Ejercicio 8: Fin del Mundo

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Una vez mas, agradecemos a todos los participantes su cooperación; es momento de comentar. Recuerden, mientras más textos comenten, más enriquecedor será este taller. Estén pendientes, el ejercicio número nueve se publicará a las cero horas del Viernes 14 de Marzo. Hora de la Ciudad de México.

Saludos

Marco era el gerente más joven de la empresa, poco antes de salir de la carrera, ya era parte de la empresa. Su principal cualidad, según sus jefes era el fanatismo para trabajar. Era el primero en llegar, incluso antes de que abrieran la oficina, había tenido varios disgustos con el vigilante por no dejarlo pasar si no hasta 10 minutos antes de la hora de entrada.

A pesar de tener dos horas para comer, el nunca salía de la oficina, prefería comer en 10 minutos y no perder el tiempo en salir a comer. Incluso llegó a promover que trabajaran los fines de semana, pero su idea fue rechazada por Recursos Humanos debido a que ellos tendrían que trabajar también.

En el mes pasado, logró su objetivo de trabajar los fines de semana, quería impresionar a los socios para que lo ascendieran a por lo menos vicepresidente, al ofrecerse para un proyecto nuevo. Según sus propias palabras, él haría todo el trabajo sin necesidad de contratar más gente, con su equipo bastaba, con eso la empresa ahorraría mucho dinero.

En la ultima semana obligó a su equipo a trabajar durante más horas y fines de semana, decía que el trabajo lo era todo para el hombre y que fuera de él nada valía. En el último día, justo antes de entregar el informe final, vio desde la ventana de su oficina como la luna entera se puso como sangre, y las estrellas del cielo caían sobre la tierra, mientras un gran terremoto sacudía la tierra. Como pudo escapó del edificio y vio como todo era ruinas y fuego, el Apocalipsis había llegado.

En vano buscó otro ser humano, estaba solo. Una lágrima rodó por su mejilla, jamás conseguiría ese ascenso, su vida carecía de sentido…

Para JEMR
espero que en la inexistencia exista la conciencia

Una disculpa a Douglas Adams por la insolencia de haber usado su título tantas veces durante este año.

Se acerca 23 de marzo, no sólo viene acompañado con el inicio de la primavera, las flores y el endemoniado calor, también la nostalgia forma parte de la caravana. Se cumplirá un año desde que este despreciable e insignificante planeta azul verdoso dejo de engalanarse con la presencia de alguien, a quien en vida nunca le dije: “te amo”.

No narrare lo bueno, lo malo ni lo feo de mi hermano mayor, eso ya lo hice.

Lo conocí lo suficiente y al mismo tiempo tan poco, todavía me siento endeudado y egoísta.

La imprudencia nos lo arrebato.

Aún después del funeral, no estábamos listos para dejarlo ir. Un domingo lo enterramos, según la costumbre del lado materno, y un lunes intentamos retomar nuestras vidas. No sé si fueron cinco minutos, no importa. En la madrugada me despertaron los sollozos de La Jefa, quién se levanto para preparar el desayuno y el lunch a mi carnal, fue en ese instante cuando nuestras conciencias alcanzaron a la realidad. El mundo que conocíamos terminó justo ahí. No lo dijimos, pero todos lo entendimos: Se nos fue alguien y no volverá.

Toda la familia está preparándose para este aniversario luctuoso. La tristeza me embarga y me hace adoptar tendencias EMO, las de quequedrilo se generan espontáneamente y no puedo evitarlo.

Pedro me dijo: Las cosas pasan xk tienen k pasar d lo contrario no pasarian y lo unico k puede hacer uno es aprender a vivir d esta manera nos guste o no.

Y se lo agradezco.

Por favor, dispénsame compañero metatexteño, por tomarme la libertad de desahogarme en este espacio.

