el porqué de las cosas”. Pensó –pobre Pilar, es una tonta soñadora- vio su maleta y la tomó, le pareció un poco más pesada de lo que recordaba, pero siguió su camino sin darle mayor importancia.

Al día siguiente, despertó con esa sensación de cansancio que la perseguía últimamente, sin embargo recordó que solo le quedaba un día para ordenar la casa, antes de regresar al trabajo. Apresurada abrió la maleta y su asombro fue mayúsculo, gritó: ¡CARAJOS, ESTA NO ES MI MALETA!

Enojada y preocupada, busca alguna identificación que la lleve a dar con el dueño de la maleta pero no hay nada. Observa detenidamente el contenido, todo perfectamente organizado, es ropa de mujer al parecer contemporánea, con clase y buen gusto. Dos pares de zapatos, que combinan perfectamente con el resto de la ropa y dos bolsos a juego, un par de sandalias exquisitas por su color y su textura, que son para descanso y ropa interior de suaves tonos lisos. Pero algo más que la ropa atrapa su atención, -¿que es eso al fondo de la maleta?- se pregunta. Parece un libro, sin embargo no lo es y se sorprende al comprobar que es un diario y junto a él un lindo oso de peluche.

¿Que clase de mujer viaja con un diario y un oso? Piensa y se ríe. Sin prisa y llena de curiosidad abre el diario en su última página escrita en donde encuentra un ramo de flores secas que aún marchitas parecieran un tesoro de solo mirarlas y en donde el tiempo parece no haber dejado tan grande huella.

El diario decía así:

“No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás existió”, fueron tus palabras, que son también las mías.

Justo ahí había, dentro una carta perfumada divinamente que decía lo siguiente:

Luis:

Es verdad. He de añorarte por siempre, he de amarte por la eternidad aún cuando no estás junto a mí. Porque el amor es una llama infinita que abraza mi alma gracias a ti; y si bien es cierto que es posible que jamás compartamos nuestras vidas, siempre seguirás vivo aquí en este corazón que es tuyo desde hace más de veinte años. Sé feliz porque ese es mi mayor deseo, ya que yo lo soy gracias a tu recuerdo; sigamos con nuestras vidas como hasta hoy, mismas que no murieron al no poder compartirlas, porque nuestro amor supera por mucho al tiempo y a la distancia que nos separó.

Fuimos parte de un todo que la vida nos arrebato, pero que jamás nunca nuestro amor se pudo llevar.

Por siempre tuya,

Celeste.

Al terminar de leer, con lágrimas en los ojos y llena de una emoción que desconocía siente que su dolor comienza a partir dando paso a una nueva luz en la que finalmente pudo entender lo que significa el verdadero amor, fue entonces que comprendió las palabras de Pilar y hoy, esta maleta había resultado ser SU LECCIÓN DE VIDA. Bendita coincidencia, se prepararía para encontrar a la dueña de la Maleta a quién tendría que agradecer calladamente, haber podido resolver un sentimiento que hoy le quedaba más claro que nunca.

Lastres

Ella se sentó de espaldas a la valija. Intentó llevarse un cigarro a la boca, pero sólo logró espaciar sus jadeos lo suficiente para acallarlos. El sudor que habíale pegado la blusa al cuerpo fue secándose, dejando tras de sí un frío salobre que, en ausencia de mantas o alguna sábana, la obligó a escudriñar entre el contenido de la maleta; en busca de suéteres o algo.

Lo primero que captó fue un olor reconocible: el tufo de la mansedumbre obrera. Todo dentro hedía a cansancio, a polvo y sudor. Nada de valor o importancia. La maleta estaba llena de basura; de recuerdos forasteros y baratijas. Había dos cajas de cartón: una con papeles anudados y otra sellada con cinta, cuyo sonido acusaba a naderías sueltas. Encontró un suéter. Dos. Remendados pero útiles. También hubo shorts doblados, unos folletos, calcetines y ropa interior. Trusas. Esta era la maleta de un hombre.

Tras sacudir los suéteres y ceñírselos encima, abrió el paquete de papeles anudados y pasó los dedos entre éste, buscando billetes o cambio escondidos. La mayoría eran recortes de periódico u hojas con escritura ininteligible, pero hubo una fotografía que le atrajo: un hombre blanco con sotana, en medio de lo que parecía una misión africana; rodeado de gente negra. Apartó la fotografía y tiró el resto al suelo.

