Ejercicio 4: Música

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La gloria y el infierno son ciudades vecinas, donde día a día millones de personas transitan sus calles. Nadie es ciudadano, todos estamos de paso. En cada una de ellas hay una avenida principal, larga como el cabello de la virgen más pura y estrecha como imagino que debe ser su cintura. Ambas avenidas están conectadas por un callejón, en donde trabaja Alí, el “aduanero”. 

“Mi trabajo es cosa fácil” repite Alí cada que le preguntan a qué se dedica, “Sólo es cosa de verlos a los ojos y sabes hacia donde merecen ir, no creo ser injusto con nadie, sus ojos no pueden mentir y yo sé leerlos muy bien”. 

La gloria y el infierno terminan siendo lo mismo: paz – guerra, amor – odio, esperanza – decepción, alegría - tristeza, extremos de la misma carretera. El halcón atraviesa sus cielos sin percatar la diferencia, planea encima de nosotros sin juzgarnos, sin decidir sobre nuestro futuro, él sólo disfruta del viento sobre sus plumas. Alí lo sabe, Alí conoce al halcón y día a día se va a dormir con la esperanza de despertar con el cuerpo alado para dejar de ser el verdugo de sus hermanos.

Cierro mis ojos y busco en la oscuridad. Nada encuentro. Esta penumbra me aprisiona, no puedo salir de ella, me retiene, porque no quiere que encuentre mi objetivo. ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? No recibo respuesta. Sigo con mi peregrinaje sin saber a ciencia cierta si realmente tengo una meta. No. Sí tengo mi objetivo, y está totalmente definido, lo que no tengo es certeza, la certeza de cómo llegar a dar con él.

Por fin logro abrir mis ojos y las sombras siguen rondando alrededor mío, se aferran a mí. Me resisto. Déjenme, no las quiero conmigo. Es inútil luchar, no puedo en su contra. Sigo con lo mío, esperando a que las tinieblas desaparezcan por si solas. Espero y espero, nada ha cambiado desde el inicio.

Empiezo a desesperarme; Calma, me digo varias veces, no debes permitir que te dominen, tienes que superarlo. Aceptaste esta prueba, ya lo has hecho antes, no es tan diferente de otras ocasiones, tú puedes hacerlo. No importa cuántas veces me repita las mismas frases una y otra vez, en el fondo sé que son mentiras, aún así, quiero conservar la esperanza, pues es lo único que esta maldita oscuridad no puede quitarme.

Supongo que ya todos escucharon la canción (¡¿canción?!) que representó el ejercicio de ésta semana. Al principio escuché una guitarra que me sonó prometedora, después entró ese instrumento que me parece es tocado por los indígenas que habitan en sierras frías llenas de pinos y neblina por las mañanas, a continuación sonó algo así como un elefante, luego ya no quise escuchar nada.

Soy una persona que disfruta plenamente de la música, de hecho lo considero uno de mis tres más grandes placeres, escucho música durante diez u once horas al día: desde que salgo de mi casa, todo el trayecto rumbo al trabajo, seis o siete horas de las nueve que paso en la oficina, todo el transcurso de regreso, al salir a correr, mientras realizo alguna actividad en la computadora como chatear o leer noticias e incluso antes de dormir.

El término “soudtrack de mi vida” nunca me había parecido algo apropiado, simplemente no lo entendía, hasta que hace pocos meses descubrí que hay canciones que sin importar dónde las escuche me evocan un sentimiento y me remiten hacia algún momento pasado. Si algo me ha quedado muy claro es que la canción de esta semana, interpretada por Ross en el teclado y Chandler en la guitarra, nunca llegará a ser parte del mío. Les dejo algunos ejemplos, chequen las letras:

Skid Row – Breakin’ Down
Los Planetas – Corrientes Circulares en el Tiempo
Tantric – Mourning
Pearl Jam – Black
Stone Temple Pilots – Interstate Love Song
Lucybell – Vete
Dildo – Pagarás
Bush – Little Things
Stereophonics – Maybe Tomorrow
Robi Draco Rosa – Penélope
Porcupine Tree – Trains
Zurdok – Si Me Advertí
Powderfinger – A Song Called Everything

…son sólo algunas de tantas, si las van a destrozar sean gentiles, estarán atacando directamente muchos de los recuerdos más preciados que tengo. No hay defensa ante eso.

  -¿A dónde vas a ir Phillippe?Preguntó su novia, sin dejarse mostrar evidencia del cariño que teníanse uno por el otro.

Phillippe enterró los pies en la tierra marismeña del Lago Victoria y encogió sus dedos intentando enredarlos entre las raíces frescas bajo el agua.

-Al menos, tras las colinas que vimos cuando cruzamos el río; las que podían verse desde el peaje. Voy a robarme un caballo para llegar. ¡Y luego volar! ¡Quiero volar; romper los cascarones, votar mi nido, mi madre que ya no está, y saltar, planear, y volar como águila y nunca más volver a bajar!-

-Estás loco. ¿Sí sabes que no puedes huir de lo que pasó; ni de tu tambor?-

-Luego voy a conseguir trabajo con los elefantes, aunque sea de levantar mierda. ¡Tú sabes que me encantan los elefantes! ¿Y sí son de circo? ¡Mejor entrenar elefantes y hacer acrobacias con fuego! ¿Te imaginas cuando callen los tambores, anunciando mi acto?-

Kimani venció sus hombros señalándo derrota y se encaminó hacia la aldea, enjugándose lágrimas mientras Phillippe aún soñaba trapecios y piruetas inconcebibles.

Phillippe quedó sin moverse por horas; hasta que la quietud de la noche lo encubrió todo con su manto benevolente. Escuchó una fiesta no muy lejos, sobre la costa, y recordó su promesa; sacó una pistola del alforja.

Con sus latidos a máximo volumen, sólo podía dar cuenta del impulso generalizado en su cuerpo; retumbándole en las sienes, oídos, el cuello, sus manos y claro, en su pecho. Sintió cómo su piel se retraía ante el tacto frío del cañón que él mismo se apuntaba. Tiró entonces del gatillo y todo se silenció.

—–

Phillippe vio verterse sangre desde el agujero en su mano, tomó un trapo para envolverse la herida y consideró pagada su deuda con la memoria de su padre. Besó otra vez el suelo bajo el que enterró la piel de su tambor, sonrió como nunca antes en su vida y marchó sin rumbo; feliz y lejos del horror. Sólo podía verse su blanca sonrisa mientras caminaba danzando al son de tambores.