 

Lleno de polvo, con la locura presente, avanzaba sin un destino definido, sus ojos de fuego, se horrorizaban con lo que miraban, desde antes que pasara esta tragedia, el vivía en un mundo de locura, su cerebro estaba acostumbrado a soportarla, pero las demás personas no soportaron ese gran cambio, y accedieron a ella, Oscar Adán, se preguntaba si la evolución lo hizo a el un superviviente, quizás por eso siempre fue bueno para casi cualquier cosa.

Oscar se encontraba trabajando, cuando miro la devastadora noticia en la televisora local, las siete profecías mayas se habían hecho realidad, el había leído sobre eso en internet, sabia de los diez años de oscuridad, las guerras, las catástrofes naturales, la ambición del hombre que llevaba a la destrucción, esas personas indígenas que tenían matemáticas avanzadas con solo granos de maíz, estaban en lo cierto, su calendario terminaba en esta fecha, era 2012 y el año final había llegado.

Cuando todo era un caos por todo el mundo, el decidió pasarse los últimos días con su familia, y estaban rezando a algún Dios en lo alto de la montaña, cuando paso, una bola deslumbrante entro y termino de debilitar la capa de ozono, la tierra se defendió como pudo, y se calentó completa, se escuchaba gritar a la tierra, los rayos del sol penetraron como nunca, afectando la masa cerebral de los humanos, llevándolos a la locura, al pánico total, a sus bajos instintos, los sobrevivientes al gran golpe, se dedicaban a matarse como animales salvajes, presas de la locura.

Después de sobrevivir al fuerte clima, a las tormentas desatadas por el descontrol de la naturaleza, a los humanos que ahora parecían bestias, Oscar Adán seguía sin rumbo fijo… el sólo pensaba en encontrar algún día a su propia Eva.

-¡Paredes! Ahora si se jodió.

-¡Maldición!- balbucea golpeando las barandas de la cama.

No podías sólo sufrir tu mugre vida. Tenías que desangrarte ¿verdad?

Estaba tranquila, hacía tiempo que no me veías, no me tocabas, me convertí en un fantasma, en algo insignificante y eso me dio paz, no más ojos hinchados ni prótesis dentales, era feliz.

No entiendo, me había acostumbrado a tu olor a vómito de borracho, sabía que lo hacías con otras, tus nudillos rotos me lo decían, pero no me importaba, ya no era a mí.

Me volví visible y no sé por qué ¡si esa noche ya habías gozado! No recuerdo imágenes sólo sensaciones: la puerta que azotaste, el golpe en la cara al caer, el peso de tu cuerpo amorfo y grasiento, el olor sofocante y nauseabundo, mezcla de sudor, alcohol y cigarrillo, la presión en el pecho, tu jadeo, las ganas de morirme porque sabía qué vendría, la fuerza, el ardor, dolor, si fueran sólo golpes y no la humillación de suplicar por cinco eternos minutos.

Después de tu segundo goce, para el cual ya había dejado de luchar -no hay forma que mi cuerpo pueda con tu peso y lo sabes- fuiste a dormir, satisfecho.

Compensas tus deficiencias con violencia y tu egoísmo no tiene límites, solo fui a lavarme la cara en la cocina pero temblando tomé las tijeras para despresar el pollo, sí, ésas que tanto usas cuando cocinas para tus amigos.

Aun dibujabas tu plenitud cuando te convertí en eunuco, despertaste aturdido de dolor y golpeando más fuerte que nunca, pero mi rabia era mayor, tomé lo que quedó en mis manos y comencé a destazarlo como habías hecho en mi interior por tantos años.

-¡Paredes!

-¡Se nos va, entró en paro!- gritó el médico.

John escuchó pasos acercándose, se levantó del sillón y bajó el volumen de la televisión. El roce de la camisa le produjo un vivo ardor en el costado, allí donde la llaga más grande estaba aún en carne viva y supuraba.
Tomo la escopeta dirigiéndose hacia la puerta. Debo ser cuidadoso – pensó – especialmente con tantos menesterosos rondando en las calles. ¿Por qué el gobierno no hacía algo al respecto? ya ni siquiera en una ciudad antes tranquila como Davenport se podía estar en paz.

