Ejercicio 7: Cri Cri

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Una vez mas, agradecemos a todos los participantes su amable cooperación; es momento de comentar EL MAYOR NUMERO DE TEXTOS POSIBLE. El ejercicio número ocho se publicará a las cero horas del Viernes 29 de Febrero.

Saludos

La Administración les recuerda que para agilizar la publicación de sus textos, deben mandarlos a revisión y acomodarlo en la categoría correspondiente. Muchas gracias.

Slawomir I es un rey mítico de la antigua región de Livonia, su historia es contada de generación en generación. Es conocido como uno de los más despiadados gobernantes que el pequeño país haya tenido.

De este legendario rey la tradición nos cuenta dos cosas: primero, sus subditos en secreto decían “A pesar de ser tan dulce tiene amargo el corazón” es muy bien sabida la picardía del vulgo, pues esto puede interpretarse como una ingeniosa forma de hacer mofa de los dos padecimientos mas notorios del rey,   hemofilia y  diabetes.

La segunda leyenda que ha llegado hasta nosotros es la de su trágica muerte: Slawomir conoció a una bella princesa árabe, llamada Khar-hamel e inmediatamente quedó enamorado de ella, después de planearlo por tres noches acudió a pedir su mano. Lo que el rey no sabia era que Khar-hamel, a diferencia de muchas princesas, tenía el poder de decidir con quien se casaría. La muchacha fue brutal con Slawomir, se burló en rimas de su enorme y deforme nariz y del hecho de que el rey sólo tenia pelo rubio en la parte posterior de su cabeza, “no sé si llamaros calvo o melenudo” fueron las palabras de la princesa.

Slawomir no pudo tolerar las burlas de Khar-Hamel, esa misma noche, descorazonado y triste, abdicó, nombró rey a su fiel consejero, El Marqués de Pilonsivich y se suicidó.

Los Livornios, siempre burlones, tienen dos nombres para este personaje: Vonvon I o ManutzchatchKrigel (rey con nariz de maní).  

El jefe de información tiene sobre su escritorio una pila de documentos. Son las notas que han pasado sus reporteros y que formarán parte del periódico de mañana. Toma un sorbo de café, lo toma muy dulce, cree que es para compensar un poco el sentimiento amargo que le deja lo que lee. Lapiz rojo en la mano, comienza a leer.

Cae la “Muñeca Fea”. La lideresa de una banda caracterizada por esconderse por los rincones fue capturada el día de hoy. En el operativo también cayeron Félix “La Escoba” Pérez y Nacho “El Recogedor” Rodríguez presuntos violadores.

Desalojan Cachivachero, Encuentran Sorpresas. Un comerciante de botellas, zapatos usados, sombreros estropeados y pantalones remendados fue desalojado de su local ilegal por la policía el día de hoy. Al revisar la bodega de mercancía se encontraron que además de comerciante ilegal, “El Tlacuache” tenía secuestrados a dos chamacos latosos, uno miedoso y uno más que acostumbraba dar chillidos y gritar.

Escopetazos de madrugada. Casi al amanecer ingresó a Urgencias del Hospital Xoco el Lobo con una herida de bala cerca del rabo. Según las declaraciones del borreguito, el Conejo Blas salió con sus perros y en cuanto el Lobo asomó la jeta le disparó. El Conejo está bajo custodia pero no deja de gritar que “sólo fue un favorcito que le pidieron”.

Accidente en la ciclovía. El Chivo Piocha aún no terminaba de pagar la bicicleta propiedad del gobierno del Distrito Federal que pidió prestada a una biciestación para aprender y que destruyó en una serie de accidentes cuando tratando de utilizar la suya propia sufrió el más aparatoso accidente sucedido hasta el momento en la ciclovía al enredarse su barba en las ruedas.

El jefe de información suspira, es hora de irse a casa, por lo menos mañana podrá publicar una nota más feliz cuando se confirme el anuncio oficial del matrimonio del Rey de Chocolate con la Princesa Caramelo, después de haberse recuperado en el hospital de las heridas causadas por el merengue que lo aplastó.

Gabilondo Soler abrió los ojos después de lo que le pareció un largo sueño. Miró al hombre que lo contemplaba. Era muy extraño. Alto, delgado y pálido. El cabello, los ojos y sus ropas eran de oscuridad y estrellas.

- ¿Con que Juan Pestañas, eh? De todos los nombres con los que me han llamado -y son muchos- ese es el más jocoso de todos – dijo el hombre sin una pizca de humor.

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? - preguntó Gabilondo.

- Algunos me llaman Daniel. Soy un Interminable. Tú llámame Sandman. Estás en mi reino.

- ¿…?

- Ya he pasado por esto. Con un colega tuyo. Se llamaba Esopo, quizá hayas sabido de él. Hacía fábulas. Nomás que él no las cantaba. También usaba a animales. Lo que me lleva al quid del problema por el que estás aquí. Antes de que continues haciendo preguntas idiotas te explicaré. Moriste. Tu corazón estaba viejo. Estabas en el ámbito sin sueños de mi hermana pero hice un trato con ella para traerte aquí. Para que compongas lo que echaste a perder.