Después de todo, sí estaba loco…

Por León.

- No se si soy yo, pero me parece que esta es la mejor canción de todas la que se han hecho y se harán. La canción definitiva. No me veas así, es que soolo escucha. La manera en que son ejecutados todos y cada uno de sus instrumentos, todo al servicio de una experiencia. Miles de sentimientos entremezclados. Como si llegara un huracán y te arrojara a la cara todo lo que conoces para convertirlo en algo nuevo, diferente, original. Cambia la realidad. Cambia todo. Y todo se convierte en nada. ¿Sientes lo mismo que yo, Bonzo? ¿Lo sientes?

- A mi no me preguntes, yo sólo soy un gato.

Alop caminaba con la gracia propia de un conejo. Claro está que hacía mucho tiempo que nuestro amigo, se había dado cuenta de que los conejos no pueden volar y por lo tanto tenia que caminar como lo que era, un conejo.

Su descubrimiento lo hizo un lejano día de julio. Después de comer, mientras contemplaba las nubes índigo, se le ocurrió la genial idea de internarse en la jungla azul. Mientras iniciaba su marcha, una ligera lluvia multicolor había aparecido y necesitaba un lugar para resguardarse.

Sin embargo, como sabemos, los conejos no son precisamente los animales más inteligentes del mundo. A medida de que la lluvia arreciaba, aceleró su paso y sin darse cuenta cayó por un gran acantilado directamente a un río de aguas moradas y espuma amarilla. Milagrosamente, se salvó de romperse el cráneo en las rocas de goma, pero la feroz corriente lo llevó durante unos cuantos kilómetros, que para un conejo fueron miles de millas.

El río lo depositó en una orilla, en la cual una manada de gigantescos elefantes rosas bebían de esas aguas. Sin embargo, para su mala fortuna -que al contrario de la creencia popular, los conejos no dan ni tienen buena suerte- los elefantes enloquecieron al consumir cierto fruto de cierto árbol que crecía en las orillas. En su éxtasis, los elefantes iniciaron una violenta estampida por toda la ribera del río con dirección hacia la jungla azul. Alop, fue sujetado por uno de los elefantes extasiados, que en su loca carrera a través de la jungla fue a botarlo justo en frente de su madriguera.

Nuestro pequeño conejo despertó después de un largo rato. Nunca más volvería a comer de ese pequeño cactus y se dio cuenta de que los conejos no pueden volar, ni siquiera con peyote.

¡Jules! …

¡Jules! La cuerda de la guitarra se volvió a reventar, ven a repararla al instante.

Ya estoy harto de tanto pinche instrumento, pero juro que me voy a deshacer de todos uno por uno, si pude con las percusiones, que no pueda con los demás.

¿Y tú qué haces aquí muchacho? te he dicho un millón de veces que no vengas a interrumpirme mientras estoy trabajando.

- ¿Oiga señor, usted tiene elefantes allí adentro?

¡Qué elefantes,  lárguese de aquí chamaco travieso, no ande de fisgón, ya váyase a su casa a ponerle gorro a sus papás!

-¿Entonces son delfines verdad? Yo sé que tiene allí animales porque toda la tarde se escuchan ruidos extraño y ¡ahh qué bonita guitarra señor! mi abuelito tenía una igual y decía que si tocabas la melodía exacta podías viajar en el tiempo. El estuvo en África y fue testigo de cómo se inventaron los bongós.

Sácate de aquí mocoso, vete a inventar mentiras a otro lado, tu abuelo está en un geriátrico y no sabe ya lo que dice.

-¿La puedo tocar?

¡Toiinggg!

¡Con un carajo te dije que te largaras de aquí chamaco travieso! Eso me saco por dejar entrar a mi laboratorio a escuincles chismosos y metiches.

¡Jules!

Jules, traete dos cuerdas nuevas y prende la fonola que vamos a ensayar de nuevo. Necesitamos viajar al 1500 antes de Cristo para evitar que inventen la maldita guitarra, ya me cansé de arreglarle las pinches cuerdas.

Un día normal en una familia común de Estados Unidos de América (ya saben que haya todo mundo está loco).

-Es el juego de guitar hero, el que tanto quería, gracias madre mia-

-lo compré pensando en ti, y por estas fechas, feliz día de reyes hijo, nada mas espero que te portes bien ahora que tienes tu regalo-

-Esteban deja de jugar esa porquería de juego-

-espera ya mero termino guitar hero en experto-

-que dejes ese juego en paz-

-que no-

Luego la persona que le hablaba a Esteban le apagó la televisión y Esteban enojado empezó a golpear a su madre con la guitarra del videojuego

-maldita perra que no ves que casi me lo pasaba-

Una vez muerta volvió a intentar pasarla. Lo logró,

-soy el rey del guitar hero me la pasé- el inmediatamente pensó

-si puedo tocar guitar hero de seguro también puedo con una guitarra de verdad.

El pobre chico armó un concierto y se compró una guitarra de verdad y

-uno, dos y tres grahts#$%# - todo mundo se fue corriendo por el espantoso ruido. El pobre chico pensó:

 –maldito estúpido juego, que sepa tocar bien el juego no quiere decir que sepa tocar una guitarra de verdad- el pobre chico arrepentido de haber matado a la pobre mujer se da cuenta de la moraleja de lo que le sucedió y se suicidó.

Una vez muerto encuentra el fantasma de la mujer y esta le da una patada fantasmal en sus testículos fantasmales por haber sido un hijo de puta.

Al final los abogados de quien sabe quien demandan a la compañía por crear un juego mortal y guitar hero se vuelve ilegal.

Moraleja: la canción del ejercicio no inspira ninguna historia y no tiene sentido al igual que esta historia jeje.

Nunca debo subestimar la importancia de iniciar el acto sexual con miradas, besos y caricias repartidas uniformemente por el cuerpo del acompañante hasta el momento en el que ya no haya más que conocer en ninguno de los cuerpos. Procurando relajar los músculos de la cara, me pongo frente a frente con mi acompañante y respiro el mismo aire.

Para este punto ambos debemos tener ya una magnífica erección. Si alguno carece de ella la solución es ponerse boca abajo y permitir que el otro haga el resto, si esto no agrada, regresamos al primer párrafo. Si ninguno de los dos mantiene firmeza en sus penes, regresamos al primer párrafo. Si ella cerece de un pene, regresamos al primer párrafo recursivamente. Si hay alguna interrupción, o eventualidad, regresamos al primer párrafo.