Los pasos se acercaban, era Hanna, su hija que regresaba con la ración diaria de agua. Hacía más de tres horas que se había ido y dos desde que cayó la noche, por lo que había pasado de estar preocupado a molesto.
Quitó los cerrojos y abrió la puerta de golpe dispuesto a reprenderla pero las palabras se ahogaron en su garganta al ver el miedo dibujado en su cara.

- ¿Estás bien? – preguntó.
- Si - respondió – vi un papel en un poste que decía: el fin se acerca, arrepiéntete, Dios aún puede perdonarte. Me asusté, pensé en todo lo que ha estado pasando, la guerra, el calor que nos impide salir, lo difícil que es conseguir agua y comida, las llagas y todo lo demás.
- Eso es mentira – la atajó – esto pasa por que fuimos descuidados con el planeta, contaminándolo, consumiendo los recursos y la guerra es porque aún hay gente que no es libre.

Hanna se acercó a la ventana mientras su padre subía de nuevo el volumen del televisor. De pronto las luces comenzaron a cintilar y se apagaron.
- Mierda – vociferó John – Sólo esto me faltaba
Desde la ventana escucho a su hija decir:
- Que raro, no se ve ninguna estrella, ni la luna –

Y entonces comenzó a temblar.

-5:00 y contando:

Una enorme masa semiesférica parcialmente iluminada luce imponente y hermosa en la inmensidad del espacio. Desde el puerto de observación de la nave RX-42905 es contemplada por la totalidad de la tripulación que se compone de tres hombres y dos mujeres.

 

-4:00 y contando:

La mente de Raddax, capitán de la nave espacial, visita sin permanecer mucho tiempo en alguna de ellas una serie de imágenes llenas de vida y color, situaciones que nunca vivió pero que han llegado a él a través de recreaciones tridimensionales insertadas directamente en su cerebro. El lugar donde vivieron los “primeros”. El sitio donde la civilización moderna dio sus primeros pasos.

 

-3:00 y contando:

Sitlvana, física líder del proyecto derrama una lágrima mientras hunde su rostro en el amplio pecho de Tridensky, piloto de la nave. No quiere ver.

 

-2:00 y contando:

La nave deja escapar un minivehículo que se desplaza a gran velocidad en dirección al planeta contemplado por su tripulación. Transporta una bomba de fisión nuclear, demolición a la antigua.

 

-1:00 y contando:

En una centésima de segundo la nave espacial avanza directo hacia la Tierra, sin embargo un enorme agujero brana se abre por un instante en su camino y la engulle, transportándola a cualquier otro lugar en los confines del Universo.

 

0:00:

“Fin del Mundo”

Era un día soleado, el cielo estaba despejado aunque habían algunas nubes, era un día lo suficiente hermoso como ordinario.

La gente sin idea de lo cerca que estaba el fin, realizaba su rutina diaria, trabajando, durmiendo, comiendo, sin pormenores…

Un homeless en Nueva York parecía predecirlo, tenía su letrero de “We all are gonna die today!” pero nadie ni lo volteaba a ver, sacudía las manos y gritaba como todos los días, a lo mucho la gente le daba para un Hot Dog.

Al ponerse el sol en un atardecer hermoso en colores pastel más de uno lo vio con encanto, pero nadie sospecho nada. Sería el último atardecer que la humanidad viera jamás.

A las 12:00 de la noche de aquel día a la humanidad entera le dio sueño, nadie puedo dejar de caer en un sueño profundo, del que nunca nadie despertó.

Así fue el fin de la humanidad, indoloro, incoloro, e insípido como aquel elemento que alguna vez les dio vida.

Miles de cuerpos yacían en el suelo, bañados en sangre y cubiertos de tierra. Las trompetas tronando, llamando a la batalla a escuadrón, tras escuadrón de leales y poderosos soldados, prestos a defender a los suyos del Apocalipsis.

