Muchas gracias a todos por su participación. Les recuerdo que para hacer mas efectivo este taller deberán comentar tantos textos como sea posible. El ejercicio 22 será publicado a las Cero horas del Viernes doce de Septiembre.
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A su debido tiempo, la humanidad despertó: el raciocinio venció a la fe de una vez y para siempre. Así, el hombre se encaminó a una época de auténtica independencia.
Ahora libre de las cadenas religiosas, la humanidad avanzó vertiginosamente: se dejaron las diferencias, se entablaron convenios con ventaja para todos, se acordó la paz. La unión del género humano fue una realidad.
Se logró, gracias a la Ciencia, erradicar el hambre y la enfermedad, además de permitir una muerte pacífica para cualquiera; la tecnología dio un salto gigantesco y el hombre pudo alcanzar las estrellas por fin: en sólo dos siglos, colonizó mundos más allá de nuestra galaxia, y proponía internarse aun más.
Eran tiempos donde la curiosidad, investigación, y capacidad eran el esfuerzo creador de la humanidad.
Sin embargo, algunos pequeños grupos, continuaban viviendo su fe pacíficamente, empecinados en profesar un culto estéril. Trataban de convencer sin evidencias a un género humano completamente racional, cuyo respeto a las creencias descabelladas se puso de manifiesto.
Algunos cristianos predicaban La Palabra en las calles; la Iglesia, el Papa y el Vaticano se convirtieron en ornamentos caros y anacrónicos que se permitía la humanidad por su valor testimonial; de igual manera, algunos grupos musulmanes continuaban haciendo el ramadán y postrándose hacia La Meca; los judíos seguían celebrando sus festividades y haciendo el Sabbath.
Todos por igual esperaban algo: la venida del Mesías, el castigo divino, el rapto. Algo, una señal que reafirmara su fe. Oraron fervientemente por dos siglos.
Entonces sucedió.
Contra todos los pronósticos, El Rapto que vaticinaban los cristianos se llevó a cabo. Todos los “ateos”, “infieles”, “gentiles”, “laicos”, y “herejes” fueron borrados de la tierra de un plumazo. Dejando solos a los hijos de Dios en el mundo destinado para ellos desde el principio de los tiempos.
Hombres de una fe inquebrantable, en un mundo boyante, avanzado, limpio y ordenado. Ahora ellos tenían el poder.
Después de dos siglos de paz, estalló la guerra. La más cruenta, sangrienta e innecesaria: La Guerra de los Justos.
Nunca violé a nadie, no me fue necesario, se me podría acusar de infiel, promiscuo y adúltero pero no de violador. Llegué a robar de la gente suficientemente tonta como para permitirlo (más de los que uno se podría imaginar), incluso asesiné de vez en cuando a algún sujeto sin el cual el mundo estaba mejor.
Nunca creí en la existencia de algún tipo de Dios, no le rendí honor a nadie nunca. ¿Misa? Una pérdida de tiempo. ¿La Biblia, el Corán y el Chilam Balam? Cuentos chinos. De ahí que sepa con certeza que mi gesto fue históricamente estúpido cuando llegó Dios a juzgarnos. Uno por uno.
Momentos antes de mi turno ya no había lugar para la incertidumbre en mi ser. Iba a ser castigado y enviado al Infierno. Y si existía un Dios como lo habían dicho mil y un religiones, seguro el destino donde cumpliría mi castigo sería tan malo como todas auguraban.
Al entrar a aquel lugar y ver a Dios… ¡¡a FUCKING DIOS frente a mí!! Debo admitir que sentí una inmensa vergüenza. Fue entonces cuando comenzó a hablar:
-¡Ya era hora cabrón! Pásale pinche borracho, estás en tu casa, siéntate allá, mira qué susto de poca madre le meto al putito que sigue.
Era Dios, no le preguntas qué le pasa, le haces caso. Fui y me senté donde dijo, junto a otros treinta y cinco millones de cabrones, o algo así. Vi cómo se burló del siguiente sujeto por vivir una vida aburrida y siempre haber reprimido sus instintos. Fue entonces cuando la sonrisa se volvió a dibujar en mi rostro y disfruté del show hasta el final. Alguien de atrás me pasó una cerveza y eso era, sin duda alguna, el paraíso.
¡Ahh que Dios tan a toda madre!
-¿Y eso que es Doña Mary?
-Una veladora de la Virgen de Guadalupe, para que me la proteja ahora que ya no esté.
-Doña Mary, bien sabe que yo no creo en esas cosas y creo que ya habíamos platicado de esto; nada de santos, nada de crucifijos, nada de estampitas, ni veladoras, ni rosarios, ni ningún objeto religioso en mi casa.
-¿Por qué es usted tan atea mi niña?
-No soy atea, simplemente no creo en todos esos chunches.
_Bueno bueno, de todos modos, le voy a pedir a cristo que me la ilumine y me la cuide, yo se que él, en su infinita misericordia no podrá negarse a proteger a mi familia y claro, a usted también que mucha falta le hace.