- ¿Qué eché a perder? Yo era un compositor de temas infantiles. Muy querido y apreciado por mi público.

- Sí. La gente puede ser muy idiota a veces. Pero aquí estoy yo para evitarlo. Verás: pasaste muchos años componiendo historias de animales y objetos inanimados haciendo cosas de humanos. Eso estuvo muy mal. A los niños (no a todos afortunadamente) les parecieron maravillosas tus canciones y las cacarearon hasta dejar de imaginar cosas más interesantes por sí mismos. ¿Reyes de chocolate? ¿Ratones vaqueros? ¿Un chorrito? Pffffff. Ahora hay un déficit de sueños e imaginación de calidad en mi reino. Y alguien va a pagar por ello.

El señor Tlacuache dirige su negocio con peculiar soltura y altruismo. Se enorgullece de jamás haberle dicho no a un cliente, y es así que, pregonando por las calles, y a la menor tentativa, cambia, vende y compra por igual. Su filosofía es prístina: para cada anverso, un reverso. El sabe que una buena compra será una buena venta y como desconoce el concepto de una mala compra, su negocio sólo puede ir de bien en bien.

A veces le ofrecen chamacos malcriados; él acepta su suerte y paga a la comadrona cinco pesos duros por meterlos al costal. Algo adelante un sujeto pide diez pesos por su esposa regañona; él propone la misma tarifa que por comadres chismosas; paga cinco pesos, saca al niño del tambache y los pone a discutir mientras le siguen; ya sin tener que cargarlos. Así es un buen día del señor Tlacuache.

Cierta ocasión un tal señor Gabo pidió tres pesos pos su máquina de escribir. A fin de cuentas -dijo- ya ni la usa. El señor Tlacuache tanteó el enorme peso del trebejo ese y muy a su pesar, aceptó. Como en ese viaje el tiliche ese le desfondó un tambache, prefirió dejarlo en casa hasta tener un carretón.

Al señor Tlacuache lo comió la tentación. Juntó de sus papeles los que veía más limpios, y recordando sus vivencias, se sentó a tipear. Escribió tres libros, bastante gorditos y queriendo cambiarlos llegó a una editorial. Sus escritos se volvieron un suceso literario; el primero mereció referencias detalladas; el segundo, buenas críticas y entrevistas fatigosas; el tercero, así de plano, el premio nacional.

Cuando los ansiosos editores, pidieron a Don Tlacuache una cuarta entrega, el señor Tlacuache advirtió que ya no le quedaban historias ni ningún otro cachivache que contar. Sin embargo, tras pensarlo un poco, leerse unos libros y entender qué le pedían, atinó con la respuesta y aceptó. A la mañana siguiente se escuchó un pregón por las calles de ésta gran ciudad:

¡Cronopios que vendan!

¡Realismos usados!

¡Eternos borgeanos!

¡Quijotes molineros!

¡Cambio, vendo y compro por igual!

Salió desconcertado de la cárcel y tras preguntar sobre sus benefactores nadie supo darle respuesta. Recogió su sombrero, la hebilla y el cinturón. Las botas, al no tener agujetas se las dejaron a reserva y temor de que pateara a alguien. Cosa que no sucedió pues compartió la celda con un borrachín que se pasó dormido toda la noche.

La pistola por supuesto le fue confiscada y antes de que fuera trasladado a la Federal de Investigación, alguien pagó su fianza.Salió de la delegación y tras caminar dos cuadras sin rumbo fijo, una camioneta Escalade blanca, sin placas y vidrios polarizados lo interceptó.

-¡Hey you freaking Cowboy Mouse, get in the truck right now! Apenas escuchó las palabras y echó mano la cintura. Estaba desarmado.

-¡Con una chingada, que te subas cabrón! No vamos a estar batallando contigo.

Adentro de la misma, un hombre joven, con gafas oscuras, cabello corto casi al ras y la piel asoleada, cacariza por el acné juvenil le extendió una tarjeta que tenía impresa la última letra del alfabeto.

-Como yo veo las cosas, me debes un favor. Necesito que me eches la mano con unos vagos que se están metiendo en mis negocios -fueron las palabras del hombre que puso en sus manos un sobre.

-Adentro viene lo que necesitas, en una semana me comunico contigo. Bajó de la troca y abrió el sobre, en él encontró instrucciones, llaves y un celular.

-No te vayas sin juguete -dijo mientras le entregaba por la ventana una funda muy pesada.

-Now, where i’ll find that Chocolate King? -se dijo el roedor contrariado, mientras cargaba un AK47 en la cabina de una Avalanche blindada, que lo esperaba en el estacionamiento de un centro comercial.

Maria trataba de recordar los días cuando hiba a las cantinas a conquistar algún desconsolado soldado. Ella y su mejor amiga Laura, disfrutaban ganando más dinero que sus compañeras. Maria sabia que era la más bella del lugar, algo que la hacia sentir orgullosa y Laura aunque menos seductora por su belleza, lo era por su carisma.

A finales de la guerra, llego un general muy bien parecido y con una educación que fascinaba a cualquier mujer. Maria estuvo una noche con el y termino enamorandose. Y más tarde casandose con el general, ya que la guerra habia terminado.