De un tirón reventó el sello de la otra caja; su contenido quedó disperso sobre la mesa. Había varias piezas de metal y cuerda, además de vendajes; y lo único relevante, eran un encendedor de latón con una leyenda y tres iniciales, y un pasaporte de Uganda. Ella tomó el pasaporte con cuidado, pero al abrirlo descubrió que éste estaba quemado por dentro, y había manchas de sangre entre las páginas…

Entonces se oyó un gran golpe mientras alguien tiraba la puerta a sus espaldas…

Abro los ojos. Con este abominable calor me quedé profundamente dormida. Ocho horas de viaje más cuatro pisos con el equipo y la pinche maleta. Por qué, Dios, no me mandas un hombre guapo que cargue todo esto y ya de pasadita, tenga trabajo, coche y sea huérfano.

Pero bah, si no creo en las coincidencias, mucho menos en los milagros.

Pongo música antes de bañarme. Al salir, voy directo a la maleta por mis menjurjes. Al abrirla, dentro de mí se crea un hoyo en el que caigo lentamente…

Smoking, sombrero de Indiana Jones, ropa color kaki, sotana, overol desgastado, zapatos, botas mineras. Trusas minúsculas, espuma de afeitar y un encendedor grabado: “Confusion will be my epitaph”.

Observo la sotana, el tipo debe ser bastante alto y seguramente no se aburre en el trabajo. De mis menjurjes, mi ropa, mis anotaciones de dos meses de investigación, nada.

Respiro profundo, en la estación de autobuses habrá algún reporte, un video, lo que sea ¡Por dios, dos meses de trabajo! Levanto el auricular y me recibe una grabación. ¡Demonios! Grito justo cuando tocan la puerta.

- Hola, no sé si te diste cuenta, pero nos equivocamos de maleta -me dice un tipo que cumple con tres de los puntos: hombre, guapo y con trabajo.
- Ajá -balbuceo.
- Tu teléfono esta…
- Suspendido, olvidé pagarlo -interrumpo.

Lo miro incrédula mientras sonríe. En ese tenso silencio, llega la música desde el fondo:

When was a night so long
Long like the notes I’m sending
She waits in the air
Matte kudasai

- Por favor espera -murmura.
- ¿Qué?
- Matte kudasai significa por favor espera…
- Sí -digo cuando por fin logro sonreír-. Pasa por favor.
- Qué bueno que tú si etiquetaste la maleta -dice mientras cierro tras él la puerta.

————————————————
Matte kudasai/ Discipline/ King Crimson/1981
Epitaph Including March For No Reason And/ In the Court of the Crimson King/King Crimson/1969

Una sotana de lino, vieja y roída, lleva a cuestas una gran cantidad de dudas. Ha rozado esa piel que se eriza a falta de voluntad, llena de marcas y vacilaciones.

Busca la paz, llenar el vacío, respuestas, una verdad más real, una fe más tangible que no sería fe pero seria más sincera.

Un pasaporte, varios sellos, muchos países, un nudo en el pecho, no sabe quién es, ni para qué vino, no encuentra sitio al cual llamar hogar.

Querer ser y no saber. Luchar por un futuro sin tener las bases del pasado. En un ataque de rabia arruinó su espejo legal, necesita quedarse, necesita dejar de huir.

Un encendedor, “Dios, mi familia y yo” la frase grabada, único recuerdo de aquel padre ausente, otra guerra que se lleva un hombre digno -la justicia nunca ha estado de vuestra parte-.

En su honor, ha decidido enorgullecerle, pero ¿realmente lo valdrá? Idealizó un recuerdo, nadie es perfecto y menos un mortal.

Un oso de peluche, tres generaciones de mujeres lo han tenido, no es su culpa haber nacido varón, un oso de peluche rosa no es para niños, sin embargo, apreció cuando su madre, dejándolo ya sin raíces, se lo legó con la casa.

Flores, flores secas, el ramo de su propio funeral, tiene la extraña costumbre de tomar una flor de cada tumba que le importa… flores de muertos para recordar la vida.

Cinco historias, un hombre. Tendido en el suelo, una bala huérfana y certera se aloja en su pecho. Lo bordea un aura de sangre, ahora el vacío se llena, ahora que nada busca.