-Pídale todo lo que quiera Mary, eh? todo… pero allá en su casita o en las noches en su cabecita. Mientras, llévese esta cosa de aquí por favor. ¿Que olor es ese? ¿Pachulí?
-Adiós.
-Si Doña Mary, hasta mañana, gracias ehh.
Pasaron 10 segundos y volví mi cara hacia ella. Allí estaba Doña Mary al pie de la puerta, con todas sus cosas encima, lagrimas en los ojos y dibujando una cruz en el aire como bendiciéndome.
A la mañana siguiente, no me despertó el olor a café de calcetín recién hecho que religiosamente preparaba Doña Mary, ni los ladridos de mi perra Chucky, avisándome que había llegado mi periódico, ni el pajarito que todos los días se posaba en las ramas del limonero de la vecina, no, no fue nada de eso, fue la ausencia de ruido, el silencio.
Me levanté, y noté que Mary no estaba. Me puse mi bata y salí a la calle por mi periódico, nada, ni señales de él. Encendí la televisión y en todos los canales transmitían la misma noticia:
” Estoy aquí reportando desde Roma! es increíble lo que está sucediendo! Miles de personas se han convocado aquí frente a la catedral, están rezando !dios es impresionante!Millones de personas desaparecieron la madrugada de hoy, se cree, mejor dicho, se dice entre la multitud que está a mis espaldas que ayer a las 02:16 de la madrugada fueron raptadas con Cristo ……. no se como explicar esto ……. simplemente no se que decir!!!.
Dios abrió un ojo y en seguida se arrepintió de haberlo hecho. Sentía que la luz de la mañana le perforaba sus torturados sesos.
Se incorporó con torpeza y notó que el cuarto todavía daba vueltas. Se abrazó a una de las columnas de la cama para conservar el equilibrio.
- Ya no vuelvo a chupar tanto - dijo.
Recordó quien era y realizó un pequeño milagro: hizo desaparecer todos los síntomas de la cruda.
Los milagros le provocaban hambre. Fue a la cocina a prepararse un tazón de cheerios con leche y consideró buena idea zampárselos en la terraza mientras contemplaba su jardín.
Salió a la terraza y lo que vió le echó a perder el desayuno.
Trató de no perder la calma y llamó a su asistente.
- Torcuato, hijo. Dime qué hacen todos esos millones de personas que me miran arrobados pisando mis gladiolas - pidió Dios.
- Los convocaste tú, Señor - le contestó su asistente. - Estabas echando apuestas con tus avatares a ver quién tenía más fans. Para zanjar la cuestión decidiste apretar el botón que dice El Rapto.
- Pinche alcohol - pensó Dios, pero como era malo para aceptar cuando la cagaba, manifestó:
- Creí que había dejado claro, cuando mandé el memorándum de que me valía madres lo que ocurriera con la humanidad, qué ese pinche botón de El Rapto junto con las palanquitas de El Diluvio y El Apocalipsis se desactivaran para siempre. Pfff. Bueno ahora arreglo esto.
Alzó una mano y convirtió a todos los adoradores en guano.
- Dios mío ¿qué has hecho? - se horrorizó su asistente.
- Bah. Nadie los va a extrañar y por primera vez en su existencia todos esos tarados son útiles aunque sea como fertilizante. Además a estas alturas ya deberían haber sabido que mis criaturas favoritas no son ellos sino las bacterias.
Un ángel , sentado en uno de los vagones centrales del metro de la ciudad de México, apretó los ojos por el fuerte frío de aquella noche de sábado, ajustó el volumen en el ipod y un coro celestial le iluminó la conciencia. En la terminal de Tasqueña, tomó el Pullman a Morelos con destino a la terminal del Centro, donde, como siempre, caminó hasta llegar al derruido departamento que rentaba desde hacía poco menos de un año. Bajo las escaleras de la entrada, recogió el costal de herramientas que tan diligentemente le habían sido entregadas una a una en diversas ensoñaciones diurnas a través de su inesperado despertar de conciencia, y abrió la puerta con una llave oxidada que se atoraba un tanto en la cerradura. En la segunda habitación, prendió el foco de 60 watts y caminó directo a donde aquella mujer le miraba con ojos de espanto, con las manos atadas a la espalda y los pies amarrados a la silla de madera, su boca, silenciada por un paño rojo, le confería cierto aspecto de iglesia, como si estuviera amordazada por la mismísima capa de eventos de lujo de Benedicto XVI. Con aquella luz, se mostraron en la pared cientos de fotos y recortes de periódico, algunos tachados con sangre, otros, intactos, enmarcados en diversos diseños, diversos tamaños, todos, con la imagen de un hombre o una mujer menor de treinta años, con amplia sonrisa y modos afables. El ángel, acomodando sus herramientas junto a la mujer, hizo algunas anotaciones en un cuadernillo de extraños adornos dorados, en el, se listaban nombres y direcciones de quienes había titulado (y subrayado): elegidos. Luego tomó otro sorbo de cerveza y alzó sus ojos verdes. Dime pequeña, ¿has sido buena? , yo también soy un buen cristiano.