Laura también estaba enamorada de ese general y a escondidas, se acostaba con el hombre dueño del corazon y los sueños de su amiga. Y él lo disfrutaba, le gustaba la simpatia que le provocaba su amante, hasta que llego el día en que se enamoro completamente de ella.

Laura no pudo más con aquella situación y decidio contarselo a su amiga, quien nublada por los celos, busco una venganza, y la encontro. Una noche, mientras discutian del asunto tomando un trago, Laura calló muerta, habia sido envenenada.

El general lloró la noticia. Maria año con año acumulaba más frustración, su conciencia no la dejaba ya dormir, y decidio contarle la verdad a su marido. El, al escuchar la estruendosa verdad, se fue cegado por el amor guardado hacia la amante. Sin saber que dejaba a Maria embarazada.

La ya ahora abuela, Maria, seguia frente a la fogata acariciando a su gato misifu, tratando de recordar todo lo que habia pasado en su vida, y todo se le vino a la mente por las preguntas de su primer nieto, “¿Di por qué? dime abuelita… ¿Di por qué? Lloras a ratos. Dime abuelita ¿Por qué?”

El Ratón le dijo a Teté:
“Oye niña, oye, oye!
me han mandado pa’ decirte que te metas
¿qué no me oyes? Ah, que pendeja”.

Y Teté se volvió hacia el primero:
“Peladote, majadero!
estoy solo esperando a mis amores
y tu, gringo ¿quién te crees? Ven que te doy en el trasero.”

El Ratón a Teté le dijo:
“Ay que miedo, como tiemblo!
Todavía que me tienes de cautivo
hago favores, si soy muy lindo”.

Y Teté por poquito se desmaya:
“Pobrecito! vaya, vaya;
lo trajeron desde Texas percudido
y sin nadie que lo pele, ay, mi pobre vaquerito”.

El Ratón le dijo a Teté:
“¡Ah, que escuincla! ¡Que se meta!
Se lo he dicho a mañana, tarde y noche
y me hace pura geta”

Mas la otra replicó bien enojada:
“Directito pa’ tu jaula”!
ve y diles que me quedo aquí sentada
corre que tienes pies grandes y vete ya a la tiznada”

El Ratón miro a su pareja:
“¿Cómo dices? ¿No te dejas?
Si ni siquiera tienes los catorce años,
imagina ya de vieja”

Y Teté contestó como las bravas:
“Come gringo, puras habas!
todavía que te rescato de los gatos,
órdenes vienes a darme, vas a dar al escusado”.

 

- ¿Compraste un queso suizo?
- Nel wey, es Oaxaca, anoche me lo balaceó un pinche ratón como advertencia.
- ¿qué?
- Uno de su clicka cayó en la trampa que puse.
- ¡ah!

Después del trabajo

como un vaquero

llegó a su casa

se quitó el sombrero

depuso las armas…

Y con voz ronca y acento gringo dijo:

-¡Hey, girl! ¡Azótame!

En su obsesión por tenerla y dejarse de lamentaciones, Jicote regresó al panal a raptar a la reina. “¡Desigualdad ni en mis pencas!” le dijo y la metió a un costal preparado para el numerito. Las otras abejas ni por enteradas de que se quedaban sin gobierno.

Llegaron al maguey, en donde la tuvo en cautiverio por mucho tiempo, con los víveres mínimos y el amor al máximo, mientras aquella no dejaba de amenazarlo, de decirle que irían a buscarla y que pagaría muy caro el torzón que le había dado a su destino.

“Aprenderá a amarme” se dijo el primer día, el primer mes y el primer año. Luego todo se desvaneció en costumbre y en el cultivo natural del odio. Su corazón aguamielero dejó de encenderse ante la regordeta engreída y refocilar con ella había perdido el encanto. Pero dejarla ir no era una opción: ella no descansaría hasta cobrar su respectiva venganza.

Al final decidió lo predecible: matarla y deshacerse del cadáver. Trabajo fácil cuando eres un carnicero pero muy difícil cuando el Creador no te puso las agallas. No tuvo valor y buscó quien lo hiciera.
Después de unos días encontró al verdugo perfecto, un ortóptero de humor incisivo y con un dejo de tristeza en las facciones.

-Mañana no amanece -le prometió el contratado-, yo sé cómo hacer esos finales…

Al siguiente día, el Rey de las Pencas no encontró lo que esperaba.
La reina decapitó al grillo y le metió el violín por el trasero. Atónito ante la escena, Jicote vio desaparecer todo futuro: la abeja sostuvo la cabeza por las antenas un momento, luego la azotó contra el suelo. Se miró y se dio cuenta que estaba bañada en sangre. Levantó la vista y la clavó en el prieto:

-Ahora sí estás solo.

Isaura puso el despertador en su celular y se dio cuenta de la fecha. Se recostó en la cama y suspiró.

El sonido de los grillos en su cuarto la arrullaban. Días antes, un compañero de clase, al verla evitar que alguien pisara un insecto, decidió regalarle un grillo que había atrapado en su casa. Isaura tenía varias supersticiones relacionadas con la naturaleza; sin embargo, le tenía especial aprecio a los grillos. Le recordaban las noches de su infancia en casa de su abuela.