Ahora, es imprescindible encontrar un buen punto de apoyo, pies, rodillas, y espalda son grandes equilibristas. Tomo ahora mi miembro y penetro el cuerpo que tengo enfrente procurando mantener el tallo del pene perpendicular al plano longitudinal de la zona que deseo penetrar. Ahí, a una profundidad sumamente variable, puede que haya un trozo de vida, debo evitar o procurar que sea tocado dependiendo del objetivo que quiera alcanzar.

Durante el coito se dejan venir unas ganas, unas tremendas ganas que me invitan a derramarme como una gota, que se forma vacilante en el techo bajo una tarde lluviosa, que se aferra a mantenerse en el momento y alejarse del momentum. Se sostiene al techo porque sabe que si se deja llevar transcurrirá un breve tiempo en el que lucirá su más completo esplendor para luego estallar contra el suelo y ya no ser más.

Cuando la gotita no es más, me apresuro a regresar al primer párrafo. :grin:

Los amigos del cazador contenían el aliento. Sabían que si interrumpían con sus preguntas necias, el cazador se encabronaría con ellos. Llevaban varios minutos mirando con sus binoculares la presa que el cazador acechaba. Un magnífico león en la pradera.

El cazador levantó su mano para indicar silencio. Se disponía a disparar. Sus amigos aguardaban el sonido del disparo. Justo cuando el índice del cazador presionaba el gatillo un aullido los interrumpió.

  -  ¡Basta de tanta muerte!  -vociferó alguien a sus espaldas haciéndolos respingar a todos.

El cazador y sus amigos voltearon a ver a quien los había interrumpido. La furia que sentían se trocó en asombro al contemplar al que les gritaba,

Un hombre de barba, vestido de levita estaba ante ellos. Caminaba rengueando pues le faltaba una pierna.

  -  Insensatos – decía mientras tomaba el arma del cazador y la rompía contra una piedra en el suelo.

El cazador salió de su estupor y se abalanzó sobre el hombre de levita. Este sin esfuerzo lo contuvo y lo mandó también al suelo, sin aliento.

   -  Regresen a sus casas y dejen a los leones en paz – exigió.

Los amigos del cazador lo ayudaban a levantarse. Uno tuvo el ánimo de preguntar al de la levita que ya se iba.

  -   ¿Quién carajos es usted?

  -   Ahab – dijo – y llevo prisa, debo detener a unos que están tumbando árboles en el amazonas. Es lo que cuesta ser liberado de una ballena blanca.

La música es buena o mala, criticar los gustos personales me parece ridículo. 

La rola en cuestión, no es mi máximo, pero me gustó en cierto modo, la pondría si tuviera que hacer un largo viaje en elevador. 

Papaito entra; ¿qué me haces rockero?, las niñas bonitas cobran mucho más dinero.

Mi educación musical es irregular, se descubre viendo mi ipod, cumbias colombianas y ballenatos se funden con música clásica y opera, el mariachi y el son cubano se mezclan con jazz y blues. Pero sobre todo, Su Majestad el Rock.

Mujeres desnudas con hombres desnudos, ¿qué es lo que hacen cuando están todos juntos?

Hay momentos para todo, si en una fiesta platico con una vieja y ponen a todo volumen a Judas Priest o Iron Maiden, aunque me gusten, voy a proponerle irnos a otro lado.

¿Quieres ser mi novio? Yo no soy de piedra, zumo de naranja en las tetas de la negra.

 Jethro Tull, Yes, Pink Floyd: música preciosista, virtuosa, me gustan muchas de sus cosas, otras me dan hueva. 

“Puro borracho”, dijo la morenita sobre mi colección de José José, Joaquín Sabina y José Alfredo, la picara puta dijo de Sabina que no era cantante, “mas bien platicante de canciones”. Tenía razón. 

Tristeza post-coitum ; no me mires a la cara, papaíto sale pero volverá mañana.

Odio la música electrónica, es como una misma canción toda la noche, una que no me dice ni madres. Pero bueno, supongo hay exponentes buenos de esa mierda. Quizás ya estoy viejo, en los antros me sorprende el look andrógino de los cabrones y sus camisas pegadas tipo “el duende más puto del pueblo”. 

Mantenlo divertido y básico: batería brutal, guitarras como coros demoníacos, bajos lidereando el desmadre y una voz primitiva y salvaje.  

Me gustan Sex Pistols, Las Espantosas Equis y el Siniestro, al que le dedico estas palabras. Termino esto y pongo a los Ramones de una buena vez, mientras destapo la primera caguama de la noche.

Ernesto Medel en su estado más contemplativo, antes de los zombies, Tlön y Santa Claus, sabía que pasaban dos cosas: Su panza se sentía más cómoda y algún cabrón se atrevería a buscarlo. Medel no estaba dispuesto a explicarles a sus perseguidores su vida complicada y su duro entrenamiento que habían desembocado en un sexto sentido que le prevenía.

Antes de matar a alguien, una de sus historia preferidas era de como cazaba ballenas y que un animal como el ser humano, claramente en desventaja en proporción peso e inteligencia, no era lo más apto para cazarlo a él.

Estaba tranquilo, como los jardines zen de Okinawa que tanto le gustaban, era el momento en que algún desconocido le confrontara por un muertito: que mataste a mi hermano, que mataste a mi capitán, que mataste a mi amante. Faltaba sólo que el gato viniera a quejarse con él por la muerte del ratón que llevaba en el hocico.

¿Qué la gente no sabía otra cosa que buscar venganza o cómo desplazar su envidia? En el reflejo de su vaso ya había visto al muchachito nervioso, con la colt temblándole en las manos, buscando la entrada. El primer pensamiento fue-. ¿Me tomaré la molestia? -el segundo fue-. Ohayo gosaimazu, deme más cerveza.

Se acarició el bigote. Tenía dos armas: la de puto escondida y otra en el abrigo. Como en el ajedrez, ya había visualizado todos los movimientos y finales posibles. Se acarició el bigote. Medel esperó paciente. No sabía que años más tarde, estaría disparando su lanzacohetes sobre Japón matando zombies y la vida era mejor.

Todavía recuerdo la primera vez que lo vi, tan blanco, tan irreal, corriendo como loco porque se le acababa el tiempo.

Al principio pensé que estaba loco, pero la curiosidad (que dicho sea de paso ojala algún día mate al miserable gato que se aparece de vez en cuando y no me deja dormir) me hizo seguirlo hasta su guarida, la cual estaba repleta de cenzontles que cantaban sin sentido. Luciérnagas iluminando la noche silbando incesantes y caóticas melodías. Elefantes azules que tocan el mejor jazz del mundo. Ballenas que con su música te hacen olvidar todos tus problemas. Enormes Leones que controlan a todas las criaturas del lugar. 