En su soberbia, ni los periódicos ni los noticiarios de radio y televisión hicieron eco de lo que se hablaba en la calle. Pero la gente lo sabía, el día había llegado, los cronistas y neoprofetas urbanos lo habían advertido tiempo atrás.
El miércoles por la noche millones intentaron conciliar el sueño fumando el que quizá sería el último cigarrillo de sus vidas. Fue imposible, la incertidumbre sobre lo que sucedería al día siguiente los rebasaba. Muchos salían a las calles y se encontraban con otros que, al igual que ellos, se preguntaban si podrían sobrevivir al fin de semana, aunque de hacerlo, seguramente nada sería igual. Todos esperaban, deseaban ya el desenlace, el que fuera. Todos menos Pedro.
Pedro conocía su destino y no podia importarle menos. Era un hombre de bien, fiel y enamorado, no gustaba del alcohol y aborrecía el hecho de que Marisol fumara en exceso. Su único pecado era la pereza. Su cruz. Y eso le impedía intervenir para que su mujer dejara el vicio.
Como de costumbre, Pedro despertó a las 9 a.m. Acostumbrado ya a que Marisol entra al hospital a las 7, no notó la claridad del aire ni extrañó su tos matutina. Se vistió para ir al gimnasio y le sorprendió ver tan poca gente en la calle; la cortina de la tienda de don Sonrisas estaba abierta hasta la mitad. El gimnasio estaba vacío, salvo por la recepcionista mascando chicle como desesperada. Pedro, confundido, llamó a casa de su madre. Nadie respondió. Intentó llamar al celular de Marisol.
-Mari, tengo flojera de hacer ejercicio, ¿cómo estás?
-¡Ay amor! Todo está muy raro, vino muy poquita gente a trabajar, todos los ceniceros desaparecieron y como que me están dando ganas de dejar de fum…
-¿Mari? ¿Mari? ¿amor? ¿estás ahí?
- Hacía mucho tiempo que no veía al jefe tan enojado.
- Sí, desde que crucificaron al patroncito. ¿Qué habrá pasado?
- Sabe tú. ¿Y si le preguntamos al Mike?
- Pu’s vamos.
Las figuras de los que conversaban eran fácilmente distinguibles. Eran jóvenes cuyas características asemejaban a varones. Un enorme par de alas emplumadas de color blanco con un toque de sutil gualdo emergía de sus espaldas. Sus túnicas blancas impecables y sus rostros infantiles indicaban sin duda que se trataba de ángeles.
- ¿Qué te pachó, Mike? - Fue la pregunta que uno de los ángeles hizo a un ser similar, más alto y significativamente más imponente, cubierto con una armadura romana y cargando una espada que se adivina celestial. - ¿Qué le hiciste al jefazo?
- Yo nada. - Respondió serenamente - Anda frustrado.
- ¿Y eso? ¿Otra vez Lucy?
- No, la señorita Fernández no tuvo que ver en esto. Lo que pasa es que hoy fue el día en que se anunció a los dignos de venir en cuerpo y alma para acá. Ya saben, lo de “El rapto”. - Contestó irónico el arcángel. Se notaba que no le hacía gracia.
- ¿Y eso qué? ¿Fueron muchos? Híjole, van a poner a chambear extra al Peter. - Expresó sin esperar respuesta uno de los curiosos ángeles.
- No’mbre. De los siete mil setecientos setenta y siete millones, setecientos setenta y siete mil setecientos setenta y siete personas que hay en la tierra, no’más una fue la elegida para venir.
- ¡Pelas! Con razón el jefe se puso como aquella vez en la que le robaron el mandado… tanto que quería sus manzanas.
- Lo peor es que la única que iba a venir para acá se suicidó cuando supo que el Dib no venía.
Encañono la cabeza del último asesino de nuestra raza. Mary llora.
Ocurrió El Rapto, vino Dios y se llevó a sus elegidos, no fue espectacular. Simplemente desapareció más de la mitad de la población en un parpadeo. Quienes aún gimotean preguntándose por qué no fueron escogidos afirman que lo vieron en toda su magnificencia. Supongo era un lujo exclusivo.
Los fanáticos escépticos seguían negando la existencia de Dios a pesar de haberlo visto con sus propios ojos. Los religiosos culparon a los opositores de su castigo. Una nueva vida para lo que quedaba de la humanidad estaba gestándose y no faltaron los oportunistas que se autoproclamaron como nuevos mesías.
Opté por los que deseaban una sociedad libre de fanatismos, ansias de poder y crimen. En principio pensamos que una sociedad atea se regiría por la razón y el entendimiento, pero quienes estaban establecidos no cederían su lugar privilegiado por una sociedad menos injusta, no si eso costaba su status quo. Una nueva Guerra Santa. Me convertí en algo que detesto.
Exterminar a los crédulos no fue problema, estaban tan absortos en sus lamentaciones que no opusieron resistencia. Luego luchamos contra los que aún ostentaban poder y deseaban mantenerse así, las bajas fueron cuantiosas en ambos bandos, los derrotamos. Por último debíamos acabar con los criminales. Acepté pelear esta guerra por un futuro mejor. Me odio por los crímenes que cometí, un soldado es un asesino con licencia.