Desde que llegó ese grillo, las serenatas nocturnas de los de su especie se hicieron más frecuentes. Isaura imaginaba que le pedían que lo liberara. Esa noche en particular le pareció un buen momento.

Isaura y su abuela tenían una conexión especial y se profesaban un cariño inmenso. Su abuelita le explicaba el porqué de todas las cosas que se le ocurrían a ambas: “Si matas a los grillos se acaban las lluvias”, “la persona que pone los tamales en la olla no debe salir de la cocina hasta que estén listos”, “el sonido del viento, y el canto de cualquier animalito son el abrazo de las personas que te quieren y ya no están contigo”.

- Abuelita. ¿Y tú siempre vas a estar conmigo?
- Siempre, mi niña.

Cuando pequeña, Isaura no entendía todo el tiempo lo que le contaba su abuelita, pero lo creía de corazón. Eran los porqués de su existencia. Esa noche se cumplían 12 años del día en que ella vio con sus propios ojos cómo la enterraban en ese lugar triste y lleno de flores. Empezó entonces a escuchar su voz dentro de sí, en su cabeza, sus percepciones y sus recuerdos.

Soltó al pequeño bicho y lo miró alejarse tímidamente, despacito. Como diciendo adiós.

Levanté las manos lo más que pude y disparé. Pero el flash de una polaroid no espanta ni a las arañas, mucho menos a los recuerdos.

Mientras la foto se revela, en la consola sigue dando vueltas el acetato. De reojo, echo una mirada al espejo. Ahí estoy, con mi vestido rojo, medias de seda, tacones altos… llego a una triste conclusión:

Yo sólo quería bailar tango contigo, una y mil noches.

Bailar por siempre contigo, como las parejas en la plaza, vestidos a la usanza de una época que no fue la mía.

Y sí, irremediablemente, salta sobre mí el recuerdo:

Abrazada a ti, mis pies descalzos sobre los tuyos, riendo mientras me cantas:

- Hay que contar
tres pasitos
arrastraditos

pa’ delante y para atrás.

- ¡No me cantes canciones de niños!

- Sos una niña. Mi niña.

¿Cuántas veces me enfadé contigo por lo mismo? Ponías el tiempo como una absurda barrera entre nosotros, que fuimos unidos para siempre por la misma pasión.

Miro varias fotos de aquel día en que me regalaste la polaroid. Nosotros, abrazados; algunas mías, con este gesto que traigo desde entonces.

¿No te das cuenta, mon petit, que traigo la tragedia atravesada? Le digo a tu retrato, tan sereno y apuesto, con el sombrero de lado.

El acetato llega a esos versos de los que quiero huir y no puedo. Tomo la polaroid y corro hacia la plaza, tras de mí van esos versos, esa canción de niños, lo último que cantaste a mi oído, y vuelvo entonces al recuerdo, otra vez, el tiempo, el miedo, un vestido que fue blanco, la vorágine, tu sombrero cayendo lento, las barreras ahora sí, cuando lo único que se interpuso entre nosotros fueron las balas de tus enemigos, cuando el único que se interpuso, fuiste tú, ante la que llevaba mi nombre…

Levanto las manos lo más que puedo y disparo.

La luz entraba a través de las ventanas formando largos rayos que caían sobre la alfombra persa del siglo XV. Toda la decoración de aquel lugar indicaba buen gusto y una sobria elegancia digna de la más refinada aristocracia. Cerca del centro de la sala se encontraba una anciana sentada en una mecedora. La mujer tejía una bufanda, observando su trabajo a través de los pequeños lentes que descansaban en la punta de su nariz moviendo las agujas y el hilo con precisión y rapidez, herencia de toda una vida de práctica.

Entonces, alguien hizo sonar el timbre. Ella se levantó de la mecedora, se dirigió a la puerta y deslizó una mirilla para ver quién llamaba. Un joven esperaba al otro lado de la entrada.

-Dígame, joven- dijo la anciana

-Quisiera…- empezó a decir el muchacho.

-Ya sabes cómo es, hijito.

El joven, contrariado, dijo:

-”Toma el llavero, abuelita”- y mostró un pequeño llavero con forma de grillo dorado.

La puerta se abrió con un concierto de bisagras chirriantes y crujidos de madera antigua.

-Adelante- dijo la dulce abuelita

El joven entró a la casa y siguió a la abuela. No pudo evitar observar el cuadro del Coronel que fuera esposo de la mujer y sin saber por qué, sintió un escalofrío al ver la espada en el cinturón del fallecido militar. Llegaron hasta un ropero y la mujer observó detenidamente al muchacho, esperando.

-”Enséñame tu ropero”- dijo al fin el joven

La mujer sacó una llave de su vestido victoriano y abrió el ropero.

-¿Qué vas a querer?

-Cinco dosis de Crystal Ratón Vaquero y quince tachas Negrita Cucurumbé.

El joven pagó, la abuela lo acompañó a la puerta sonriendo dulcemente y después, la Lideresa del Cártel del Grillo Cantor volvió a su tejido y a sus recuerdos.