Desde entonces comencé a ir con el conejo cada que se aparecía, y siempre era diferente.

Sin embargo las cosas cambiaron mucho a partir de que empezamos a visitar la luna que ilumina el cielo morado, a ver al viejo conejo sabio que ahí vive.  Al principio pensé que era un juego más, ¿Cómo habría yo de poder matar a un diablo? pero, ¿Quién en su sano juicio se puede negar a entrenar con espadas y arcos? ¿Cómo dejar pasar la oportunidad de aprender algunos trucos de magia?

Así que aquí estoy, metido hasta el fondo de las apestosas y oscuras catacumbas, en busca del Diablo que en ellas vive. Claro que no es la primera vez que alguien intenta destruirlo, es mas, algunos han tenido éxito, sin embargo, la tentación los convirtió en sucesores de aquel que eliminaron.

Yo solo espero poder salir victorioso de esta extraña misión, quizá si logro vencer al maligno sin convertirme en el mismo, esos dos conejos blancos que me metieron en esto, dejen venir a mis amigos a verme mas seguido, y no solo una vez cada mes, como siempre de nueve a una.

Siempre había querido partirle su madre a Ernesto Medel… Desde el nombre teníamos problemas, tan sudamericano, tan gran hijo de puta, según sobreviviente, según de muchos lugares, como los viajantes, como los que se apropian de lugares que no son suyos. Y este era mi lugar.

Allí estaba, tranquilo y pávido como la ceniza que hacía equilibrio en su cigarrillo. Se oyó el chillido de la ventana desgrasada, por ella se dejaba mirar el sol que pintaba sangre y repulsión, el sol estaba conmigo, mis labios rechinaban entre un mondadientes, era acercarse, acercarse más y escupir sobre sus botas, tirar su trago, jalarle los cabellos hacía atrás y obligarlo a ver mis ojos. Esperaba la oportunidad perfecta.

Adentro se escuchaba un trastero caer, eso me puso en alerta, tanteé mi colt de la sobaquera, aflojé el seguro evitando hacer el mínimo sonido, de la cocina salió despavorido un gato negro con el cadáver de un ratón en su hocico, me tranquilicé dándole un buen sorbete al sake, lo miré de reojo; Medel aplastó lo que quedaba del cigarrillo en el cenicero y se puso de pie, apresuré mi trago, salí tras de él.

Esto es Okinawa, Japón, aquí no hay zombis disfrazados, no hay niños por lo cuales escudar un culo, no hay pretextos para seguir siendo un pusilánime que se esconde entre las coladeras. Éste es un domingo en que el sol está a mi favor. Pronto descubrirá las llantas de su Harley pinchadas, creerá que se trata de una mala jugada del absurdo destino, pero el destino lo ha abandonado hace tiempo, puedo oler su miedo caminar frente a mí. Esta vez no hay a donde correr.

─¡Hey, Gusano! Te estoy hablando a ti, enano de mierda. ─Dije mientras el cañón apuntaba inconcuso a su frente.

Yoga

Buscando un poco de paz y salir de la rutina, me encuentro realizando una posición conocida como saludo al sol, en medio de un ambiente ficticio amparado por música de sonidos naturales e incienso; colores verdosos y ocres dominan mi campo visual, cuando apareció, entró en la habitación, interrumpiendo la clase de yoga a la que me inscribí para liberar tensiones y conocer gente como ella, con toques de bohemia, con aroma a libertad, con un cabello negro de olor frutal, unos ojos profundos de paz y pícaros de independencia.

Pero no es solo verla llegar e iluminar el salón de práctica, es respirar con ella el mundo e imaginar cómo sus muslos me amarrarían a su cuerpo, cómo su sudor seria el hidratante ideal para mi piel, su lengua, el campo de batalla y el despertar de mi inquietud: víveme, lámeme, siénteme, quémame, márcame, muérdeme.

Es, con un movimiento, visualizar el preludio de un orgasmo, la tensión de soportar hasta el último segundo, tratar de extender el tiempo… y las convulsiones.

Sería una aventura, algo delicioso y divertido, sin ataduras, sin leyes naturales opresoras, corazón a grito palpitante, es la seducción en movimiento.

Nada mas sentir su presencia a tres cuerpos del mío me eriza la piel y otros lugares. La deseo, si. Me mira, lo sé.

Querido Gerardo:

Escucho una melodía larga y caótica; las notas que la componen son tantas, que podría originar una infinidad de historias.

A mi mente, sólo viene tu rostro.

Tlacuiloco, lo sabes bien, en esta enfermedad terminal de transmisión sexual que llamamos vida, nunca nos conocimos. No fuimos presentados, a pesar de que yo fui, soy y seré amigo de la mitad de tu esencia, tu partner in crime, tu gemelo Agustín (mi gurú y mecenas). Quiero pensar que esto implica que de alguna manera, nos conocimos.

Lloré mucho el día de tu muerte, Gerardo, como siempre que enfrento ese amargo y cochino sabor a irreversibilidad que los vivos sentimos en el fondo de la garganta al enterarnos de una partida. Lloré sin duda por el dolor que nuestro amigo y hermano transmitió en el momento de anunciarlo, sin embargo admito que lloré también porque te fuiste y yo no pude estrechar tu mano, no pude decirte que te admiro por una enorme cantidad de razones, porque no pude emborracharme contigo ni escuchar tus anécdotas del underground mexicano, si tal cosa existe. Te pido disculpas, los que aun respiramos somos unos egoístas.

Hoy, unos días después, creo que me sentiría triste si mientras estuviste con nosotros hubieras sido uno de tantos oficinistas grises, inmersos en una vida que asemeja la rueda de un ratón. Pero como mientras respirabas estuviste cantando, tocando, amando, pensando y creando, definitivamente vivir como tú viviste, es Morir de Amor (Parir Chayotes) y es estúpido llorar por alguien que vivió tanto y tan intensamente.

Ahora, mientras vuelve a comenzar la melodía, veo la escena final de todo western que se respete: al misterioso forastero que cabalga lentamente hacia el atardecer. Nunca nos dijo su nombre – piensan los que lo despiden - pero sin duda limpió este pueblo.

El nombre del forastero - explica el director en el comentario del DVD remasterizado - es Wichily McCoy, la voz más rasposa del Oeste: El está vivo, nosotros, aún no existimos.