De miles de millones que se quedaron, la humanidad se redujo a miles y de esos miles todavía quedaban quienes tenían cuentas pendientes. Sabía que la violencia nunca terminaría si no acaba con todo aquel que fuera capaz de cometerla. Uno a uno los fui aniquilando hasta sólo quede yo.
Rodeado de los herederos de la Tierra, me despido de Mary: hasta nunca.
Hace siete días que sucedió: la profecía se cumplió, el Hijo de Dios bajó a la Tierra y llevó a su reino celestial a sus elegidos. Al principio estábamos desconcertados, nadie sabía con exactitud lo que pasaba, algunos platicaban sobre las trompetas que se dejaron escuchar justo antes de que una luz cegadora hiciera que todos durmieran; en lo personal no recuerdo nada, estaba dormido junto a la mujer que amo.
Hace siete días que la busco, nadie me habla de ella, nadie la ha visto, y hasta ahora no ha llegado mi turno de hablar con Él; he visto y conversado con un sin fin de personas, según algunos, aquí somos más de diez mil millones de humanos, más de la población actual del planeta, puedo entender todo lo que me dicen, asiáticos, africanos, europeos, cristianos, musulmanes, ateos, judíos; según he oído algunos de ellos vivieron hace miles de años, pero sin importar a quién le pregunte, nadie sabe nada de Vanessa.
De repente, de la nada apareció una nube blanca, sentí la necesidad de atravesarla, y ahí estaba, me miró justo a los ojos, susurró algo que no pude escuchar, y mientras lloraba, comencé a gritar “¿Dónde está; dónde está?”. Él seguía viéndome, una vez más vi sus labios sin alcanzar a escuchar lo que decía. “¿No está aquí? ¿Cómo que no está aquí?”, pregunté y después de ver sus labios, le ordené “Regrésame, si no la piensas traer, mándame con ella”. Dijo algo sobre creer en Él y en su Plan, pero yo no podía creer en nada si ella no estaba conmigo. Tras escucharme, me contó su Plan, y me impuso condiciones; otra vez la luz cegadora…
Hace siete días que estoy en la Tierra, nada es igual: destrucción, soledad, muerte.
No hay rastro de Vanessa…
Estaba en su momento de descanso –si acaso eso existe para quien ya vive en el cielo- cuando recibió el memorándum, el momento había llegado y debía iniciar la preparación, los ángeles elegidos iban alistándose y partiendo, los sellos, uno a uno se iban a abrir.
Él recordó aquella mirada de dolor que una vez vio, ¿Cómo esa alma torturada iba a seguir sufriendo? ¿Acaso no bastaba lo que ya había vivido? ¿Necesitaba aun pasar por este último paso, simplemente para demostrar su fe?
Fue al armario, sacó los planos y los libros ¡Tanto tiempo guardados! Tanto que había querido ejecutar este plan tan perfecto, le brillaban los ojos, y, sin embargo, no podía sacarse esa mirada de adentro.
Desenrolló los planos de un tirón sobre la mesa y puso su dedo en un punto específico, abrió luego el libro de la planificación.
Sólo a través del dolor se puede purificar el espíritu y sólo así se puede demostrar la verdadera fe, la última prueba, antes del juicio final.
Una enfermedad que discriminaría religión, afectando sólo a aquellos que clamen su credo; enfermedad certera, dolorosa, lenta para sufrir, rápida para la ciencia y su afán de hallar cura.
Dubitativo unos segundos, se mordió el labio, volvió a mirar el punto señalado y la seguridad lo embargó, él sabía qué marcaba: “Que comience aquí, no quiero que sufra la esperanza de la ciencia, un último aliento le queda y no debe decaer… Siempre espera que su salvador llegue”.
El deseo es letal, pierdes la conciencia y el tiempo se disloca. No hay reglas o normas que valgan, sino, la satisfacción de aquello que te perturba.
Puedes ser la persona más buena del planeta: tener miedo de dios, rezar el rosario todos los días, estar en contra de la despenalización del aborto, de las uniones entre gays y del cambio de sexo de los transgénero, pero cuando te llega el deseo, te llega. No importa que estés a favor de la reforma energética y ores por las noches para que el presidente no se vuelva a caer de la bicicleta.
Nadie puede estar por encima del deseo, es más poderoso que tú, siempre cedes. Entonces, hasta el cuerpo revolotea manifestando su conformidad con lo que estás apunto de hacer. Te sientes sucia pero te regodeas en el pecado. Yo no soy quien para resistirme, por eso, dejé botado el informe financiero y voy camino hacia el cielo, el único que existe.
Y ahí está él, atareado como siempre, sonriendo a diestra y siniestra. Por un momento, un asomo de arrepentimiento me asalta, pero si ya llegué hasta aquí, no hay regreso. Me mira, luego de un gesto cómplice, entiende perfectamente lo que quiero y me señala que espere. Adoro a los hombres que me cumplen mis caprichos.