 

El Satánico Dr. Iosephus

— Maestra, ¿por qué me puso mal la cinco?

— Porque está mal, mira: donde pusiste 6/8 debe ser 3/4, que es lo mismo pero en su forma más simple.

— No… ni es lo mismo ni es más simple. A ver, trate de bailar un huapango como si fuera vals… y además el vals se me hace a mí más complicado.

— Niño, eso es música. Esta pregunta es de Matemáticas.

—¿Dónde dice?

— Pues no dice, pero se supone. A ver, ¿tú quieres ser Ingeniero o Compositor?

— Compositor.

—¿Por qué no estudias Música entonces?

— Sí estudio, en las tardes.

— …y ¿has compuesto algo?

— Sí. La vez que usted me quitó mi trompo, le escribí una canción.

—¿Me escribiste una canción?

— Esteeee, no… se la escribí al trompo, pero tampoco es canción.

—¿Entonces?

— Es un vals instrumental.

—¿Quién te crees? ¿Mozart?

— No, Mozart empezó más chiquito. Oiga Maestra, ¿me da mi trompo?

— Cuando me enseñes ese vals.

— Ah, pues mañana lo estrenan los del Municipio en la Plaza, si quiere ir…

Al siguiente día, la Orquesta Municipal terminaba de interpretar el Vals del Trompo y la Maestra se acercó al pequeño, con el juguete en la mano.

— Ten, aquí está tu…

—¡Gracias Maestra!

— Te felicito, estoy sorprendida… ¡muy bonito vals!

En ese momento se acercaron los padres del alumno, la Maestra se dirigió a ellos.

— Los felicito Señores, tienen ustedes un genio por hijo.

— Ni tanto — dijo la madre —, ayer llegó con un 9.6 en su examen.

—¿9.6? Oh, ya recuerdo… me equivoqué, ¡el niño tiene 10!

Se vieron profundamente a los ojos. El comal se acercó y la olla le besó.

Un día, las creaciones del señor Gabilondo Soler, estabando en su tumba pensado que harían sin él, en eso la patita dice que se va a ir a la casa de su madre para cuidar a sus hijitos, los cochinitos no sabían a donde ir, pues el les cantaba la canción para dormir…

El ratón vaquero no sabia lo que pasaba, pues el no hablaba español y solo estaba sentado fuera de la bola de personajes, pensando: “That gentleman created me and he always saves me, Now who is going to free me when somebody catches me, i´m going to die”.

El negrito bailarín estaba muy muy alterado, pues nadie lo contrataría, por ser negro, su única opción seria ser un reggeatonero…

La muñeca fea, con lo que gano con estar con la escoba, recogedor, entre otros, y se ira a las vegas de prostituta y crear su burdel.

Las vocales ya no podrán ir a la escuela, por que a la “o” le hacían burla y se puso a dieta, la “u” la agarraban de cuerda y no la dejan sola, la “i” comenzó a comer de más y creen que es la “o”, la “a” por abrir sus patitas la agarro la “e” y ahora tiene un hijito.

El chorrito estaba en la cárcel por hacerse chiquito y grandote, por la escasez de agua y gastarla… La hormiguita la mato un niño con una lupa.

Y los demás fueron a buscar trabajo con Barney, Plaza Sésamo, Tatiana, etc.

Escondida por los rincones, temerosa que alguien la vea, apenas y se acercaban los ratones a platicar con la pobre muñeca fea.
Después de que fue consolada por los demás habitantes del ático, la muñeca se dispuso a contarles a los que estaban con ella, sus días felices, en los que no estaba cubierta de hollín y no derramaba lágrimas de aserrín:
-Yo vivía con una niña de cabello castaño, listón rojo y vestido blanco. Todas las mañanas mi dueña me peinaba, por las tardes me cargaba y juntas íbamos al parque y en la noche dormía con ella.
- ¿Y entonces qué pasó?- Preguntó uno de los ratones con quien ella hablaba.
- Un día escuché gritos muy fuertes afuera del cuarto, después vi a mi dueña agarrar una maleta y hacer sus cosas para irse. Después la madre de mi dueña arregló el cuarto y a mí, junto con otras cosas, me botaron en el ático, por lo fuerte que ella me tomó del brazo se me rompió. De repente me fui llenando de polvo y me sentí olvidada, pero ustedes han sido mis mejores amigos y eso me hace feliz.
De repente alguien entra al ático, es una ancianita. La muñeca fea se esconde como siempre, hasta que un grillo que está a su lado canta y así es encontrada. Los demás objetos ven asustados cómo se la llevan…

-Mira lo que te tengo de regalo, Rosita.
-¡Qué bonita muñeca abuelita!- Sonreía sorprendida.
-Sí, la encontré sucia en el ático. Estaba algo sucia, pero la arreglé y quedó como nueva, creo que era de tu mamá.
- Es la muñeca más bonita que he visto. De seguro hay más cosas en tu ropero.
- Está bien hija. Ve por el llavero en la mesa.

Y así, la muñeca fea dejó de existir para renacer en una más bella y radiante. Sobre todo, volvió a tener una amorosa y tierna dueña; pero nunca olvidó la amistad de la escoba y recogedor, el plumero y el sacudidor, la araña, la vieja maleta y los ratones que la querían ver feliz.

