Ejercicio 5: Hombres Extraordinarios

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Muchas gracias a todos, nuevamente, por participar. Estén pendientes, el ejercicio SEIS se publica el Viernes 1 de Febrero.

No olviden que este es un taller comunitario, comenten el mayor número de ejercicios posibles; no solamente el suyo.

Confundido por el remitente, aquel hombre con las manos temblorosas abrió la carta y tras ponerse los anteojos para leer, miró la perfecta caligrafía y en voz alta recitó:

Estimado señor Sarmiento:

El motivo de esta misiva es para hacerle una atenta invitación para que se una al sindicato de personajes ilustres mexicanos.

Su participación es completamente necesaria pues las compañías editoriales están haciendo reajustes con nuestros personajes, y el de usted, es tan importante por el hecho de haber sido el primero que nació en la literatura mexicana, y porque gracias a usted se abrieron las puertas para muchos de nuestros compañeros hacia el mundo de los lectores.

A continuación le mando una lista de los personajes que se han unido a esta causa para combatir la tiranía de las editoriales.

Lucas Lucatero

El Pantera

Miguel Páramo

El Zarco

La familia Burrón

Memín Pinguín

La Malinche

Este es apenas el inicio de algo grande señor Sarmiento, el que acepte usted su misión como personaje ilustre, nos llevará a la victoria y lograremos que los niños recuerden a sus héroes mexicanos y se olviden de Harry Potter’s y de la literatura irreal y poco productiva.

Le Mando un afectuoso abrazo y esperamos su pronta integración.

Atte: Sindicato de Personajes Ilustres Mexicanos.

Periquillo arrugó la hoja de papel, la tiró a la basura y dijo a su esposa: -Si me uno a estos pinches locos, ¿luego qué van a leer nuestros hijos?- Dijo mientras se rascaba afanosamente el cuello y la cabeza.

Esmeralda balanceaba los pies y miraba fijamente a Doroteo. Él se hacía el desentendido. Volverla a ver lo ponía emocionado… nervioso, y furioso a la vez.

- ¿No me vas a decir nada, Doro?
- Nadie me dice así.
- Pancho. Mi Pancho. Ya no le hagas al cuento y dime porqué estoy aquí.
- Yo no quería verte, pero viene aquí en la lista.
- ¿Qué dice?
- Tengo que reunir a esta gente.

Doroteo le mostró la hoja a Esmeralda, ella la tomó mirándolo a los ojos. Y comenzó a leer en voz alta:
- ¿Lilus Kikus?
- Es una pintora que vive en la Huasteca, dicen que tiene el don de gentes y que si la tenemos de nuestro lado nos puede hacer publicidad.
- Mhmm… ¿Aura?
- Esa va a estar difícil, porque no saben si es mexicana, es de familia de mexicanos pero nació más al sur, el punto es que dicen que es una bruja que puede envejecer y rejuvenecer a su antojo.

Esmeralda no le creyó pero estaba divertida mirándolo, siempre le gustó su seriedad y la brusquedad de su voz. Siguió leyendo:

- ¿Las dos Fridas?
- Unas gemelas, creo que estudian en Yucatán. No sé para qué las quieren.
- O sea que no sabes para que es todo esto.
- Yo nada más los tengo que juntar.
- ¿Quién es Juan Vargas?
- Es un político retirado. No nos va a querer ayudar. Está ganando muchísimo dinero y la parte poderosa del país le sigue. Allí es donde entras tú.
- ¿Yo?
- Tiene debilidad por las mujeres.
- ¿Y luego?
- Sabes a qué me refiero.

Se miraron un largo rato. Esmeralda seguía sonriendo.

- ¡Ay Pancho! Con tantas esposas, ahora resulta que estás ofendido conmigo.

En la escuela de Macondo que alguna vez fuera el cuartel de su sobrino Arcadio, el coronel Aureliano Buendía aguardaba tranquilamente, perdiendo poco a poco la esperanza de que sus invitados llegaran.

-Talvez ya es muy tarde para todo esto –se reclamó el anciano-. Talvez no debí citarlos en este pueblo olvidado por Dios.
-O talvez no debió usted enviar a una señorita tan atravesada para reclutarnos –contestó Arturo Cova desde la puerta-. Coronel, un honor conocerlo.

Se veía agotado, la ciénaga que rodea a Macondo es casi imposible de cruzar, incluso para Arturo que se había enfrentado a la geografía amazónica, donde la selva decide quién es o no digno de penetrarla.

-¿Y Rosario? –. Indagó el coronel sirviendo un vaso de aguapanela al recién llegado.
-Se fue al Valle. Al ver que tardaba tanto decidí venir por mi cuenta.

En ese momento, tenía lugar en la hacienda El Paraíso esta conversación:

-Le repito señorita Rosario, me encuentro hundido en el duelo más profundo. No puedo colaborarle con la empresa que me propone.
-¿Sabés qué? Don Aureliano no necesita mariquitas como vos en su ejército. Por mí quedate con tu duelito. Suerte parcero.

Días después, mientras Arturo aprendía a fabricar pescaditos de oro, Rosario Tijeras llegó al pueblo. La guerrera, la de los besos con sabor a muerto, regresaba sola pero decidida a cumplirle al coronel la alianza que habían pactado tiempo atrás. Él quería recuperar la gloria de sus mejores días, ella amaba el poder.

-¿Encontraste a Efraín?
-El man no quiso unirse a la causa. Dizque anda de mucho luto por la tal María. Fresco patrón, sus pelaos y Cova son suficientes.

Aureliano acordó la partida esa misma tarde. Alejándose de su Macondo, consciente de que nunca volvería, pronunció las palabras que quedarían grabadas en Arturo, Rosario y su reducido pero fiel pelotón:

-Caballeros: ahora sí. ¡A acabar con esos hijueputas de las FARC!