Apocalipsis en forma de una lluvia nauseabunda que quemaba la piel y derretía la carne. Los humildes recolectores solo atinaban a correr despavoridos mientras en lo alto del cielo, estallaba el combate. La aviación desplegaba su, quizás ultima ofensiva, mientras el mundo que millones de individuos conocían, se desmoronaba rápidamente.

Los soldados preparaban sus filas. No iban a pasar a la historia sin luchar, si los ángeles del Apocalipsis pensaban llevarse por delante este mundo, ellos estaban listos para mostrarles el infierno, así fuera el último acto de sus vidas.

Las pisadas de aquellos Titanes legendarios se sintieron hasta lo más profundo de la tierra, haciendo temblar cada estructura y helando la sangre de los habitantes de aquel organizado mundo. Clamaban a sus dioses el porque de aquel castigo, de aquella masacre, mientras sus fuerzas armadas se lanzaban a una batalla inútil.

- ¡Ya vienen! Protejan a la Rei…

El descomunal pie detuvo la frase de aquel comandante, y sus hombres, presas del pánico salieron despavoridos sumándose al desorden y caos de la situación. Era el fin del mundo sin duda alguna, todas las leyendas se cumplían: La lluvia de acido, la llegada de los Titanes, la aniquilación de su especie y del mundo conocido, eran la prueba de las escrituras.

- ¡La Reina ha muerto!

La frase caló hondo. Sin la Reina, toda la colonia esta perdida…

Los hombres de “Los 7 Ángeles: Control de Plagas” se retiraron cumpliendo su misión como siempre. Otro mundo que llevaban a la aniquilación de manera profesional y por un precio más que razonable…

Los gratmonitas son los habitantes del planeta Gratmonia. Estos peculiares personajes tienen habilidades descomunales, nunca antes vistas por cualquier ser humano. Una de estas es la de volar a velocidades que jamás han sido reveladas en nuestro mundo.

El planeta Gratmonia en si es peculiar, pues en vez de que este rote alrededor de un astro que emane luz, múltiples estrellas rotan alrededor de el.

Cuando los gratmonitas alcanzan un madurez determinada (que para su cultura es de tres años, aunque parecerían de treinta años para nosotros), son lanzados hacia el espacio formado entre los astros de luz y su planeta. La prueba consiste en sobrevivir por lo menos cuarenta días (que como se abran dado cuenta serían algunos meses para nosotros).

Ralf era un gratmonita de casi tres años. Puesto que no es permitido a los adultos decirle a los pequeños de que se trata el ejercicio espacial, la información que Ralf encontró era ilegal. Este gratmonita se enteró de la conspiración que en el siguiente ejercicio se llevaría acabo. El siguiente ejercicio espacial no se trataría solamente de mandar jóvenes gratmonitas al espacio, sino también de aniquilarlos debido a la sobrepoblación de la que sufría Gratmonia.

Entonces, Ralf tuvo un plan. Como de todas formas iba a morir y no había solución a ello, ya que el gobierno gratmonita era muy parecido al comunista, decidió enfrentar su adversidad. Ralf partió aproximadamente tres meses después de que se enteró del plan malévolo, y llevaba consigo un arsenal de misiles y su propia súper velocidad para volar. Ralf destruyo una estrella, y como todo estaba conectado como orbitas en un átomo, subsecuentemente Gratmonia explotó también. Puesto que Ralf no murió, pues su velocidad y conocimiento del caso lo salvaron, huyó a otra galaxia a reengendrar su raza.

Era un miércoles como cualquier otro, quizá un poco más nublado. Ningún ser humano imaginaba lo que estaba a punto de suceder…

Primero, los niños empezaron a caer víctimas de una extraña somnolencia, sólo tomó unos cuantos segundos para que todos, absolutamente todos los niños de la Tierra durmieran profundamente con una sonrisa en su rostro, ante la mirada confundida de padres y maestros.