La Paty

Es una mañana ajetreada para Paty, como la mayoría en su vida:

~ Como quisiera encontrarme un costal lleno de monedas de oro…~ pensaba para si misma, haciendo caso omiso de los piropos descomunales que se desarrollaban a su paso por los cuantiosos albañiles de la obra en construcción que le quedaba camino al mercado.

- ¡Adioooossssss princesa, aquí está tu príncipe azul! - le gritaba el Negrito Sandia.

~ ¿Príncipe azul?, ¡será azul marino, pinche negro feo!

Ya en el mercado, se pone a buscar la mejor opción para ahorrar unos centavos, porque ya ni a pesos llega:

- Buenas Don Chon, ¿en cuánto anda hoy el jitomate?

- Buenas Paty, pues con la novedad de que hoy nos amaneció caro, anda en $30 pesos… pero para ti chula, te surto la despensa, nada más quiero que veas a mi “negrito bailar”.

- ¿¡Cómo pués, Don Chon!?, si por eso me deje de mi marido, por andar de pito fácil por ahí. Mejor nada más me llevo tres pa’ la comida de hoy… ya mañana veré que hago.

- Mira chula, sufres porque quieres; conmigo no te faltaría nada.

- No Don Chon, y bájele porque ya me está enfadando.

- Ta bueno Paty, ya no te molesto, pero la verdad, ¡estás bien rica!, a cualquiera te le antojas.

- Bueno pues, ya cóbreme ésto para irme, porque tengo enfermo al chiquillo y lo deje solo en la casa.

~ No cabe duda… pinches perros; yo creo que si voy a empezar a salir con Luciano, ese cabrón por lo menos si tiene billete y esta sólo; aunque viejo, y le gusta más su vecina que yo…~

El reciente caso de la masacre en una escuela preparatoria en la ciudad de Canberra, capital australiana, no es algo que actualmente deba extrañarnos, casos como estos se dan en promedio en uno por mes a nivel mundial, especialmente en universidades y preparatorias (e incluso secundarias) de Europa, Japón y Estados Unidos.

¿Qué a que se debe esto?, interesante cuestión, cada caso como este es un claro y efusivo mensaje: “La situación entre los jóvenes estudiantes animales esta en crisis”. Conflictos de especies, la eterna batalla entre herbívoros y carnívoros, y el abuso de especies de gran tamaño hacia animales pequeños esta creando un conflicto mundial el cual, sumándole el tráfico de drogas en escuelas y la depresión juvenil, es algo que ya debe preocuparnos.

Zaid, el joven elefante que obligo a la policía australiana a dispararle de muerte después de haber asesinado a siete de sus compañeros, dejo una nota antes de la masacre el cual es tan directo como desgarrador: “Se que voy a morir, no quiero seguir viviendo después de lo que haré pero no me siento culpable, ya no soporto las diferencias entre especies, detesto que me llamen gordito y ver como unos animales abusan de otros, prefiero morir pero no lo haré en silencio, gritare mi mensaje de paz, horror a cambio de paz, mamá te amo”

¿Debe el sistema animal escolar cambiar?¿Culpar a la cultura moderna?¿O quizás sea necesario separar a los alumnos por especie o tamaño?¿Hasta donde esperaran los gobiernos hasta hacer algo?¿Que hacer para que estas tragedias terminen?¿Cuantos Zaid mas?

Allá en la fuente
había un chorrito,
se hacía grandote
se hacía chiquito;
estaba de mal humor…

Por todo lo que presenció.

El Chorrito veía todos los días a la gente apurada por llegar temprano a la iglesia para demostrar su devoción y pedir favores.

Como don Remigio, que todos los días le rezaba a san Judas Tadeo, al terminar le depositaba en la alcancía una generosa limosna, pero para El Ruedas, un pordiosero que se desplazaba en una “Avalancha” por faltarle las piernas, nunca tuvo ni un oxidado centavo. -¡Ponte a trabajar, pinche huevón!- siempre le contestaba don Remigio al inválido cuando éste le pedía una ayuda.

En otra ocasión un anciano desgreñado, sucio y con la ropa hecha jirones, se quedó dormido a un lado de la entrada del templo, las señoras que rezaban La Hora Santa, siempre pidiendo por el bienestar del prójimo anteponiéndolo al propio, lo ignoraron. Ninguna de esas dignas damas le ofreció siquiera un taco al moribundo viejo, sólo cuando la pestilencia de éste se volvió insoportable se indignaron.

No solamente el mochismo hipócrita fastidiaba al Chorrito, también el despotismo ejercido como profesión por “representantes del pueblo”. Esos funcionarios que primero prometían y una vez colocados, olvidaban. Que ejercían el poder a favor de personas, a las que les debían un favor.

Tampoco faltaba aquel que atentaba al pudor en la vía pública; como aquellos adolescentes cuyas lujuriosas cópulas detrás de un árbol ganaron un lugar en El-Cachondo-punto-com y que generaron, celular en mano, el siguiente diálogo:
-Ves buey, esta es la fuente que se ve de fondo.
-Neta loco, tons, aquel árbol es donde el Burro se refino a la Cuca.