 

 

In Memoriam Gerardo María Aguilar Tagle (1955-2007)

 

Afuera, la nieve caía en densas ráfagas de viento que golpeaban con violencia las ventanas provocando un ruido blanco constante.
Afuera, las condiciones no aptas para salir, el viento cortante como el borde de una hoja de papel.

Yo, sentado en el borde de la cama todavía caliente, estoy desnudo, cansado, desesperado, viendo absorto hacia el exterior.
Tú, acostada, con la espalda desnuda, pero con la sabana en las manos, mordiéndola una y otra vez, lagrimas rodando por tus mejillas.
Pero en el fondo, todo el tiempo fuiste invierno, fue tan solo un espejismo.

Permanecemos en silencio una eternidad, no hay nada que decir, nada que explicar, nada que mentalizar.
Los dos buscamos como desafiar la soledad, buscándonos, envolviéndonos, como quien busca el sol.

Yo, caminando en la nieve, soportando el golpe del viento, acercándome a la barranca donde en el fondo agua lleva.
Tú, en la bañera, el vapor rodeándote, asfixiándote, al ver tus manos algo metálico brilla, corta tu piel, lo rojo, lo vital, recorre tus brazos, hasta caer en grandes gotas en el agua mezclándose.

Ambos tenemos frío, tanto que no podemos respirar, el agua nos rodea, sumergiéndonos, distorsionando nuestra vista, los sentidos en si.
Los dos, viendo al cielo, al infinito, buscando el sol, pero ya nunca más lo volveremos a ver.

Solo fuimos un movimiento, un momento, nunca eternos.

-¡!Apolo, Apolo!!

-Se acercaba gritando Dionisio embravecido por los néctares que le daba la agricultura-

Apolo, rebosante en el suelo, desprendido de sus ropas más internas, se sacudía los ojos del extracto nocturno del que se había hecho poseedor. Adormilado aún, respondió

-Que sucede agraciado Dionisio, hijo de la más consagrada doncella y de la cocción al muslo de Zeus-

No hables fuerte no hables fuerte, que tengo un dolor que eriza desde mis cuartos traseros hasta mi cabeza. Sonidos y música transeúnte me traigo en esta, como elefantes y ballenas, arpas y liras, trinos y espadas.

¿Qué pasó Apolo mío que pasó?

Querido Dioni

-No me digas así -rápidamente dijo Dionisio molesto-

Pero ayer noche no te molestaba -le soltó Apolo mientras acomodaba la mano entre los rizos al poder tóxico de su fraterno- es más ayer me decías que…

Shhhhhh¡¡¡ no me digas, no me cuentes, que aprovechándote de mis influencias sociales y benéficas que trae mi promotora sustancia, se la pro-metiste a los hombres, y viéndome dormido por la dulzura de mi embriaguez, te adelantaste a Prometeo quien tenía que hacer su dichosa oferta a la humanidad

con F U E G OOO,

NO CON VIIINOOO…

Mi Dionisio querido, -respondió Apolo- les mando a los hombres tanta apeste, tantas plagas, que mi medicina no les hace y no les ayuda. Un poquito de tu bondad para ellos y otra… otra

a mí.

Pero, -sobándose entre las nalgas- pareciera que una fauna divina inundó mis aguas, es más hermano Apolo, me siento apaleado y un arco traigo atorado y… esa música me recordó mi infancia…

Puof puof¡¡¡ Calla calla mi Dioni, - y sin dar explicaciones tomó su arco, cogió su lira y sonando ballenas y elefantes, comenzó a tocar- anda anda, papá nos espera…

Es tarde para continuar con los ojos cerrados, es tiempo de interrumpir el sueño… el sol se cuela poco a poco por la ventana. Es una oportunidad más para iniciar algo, o terminar lo inconcluso… es el momento adecuado para que el cuerpo se integre de lleno en vida y espíritu a su entorno, exactamente cuando vemos como la realidad se apodera poco a poco de nosotros, esa misma realidad que a veces no es mas que un mal sueño del que quisieras escapar…

Ruidos e imágenes se apoderan de tus sentidos, en una poderosa lucha entre el sueño y lo real, la eterna disputa entre continuar durmiendo y el despertar cotidiano, para darte cuenta de que no es más que un momento en cada día de tu vida, en el que va a vencer el hecho de que sin realidad no hay sueños, no hay esperanza, no hay nada simplemente, porque sin realidad no existes…

Te incorporas poco a poco, y te quedas unos segundos sentado al filo de la cama, y tu mente sigue divagando entre ir o no a trabajar… tantos días de descanso solo te dejaron el dulce sabor de la flojera, de no tener que hacer nada… esos días en que no cuesta nada relajarse, pues no hay motivo alguno que le genere stress a tu vida, pero justo en este momento flotan en tu mente todos los recibos de las cuentas por pagar…

No te queda de otra… te levantas de un solo golpe, te estiras al mismo tiempo que se produce un enorme bostezo, te duchas y sales a vestirte rápidamente, preparas una taza de café, tomas las llaves del auto… nada se interpondrá en este día para que lo goces al máximo… ni siquiera ese elefante morado que alucinas todas las noches…

Tengo que encontrarlo, aunque sea lo último que haga tengo que encontrarlo. Esas palabras resuenan en mi cabeza constantemente.

El muy cabrón me lo quitó todo y tiene que pagar. Es lo único que importa.

Aún recuerdo su mirada al despedirse esa mañana, un simple adiós y un te amo.

Desearía poder regresar el tiempo e impedirle a cualquier precio que se marchara. Carajo, si al menos hubiese estado lo suficientemente despierto y sobrio para saborear el sonido de sus palabras por última vez.

El calor del desierto me agobia y el sol me ciega.

Un águila real me acompaña desde partí. Debe ser un buen augurio.

A lo lejos se distingue ya el bar donde suelen reunirse. Espero no me reconozcan, después de todo solo nos topamos un par de veces.

A esta hora de la tarde el sitio luce vacío. El está sentado junto a la barra bebiendo, parece desprevenido y lo mas importante, solo.

Me acerco despacio sorteando las mesas, de entre mis ropas tomo el arma, la vieja .38 que estaba en el bolso cuando recuperé sus cosas en la morgue.

No te preocupes cariño, esta me cuida. Repetía cada vez que me dejaba.

Solo con ella debe morir, solo así las deudas quedarán saldadas.

A esta distancia no puedo fallar, pero debe de mirarme, quiero que mi rostro sea lo último que vea.

Ya lo ha hecho, en su boca se dibuja una sonrisa, no parece sorprendido.