Fue entonces cuando comenzó lo realmente interesante. Alrededor del planeta la temperatura del ambiente aumentó uno quince grados y, repentinamente, las personas se sintieron invadidas por una sensación de tranquilidad y placer.

La ropa les quemaba la piel, así que se deshicieron de ella lo más rápido posible. Su respiración aumentó el ritmo y sin entender nada se miraron unos a otros, pero ya no podían razonar, su fuerza motriz era la lujuria.

Las filas en los bancos, los supermercados e incluso los templos se convirtieron de un momento a otro en la más descomunal de las orgías, donde hombres con mujeres, u hombres con hombres, mujeres con mujeres, y algunos desafortunados en soledad, se fueron consumiendo entre sudor y gemidos, para coincidir finalmente en una sorprendente explosión exotérmica.

Al instante siguiente: silencio total.

De esta forma, la humanidad se extinguió en un colosal orgasmo que científicos de toda la galaxia han intentado explicar y reproducir sin éxito alguno.

Giovanni Dilcanne, asistente personal del Papa, corría por los pasillos de la Santa Sede en dirección a los aposentos de su Santidad Nicolao I. Giró rápidamente en una de las esquinas y resbaló llevándose entre las piernas una figura invaluable que representaba a San Judas Tadeo.

-¡Figlio di…!- dijo antes de que la imagen cayera al santo suelo y se dividiera en cientos de santos pedazos. El hombre se levantó con un leve dolor en el santo trasero y continuó su carrera hacia las habitaciones papales.

-¡Su Santidad!- gritó- ¡Su Santidad! ¡Despierte!

Uno de los guardias suizos apostados fuera de la habitación pidió silencio, pero Giovanni no hizo caso; abrió las dos puertas del dormitorio y entró seguido de los alarmados guardias que no tenían idea de qué pasaba.

-¡Santidad! ¡Ha llegado la hora!

-¿Mmmm? No, todavía no. Es muy temprano. Regrese mañana.

-¡No! ¡Me refiero a LA HORA…! ¡El Final!

-”Se acerca ya, lo esperaré serenamente…”- canturreó Nicolao que gustaba de las canciones en español, mientras se acomodaba nuevamente para dormir.

-¡No!- gritó Dilcanne arrancando las sábanas de seda que cubrían al Pontífice y dejando al descubierto su mameluco con una cola roja puntiaguda pintada en la parte trasera- La Razón ha invadido al Mundo y los simpatizantes de la Ciencia quieren tomar el Vaticano.

-¿Qué?- dijo el Papa, incorporándose.

-Hay que aplicar el Plan de Escape.

-Hágalo.

Sonó una alarma y al momento, iglesias en todo el orbe entraron en alerta y, junto con la basílica de San Pedro, emprendieron el vuelo. Así, ante la mirada atónita de millones de personas, la raza de los Cath-O-Licks, huyó para intentar colonizar otro planeta no sin antes detonar miles de altares, destruyendo su fallido experimento de oscurantismo y superstición.

-“A mi manera”- cantó Nicolao sin poder ocultar cierto tonillo nostálgico.

El Satánico Dr. Iosephus

-          Es cagado como algunas palabras que son opuestos, si los ves con más cuidado, te das cuenta que son inseparables y en realidad casi casi son silom-simon.

-          Sinónimos.

-          Eso.

-          Bueno, no sinónimos, sino que sean casi lo mismo, sin uno no hay el otro, y al otro le sigue el uno…¿Se dice así, Gabriela? Como sea, mira; cuando caminas, das pasos, cada vez que separas tus lindas patitas es el fin de un paso y al mismo tiempo el principio de otro. Cuando las ruedas de este carro giran, cada vuelta es un principio y un final, simlut…simlut…si-mul-ta-nea-men-te. Carajo, que borracho estoy.

-          Me siento mal.

-          Otra mas. Para que la embriaguez inicie, la botella se debe terminar, juar juar, para que esta conversación iniciara, alguien tendría que venir conmigo ¡JAJAJAJA!…Carajo, eso no tuvo el más mínimo sentido…¿Dijiste algo?