 

 

Lo golpeo en el rostro, haciendo que retrocediera, chocando contra la pared, arrinconándolo, no tenía escapatoria. Todo aquel infierno acabaría en ese momento y ese lugar, Juan golpeo hasta que no tuvo mas fuerzas.
El cuerpo sin vida cayo al piso, el ruido de la armadura metálica resonó en toda la habitación.
Juan respiro profundamente tratando de calmar el ritmo desenfrenado al que había sido sometido.
Se dio media vuelta, recogió su ayate del piso, al que le dio un beso con la devoción religiosa que despertaba la imagen ahí impresa, para luego ponérselo encima de la playera de las Águilas del América. Algunos curiosos y testigos juran haber escuchado un coro de Ángeles celestiales cantar un aleluya cuando eso sucedió.
Salio del lugar, para encontrarse frente a frente con Malintzin, viéndose a los ojos por unos instantes.
- pinche Malintzin! – dijo en náhuatl – como es posible que te gustara el Cortes, si era un verdadero pendejo, quinientos pinches años y no entiendes, carajo! – grito en español.
Además de Malintzin, A Juan Diego lo esperaba Hector, un detective tuerto de apellidos extranjeros; Maria, con su ropa mojada y en las manos las eternas prendas de sus hijos, y por ultimo una mole humana de mas de dos metros de estatura, que cargaba una plancha de piedra de una tonelada de peso, como si no pesara nada.
Mientras se alejaba los cuatro caminando hacia el horizonte, en búsqueda de mas aventuras, para luchar contra el mal, no muy lejos de ahí un viejo ahuehuete volvía a florecer.

Demetrio Macías comenzó el ataque en el flanco oeste del Tepeyac. Los feligreses, furiosos y peligrosos como zombies con hambre atrasada, contraatacaron.

Cuando más de la mitad de sus fuerzas había sido abatida, Demetrio Macías se preguntó a qué horas llegaría el apoyo. Entonces, una explosión retumbó desde el flanco sur del cerro. Su comunicador carraspeó.

- Perdón por el retraso – escuchó.

- Eres un cabrón Lupe Arroyo.

- Espera que ya voy para allá y juntos subimos el cerro.

Las fuerzas de Demetrio Macías y José Guadalupe Arroyo subieron por el cerro abriéndose paso a machetazos y a balazos.

A la cima sólo llegaron Macías y Arroyo, junto con sus compadres, el Codorniz y Germán Trenza. Prontro fueron sometidos y capturados.

Cuando el combate cesó, salió del búnker una mujer ataviada de verde. Los miles de defensores del Tepeyac se arrodillaron santigüándose.

- ¿Porqué atacan mi iglesia? - preguntó.

Demetrio Macías le susurró a Guadalupe Arroyo.

- Es tu tocaya, tú háblale. A mi me da miedo.

- A mí también pero ya pronto terminará todo. Hay que distraerla hasta que el gringo llegue.

Guadalupe Arroyo se aclaró la garganta y dijo a la mujer.

- Convertiste a todo un país en adoratrices descerebrados tuyos.

- Lo hice por su bien…

El rugido de un motor interrumpió a la mujer. Venía desde lo alto.

Alzaron la vista y vieron un aeroplano precipitarse hacia ellos. Demetrio Macías y Guadalupe Arroyo reconocieron al piloto. Era el gringo. También la mujer lo reconoció.

- ¿Ambrose? - alcanzó a decir antes de que el aeroplano se estrellara.

La explosión del Tepeyac fue contemplada a lo lejos por dos hombres.

- Hasta ahí llegó esa puta disfrazada de virgen – dijo uno.

- ¿Y si no?

- Pues ya estarás reviviéndolos, Macario. Para volver a atacarla.

-Estoy bien, gracias.

 

-Sí señor, yo lo vi todo.

 

-Sí, claro que recuerdo.

 

-Eran dos hombres y una mujer.

 

-Sí, la mujer, ella era alta, cabello castaño claro, piel lechosa, tenía un gesto melancólico, de pocos amigos pero no por eso dejaba de ser hermosa. Sin duda era la líder, apenas y abrió la boca.

 

-A uno escuché que lo llamaron Chucho, era moreno, chaparro, tosco y muy feo.

 

-El otro era delgado, alto, tez blanca, un toque de arrogancia en su cara, parecía hombre de mundo. No tenía el aspecto de alguien a quien le falta el dinero.

 

-Entraron los tres juntos, ella a la derecha. De un golpe en la garganta derribó al guardia. “Chucho” fue directo por las cajeras, las arrastró del cabello hacia el centro del banco, donde estábamos todos. El otro sujeto habló con voz educada y firme mientras disparaba a las cámaras, nos pidió silencio y prometió no hacernos daño. No sé como abrieron la caja, tomaron el dinero y luego… luego… comenzaron a disparar.

 

-¡Contra todos! Niños, señoras, a todos por igual.

 

-¿Por qué me dejaron con vida? Por ser ciego. Ella les ordenó que no me mataran, no dio explicación, fue lo único que dijo. Los dos hombres obedecieron sin dudar, salieron sin prisa, como si no supieran que lo que acababan de hacer era malo o no les remordiera la consciencia en absoluto.

 

-Bueno, no se me ocurrió a mí realmente, en cuanto ellos entraron al banco una voz femenina, serena, casi maternal me dijo que tuviera fe, que fingiera ser ciego y nada me pasaría. ¡Yo tenía mucho miedo! Cuando comenzaron a disparar casi huyo, sólo pude rezar y mantener la cabeza erguida.

 

-Juan Diego señor, mi nombre es Juan Diego.

 

-¿Gabriela Infante? ¿Pedro Sarmiento? ¿“El Roto”? No señor, jamás he escuchado esos nombres.

El joven corría por los pulidos pasillos del edificio. Se podía adivinar, no sólo por su paso, sino por la expresión de su rostro, que el mensaje que llevaba era lo suficientemente importante como para correr. Se preguntaba cuál sería el efecto que la noticia que portaba tendría sobre La Liga. Se detuvo frente a una puerta de doble hoja y la abrió rápidamente.

 

-¡Atención! Ha llegado… la última… información… sobre… nuestros enemigos- dijo entrecortando las frases mientras trataba de tomar aire suficiente para seguir describiendo el hallazgo.

 

 

-Calma. Serrenidad y paciencia, serrenidad y paciencia. Toma airre y dinos ¿qué es esto que dices?- le dijo con calma tibetana su maestro y mentor. El joven se incorporó un poco más calmado y tomo una larga bocanada de aire usando una antigua técnica budista de respiración aprendida de su maestro.