Inclusive el Chorrito tenía que soportar a borrachos y niños que se orinaban en la fuente.

Corrupción, impunidad, hipocresía, pornografía, meados; pero lo que más le hacía estar cómo agua para chocolate era:

Pobre chorrito tenía calor.

Cargando un tambache bajo el caluroso día en el puerto, iba un hombre de aproximadamente 50 años. No había tenido suerte ese día, no había conseguido comprar muchas cosas para el recicle, el servicio de limpia pública hacia innecesarios sus servicios, además su forma de hablar ocasionaba el rechazo de casi todos los trataban con él. Así pues, se veía forzado a recoger latas y a vivir en un cuartucho en el basurero municipal.

La semana anterior no le había ido tan mal, incluso entre las cosas que recogió se encontró con una muñeca inflable, le faltaba un brazo pero las partes esenciales aun las poseía, aunque tuvo que limpiarla porque olía a orines de ratón. No había podido estrenarla.

Al caer la tarde pasó donde su amigo el “chino”, quien estaría, como todos los días, con una generosa dotación de alcohol y con su amigo el “Marques”. “El chino” vivía constantemente pegado a la jarra, parecía que hubiera pasado mil años pegado a ella.

Iba a quedarse con ellos, pero cuando le gritaron: “¡Ven, pinche negro sandía!” optó por no hacerlo, siempre peleaba con el marques y nunca salía bien librado, les respondió un: “váyanse a chingar su madre, putos dos mayates”.

Mientras se dirigía a su casa, vio algo que le llamo la atención, una pequeña negrita esperaba sentada en una de las bancas cercanas a la playa, una idea perversa cruzó por su mente. A medida que se acercaba a la banca fue la idea fue haciéndose más fuerte, tanto que ya no podía reprimirla.

-Hola pequeña ¿Qué haces tan sola aquí? ¿Te puedo acompañar?

Antes de recibir respuesta, el negro ya se había sentado con la nena y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro mientras su brazo rodeaba a los hombros de la asustada niña…

Ayer vino mi abuelo a comer; vive solo, y casi no lo vemos porque nunca está en su casa. Obvio, no viene seguido, pero cada visita nos trae algo.

Sentados en el comedor, ya en la sobremesa, mi abuelo se acercó una mochila bastante maltratada y vieja, luego sacó dos pequeños paquetes envueltos en papel manila; se puso los lentes bifocales y leyó el nombre escrito en cada uno haciendo la cabeza un poco hacia atrás:

—Este es para ti, Gabriela, en agradecimiento a una comida deliciosa como siempre.

Mi madre rompió la envoltura, al abrir la cajita encontró un caleidoscopio muy bonito. Miró através de el y dijo con su mejor sonrisa:

—Gracias Papá, no te hubieras molestado —Luego se levantó a recoger la mesa.

Después me dio mi cajita. No me dijo nada, sólo me miraba con esos ojos enormes tras los lentes. En mi caja encontré un juguete de cuerda, al soltarlo sonaba una tonadita ligera y agradable, con la cual bailaba tap un negrito de bastón y con bombín.

—Me lo dio un amigo de Veracruz que quise mucho y al cual dejé de ver por muchos años cuando se fue a la capital. Un día vino de visita, y me regaló esto. Lo mandó hacer por una canción que me compuso. ¿Tu escuchabas a Cri-Cri no? El era ese amigo tan querido.

—Abuelo —Le dije mirándolo—, ¿Cri-cri era tu amigo?

—Si, el mismo: Francisco Gabilondo Soler.

—¿Y que canción te compuso?

—Pues el Negrito Bailarin ¿no ves?

—¿De verdad? ¿Tu bailas tap?

—Bailaba muy bien, preguntale a tu mamá.

—Abuelo…

—¿Mmm?

—No nada. Muchas Gracias. Te quiero. —Le sonreí.

Siempre pensé que el de la canción era Johnny Laboriel. No dije nada.

Naomi Holbrook inició la visualización del holograma en la habitación.

Primero apareció un cachorro de hurkle (del Planeta Lirht). Se movía rápido y sinuosamente, ayudado por las articulaciones dobles de las patas de en medio. De su cola enredada se veía una mochila negra que contrastaba con el perfecto azul de su piel brillante.

-¿Porque esta azul?- preguntó Zen. -Es que esta feliz- Contesto ella. Zen hizo una mueca.

Después apareció una gallina de pantano de las Colonias Sutang, en Nueva Venus. Revoloteaba animosamente sus alas verdes y a su paso iba dejando pelo caer al piso. En su pico trasero llevaba maquetas de DNA.

-Que feo animal, ha de ser muy sucio tenerlo cerca- dijo Zen. -Pero es muy inteligente- contestó Naomi.

No pudo decir más porque Zen se carcajeaba del rinoceronte de dos cabezas, llamadas Tweedle y Tweedledam. Bajando del transporte marciano, cada cabeza quería irse por un lugar distinto, lo que producía una escena bastante cómica. Sin duda, en sus ojitos de en medio se les veía la emoción por llegar.