Pero algo dentro de mí se revuelve con furia. Soy tan mala para esperar. Caigo presa de la ofuscación, del síndrome de abstinencia o no sé de qué, una luz me ciega y siento como si el tiempo se encapsulara. Cuando recupero la visión, miro a mi alrededor, ahora es como si el tiempo se arrastrara.
Sigo esperando aquí sentada, luego de la visión no ha pasado gran cosa.
Sólo que el mesero, Don Manuel, esa alma de dios, nomás no llega con mis enchiladas verdes gratinadas, no aparece por ninguna parte, mi desesperación se acelera, ¿ahora qué hago? ¡Esto es el fin!
¿Cómo describir su estado de ánimo?
Tal vez baste con mencionar que se encontraba invadido por deprimentes sentimientos y pensamientos, los más sencillos y los más complejos.
Agotado, derrotado, agobiado, desconsolado, inconsolable, triste, aniquilado, desencajado, confundido, distraído, melancólico, abatido, desganado, vacío, decepcionado… agreguen lo que ustedes deseen; ningún calificativo estará de más.
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Toda su existencia había esperado ese momento, el momento en que miles de millones de seres humanos, junto a él, estarían reunidos alegres, saboreando el fruto de vivir dignamente.
“Todo lo he hecho bien - pensaba - no tiene por qué fallar” … y se acostó… y se quedó dormido, ensoñando el gran día.
Despertó y la realidad lo golpeó de frente, de perfil, de lleno. Sabía que el informe recién recibido no podía ser erróneo. Escuchó una lista casi interminable de probables causas, la gran mayoría le culpaba.
“Confiaste demasiado en ellos”; le dijo su brazo derecho.
“No debiste abandonarlos”; acusó el tercero de a bordo.
“Las reglas eran imposibles de cumplir”; agregaba otro.
“¿Seguro que todos se quedaron en la tierra?”; preguntó por enésima ocasión.
“Sí, Señor. No hubo siquiera un ser humano que mereciera el Paraíso”; fue la respuesta de Gabriel.
Pedro sugirió: “Perdónalos Señor, tráelos con nosotros… a los menos malos, o a todos… hazlos venir, tú puedes, ¡tú lo puedes todo!”.
Dios se quedó pensando un largo instante, luego dictaminó:
“No. Este será el fin, no habrá más.”
“¿Acabarás con la humanidad?”; preguntó Miguel.
“Sí… y con todas mis criaturas… y conmigo mismo.”
Poco a poco, en un divino parpadeo se extinguió la vida, la luz… el universo.
FIN.
Salimos de la máquina que nos había traído a través del tiempo justo hasta ahora. Frente a nosotros, la Plaza de San Pedro, donde, como en todas las iglesias del mundo, no cabía un alma más.
La fecha se reveló poco antes como el último secreto de Fátima.
De pronto, se escuchó un clamor en la plaza. Se percibía un tintineo, entre las personas de adivinaban algunas chispas luminosas. En un instante, un azul resplandor se había llevado a una gran parte de la multitud.
Poco a poco, se veía un pequeño resplandor aquí y allá. Lo que parecía calmar los ánimos de las personas restantes que lloraban y gritaban completamente histéricas.
Mi compañero solo suspiró. - Fantástico. No pensé que se atreverían finalmente.
- Pero… ¿Se fueron al Cielo? ¿Con Dios?
- ¿Qué? Vamos, no seas bobo. Lamento decírtelo, pero no es la primera vez que se usa la religión con fines de conquista. De hecho, no es la primera vez que se INVENTA una para ello. Varias razas allá arriba lo hacen. Igual que ustedes. En este caso son los Sontaraan. Además… ¿Te fijas que solo desapareció una parte? Es el tipo de sangre. Tecnología Sycorax. Están trabajando juntos. No creí que finalmente se atreverían, por aquello de la siguiente profecía.
- Pero… ¿Las profecías?… ¿La Iglesia?… ¿La Biblia?
- Mera desinformación. ¿Milagros y profecías? Piensa, viajamos en espacio y tiempo. Rápidamente: Lucía, Slitheen. Lázaro, androide. Juana, desquiciada. Y ni me preguntes por Benedicto. ¡No quieres saber!
- ¿Y qué dice la siguiente profecía?
- Es de la Cara de Boe. Dice que voy tras ellos. ¡Vamos! ¡Corre!
¿Que pasó doña Herlinda? preguntó a su vecina que salió con la cabeza llena de tubos para rizar y fumando, pero ella fumaba rojos. No sé mijo, pero parece que a esas personas se las están llevando palgún lado. No se dice palgún, doña Herlinda, se dice para algún. Ay mijo, como me tienes harta con tus pinches correcciones; pero me encantas cuando me coges. Shhhh, cállese doña Herlinda, que la pueden escuchar.
Al instante se acercó un hombre vestido impecable, al estilo escuadrón especial de policía -solo que de traje blanco y fumando cigarrillos blancos- y en su su placa se leía agente Rakib, y dijo: Disculpe señor Moraga, ¿se la esta usted cogiendo sin estar casado? Moraga tartamudeó un poco pero contesto: s-s-s si estoy casado. ¡Pero con ella, no se haga pendejo! dijo Rakib. Ah, eso. Especifique don, contestó Moraga un poco sonrojado. Bueno, sonorojado es un decir por que Moraga está más prieto que el prieto azabache. Sería más corrector decir abochornado. Esteeee, pues no, no estoy casado con ella, jeje, añadió.