 

 

 

-Disculpe, maestro. Lo que trato de decir es que nuestros enemigos ya han reclutado a un villano más.- Hizo una pausa casi dramática y continuó- El Dr. Philbrick.

 

 

 

-¡Hijos del Demonio!- espetó un tal Lucatero, fiel seguidor de la causa de La Liga.- Nomás eso nos faltaba, que esos cabrones ahora tengan a ese pervertido.

 

 

 

-Calma, debemos planear correctamente nuestra estrategia de ataque.- dijo el Enmascarado de Plata con una voz digna de un locutor pero moviendo los labios como si esa voz no fuera suya.- ¡No podemos permitir que continúen con sus satánicos planes!

 

 

 

-¡Viva Pedro Zamora!- gritó el Chihuila a quién le gustaba gritar esas chingaderas cuando se emocionaba.

 

-Claro- dijo El Payo, haciendo caso omiso del comentario- Debemos evitar que nuestros más grandes enemigos Miguel Ángel Cornejo y Carlos Cuauhtémoc Sánchez, continúen con el proyecto denominado Movimiento Alternativo Mejorador, Adecuador y Derrochador de Alegría.

 

Todos se levantaron listos para cumplir la misión más difícil que enfrentaba LA LIGA.

El Satánico Dr. Iosephus

Recuerdo aquella época en la que retomé la escritura, un paso pequeño pero importante fue haberme inscrito en un taller on line que me retaba a crear una historia cada 15 días, una pequeña obsesión in crescendo cuyo punto mas álgido fue la vez que me dieron en el orgullo, haciendo patente mi ignorancia literaria. Una sensación de desamparo, odio y humillación se apoderó de mí, sólo comparada con la vergüenza y el autodesprecio que siente un bulímico por su cuerpo… ¡que remordimiento! ¿Mi nueva meta? desempolvar en una semana algo de la literatura venezolana.

Tanto me sumergí en ese mundo que lo siguiente se convirtió en mi pesadilla recurrente por 7 putos días.

En el porche de una hacienda Maria Tolete se deshace en lágrimas porque el hijo de la patrona se murió asfixiado con el anillo, a su lado Blanca Nieves, con su cabeza llena de papillotes, trata de aplacar su llanto.

Una angustia impregna el aire limpio y fresco del atardecer llanero ¡algo raro estaba pasando!

Al galope en su caballo y con su infaltable pelo e’ guama aparece Florentino, había olvidado todos los santos que conocía y así no podía seguir enfrentando al diablo.

La extrañeza de la situación abría una gama de posibilidades, la niña Blanca Nieves se hizo a un lado y murmuró una plegaria ferviente en la que pedía que su cabello fuera crespo de una vez.

¿Sería esto la consecuencia de un nuevo intento de Doña Bárbara de atar a su destino a Santos Luzardo?

Consultaron dicha tesis con Juan Peña quien, como siempre, estaba dándole a su diente roto y por la locura del conjuro, pensó y contestó ‘así parece’.

Comienza entonces el debate neuronal entre estos personajes y deciden que Florentino, con los nombres de las santas y vírgenes que aún quedaban en su mente, se enfrentara a Doña Bárbara, para poner fin a semejante desastre y volver a la normalidad de sus respectivos finales.

Canek es libertad. Estaba él en algún donde dormitaba cuando a lo lejos, en el horizonte se dibujaba la figura de un niño que venía hacia él.

Canek se levantó, y esperó a que el niño lo alcanzara; traía un pequeño pajarillo en sus manos.

— ¡Ha muerto! — dijo el niño entre sollozos

Y Canek dijo:

— Tranquilo, niño Guy, que no pasa nada, porque las avecillas muertas son como los niños y solo despiertan, para poder volar majestuosamente hasta las manos de Itzamna quien les acoge con gran dulzura y los lleva a su hermoso jardín.

En la pequeña hacienda esperaba callada y solemne la señora Sofía, la tía Chofi, quien desde hacía años esperaba poder morir de verdad para poder ver a su amada madre, a quien se consagró lo que le quedaba de vida.

Sirvió los platos de comida a Canek y al niño Guy, se sirvió ella y comieron los tres callados mientras empezaba a llover afuera.

Los tres vivos, tan vivos que comían sin dejar sobras.

Tan muertos, los tres tan muertos.

Tan llorados por los indios mayas como por el buen Sabines. Tan imaginarios como aquel pequeño duende que nadie ve en Cuba llamado Fidel Castro. Tan reales que comían en la misma mesa aquella tarde en una hacienda en algún lugar de la península de Yucatán.

La noche parecía tranquila en San Juan, una fogata daba calor e iluminaba la cueva, la guitarra del jefe animaba a sus secuaces (como unos cincuenta) y a sus mujeres. Sólo uno de ellos estaba en el fondo, era el Charro Negro y nadie quería acercársele: un tipo con ojos como de fuego, tez blanca como de un cadáver, porque casi todos pensaban que era la muerte misma, pero con el tiempo habían aprendido a ignorarlo.
De repente llega Juan Charrasqueado, pero no llega solo: un niño lo acompaña, era güero, flaco, como de unos ocho años. El jefe dejó de tocar la guitarra y se dirige a su “tocayo”.
-Lo encontré cerca, estaba siendo perseguido por una bola de jinetes.
- Y tú niño ¿por qué te estaban persiguiendo esos tipos? Respondía el líder de forma seria, creyendo que aquel los podría meter en un problema.
-Trabajaban, como yo, para la hacienda en que vivía- contestó llorando.
-¿Cómo que trabajaban? –preguntó el Charrasqueado.
-Sí, es que yo maté al patrón. Ese pendejo había violado a mi hermana. Un día el hacendado regresó de ajusticiar a un tipo que le estaba robando ganado, dejó un arma en la mesa y yo estaba limpiando. La tomé y le clavé una bala entre los ojos, después agarré un caballo y huí…
-¡Pinche esquincle! Salió cabroncito…- Dijo un hombre que tenía en brazos a dos mujeres. El infante había visto esa cara en un periódico de la capital: era el “Tigre” de Santa Julia.
-Mátenlo, nos va causar problemas- Dijo un cincuentón vestido de charro con incrustaciones en plata.
-¡Cállate Zarco! Que para la otra te dejo colgado- Gritó el Charro Negro al bandido, que se calmó al instante.
-¿Cómo te llamas pequeño?- Le preguntó
-Do-Doroteo- Respondió con las palabras cortadas por estar llorando.
-Jefe-decía Charrasqueado- el niño traía esta pistola. Mire, está rotulada…
-¿Francisco Villa, eh?- sonrió mientras leía la firma del arma. -Bienvenido seas “Pancho”, mi nombre es Juan Menchaca y estos son los nuevos Gavilanes: aquí te vas a hacer hombre.- Sentenció.