A su lado, un mendigo se pregunta de qué le sirve el contenido de la maleta del recién estrenado occiso. Sólo ropa y detalles nada extravagantes, una bata negra, un librito con hojas rotas, un encendedor desgastado, un peluche sin ojos y flores secas… a lo mejor era marica.

¡¡¡Ah chinga!!! Y este osito, ¿qué pedo? No mames, esta maleta no es mía. ¿Y esto? Había visto flores secas en libros, pero un ramo completo. Seguro es de una chava, y a juzgar por el osito y las flores, va a estar un rato sin el galán, si no es que ya la dejo. No, ya hubiera tirado todo al carajo, a menos que sea de esas a las que les gusta sufrir recordando, o recordar simplemente para que no les pase lo mismo de nuevo, no mames como pienso pendejadas. Ya sé porque la dejaron, con este pinche vestidote… No chingues es una sotana, que mal pedo, cuando menos me hubiera encontrado una maleta con ropa de mi talla. Ya chingue, aquí esta el pasaporte, vamos a ver… ¿Y la foto? ¿Y el nombre? No me jodas a quién demonios le voy a reclamar.

Ah cabrón, pues para ser una monjita es bastante liberal, mira nada más los hilitos que trae la santa mujer, y la lencería esta demasiado cachonda. Qué más trae, cigarros, un espejo, zapatillas, un poco más de ropa, cosméticos, un látigo… ah cabrón un látigo, no es una monjita entonces… ¿Qué opciones hay? Puede ser que le guste el maltrato, o maltratar, bueno no tienes porque ser mal pensado, a lo mejor colecciona este tipo de objetos, aunque tampoco puedo descartar del todo que se trate de una monjita, religiosamente perversa… jajajaja, bueno puede que sea de esas fanáticas que les gusta expiar sus culpas a través del dolor. Claro que también puede ser que trabaje para esos servicios de citas, o tal vez trabaje por su cuenta. Si tan solo tuviera una manera de localizarla, igual y hasta podría probar nuevas emociones, a lo mejor y hasta me hacía un descuento, ni modo.

Viajaba de entrada por salida, contrario a mis largas visitas a la nueva Sodoma, sólo traía mi portátil y una pequeña maleta a penas con un par de cambios de ropa, pero no pude subirla conmigo ya que mis perfumes y artículos de higiene personal son contrarios a las nuevas regulaciones.

Tomo “mi maleta” llegando al aeropuerto en la banda sin fin… llego al hotel, tomo un baño, abro la maleta.

Mi cara fue de escepticismo al apreciar el contenido: un millar de fotos mías tomadas en diversos momentos de mi vida, algunas más bien voyeuristas… ese beso con Natalia, la borrachera de la fiesta de disfraces, ¡¿qué carajos esta pasando?! ¿De quién er esa maleta con tantos momentos robados de mi existencia?

Vacío intempestivamente su contenido, fotos, fotos y más fotos mías… de pronto cae un encendedor tipo zipo con una frase que escribí alguna vez “…te espera una sorpresa al otro lado del jardín, donde los sueños se vuelven realidad…”.

Pero… ¿cómo… quién podía haberme seguido y conocer eso de mí?

Reviso las bolsas y encuentro un pasaporte, semiquemado y con la foto arrancada, donde sólo se aprecia el sexo: femenino y el país que lo emitió… ¿England?

Mi cara era de asombro y desconcierto era de carácter fílmico, en el trasfondo del cierre saco un pequeño oso de peluche vestido con una sotana y uno de mis sobrenombres en el pecho “Mini-Frankie”.

Arrojo todo contra la pared y cae de una de las bolsas que aun no revisaba un ramo de rosas secas hecho boronas con el nombre de o la destinataria rayado y una frase: “…nunca podría el universo contener el amor que siento por ti… Roberto Rodríguez Pérez”.

¿Quién es esa mujer, de dónde salió, como pudo seguirme a cada paso?… ¿Me estará observando ahora?

Julia olió el café de su taza, sonriendo como niña traviesa.