¡Impío! Y además…¡Fuma!…¿Qué no le advirtió su sacerdote? Sólo los que siguieron las enseñanzas irán al paraiso, y usted vivirá bajo el gobierno de la Bestia. ¡Infiel! Ay no me chingue, replicó Moraga, tenemos años gobernados por puras besitas, pero tal vez nosotros seamos más bestias por aguantarlos. En verdad que es usted pendejo señor Moraga, dijo Rakib. Ni convirtiéndose en Papa entraría al reino del señor.
¿Y usted?, replicó Moraga, usted también fuma. Yo ya estoy dentro, pendejo; y además soy el que reparte el queso, contesto el superpolicia celestial. Véngase doña Herlinda, que a usted también me la voy a arrebatar, terminó.
Oiga, ¿y ella por qué sí, si es bien puta?…y además ¡Fuma! dijo Moraga. ¿Necesita alguna otra virtud? contestó el agente celestial, mientras tomaba por la cintura a doña Herlinda.
Deveras que es usted pendejo Moraga, pendejísimo.
Querido diario:
Hace quince días que sucedió el rapto, aquí en la tierra de los infieles todo es una locura, la gente ha dejado de ir a trabajar ¿Pues qué sentido tiene trabajar si el mundo se termina?, casi todos estamos a la expectativa de la venida del Apocalipsis pero aún no pasa nada, supongo que es cuestión de tiempo.
Algunos se la pasan rezando con la esperanza de un nuevo rapto, de que perdonen sus pecados y los lleven a la vida eterna. Ilusos.
Otros más realistas han dejado de lado todas las reglas religiosas y sociales, con decir que ahora ver orgías y asesinatos en las calles ya no me sorprende.
Y pensar que hace unas semanas atrás yo era completamente ateo, me hubiera burlado de cualquier persona que me hubiera dicho que el Apocalipsis era real y que estaba próximo.
Ahora lo único que me da gusto, es que ese viejo cura que no me bajaba de hijo de Satanás, tampoco fue raptado, en este momento debe de andar por ahí en medio de una orgia.
Sabes Diario pensándolo bien qué sentido tiene seguir escribiendo, si todo se va a ir a la chingada, mejor voy a matar a alguien.
(…cuando todo esto suceda,
nunca dejes de caminar
al sur…)
Un estruendo. Un sonido hizo que dejara el sueño. Después, mis tímpanos vibraron sin control durante varios minutos en los que tardé en despertar por completo. No era la primera vez que soñaba lo mismo: Raquel pidiéndome que nunca dejara de caminar al sur. Lo más extraño fue que, después de la separación y de buscarla a ella y a mis hijas sin resultados, siguiera soñando lo mismo. Lo atribuí a un efecto postraumático; a una imperiosa necesidad de sentirme en mi zona de confort que se desdibujó desde entonces y que fui reconstruyendo con cualquier indicio.
Al salir de mi casa, percibí al sol que caía con fuerza desde temprano. El silencio en el ambiente era igual al que se percibía cuando la nieve se amontonaba en la ciudad, pero con calor. Me subí al carro y manejé hacía el trabajo. Fue por la radio que me enteré de lo que pasaba.
-…y no hay más futuro. Muchos se han ido. A las cuatro y media de la mañana un rayo estremeció al mundo… ha sido todo… ¡Qué Dios se apiade de todos los que quedamos…!
No tuve miedo. Sólo recordé la imagen de mi sueño recurrente. Descubrí el significado de la señal y me arrepentí por no haber hecho más de lo que pude. Definitivamente ellas ya se habían ido. Me alegré por ello y derramé una lágrima. Seguí las instrucciones: saqué un poco de dinero y cargué gasolina. Las personas se arrodillaron en las calles y se vistieron de blanco. Algunos sacaron sus espejos. Muchos se congregaron en el desierto. Yo manejé al sur hasta que la mujer vestida de sol con la luna a sus pies apareció en el cielo.
Este tiempo ya había comenzado.
El aire se oxigena. Una luz poderosa y exquisita nos envuelve. Cantos y alabanzas, finos falsetos, melodías arpegiadas. La irradiante cara de nuestro señor sonríe, calienta. Cierro los ojos, abro mis brazos al cielo. Silencio. Estoy solo en la tierra.
Muy temprano iba rumbo a la estación cuando del radio me dijeron que había un connato de bronca a unos metros de mi casa.
6:42
-Este fue oficial, yo lo vi.
-No es verdad, me está confundiendo.
-A ver, cálmese señora, ¿qué pasa?
-Mire, hace unos días que alguien se está robando los calzones de mi tendedero. Así que hoy puse una trampa, los colgué y me escondí detrás del calentador de agua.
-¿Y eso qué? Vieja loca.
-Mas respeto joven, déjela que termine.