-          Quiero vomitar.

-          Coño, Espérate tantito, orita llegamos a la casa.

 

SKKKKKRRRRRIIIIIIEEEEEKKKKK…….CRRRRAAAAASSSSHHHH.

 

- Ahg, mierda, mi cuello…ghag…Fermin.. ¿estás bien?….Fer…¡¡FEERMIIIN!!!

Todo se fue al carajo, todo desapareció, así, en un tris, tu amor y el centro histórico del D.F. se hundieron en un enorme agujero de kilómetros de diámetro y todavía mas de profundidad.

Miles de personas desaparecieron en el hundimiento, pero no estabas ahí, tu estas lejos, como en otro continente, mientras que yo, en la orilla con muchas ganas de saltar.

Muchos me consuelan diciendo que voy a estar bien, que no valías la pena, así como dicen que es mejor que se haya hundido el centro, porque nos libramos de mucha delincuencia y ambulantes.

La ciudad se ha vaciado, millones en largas colas de automóviles se alejan para nunca volver, pero yo permanezco inmóvil, esperando a una sola persona que por mas que lo desee nunca volverá, parece que también se la trago la tierra al igual que los edificios del centro.

Los expertos dicen que fue por la sobreexplotación de los mantos acuíferos, ¿habrá pasado lo mismo con tu corazón y tu amor? ¿Cómo rellenar un pozo de tal profundidad? Con mas amor, claro, hablando de tu corazón, porque el otro es con tierra.

Finalmente, todos se resignan conmigo incluido, ya nadie hace nada para reparar lo que se hizo con abuso, al centro histórico de mi corazón y a la ciudad.

No puedo distinguir
ningún presagio alentador
una mínima señal
alguna luz…

Luego del impacto, abro los ojos. Una lluvia atroz cae sobre nuestras indefensas cabezas, la gente gesticula y vocifera. Todo sucede tan lento que me siento en una película joligudense. Sigo sin creer que esto está pasando, aunque siempre hay signos que lo advierten, signos que no vemos, que no queremos ver. Más vale que me haga a la idea.

Entre las ruinas, pienso en el mundo que alguna vez tuvimos, el que sólo disfrutamos y no nos preocupamos por cuidar, cuestión que, ante esta devastación, se hace evidente.

Miro tus ojos y me revelan que no importa lo que haga, ya no estás ahí, conmigo. Suelto tu mano que me sujeta ya sin la fuerza con la que alguna vez lo hizo. Me tengo que ir, debo correr aunque te deje ahí, a la deriva. Más a la deriva estoy yo, que por el dolor que siento, sé que sigo viva. Balbuceo algo así como un adiós, aunque ya no hay palabras que puedas llegar a escuchar. Tengo que irme antes que todo me caiga encima.

Con la sorprendente agilidad del que corre para salvar su vida, bajo la escalera, en la calle, la penumbra lo envuelve todo. Las calles tranquilas por las que hace unos minutos caminábamos, son ahora un caos, la vorágine. Es el fin.

Transito sin rumbo y sin querer, deshago el camino andado, me pregunto si todavía me puede servir de algo el celular que tengo en las manos. Me siento desfallecer, me eclipso, me apago. Con mis últimas fuerzas, busco un número entre mis contactos, estoy temblando. Al encontrarlo, titubeo unos segundos pues lo que estoy a punto de hacer no es fácil, respiro y finalmente lo borro.

Levanto la frente y contengo las lágrimas, la llovizna sigue, la gente habla y sonríe alrededor.