- Pásame el azúcar.
- Está frente a ti, ya termina de contar. – Dijo Ana acomodándose en el sillón.
- ¿En qué me quedé?
- En lo de tu maleta misteriosa, y lo de Miguel… ¿cuánto llevaban?
- Como año y medio viviendo juntos, andando… ya ni me acuerdo.
- ¿Y luego?
- ¿Qué te cuento primero?
- Ps lo que quieras, pero ya, ándele. Mucho café y nada de chisme.

- Fíjate: llegué a la ciudad el jueves, me equivoqué de maleta y no me di cuenta hasta llegar al depa. Llamé al aeropuerto y traté de abrirla pero tenía un mugre candadito. El martes llaman del aeropuerto y fui por mi maleta… traté de darles la otra, pero para regresarla tenía que firmar no sé qué tanto porque le quité el papelito de la aerolínea, había mucha gente y entonces mejor me regresé. Llega el idiota de Miguel el miércoles y hace un escándalo porque se le puso que era mi maleta y que yo acababa de llegar y que le estaba diciendo mentiras etcétera. Ya vez que es celoso patológico, hasta quitó el candadito a la maleta y…

- No mames, ¿y qué tenía adentro?

Julia respingó por la interrupción, pero le divirtió la curiosidad de su amiga.

- Eso es lo más raro. Tenía un álbum lleno de flores secas y de mariposas. Un como traje de baño con brillantina, ropa interior de mujer con relleno. Y como doce pases para La Sotana. Pero lo que más me gustó fue esto. – Dijo sacando algo de su bolsa.

- ¿Un encendedor?
- Mira la inscripción.

La inscripción decía, con letra casi ilegible: I beg your pardon. I didn’t recognize you. I’ve changed a lot.

Cuando me desperté del desmayo que me causó el golpe en la cabeza, vi que ella se había ido. La maleta aún seguía ahí, así que la tomé y la arrojé al bote de basura que estaba en la calle. Me limpié la sangre que corría por mi cara y me marché.

-Eso me pasa por buena gente, pero haber si ya se me quita lo pendejo.

Todo empezó aquella tarde en la central de autobuses en la que por equivocación tomé una maleta que no era mía. Cuando llegué a mi casa la abrí y pude constatar mi gran error. La maleta contenía ropa de mujer, un pasaporte cuya foto había sido removida y un ramo de rosas secas. Mi curiosidad fue enorme y me puse a ver cuidadosamente cada una de las prendas; por la apariencia de ellas pude inferir que eran de una mujer atractiva y de buen cuerpo. Lo que no me podía explicar era porque guardaba un ramo de rosas secas, quizá tenían un significado especial para ella, así que me propuse ir a entregarle sus pertenencias.

Llegué a la dirección que decía el pasaporte y la vi salir de su casa, supe que era ella; era hermosa, tal y como la había imaginado, así que la empecé a seguir para darle su maleta. La seguí por varias cuadras sin atreverme a hablarle, cuando al fin se detuvo supe que era el momento indicado; pero entonces ella volteó y me propinó un tremendo golpe en la cabeza con su bolso. Y caí desmayado.

-Le juro oficial que yo no la estaba acosando, simplemente quería entregarle su maleta. Supuse que ese ramo de rosas era importante para ella.

-¿Y como explica la prenda íntima que encontramos en su bolsillo?

-…

“X” toma por equivocación una maleta igual a la suya, y cuando la abre se da cuenta por su contenido de que pertenece a alguien más. A través del examen de la ropa y los demás objetos ante su vista, “X” trata de descubrir las características de esa otra persona, a la que desconoce. La maleta no tiene etiqueta que la identifique.

Esta semana los participantes de Metatextos deberán elaborar una narración (puede comenzar en el momento en que “X” abre la maleta) donde “X” observe y dilucide quién es el dueño de dicha maleta en 300 palabras o menos.

Para que el ejercicio sea válido, la maleta debe contener al menos dos de los siguientes elementos:

1. Una sotana
2. Un pasaporte con la foto arrancada y sin nombre.
3. Un encendedor con una frase grabada.
4. Un oso de peluche (Teddy Bear).
5. Un ramo de flores secas.

El antecedente de este ejercicio es el Ejercicio Once de Caza de Letras realizado el 15 de Junio de 2007.

Tienen hasta las 23:30 (Hora del la Ciudad de México) del Jueves 17 de Abril para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 18. Recuerden que hasta el cierre de este ejercicio los textos del ejercicio pasado pueden seguir siendo comentados.