-Entonces apareció el cochino este en mi patio volteando pa todos lados y cuando me vio, salió corriendo. A lo bueno que lo alcancé con la escoba cuando tropezó.
-No oficial, le juro que yo no soy el de los calzones, a mí se me voló un papelito al patio, donde está la dirección de mi cita de trabajo, a la cual por cierto voy tarde así que ahí se ven…
En eso el chamaco salió despavorido y yo tras él.
6:44
Varias cuadras sobre la acera de la izquierda, luego se cambió, parecía atleta, esquivaba de todo, personas, bicicletas, perros, coches. No le quería perder el paso, iba unos cinco metros detrás del prófugo cuando dobló a la derecha, yo me llevé la mano al cinto para agarrar el tolete y aventárselo a los pies. Al dar la vuelta ya no estaba.
Me agaché con las manos en las rodillas maldiciendo,
En ese momento el cielo se oscureció con un fuerte olor a lluvia. La repentina oscuridad me sorprendió.
7:00
Cerré los ojos para secarme el sudor, cuando escuché una voz dentro del cerebro que me dijo:
-Ese no es el hombre al que buscas, por eso ya me lo traje al Reino,
-¿Y porque a mí no?
-Tú sabes porque.
Me hinqué y lloré.
El sacerdote y el reo estaban en silencio, en medio de una celda de paredes de piedra, ahora desgajada, donde solo se colaban rayos de sol por los barrotes de una única ventana. El fin del mundo los había tomado por sorpresa.
El hombre de fe, hincado frente a la pequeña ventana tenía las manos en plegaria, los ojos cerrados y murmuraba cosas incomprensibles. No era un hombre viejo, aunque ya tenía algunas canas. El reo, quien horas antes le contaba sus pecados, permanecía sentado en su cama de fierro y fieltro. Llevaba más de siete años esperando ese día: El día de su ejecución.
La luz de la ventanita brilló intensamente. El padre abrió los ojos como platos y se inclinó hasta tocar el piso, sucio de porquería de rata, con la frente. El reo solo entrecerró los ojos a causa del resplandor y puso su mano como visera en la frente. Un tercer hombre había llegado a la celda y colocó su mano izquierda sobre el hombro del sacerdote, que no se movió, y extendió la derecha al reo.
Mientras ascendían, como un milagro entre las nubes, el reo preguntó por el destino del padre. El otro hombre le dijo, que cuando robó a la mujer hacía siete años Él había estado ahí para ella después y que él, el reo, ahora estaba arrepentido; Sin embargo, aunque también estuvo para esos niños después, el padre no había pedido un perdón sincero y no era merecedor de este, aun con sus años de “servicio”.
Al finalizar la quinta guerra mundial el consejo de paz mundial se reunió para decidir cuál sería la mejor solución para controlar el comportamiento autodestructivo de la humanidad. La historia había ya descartado todo tipo de gobiernos y sociedades. Tras 9 meses de análisis de todas las propuestas, el diseño del sistema G.O.D. fue el elegido.
G.O.D. (Global Omnipresent Divinity) Emularía el comportamiento del Dios descrito en la biblia mediante un sistema de lectura de ondas cerebrales, el sistema podría saber todos tus pensamientos y actividades realizados durante el día, cada pecado es archivado y solo aquellos por los que se esté en verdad arrepentido son perdonados.
Durante 500 años el miedo por el nuevo “Dios” omnipresente dio resultado, y la sociedad viviendo bajo el régimen eclesiástico tuvo grandes avances, pero nada es para siempre, cada nueva generación dudaba más de la existencia de este ser supremo que todo lo veía y lo juzgaba. El poder obtenido por los padres y obispos viciaba los objetivos primarios.
Me llamo Carol y el día de hoy veo con tristeza como incluso dentro de los altos rangos de la nueva iglesia se duda de la existencia o eficacia del sistema. Pero esto también estaba contemplado, tenemos un último recurso para darnos otra oportunidad, hemos estado ambientando un lejano planeta con condiciones parecidas a la tierra, mi deber es dar la instrucción para iniciar el operativo apocalipsis. GOD tele transportará sólo a aquellos que vivieron bajo sus normas. Me arrepiento de mis pecados, ojalá y yo esté entre los elegidos.
Arhat Singh camina alegremente por el parque, la blancura de su kurta contrastando con lo moreno de su piel y con la penumbra dibujada por las copas de los árboles. Sentado en una banca de madera a la sombra de un cedro, su amigo Baruch Grunfeld lee el periódico.
- ¿Qué tal Baruch? ¿Qué lees?
- ¡Hola Arhat! ¿Esto? Es la página de sociales.
- Eso es nuevo… ¿Desde cuándo le dedicas tiempo a las trivialidades?
- ¡Ah, pero esto no es tan trivial, Arhat! Por el contrario, el artículo comienza en la primera plana.
- Es así ¿eh? Vaya, estoy intrigado.
- De acuerdo con este artículo, la población mundial disminuyó en alrededor de un 33% la semana pasada.
- Se respira algo más de tranquilidad ¿verdad?
- Debo admitirlo - contesta Baruch, no pudiendo reprimir una sonrisa - ¿Quién diría que esto tomaría tanto?