A mis espaldas un estallido. Un agudo dolor me impide permanecer de pie.

Caigo de bruces y entre risas les oigo acercarse.

-Imbécil- Vocifera mientras me patea la cara.

La sangre mana por mi espalda y me recorre la columna, se que voy a morir, pero lo que más me duele cariño es haberte fallado, lo siento.

Encarcelado viento de nadie, juegas sucio con el niño. Alejas veloz y distante su pequeña pelota roja. Él sólo quiere escapar de la vanidad de sus supuestos amigos, de las burlas amenazantes bajo un sol adormilado casi naranja.

Y la pelota sigue al viento, lo arrastra más y más aya del horizonte. Corre desesperado por alcanzarla. De pronto, el aire se ah quedado callado, pasmado, de ver al niño frente la pelota esperándola con sus brazos abiertos. La pelota llega a su pecho y el horizonte se ah perdido en la eterna sonrisa de su dueño.

Nada y nada hay alrededor, una pelota y su niño juegan tranquilos en el inmenso espacio en blanco, en un lugar sin nombre, en algún lugar. El viento trata de alcanzarlos, pero entre más lo intenta, más se va quedando atrás, más lejos de la pelota, más lejos de la sonrisa.

El espacio en blanco va pintando de naranja, de gris, del rojo de la pelota y el viento envidioso, enojado de la felicidad, hace llegar sutil y desgarrante la una dulce voz reconocida por el niño:

- ¡Pepe, ya métete a la casa, es hora de cenar!-

Las burlas amenazantes regresaron, el viento intento por última vez arrebatar la pelota al niño, pero él la abrazo con tal fuerza, que todo volvió a pintar de blanco, junto a su pelota, feliz en algún lugar…

Cuando una mujer te sostiene la mirada, no es porque esté profundamente cautivada por tí: en realidad lo que hace es darte una ilusoria sensación de poder para que en efecto seas tú el que se someta a su seducción. En algunos casos, esta femenina artimaña psicológica tiene un final feliz - al fin y al cabo seducir es un juego de dos - pero en la mayoría de los casos el resultado puede variar entre amargura, dolor, decepción o simplemente aburrimiento.Recuerdo todavía esas intrusivas pupilas que me hicieron pensar “¡la tengo muertita!”…

Hablamos, nos presentamos y seguimos hablando:

- ¿Qué música te gusta? -
- Rock, más que todo, pero escucho cualquier cosa - Le dije, intentando ser amplio.
- Ah, ¿sí? A mi me encanta… -

Y empezó a hablar de cantantes, ritmos, bandas… ¡nada la paraba! Hasta que por fin dijo algo interesante:

- Esta noche estarán unas amigas en mi casa, vamos a escuchar el nuevo CD de “Grupo X”. ¿Quieres ir? - “¡Ou la lá!” pensé.

Y ahí estabamos. Al principio la cosa pintaba bien, en la sala, yo, bendito entre las mujeres. Al rato llegaron los “galanes” de las amigas, pero pues bueno: charlábamos, comíamos pasabocas y bebíamos… mientras escuchábamos música ¡por supuesto!

A las tres horas comencé a notar una fenómeno siniestro en la escena: todos los presentes, exceptuándome (porque sólo estaba diciendo “ajá, sí, bien” y etcétera), habían estado todo el tiempo hablando de música; bueno, eso cuando no estaban mascando, tragando, bebiendo o cantando. Analizando un poco más la situación, noté que todos tenían bonita voz y sabían tocar un instrumento (especialmente la guitarra). ¡Tonto de mí! ya era muy tarde cuando me di cuenta de la aterradora situación en que me hallaba: ¡esa bruja me había metido en un maldito nido de músicos!

Somos

Sé que es difícil. Demonios, yo mismo lo he intentado varias veces sin conseguirlo. Pero es necesario. Además me preguntas que por qué tiene que estar uno solo en todo esto. Bueno, porque, simple y sencillamente, no le va a servir a nadie más. ¿Me entiendes? A final de cuentas sólo tú puedes apreciar el esfuerzo que te costó, qué fue lo que te motivó, por qué decidiste no regresarte, o por qué sí lo harías.

Todas tus preguntas tienen respuesta, pero carajo, no soy yo el que las responderá. ¿De qué me sirve? De todas formas tus preguntas y las mías son diferentes, tú y yo somos esencialmente diferentes, todo lo que provenga de tu mente será, en alguno u otro aspecto, diferente a lo que provenga de mí.

No, por más que lo intentes, no somos iguales, sólo remotamente parecidos porque hablamos el mismo idioma y sufrimos las mismas pruebas. No le des más vueltas. Ya lo entenderás, si no flaqueas. Tú pintarás tu línea de vida y yo la mía. No hay más que decir al respecto.

¿Que por qué se hace todo esto? ¿No lo has entendido? Sólo te puedo explicar si te rindes, pero eso quiere decir renunciar para siempre a lo que te espera.

En efecto, la clave de todo es que somos cosas tan profundamente distintas. Eso es lo que rompe la monotonía y es la base para crear cualquier cosa. Tú no eres igual a mí y por eso podemos, juntos, cumplir y crear y soñar y hacer todo cuanto se pueda imaginar, la perfecta armonía para siempre.

O mejor dicho, lo podríamos haber hecho.

Por fin después de tanto dolor despierto, lo veo esta ahí, ¿creo que es mi cuerpo? ¿Y por que me siento tan libre? un momento ¿acaso estoy muerto? Sin embargo me siento tan tranquilo pareciera que de nuevo, por un instante, realmente vivo, será cierto ¿deberás estoy muerto?, si aun del trinar de aves me encuentro atento, si aun del caer del agua me siento inquieto.

Hey hey niño! , deja, no, ¿que haces? ese es mi cuerpo. Escúchame, hey escuincle! no no tomes mi brazo, déjame en paz .

-MAMA! mira esta muerto.

-Déjalo niño ten un poco de respeto.

-Pero si ya ni siente.

-No pero algún día lo hizo.

-¿Y según eso era mi padre?

-Si algún día fue un gran tipo

-Que lastima no parece, por el no hubiese dado ni un quinto.

¿Que?, ése es mi hijo?, ¿por que saberlo ahora?, por que ahora que ya no vivo? y justo ahora que aunque ya muerto me siento vivo.

Tantas preguntas, tanto vacio…

Esta luz, este astio, un momento, esa señora, ¡no es mi esposa!

-No señor, ¿ya la recuerdas?

-¿y tu quien eres? ¿Que es todo esto?