-¡Que lindos!- Grito Zen al ver a la mama e hijo slissii vestidos a la usanza del viejo oeste. -No son osos de felpa, aunque su parecido es notable- Dijo Naomi.

Sin duda, los slissi eran la especie inteligente preferida de los humanos, por rellenitos y afelpados. Era difícil decirles que no a esos ositos dorados de ojos negros. El niño se veía feliz.

-Entonces, ¿Mañana si vas a la escuela?

-¡NO, NO QUIERO!- gritó Zen y corrió.

Naomi salió de la habitación visiblemente enojada. -¡Para el próximo clonamos uno de mi familia!- amenazó a Fred Holbrook.

Escondida por los rincones temerosa de que alguien la vea…

La noche transcurría lúgubre y fría, lloviznaba, Sofía recorría la calle por enésima vez.

- Si sigue así me voy a ir en blanco de nuevo - Se repetía.

Los 50 habían pasado hace tiempo y cada vez resultaba más difícil disimularlos para ganarse la vida. Además estaban las madrizas que le daba el Jarocho. Hoy por ejemplo, había tenido que ponerse medias obscuras y una falda más larga para cubrir los moretones.

Un bracito ya se le rompió, su carita está llena de hollín…

- Hijo de la chingada, si por lo menos hiciera bien lo que dice que hace y los cuicos me dejaran de joder.

Dando tumbos un trasnochador se acercaba lentamente.

- Hola papi. ¿Quieres ir al hotel?
- Vete al carajo – Recibió como respuesta.
- Pos entonces chinga tu madre- Gritó.

Tus amigos no son los del mundo porque te olvidaron en este rincón…

Con el viento, el frío calaba en los huesos y se le ocurrió una manera de quitárselo. Comenzó a caminar hacia el callejón mientras sacaba la bolsa de cemento.

De repente, un ruido entre las bolsas de basura.

- ¿Eres tú Chivito?- dijo con voz trémula.
- Si mi Chofy. ¿No trairás un pesito pa’ la cruda?- Contestó el anciano, levantándose trabajosamente.
- Ora si te amolaste Chivito porque no saqué ni pa’l café.
- No te agüites Chofy, mañana nos va mejor.

Te quiere la araña y el viejo veliz, también yo te quiero y te quiero feliz.

- Si mi Chivito, mañana dios dirá – Dijo sonriendo.

Caminando de nuevo por la calle Sofía pensaba - Chingado, esto ya no deja, a ver si un día de estos me regreso pa’l pueblo.

También yo te quiero y te quiero feliz.

…supO

Sonaban las 11:15 cuando el reloj de madera que pendía de un clavo oxidado, abría las ventanas al compás del bostezo de un grillo verdoso. Diminuto y exoesquelético, asomó sus grandes ojos percatándose de que estaba a lo lejos acompañado en aquella inmensa estancia. Se colocó sus prendas más preciadas, tomó su pequeño frac, viejo y roído por él mismo y se dispuso a tocar.

Así, era que sonaban, cuando el muñeco de pino roído por el clima oxidado, se acercaba onomatopeyizando el chirriar de aquel violín que musicalizaba vivamente desde el balcón donde de fondo un número romano y el minutero se apresuraba a alcanzar al horero. Llevaba ya tiempo intrigado por el sonido que producía la fricción, eso lo hizo decidirse.

Aplaudía jubiloso ante las rápidas patas traseras del grillo. Veinte minutos de grandeza musical observaba sentado en el suelo frente a aquel patio a escala que hacía función de proscaenium. Treinta y cinco minutos llevaba ya, donde el escenario le permitía al grillo moverse y mostrar grandilocuentemente cualquier Opus para un violín, cualquier sinfonía, con ese su único instrumento. Los minutos restantes hacían que el grillo esbozara cálidos sonidos, teniendo un control sobre su escaso público, sobre el escenario y sobre sí. Faltando pocos segundos, el muñeco se levanta y comienza a contar en bajo tono. El grillo, tomando esta acción como el clímax de su interpretación, sube conforme su obra por el reloj de madera posándose entre las manecillas. Diez, nueve, ocho, el muñeco espera el final, siete seis cinco, el grillo, sin cordura y humildad expresa sus mejores acordes, cuatro, tres, dos, los brazos del reloj empiezan a cerrarse…

Doce en punto

El muñeco se levanta recoge el cuerpo, la cabeza decapitada y se decide a publicar…

“se renta casa para grillo violinista”…

Esta semana Los participantes de Metatextos deberán escribir un texto libre de trescientas palabras o menos usando al menos uno de los muchos personajes de Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri”. Pueden re-interpretar completamente al personaje, traerlo a la modernidad, narrar lo que ocurre después del “tan-tán”, en fin, el limite lo ponen ustedes

Para aquellos participantes que no son de la república mexicana, pueden hacer clic aquí o aquí, donde podrán averiguar un poco más de este compositor mexicano, en caso de que no lo conozcan.

Tienen hasta las 23:30 (Hora del la Ciudad de México) del  Jueves 21 de Febrero a para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 22. Recuerden que hasta  ese momento aun  es  momento de comentar  los  textos del ejercicio anterior