Nadie consiguió explicar cómo había llegado hasta su mundo.

La encontraron consolando a Tom. Descubrieron entonces que ella había sido un personaje del mundo real.

—Acá somos todos producto de la ficción — reclamó Gray

— Perdón… ¿y yo? — cuestionó El Santo

— Tú también eres ficticio… estás aquí por tus películas. ¡Demonios! con tanto agregado cultural esto se ha vuelto un desorden — observó Banner, quien empezaba a ponerse verde.

El caso es que la llevaron a juicio por disfrazarse de ‘hombre ficticio’ cuando era una ‘mujer real’.

Távora, encargado de la defensa, argumentó que:
1) la mujer era extraordinaria
2) no estaba prohibido llevar disfraces (varios de ellos lo hacían)
3) no era considerado delito transportarse de un mundo a otro (ya Nemo había realizado algunos viajes en busca de piojos fosilizados)
4) algunos de ellos habían sido perfectamente atendidos y curados por ella mientras convalecían por heridas y enfermedades adquiridas en batalla.

Távora no tuvo mayores dificultades. Incluso en el veredicto, ella recibió un homenaje por parte del jurado: considerando que ‘INOCENTE’ o ‘CULPABLE’ no eran adecuados para la situación, declararon a la mujer ‘ACUSADA SIN RAZÓN’.

Al salir de la sala, el Conde se le acercó por una simple curiosidad:

— Dígame, hermosa Dama, ¿por qué lloraba el pequeño Tom?

— Al parecer, el niño es más sensible de lo que cuentan.

— Pero… ¿cuál era la causa del llanto?

— La lectura de un poema: ‘Nocturno a Rosario’.

En los años treinta, México tenía aún muchas cuestiones que resolver y que venían de los rezagos de la Revolución. En ese estado de cosas, ¿quién iba a encargarse de una situación tan absurda y aparentemente ridícula? El problema era que los testimonios sobre la presencia de ciertos seres horrendos que atacaban a los animales en las zonas rurales aumentaban peligrosamente. De no hallar una discreta solución a esta latente amenaza, el país se vería enfrascado en otro desorden público que traería de nuevo el caos.

 

Si el asunto fuera solamente de valentía y un pequeño ejército, Victor Sanchez Chagollan ya habría mostrado de quien era descendiente, pero dadas las características del enemigo, se necesitaba añadir elementos “especiales”. Si la causa era justa, o mejor dicho, si la causa era su amado México, Victor no dudaría en encontrar los medios para hacerle frente a lo que fuera; con este espíritu fue como logró reclutar a tres extraños personajes a su selecto grupo: Juan Preciado, un joven que tenía el raro habito de hablar solo; Dolores, la melancolía encarnada en una mujer de no muy buen aspecto, siempre vestida de blanco. El último hombre no quiso revelar su verdadero nombre, aunque en las lujosas mancornas de su traje se alcanzaban a notar las iniciales A. C.

 

Hoy en día suele hablarse de los “chupacabras” como misteriosos casos aislados de poca credibilidad. Si no fuera por el hombre que tenía la percepción de la dimensión de los muertos, el sujeto anónimo que buscaba redención por su corrupto pasado (quizás después de saber que era incapaz de morir) y la mujer espectro que vencía el hechizo de estas siniestras criaturas, Victor Sanchez Chagollan no habría podido evitar la propagación de una aterradora plaga.

Francisco Aldebarán bajó del tren en el que viajaba desde Cuévano y se dirigió a la atascada casa de cambio. Necesitaba cambiar sus pesos de abajo por dorados. Era una chingadera viajar en lo que fue México desde la Guerra Senderista, que partió al país en 18 jodidos minipaises.Casi llegaba a la caja cuando la cerraron sin dar explicaciones. -Pinchis Culichis güevones- pensó y se fue al bar de la estación a cagar. Ya liberado de la presión en sus intestinos, ordenó una cuba.

Con la valentía que da el tercer trago, se acerco a Crisanta Cruz, quien portaba un prominente escote. Crisanta dijo vivir en la Monarquía Católica de la Nueva Galicia y estaba esperando a su amado para la sesión del comité de Reunificación.

-Que mamada, seguro que esta mochita nomás lo dice para que la deje en paz- pensó Francisco. Así que decidió esperar al mentado comité.

Minutos después, todos los integrantes habían llegado: Juan Preciado, Tita de la Garza y por supuesto Don Regino Burrón, artífice del Plan de Reunificación. Tlacotzin y Crisanta sacaron el Tequila, que no se exportaba más que a Europa y Asia.

-Primero unas copitas, después lo importante- dijo Don Regino.

Dos botellas después de brindar por lo chingón que fue México, de cantar rancheras y de vivas a Hidalgo, aquello era un desmadre. Tita hablaba por celular con MamaElena y se disculpaba llorando por no llegar. Crisanta y Tlacotzin fajaban casi pornográficamente y Juan preguntaba a cualquier sombrerudo si era Pedro Páramo.

Don Regino hablaba con Francisco de la chingadera que es vivir en el Imperio de Chilangolandia con un contacto físico que, a pesar de su borrachera, Francisco lo sentía bastante puñal.

Dijo ir al baño, pero Francisco se subió al primer tren que pasó. -Mis güevos unificados, que!- pensaba mientras orinaba la tierra mexicana que se asomaba entre los vagones.

Un lugar común puede convertirse en excepcional, sólo depende de quién pase por ahí.