-ella es tu madre y esto el infierno.

-¿O QUE ESPERABAS? te suicidaste. Y por eso te toca verlo ahora que según te liberaste comienza el dolor mas intenso, de los mortales tu te alejaste, pero eso era tan solo el comienzo, creíste con tu acción deslindarte, jajá bienvenido, esta es la entrada al verdadero tormento.

-Esto es un sueño, no puede ser cierto.

Claro ahora lo recuerdo, el frasco vacio en mi mano izquierda y el vino tinto fue el complemento pense liberarme y aunque lo siento mi alma presa, me lo merezco.

 

-¡Atención, timón a estribor! ¡Actúen como si estuvieran vivos, hombres! ¡Tú, atención al sónar!

La tripulación se movía como una máquina perfectamente calibrada, llevando al navío a través de un mar tan azul como el cielo. Hay pocas nubes allá donde firmamento y océano parecen unirse y sólo los más valientes -o locos- se atreven a llegar. A pesar del trabajo, hay una relativa calma; pero eso está por cambiar.

Una de las alarmas se deja escuchar. Toda la tripulación eleva la mirada dirigiéndola a la fuente del sonido. El capitán se acerca al operador del sónar y, seriamente, con voz profunda pregunta:

-¿Qué es?- su voz es tranquila, profesional, pero se puede adivinar cierta ansiedad. Casi se diría que hay emoción.

-Aún está lejos para saberlo con certeza, Capitán. Podría ser un banco de peces… un gran banco de peces.

-Usted lo ha dicho, es demasiado grande para ser un banco de peces. Es demasiado grande para ser cualquier cosa. Encienda el altavoz, quiero escucharlo.

El interior del puente se siente denso. El silencio es pesado, bochornoso. Todos esperan el sonido, conteniendo la respiración. El operador del sónar obedece la orden recibida y el sonido del océano llena el lugar. Entonces escuchan el canto. Es inconfundible y estos hombres acostumbrados a los peligros sienten cómo sus pieles se erizan, saben lo que viene y están listos para enfrentarlo. Miran al capitán, ven su expresión sonriente, triunfante.

-¡Todo a babor! ¡A sus puestos! ¡A las armas!

Obedecen. Hoy pueden alcanzar la victoria o perderse para siempre siguiendo a este hombre cuya obsesión raya en la locura. Esperan encontrar la gloria acompañando al mutilado Capitán Ahab a bordo del Pequod. En las profundidades el enorme y blanco cetáceo percibe peligro y se prepara para el ataque. La batalla está por iniciar.


El Satánico Dr. Iosephus

Tengo un frío tremendo y una sensación de miedo que van desde el esófago hasta la parte más infinita de mi sexo. Mis ideas, mis dudas, mi cuerpo erizado, todo esto que soy ahora se ha convertido en la punta del iceberg.

Mi consigna es no mirar más que hacia delante. [tal vez el movimiento es la consigna primordial]

En lontananza, veo la línea imaginaria del silencioso mar que nos separa. Debajo, en la transparencia veo la razón de todo esto: el iceberg en sí, el monstruo colosal que me sostiene. Mi desobediencia, desata su furia y empieza a extenderse sobre mí, cristalizándome por completo.

Mi misión es conservar la semilla, la esencia vital que armoniza la conciencia de todos los seres, que los pone en contacto consigo mismos. Y he fallado.

Antes de sucumbir, dentro de mi mente encapsulo con el poco calor que me queda, mi último recuerdo: la canción que escucho en mi mente.

Quedará para la posteridad, preservada en el hielo junto con mi cuerpo. Ella estará intacta, mi carne en cambio se ha corrompido.

En el futuro, espero, esa canción-semilla continuará avanzando por caminos no conocidos, fiel a su instinto, al impulso que la ha creado.

Abandono ese recuerdo, ese fragmento de conciencia y me des-enajeno.

Mientras el resto de mi conciencia se precipita hacia el universo, alcanzo a mirar en perspectiva el iceberg, la razón de todo esto y comprendo esa verdad colosal y transparente:

Todo, lo que he sido, lo que he vivido, lo que he sentido, TODO se desvanece.

Inexplicablemente, mientras me interno en la oscuridad absoluta, ya sin ninguna esperanza, comprendo mi soberbia y percibo nuevamente la melodía.

La semilla sigue ahí, transmitiendo con su lenguaje universal, ella sigue, ella permanece.

Los dedos ágiles se movían con gráciles movimientos haciendo vibrar las cuerdas de la guitarra. La mujer de larga melena movía su cabeza acompasada con las notas que salían del instrumento en cascadas de armónicos sonidos. Su otra mano marcaba los trastes para varias los tonos y crear nuevas notas. Aquello era un espectáculo digno de ser escuchado.

Inclinada sobre si misma, sus ojos cerrados y su rostro cubierto casi en su totalidad por sus cabellos, no permitían saber que podía estar pasando por su mente. Sentada sobre un taburete de largas patas, una pierna cruzada sobre la otra, la mujer seguía tocando sin pausar un segundo.

Al principio, sólo ella era visible en el oscuro recinto, una luz blanca, brillante caía justo encima de la mujer convirtiéndola en el centro de un universo encerrado en aquella extraña melodía. A medida que las notas iban y venían más y más sonidos se integraban a la melodía. Monotonías electrónicas unas, acústicas otras se incorporaban e iban en crescendo embutiendo los sentidos creando una atmósfera casi hipnótica de cadencia inescrutable para los oídos no educados. Sincronizadas por manos invisibles, otras luces se encendían junto a los nuevos sonidos, otros tantos intérpretes aparecían entonces y todos sin excepción cubrían sus rostros con largas melenas.

Estuve ahí sin saber cuanto tiempo, escuchando extasiado. Parecía que nadie había a mi alrededor y nadie parecía existir para los que frente a mi tocaban aquella música. Sentí como me desconectaba lenta pero irremediablemente, ya no escuchaba la música ni sonido alguno, sólo era transportado quien sabe a donde o por quien. Sólo mi cuerpo percibía a través de vibraciones lo que antes fuera música y que ahora se transmutaba en un vehículo que me llevaba hacia un infinito desconocido, ¿la muerte? Jamás lo supe, sólo desperté.

-Otro día más, otra huída más- fue el primer pensamiento de Lagarto al despertar. Roca y Lagarto iban en esa cansada caravana de sobrevivientes de los Elefantes Pecosos. La única esperanza para los metahumanos era irse al Contienete Oriental. Quizá en otro continente y con el Oceano de los Desolados de por medio, podrían encontrar la tranquilidad que dan las noches sin luna.