- Newton lo dijo. Y con todo y la física relativista, a la fecha las manzanas siguen cayendo hacia el suelo.
- Cierto. Aunque esta otra predicción era mucho más difícil de intuir. Y… ¿Tú lo viste?
- ¿A Newton? Hace un tiempo que no. Pero supongo que te refieres al monstruo de spaghetti.
- Uno pensaría que un “hombre santo” como tú sería menos sarcástico.
- Perspicaz, Baruch, perspicaz. Y por supuesto que no vi nada nuevo. Y ellos tampoco.
- Pero, ¿Y entonces?
- Imagina a un guía del Louvre, contratado para una visita de un grupo de turistas. extranjeros. Sólo que el grupo de turistas únicamente habla ryukyuense, un dialecto hablado sólo en un pequeño archipiélago japonés. El guía, con el grupo reunido en el área de la pirámide, les dice: “Entrez vous, s’il vou plait”, asumiendo erróneamente que sus clientes hablan francés. Nadie se mueve. El guía lo intenta de nuevo en inglés, pensando que probablemente entiendan el idioma. Nadie se mueve. Vuelve a intentarlo en español, alemán, italiano…
- Nadie se mueve.
- Nadie se mueve. Hasta que finalmente los toma de la mano y los jala hacia adentro. Eso, mi amigo Baruch, fue el rapto. Después de 2060 años de hablarles de todas las formas habidas y por haber, finalmente el guía de turistas vino, los agarró de la mano y se los llevó.
- ¿Y nosotros?
- ¿Nosotros? Yo sí hablo francés- contesta Arhat riendo - y conozco el Louvre desde hace ya mucho tiempo, antes de que ellos llegaran al museo. Y tú, rabí Baruch, eres todo un guía experto que ha dedicado su vida al arte. Podemos pasear libremente por el museo, así que disfrutemos mientras los turistas japoneses están en otra sala.
¿Dónde se habrá metido ese cabrón?, me cae que no se puede confiar en nadie, le dije bien clarito que quería esos papeles en mi escritorio antes de las 10. Ahora el pinche Gutiérrez me va a traer en chinga… pinche Luis, no te la vas a acabar en cuanto te vea, hijo de la…
-Buenos días López, ¿ya tienes los documentos?
-Este… sí lic, fíjese que Luisito los llevó a la fotocopiadora, nomás deme chance a que regrese y…
-A las 10 en punto, López
-Ssssí, señor (pendejo).
Pinche Luisito, ¿dónde estás cabrón?, y te lo dije desde ayer pero ahí voy de imbécil a confiar en ti. Me lleva la chingada, ahora sí nos corren a los dos.
9:35
-Lopitozzzzz, dice el licenciado Gutiérrez que sigue esperando los documentos.
-Sí Marthita, ya voy.
Pinche vieja mal cogida, ya sé que tengo que entregar esos papeles pero este cabrón no llega. ¿Dónde te metiste Luisito, dónde?
9:47
- gud mornin López, ¿cómo te amaneció?
- Quiobo Juancho, estoy que me lleva la chingada.
- ¿Por qué, qué pasó?
- Nada, que el piche Luis no ha llegado y traía unos papeles que tengo que entregarle a Gutiérrez que ya me trae entre ceja y ceja, no mames. ¿No sabes si se reportó enfermo o algo?
- Nel güey, si está raro porque Luisito nunca llega tarde, nunca falta…
- Si, está de la chingada, ¿pero, sabes que es lo que más me caga?, que se las da de muy santito, quesque no rompe un plato. Cabrón, si no llega ahorita, Gutiérrez me cuelga de los güevos.
- No mames, güey
10:00
-Lópeeeeeeeez.
No se dejen llevar por el título del ejercicio, el taller no se esta uniendo al tema de moda en México.
De acuerdo con la escatología cristiana cuando Jesús regrese a la tierra, justo antes del fin del mundo, todos los verdaderos cristianos desaparecerán de la tierra y subirán al cielo, en cuerpo y alma, para reunirse con Dios y no sufrir las tribulaciones que el Apocalipsis traerá. Este episodio es llamado “el Rapto”
Esta semana los participantes de Metatextos deberán hacer un texto libre, de trescientas palabras o menos, que tenga como tema central Rapto.
Les sugiero que traten de ver fuera de la caja, no se vayan por el camino fácil de narrar a un cristiano salvo que asciende feliz y extático hacia su creador, o en la angustia y arrepentimiento instantáneo de todos los ateos. Cuando se dice que el tema central sea el Rapto, no necesariamente deben narrar el momento exacto en el que este ocurre.
Pueden narrar el día después del rapto ¿cómo sería llegar a una oficina donde de pronto una parte importante del personal se ha evaporado o más grande aún ¿como se comportaría la economía MUNDIAL si de pronto faltaran millones de personas? o ¿cómo será la vida de una familia (o una persona) que sabe (o cree que sabe) el momento preciso en el que el Rapto ocurrirá?
Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 4 de Septiembre, como siempre, los textos serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 5.
Suerte.