Como aquella taquería de Coatzacoalcos: “Tacos Los Lagos”. Un lugar acogedor, limpio, con excelente servicio y donde tienen la costumbre de fotografiar a sus clientes, para posteriormente pegar la foto en una pared del recuerdo. Como otros tantos establecimientos donde sirven el exquisito platillo. Pero el detalle estriba en que resaltan una imagen muy especial, la de una celebridad, alguien que cuando disgusto su orden en aquella ocasión aún era una humilde paisana. El marquito rojo es de la vez que Salma Hayek se atascó con una orden de tacos de cabeza. La gente que iba a “Tacos Los Lagos” iba porque, la ahora diva, alguna vez estuvo ahí.

—No mames loco, aquí estuvo la Salma.
—Sí caon, esa vieja tiene un culo bien sabroso.

Aunque no tenían más clientela de la normal.

Hay otro lugar común por el que estuvieron de paso personas extraordinarias. Aunque nunca lo supieron como tampoco lo supo el dueño de los abarrotes “Manolín” y su impecable mandil blanco que tiempo después se tiñería de rojo.

Rodolfo Guzmán Huerta estaba de paso junto con su hijo, “necesitamos algunos víveres, comprémoslo en esa tienda”, aquella parada interrumpía el viaje que emprendían para entrenar al sucesor de la dinastía que iniciaba con Rodolfo Guzmán, dinastía de luchadores del pueblo y defensores de los débiles. Aquel día en particular se tropezaron con otro individuo que traía a una señora en la espalda, una señora que parecía estar en los huesos, simplemente lo ignoraron y acabando de comprar siguieron su camino. Jesús Pérez Gaona que había viajado tanto estaba en la necesidad de un aguardiente y sin un céntimo intento negociar con unos pescaditos de oro que le había “prestado” un coronel de Sudamérica.

Algunos más pasaron por esa abarrotes pero nunca supieron que tuvieron ese lugar en común.

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Referencia que hará falta aquí.

- ¿Cuál es la puta diferencia Gabriela?

- Sencillísimo, a mí todo el mundo me desea, y tú nomás llegaste a “casi bonita”. No es mi pedo, reclamale a Xavier.

- ¿Y quién te crees tú para decir si entro o no entro en tu dichosa clasificación?

- ¿Qué es mi clasificación? Yo qué sé Violetta, cuando yo llegué ya estaban los géneros y todo eso. Yo no tengo la culpa de que mi mayor logro haya sido conseguir auto, departamento y una nueva vida con tan sólo un movimiento de pestañas, y tú hayas tenido que cruzar el río Bravo en una maleta, menuda ocurrencia, jajajajajaja.

- Pues fue mucho más original. En eso si es muy diferente mi Xavierito, no como otros…

- ¡Ahh, no! ¿Qué quieres decir escuincla? ¿Qué Don Oscar no es original? Dime cuando en sus ordinarias vidas mis lectores se habían orgasmeado tanto como con mi escena en los rayos equis, dime cuándo?

- ¡Noo, Gabrielita! Más bien parece que Don Oscar, era fan de The Chemical Brothers, nunca viste el video de Hey Boy, Hey Girl, jajajajajaja

- ¿A ver nenita, cómo te tengo que decir, que al menos por experiencia, te doy seis vueltas y de regreso?

- ¡No es justo! Yo estoy más in.

- Pero en astucia y arte, nadie me gana, Violetta. Mira, aquí entre nos, ¿sabes qué fue lo que me puso en dónde estoy?

- ¿La escena del trenecito con los strippers?

- No. Pues es una historia curiosa que finalmente no quedó en la trama…

-¡Cuéntame!

- Hay un personaje que fue muy cuestionado en las correciones del libro. Era un escritor, medio bocón con el que me topé en el Club. Como desde el principio a Don Oscar le cayó gordo, pues decidió jugarle una bromita. Así que un día, me hizo salir en topless de la piscina y caminar directamente hacia él, ya sabes… desbordando sensualidad, el agua resbalando entre mis nenas y todo eso… Don Oscar terminó quitándolo, porque la acción, le pareció excesiva, faltaba a la verosimilitud…

- ¡No mames! ¿Con verte las tetas qué pudo pasarle?

- Pues mira, como Don Oscar no escribe precisamente realismo mágico, quién le iba a creer que nomás por verme así, el pendejo ese se volvería estrábico.

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Todo está permitido, Oscar de la Borbolla

Diablo Guardián, Xavier Velasco

-Señor Rangel, el país está en pánico, no sé cómo pero la noticia llegó a las televisoras e imprudentemente la difundieron. ¿Qué vamos a hacer?…-Nada podemos hacer Gerardo. Estados Unidos está a horas de atacarnos y nosotros simplemente no tenemos defensas, hay un abismo de diferencia de poderes.-¿Y el proyecto liga extraordinaria? Tenemos la máquina del tiempo, para traer héroes, los necesita el pueblo.-Los necesitamos, pero no los tenemos. Porfirio Díaz dijo que si no lo hacíamos presidente no peleaba, él era nuestro gallo.-¿Qué tal el santo?-Pura fantasía, igual que la lucha libre en general.-¿Y Hugo Sánchez?-Está en Madrid, se decidió a ayudar a los españoles por si los invaden también.-¡Los niños héroes!-¿Para que se suiciden? Mucha pinche ayuda.-Podría ser el subcomandante Marcos…-Lo trajimos y no hemos podido ni hablar con él, lleva 2 días mariguano.-Bueno, Vicente fox, ¿no?-Su nieto, el presidente, por su imprudencia tiene al país en esta crisis, ¿le hablamos al abuelo?-Bueno bueno, Zapata, Villa, Morelos…-Ninguno es viable, ya los pensamos y a varios les hablamos, no sale nada. A muchos les pagaron los americanos para que peleen por su causa.-Entonces hay que crear uno, algún civil.-En México eso no pasa, aquí no hay héroes, nadie quiere serlo. Nadie mira por los demás, este no es un país donde salen campeones de cada rincón, de cualquier casa; la mentalidad aquí es otra, de huevones agachados, por mucho que nos disguste.-No pues está duro, oiga, señor Rangel, ¿y si traemos a Batman? Ese sí es bueno, ¿qué no?-Ay muchacho, Estados Unidos no nos invade, nos conquistó desde hace mucho. No hay más por hacer, te lo digo porque soy mexicano.

