— Maestra, ¿por qué me puso mal la cinco?
— Porque está mal, mira: donde pusiste 6/8 debe ser 3/4, que es lo mismo pero en su forma más simple.
— No… ni es lo mismo ni es más simple. A ver, trate de bailar un huapango como si fuera vals… y además el vals se me hace a mí más complicado.
— Niño, eso es música. Esta pregunta es de Matemáticas.
—¿Dónde dice?
— Pues no dice, pero se supone. A ver, ¿tú quieres ser Ingeniero o Compositor?
— Compositor.
—¿Por qué no estudias Música entonces?
— Sí estudio, en las tardes.
— …y ¿has compuesto algo?
— Sí. La vez que usted me quitó mi trompo, le escribí una canción.
—¿Me escribiste una canción?
— Esteeee, no… se la escribí al trompo, pero tampoco es canción.
—¿Entonces?
— Es un vals instrumental.
—¿Quién te crees? ¿Mozart?
— No, Mozart empezó más chiquito. Oiga Maestra, ¿me da mi trompo?
— Cuando me enseñes ese vals.
— Ah, pues mañana lo estrenan los del Municipio en la Plaza, si quiere ir…
Al siguiente día, la Orquesta Municipal terminaba de interpretar el Vals del Trompo y la Maestra se acercó al pequeño, con el juguete en la mano.
— Ten, aquí está tu…
—¡Gracias Maestra!
— Te felicito, estoy sorprendida… ¡muy bonito vals!
En ese momento se acercaron los padres del alumno, la Maestra se dirigió a ellos.
— Los felicito Señores, tienen ustedes un genio por hijo.
— Ni tanto — dijo la madre —, ayer llegó con un 9.6 en su examen.
—¿9.6? Oh, ya recuerdo… me equivoqué, ¡el niño tiene 10!