Roca se había enamorado de Lagarto aquel día que se habían quedado atascados en el Charco del Suplicio y él la había salvado. Sin duda, el que Lagarto respirara con branquias ayudó. Roca lo amaba a pesar de ser una especie inferior, sin la capacidad de emitir melodías y colores al pensar. Nunca vio de esa manera a un Rojo Cristal, pero al fin y al cabo, todos eran metahumanos.

Amanecía y los pájaros invisibles cantaban. Sin duda, para Lagarto era el mejor momento del día, ya que Roca pensaba con tranquilidad y emitía melodías color púrpura-naranja que embellecían el lugar.

Después de copular, vieron los gritos azules de otra Primavera Pura. Los Elefantes Pecosos estaban a menos de 300 kilómetros. La caravana apretó el paso, ajustando la velocidad con los rayos láser de reserva.

Eran bestias enormes y pesadas como la ausencia. Sus orejas les llegaban al piso, por eso eran llamados como aquel animal mitológico. Sin embargo no tenían ese largo apéndice sobre la cara y las 30 filas de dientes aterrorizaban a metahumanos e infrahumanos por igual.

Sentían como como la manada se acercaba… 200, 150, 100 kilómetros. Lagarto tomó a Roca del pelo de sus caderas y la llevó a la Cueva de los Hermanos del Sol. Sabía que era peligroso, por el rencor que éstos les tenían a los Primavera Pura (ya que no aceptaron el 44% de su DNA como metahumano), pero sin duda estarían más expuestos sin esa protección.

Así, agazapados, sólo les quedaba esperar otro día mas.

Sentada frente a ella, trato de lograr lo que me pide y relajarme. Imita mi posición y sonríe.

- ¿Estás lista?
- La verdad no.

Cierro los ojos, su mirada siempre me ha asustado. Escucho su voz.

- Estás lista. No lo sabes pero lo estás.

No contesto. Escucho mi respiración acelerada. Trato de controlarme. No quiero que ella lo note.

Y lo recuerdo:

Era yo una niña la primera vez que la vi. Durante una tormenta fuerte, se fue la luz en casa. Mi mamá prendió unas cuantas velas y dejó una en la habitación donde jugaba. Cuando salió del cuarto, me quité los zapatos y me puse a brincar en la cama, una preciosa cama con cobertores rosas y almohadones con tejidos de colores. La vela estaba frente al espejo. Un estruendo se escuchó y un rayo iluminó la habitación. Y allí estaba ella. En calma, me miraba brincar, se acercó a mí y brincamos juntas. Me sentía contenta, al fin tenía una amiga con quien jugar. Desde ese día fuimos inseparables.

- ¿Qué es lo que estás viendo? – Me pregunta de pronto.

Vuelvo a notar mi respiración agitarse. Empieza a envolverme un miedo espantoso, la terrible seguridad de que puede saber que pienso y observar cualquier imagen que visualice.

- ¿Porqué no me contestas?
- Perdón, no te escuché. – Miento. Siempre percibo su voz. Tan particular, tan profunda, tan ajena.

- ¿Qué viste?
- La última vez que estuve sola.

Un momento de silencio, lo suficientemente largo para animarme a abrir los ojos. Sigue aquí. Me mira apacible y sus ojos, aunque sonrientes, me siguen dando miedo. Es su silencio lo que me intriga. Pero me doy cuenta. Me levanto y camino hacia ella, mientras comienzo a llorar.

Y rompo el espejo.

La Oruga carece de voluntad, se deja llevar por su instinto. Éste le comanda colgarse de una rama del árbol más cercano.

La Oruga recorre lentamente el tronco hasta alcanzar su objetivo. Inicia la labor, se envuelve en la materia que ella misma ha generado. Ha quedado cubierta por la película de seda…

Crecer duele. Ignorada por el mundo exterior, la Oruga continúa su metamorfosis. Rompe la película… tiene alas y sabe usarlas. La Mariposa no teme; guiada por su instinto, emprende el vuelo…

De la tierra firme al aire hay una enorme diferencia. A nadie le interesa capturar una Oruga con una red, pero el ser humano ha sido atraído por la Mariposa la cual, luego de una larga lucha ha quedado presa. Imposible escapar.

La Mariposa y decenas de sus congéneres son liberadas en un jardín, en medio de una ceremonia religiosa. La gente aplaude.

Desorientada, se posa sobre un arreglo floral. Ahora es una mano infantil la que intenta capturarla. El pequeño lo consigue, presiona la Mariposa entre sus manos… es un perfecto regalo de bodas. Se acerca a la novia, en medio de la pista. El niño muestra su obsequio; la Mariposa advierte una oportunidad para escapar e intenta volar, pero cae… el novio, descuidado, cubre por completo alas, antenas y cuerpo con la suela de su zapato, añadiendo la presión ejercida por 87 kilogramos de masa. Obvio, la Mariposa muere.

El niño busca otra Mariposa.

••••••

El asesino-necrófilo-caníbal tiene una nueva víctima. Extirpa su cerebro. Fabrica un pequeño saco de fibras neuronales. Envueve su falo con el saco. Manipula hábilmente (tiene bastante experiencia). Antes de eyacular, retira el saco e introduce su miembro en la boca abierta del cadáver. Cocina los restos del cerebro en aceite de oliva.

Medianamente satisfecho, piensa en el hígado…

El primer ejercicio de este año, tiene muy pocas reglas. Los participantes deberán escribir un texto libre, de menos de trescientas palabras, basándose en la siguiente canción

Rola ejercicio 4

(Subí la canción al servidor para que puedan dar click derecho, guardar como y etcétera. Así la pueden escuchar desde la comodidad de su hogar. Además que la aplicación nos daba en la madre al sitio. Aprovechen para bajarla. La borraré cuando termine el ejercicio).

Deliberadamente el nombre del grupo y de la canción han sido omitidos, esto con la finalidad de no distraer, el texto debe ser resultado de lo que sea que les inspire la melodía; si les interesa, en el cierre del ejercicio se despejará esa incógnita*. Por cierto, ténganle paciencia al archivo, tarda un poco en cargar.

Tienen hasta las 23:30 horas del Sábado doce de Enero para entregar sus textos. Los cuales serán publicados a partir de las cero horas del Domingo trece.

Mucha suerte y escuchen bien.

*Quien(es) reconozcan la melodia y/o al grupo estarán en una relativa desventaja, nomás no se dejen influenciar por lo que saben. Recuerden mantener el “secreto”.