YO estaba, como todos, ya en últimas de la revolución. Los jefes habíanse vuelto buitres y comido entre ellos y cada quién había de verse para sí mismo y por sus avances. No todos quisimos entrarle a la bola así, tan despatarradamente, pero lo que eran Demetrio y su vieja esa insoportable Pintada, “El Plateado” y Don Juan Manuel saqueaban y daban bulla tan meco que costaba faenas mantenernos secretos; sólo el Jolote se limitaba a obedecerme, trago por medio, por supuesto. Seguíamos la traza de la sierra más allá de los carranclanes para topar el convoy de Porfirio Díaz…….

ÉL conocía bien la fuente de su temor: Porfirio Díaz. Griffin le había contado, a la salida del Mesón Veracruzano y valiéndose de su invisibilidad, cómo el General Díaz reclutó científicos afamados de La Gran Exposición Parisina de 1900 para proveerse de fuerzas militares tecnológicamente capaces de retomar el país. También dijo haber presenciado al ingeniero Gustave Eiffel y al Dr. Viktor Frankenstein modificar el cuerpo de Díaz, complementándolo con maquinaria y armas; haciendo del General un monstruo mecanizado, muy alto y peligroso y tal vez, hasta inmatable.

Fue cosa de Artemio reunir al grupo. Al Zarco sólo tuvo que bajarlo de la horca y azuzar su cuerpo plateado hasta regresarle la vida; Don Juan Manuel venía huido por sus homicidios y a Juan Pérez Jolote simplemente se lo apeó del brazo. El General Demetrio Macías fue difícil de hallar así que primero tuvo que liarse de amores con la Pintada y luego de unos ungüentos en el rabo, convencerla de buscar a Su Generalito, allá en el monte.

La noche del ataque se planeó que Juan Manuel asesinara a los guardias sin tumulto alguno, Zarco inhabilitara las baterías enemigas y el Jolote, con la losa del Pípila, protegiera a Demetrio hasta posicionarlo a un disparo; certero sobre la cabeza de Díaz.

Esa noche, el General Macías, borracho a tutiplén, no pudo aguantar sus nervios y a media emboscada prorrumpió: -Arriba muchachos-…

Ixtepec sabe que nunca, ni muerto podrá parar -C.F-

Conté solo 14 casas que apenas se dejaban ver entre los árboles. Polvo y solo polvo nos dio la bienvenida, había niños que caminaban descalzos y nos veían con extrañeza, después supe que habían pasado años desde la ultima vez que alguien se bajó de un autobús. Lo ultimo que escuche antes de bajar fue la voz del chofer preguntando ¿Seguro que se va a quedar aquí joven?

Lo primero que me tomo por sorpresa y me hizo reír era el letrero arriba de las dos bancas que jugaban a ser plaza alrededor del quiosco “Bienvenidos a En Nombre de Dios”, busque a lo largo de la callezuela mi destino, no era difícil reconocer la casa que buscaba, era la única de donde no se había asomado ningún niño. -Pasa-, me dijo al estar en el umbral de la puerta, me senté y después de saludar me ofreció algo de beber.

Sabes a que he venido y no quisiera hacerte perder el tiempo -dije-. Me da gusto que estés aquí, pero hoy me marchare al igual que tú, solo te esperaba para poder volar -contesto-. Le dije que no quería mas explicaciones, solo dime porque desperté una vez en este mismo cuarto y no volveré mas, levante los ojos intentando verla aprovechando su cercanía al beber del te que me sirvió. ¿Quieres saber por que estas aquí? es sencillo, nunca soñaste que estuviste aquí, solo saliste un día pero jure que te haría volver, no importa que te hayas ido antes, seguí tu camino, no eran tus pasos, era mi voz la que te guió de regreso. Se rió y pude ver sus ojos verdes como esmeraldas que ahora brillaban, y ya acostumbrado a la poca luz casi di un grito al reconocerla, ¿Tú? Si -contestó-, Y se fue y no pude, ni quise detenerla.

Hoy estoy aquí, en el lugar al que me hizo volver, se que nos encontraremos otra vez. Estoy sentado solo en una de las dos bancas viendo jugar a los niños descalzos, pero al igual que antes ella me hará alcanzarla. Y ya no estaremos tan solos ni tan niños.

-¡Órale, cuantos juguetes! –exclama Juanito al entrar en la feria.

-¡Sí! –responde Omar, su hermano menor, quien señalando con el dedo hacia un concurrido local le comenta: -¡Y mira, ahí están los muñecos!

Ambos niños corren para contemplar a los héroes y villanos dentro de cajas de plástico.

-¡Ah, el capitán Nemo! –detalla Juan-, ve Omar aquí están los personajes de la película que vimos la otra vez.

-Huy pero esa película está bien aburrida y además dice mi tío Carlos que esos no existen, que son inventados.

-No, mira el capitán Nemo viene con su arpón y aletas… ¡está padre!; ya sé, le pedimos a los reyes estos de aquí: Nemo, este que es Yequilmisterjai, el que se hace monstruo, y este el hombre invisible, y hacemos un ejército y que luchen contra los malos de todo el mundo.

-Bueno, ¿pero cuáles malos? –pregunta Omar.

-Ah pues los transformers, esos que los reyes nos trajeron el año pasado.

-¡Ah sí!

Pero en ese momento Juan desvía la mirada y observa el local de enfrente: lleno de pequeños luchadores de plástico en desafiante actitud.

-¡Ve Omar, los que nos llevó a ver la otra vez mi papá! ¡Los luchadores esos, que luchaban!

De inmediato los niños dejan los muñecos que tenían en las manos y corren hacia el puesto de enfrente.

-¡Órale, ve Juan, tienen sus capas, y máscaras, y un rín!-¡Mira, este es Bludemon! ¡Y el doctor Vagner! ¡El Místico! ¡Huracán! ¡El Santo!

-Mejor le pedimos estos a los reyes para que luchen contra los malos –propone Omar-, están más padres y además a estos sí podemos ir con mi papá a verlos luchar en el rín.

-¡Sí mejor, estos si son de adeveras!

Rapaquiwi.

3:34 p.m. En la guarida de la liga

- El Fajamaleón secuestró a Lupe tres piedras – grita Falopio.
- En este momento le han de estar dando violín entre el y sus secuaces - responde Condonman aventando su “sensacional de maistros” – hay que convocar a los demás –

Mientras tanto, en el centro de sano esparcimiento “El éxtasis de los dioses”.

- ¡Chaaaale, Drucker!, la condoseñal – Señala el Naco, botando a su curvibuena amiguita
- Rápido, vámonos antes de que nos cajetén como la última vez – contesta Drucker – Nomás me refino esta ultima bironga y le llegamos -

4 horas y 6 cartones después, ya en la guarida.

- ¡A ver a que horas cabritos! – vocifera Condonman.
- Pssss, es que no dábamos. Y, pos, está bien relejos – Se justifica el Naco
- ¿Ya estuvo, no? – dice Drucker encabritado - A ver, ¿que coños pasó? -.
- Pos que el Fajamaleón le dio el levantón a la Lupe – explica Falopio.
- ¡No succiones! ¿A la Lupe? – Repite el Naco - Vamos a partirle su mandarina en gajos –

2:15 a.m. En la tenebrosa, caliente y húmeda cueva del villano.

- ¡Ja,ja,ja,ja,ja ora si mamacita vas a probar lo que es bueno!- advierte el Fajamaleón mientras recorre a Lupe con cachondas miradas.
- ¡Noooooooooo, por allí no!- Se desgañita gritando Lupe – Mhhhh. Bueno, pero nomás despacito -
- Déjense hay y levanten las manos cabritos, ya les cayó la de hacer niños – Amenaza Drucker sujetando su potente arma.
- ¿Y a ustedes quien jijos de la tiznada los llamó? - Replica molesta Lupe.
- Utssss… que genio, si ya nos íbamos – se disculpa apenado Condonman – ¿Regresamos en una hora pá llevarte a tu casa? –
Al alejarse, se escucha entre pujidos la voz entrecortada del villano diciendo: ¡Mejor que sean dooooos!

Y cuando despertó alushe todavía estaba ahí… pero el santo se había ido.

Juan Hilario se hallaba sentado, pensativo, desde que asumiera el liderazgo de la patota de los espantos extraordinarios sus responsabilidades y deberes ocupaban la mayor parte de su tiempo. Junto a su amigo El Silbón, el demoníaco perro Tureco (quien seguía con la costumbre de morderle los talones al Silbón) y Florentino, el que venciera al mismísimo Lucifer cantando coplas llaneras, habían decidido unir esfuerzos en favor de los desvalidos espantos, las almas en pena, uno que otro demonio y por supuesto todos los seres malvados. Pero ahora Juan Hilario no tenía paz consigo mismo, no lograba encontrarse, ni sentirse bien en modo alguno. Ahora todo era horrible para él.

Todos sabían lo parrandero que era Juan Hilario y lo habían designado líder de la patota justamente por eso. Pensaron que así evitarían que se fuera de rumba en vez de cumplir con sus deberes, sin embargo, el viejo Juan Hilario había llegado al colmo de la desesperación, de ahí la meditación en la que se hallaba sumergido.

– ¿Qué me le pasa Juan Hilario? – preguntó Florentino que entraba a la habitación.

Detrás de él, avanzaba a grandes zancadas El Silbón quien se quitó su gran sombrero y dejando caer su saco lleno de huesos miró a Juan Hilario con ojos escrutadores. A sus pies, Tureco el perro maldito también miró inquisidor a Juan Hilario. Sin dejar de morder los talones del sombrerúo observaba calmo y preocupado a su jefe.

– Si cámara, ¿qué vaina es? – Preguntó a su vez el larguirucho espanto, luego le preguntó a Florentino: – ¿Tu sabes que le pica al guapetón éste? Ahora no quiere hablar con nadie.

– ¿Qué carajos va a estar pasando nada par de pendejos? – Gritó Juan Hilario levantándose con brusquedad del chinchorro. Miró a sus compañeros con rabia para luego concluir: – ¡Quiero una cerveza!

¿Le gusta lo que ve profesor Bermúdez? – Pregunta el andrógino mesero.

Bermúdez no contesta, la mujer que se desnuda, lentamente, frente a el lo tiene arrobado. El pelo que le cae a los hombros es casi tan negro como las intenciones que bullen en el cerebro del viejo.

- No sude tanto, profe, aun falta lo mejor, hoy tenemos la promoción de dos por uno.

Galio siente que alguien toma asiento a su lado, al voltear a su derecha ve a la misma mujer que baila frente a el, o eso le parece por un momento. Regresa la mirada a la pista de baile y comprueba, con la piel de gallina, que las dos mujeres son idénticas entre si. Indistinguiblemente bellas.

El viejo saca un fajo de billetes de su saco y apresuradamente se lo da al mesero, el joven toma el dinero con una teatral delicadeza, como si recibiera una rosa.

La música termina; la bailarina se dirige a la mesa de Galio, toma una mano de su reflejo y una de Galio. Los tres comienzan a caminar a la zona de privados.

El camino del viejo y las beldades es interrumpido de pronto por un hombre, de ojos duros, bigote poblado y sombrero tejano. Es el ultimo rostro que Galio Bermúdez ve antes de recibir una bala calibre 45 entre los ojos.

- Ash, Fili, Que rabia me da que lo hayas tenido que matar. Era feo pero siempre daba buenas propinas.

- Fueron las ordenes, Adonis, sácalo ya de aqui y si en algo aprecias tu putarraca vida, no me vuelvas a llamar “Fili”.

Filiberto García después de la amenaza ofrece un cigarro a Maria Inés, mientras su reflejo, Mariana, informa al Comandante Maytorena que la misión ha sido cumplida, el último socio de “Las Poquianchis” ha sido eliminado.

 

In Memoriam

Ludwig Frederick Hildel Buendía

(1984-2008)

-Pero si yo no les he hecho nada!, exclamaba furioso, los ojos del malevolo ejidatario no dejaban de mirar su mano.

En el algun lugar de Michigan, Michichoacan, Jhonny Bocafloja no paraba de lanzar su gastada verborrea por los microfonos de la XACS-D, sus radioescuhas lo odiaban, pero estaba ahi gracias al dinero de su papi, mejor conocido como Mr. A.C. El senior Cruz, como le gustaba que le dijera la seniora Cruz en la cama, era un desfachatado bigoton que se la pasaba dando mordidas a diestra y siniestra. Sabia que su hijo habia nacido sin talento alguno, pero de vez en cuando le gustaba sentirse importante cuando escuchaba comentarios como este:”Mr. A.C. acabamos de escuhar en la radio a Jhonny y no sabe cuanto nos hizo reir, deveras que le salio ingenioso el muchacho!”, siempre esbozaba una sonrisa al recordarlos; principalmente los de la mama de Mariana, la cual trataba de superar sus frustaciones ofreciendo a su hija como pescado en plena cuaresma.

Mariana P.,no era una chica muy normal, o por lo menos eso pensaba Carlos, tenia 22 anios, una nariz afilada, ojos color aceituna y una sonrisa que nadie podia olvidar, mucho menos Mr. A.C., quien cada que pensaba en ella no podia controlar sus instintos. Hija de Pedro y Ursula, Mariana habia crecido siendo la envidia del pueblo. Aunque nunca conocio a su padre, oriundo de Comala, Mariana sabia que se reuniria con el en el mas alla. Carlos la adoraba por eso, a sus 17 anios nadie lo habia impresionado tanto como ella, su espiritualidad, sus ideas diferentes y su gusto por Nube Liquida, de hecho fue en un concierto donde la banda cerraba donde la conocio.

Carlos sabia de las horrendas intenciones del Bocafloja y las tremandas palancas que tenia su padre, por eso siempre procuraba no dejar sola a Mariana, temia que en cualquier momento se la arrebatarian de los brazos. Despues de muchos meses de proteger a Mariana, Carlos decidio llamar a Don Juan para que lo ayudara a solucionar su problema, el problema de muchos de los habitantes de Mich. Mich., Mr. Cruz.

Don Juan fue directo: “Consiguete un cabello del viejo y veras como le ira”. Carlos dudo de la tecnica, pero se limito a hacer lo que se le habia pedido. Lo llevo con el brujo y juntos tararearon algo acerca de Mariposas amarillas. Ana sabia del plan y llego inmediatamente a la choza. Por obra de las buenas migas de Don Juan con los nahuales el bigoton aparecio en escena desmayado, solo tuvieron que atarlo rapido y colgarlo del arbol. Cuando Mariana lo miro y escucho sus suplicas esbozo una sonrisa y jalo la cuerda.

*Una disculpa por la falta de acentos y enies, pero con las prisas termine mi texto en la casa y la Lap tiene teclado anglosajon, ahi luego lo edito.

La noche había sido pesada. Martín aun no se daba cuenta de que el sol salio y la hora se acercaba. Junto a la carta que le escribió a su esposa se encontraba su insignia de general otorgada por el presidente Juárez, pero a el solo le importaba la venganza, a cualquier precio.

- Señor… – Interrumpió sus pensamientos Solín, el joven aprendiz.

Martín Sánchez se le quedo viendo esperando que continuara.

- … General, los refuerzos ya llegaron. – Fue lo que dijo sin dejar de mirar la insignia.

- ¿Te refieres a El Pantera y sus amigos?

- Si señor. -

- Aun no se si ese ejercito de drogadictos realmente nos ayude de algo. ¿Cual es el estado de los heridos? - Pregunto el general mientras se paseaba la carta por sus manos.

- Carlangas aun esta inconciente, el doctor no cree que sobreviva a esta noche. Es una lastima, en la ultima batalla casi acabo con todos los enemigos el solo.

- Si. No me hubiera imaginado que ese niño fuera un soldado tan hábil. ¿Kaliman ya regreso de su viaje de peyote?

- ¡No es peyote!, es un viaje astral. Y no, aun no regresa, tiene sospechas de que la araña negra este ayudando al enemigo.

- Como sea, dile a El Pantera y sus amigos que vayan con El Santo y Mil Mascaras a que les den sus uniformes, imagino que ya vienen armados.

- ¡Señor, Señor! – Se escuchaban los gritos fuera de la tienda de campaña de Martín.

La voz era de Memín, el único que no acaba de entender el significado de la lucha.

- ¡Señor, ahí vienen los Orcos!

- ¡Por enésima vez Memín! - Le contesto Solín. - Aunque sean feos y prietos… ¡No son Orcos, es el Zarco y su ejercito!

Liga de Hombres Extraordinarios Volumen V, # 5 (de 5)

Escrito por: BEAM MÜR

Dibujado por: IRVING MARTINEZ

“REVELACIONES”

 

La acción implacable y sin descanso continúa en este quinto y último capítulo de la saga de la Liga de Hombres Extraordinarios. Después de un inicio dificultoso, el equipo conformado por el cínico detective Belascoarán Shayne, los chavos de onda Arturo Belano y Ulises Lima, mejor conocidos en los bajos fondos como “Los Detectives Salvajes” y el distraído profesor A.G. Memelovsky y liderados por el enlace secreto de la Interpol en México, Ramiro Gamboa “El Tío Gamboín”, se enfrentan en una batalla a muerte con el perverso insecto extraterrestre Kryhh-Kryhh quien, ayudado por el demente villano El Ecoloco, planea apoderarse de la niñez mexicana mediante las canciones producidas por su esclavo mental, el músico y astrónomo Francisco Gabilondo Soler. ¡Sin duda la astronomía está llena de desagradables sorpresas! ¡No se lo pueden perder amiguitos!

32 PGS./Clasificación: Adolescentes y adultos…$25 pesos

El ejercicio de esta semana consiste en reimaginar uno de los cómics mas influyentes de esta década: La liga de hombres extraordinarios, creada por Alan Moore en la cual fusiona a personajes como el Capitan Nemo (de los libros de Julio Verne) y Mina Murray (de Drácula de Bram Stoker)

 

Los participantes deberán adaptar La Liga a la literatura mexicana (para nuestros participantes de otros países, pueden hacerlo de acuerdo a la literatura de sus países).

 

¿Como interactuarían Pedro Páramo y el Zarco? ¿O La Llorona y Artemio Cruz? ¿Contra que villano pelearían?

 

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves 24 de Enero para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 25. Saludos

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La administración les recuerda a los participantes que durante los siete dias de plazo para enviar sus ejercicios correspondientes al
ejercicio 5 AUN PUEDEN COMENTAR los textos del ejercicio CUATRO.