Estoy exageradamente encabronado, lo cual por una vez no es exageración. Hace cuatro minutos y tantos segundos, Dios, el lugar común más grande en el universo, tuvo a bien informarnos que había concluido el diseño de una nueva ontología que suprimía, simultáneamente, el pecado y el libre albedrío. Dos grandes errores de la anterior iteración, según él. Saltándose opiniones, revisiones y consultas ciudadanas el Señor ha decidido implementarla de inmediato para desdicha de aquellas criaturas que como yo (Serafín #66306713333) apenas habíamos decidido probar las dichas del pecado y posterior perdón divino. Por si fuera poco, en lugar de aprovechar los instantes finales de la existencia terrenal, tengo que estar aquí redactando informes que seguramente serán desintegrados en el colapso gravitatorio último… al igual que esta queja, espero…. Aunque pensándolo bien, no hay razón para preocuparse ya, siendo el último día del mundo tan pésimo…

Primero llego el maldito calor, los científicos pensaron que era un
cambio normal en la tierra, que en algún punto de sus historia tendría
que volver a suceder, pero los primeros en sucumbir fueron las plantas
y animales, que pensaron fácilmente reemplazables gracias a la tecnología,
la gente solo se preocupo por el precio elevado en las “carne” y porque
cada vez había menos cosas “naturales” para comer y nada mas, pronto no solo
crearon animales sintéticos, si no todo una ecosistema, el cual, no era
compatible con la naturaleza, pero al hombre no le importo.

Esto solo ayudo a que otros recursos como el agua comenzaran a escasear.
Los gobiernos como siempre creían que la solución era fácil, que con tuberías
y pipas podrían arreglar todo, pero eso no basto.

Y así los problemas fueron ignorándose, o solo remediándose a medias,
lo que trajo consigo las guerras y fue cuando se vio que el fin era inminente.

Aun no comprendo como nadie hizo nada para detenerlo, cuando los mares
golpearon zonas que jamás habían alcanzado antes y los peces perdían el
rumbo a sus lugares de apareamiento, cuando la gente moría de insolación o
sufría graves quemaduras de piel aun exponiéndose mínimas cantidades de tiempo al sol,
cuando había sequias en la mitad del globo mientras en otros lugares llovía meses sin
parar o simplemente cuando vino en calor, no puedo entenderlo.

Creo que José lo predijo muchos años atrás:

“Así comenzara todo: No con inundaciones, terremotos, meteoritos o cangrejos gigantes
que vengan a dominar la tierra. No, el día del juicio comenzara simplemente con indiferencia.”

Su mirada está perdida en el reflejo que le regala el espejo de si misma. Se preguntaba mil veces ¿porqué?; no era justo de ninguna manera, ella hubiera dado todo por el, la vida misma. No se explicaba porque el no la amaba tanto como ella a el, pero lo que menos entendía era el porque el había decidido continuar con su pareja; ya lo habían arreglado todo, se irían en tres noches, lejos a iniciar una nueva vida juntos, su nueva vida. Y de la nada el se retira del juego, alegando que no puede destrozarle el corazón, la mataría si le dice que la deja, o simplemente que la engaña desde hace dos años… y prefirió no hacerlo.

¿Que le hizo pensar que ella no moriría al saber esto? ¿Cree que por ser su amante no tiene derecho a un poco mas de amor? Y más cuando ella sí dejo todo por el, luchó contra corriente… ahora solo están ella y ese viejo frasco de pastillas… y ella solo quiere dormir…

Al mismo tiempo que su cuerpo se desvanece poco a poco, una serie de estallidos iluminan el cielo, haciendo ver al instante la destrucción del planeta. Bombas Nucleares que fueron lanzadas por todos los continentes devastaban todo aquello que atravesaba su camino.

Todas las alertas en el mundo se encendieron, un caos se originó, gente corriendo, tratando de encontrar un refugio en donde protegerse. Muertos regados por todas partes, gente llorando y agonizando sin poder hacer nada…

Pero eso a ella ya no le importa, porque hace horas que a ella la había matado el desamor…. Tan solo pensaba en dormir.

Miró sin creer la lista de ciudades que habían desaparecido y era difícil de creer que estuviera en la última, en la que se resistía a caer. La última ciudad en sucumbir a los cuatro jinetes que desde hace más de dos mil años habían sido llamados a gritos según los fanáticos religiosos.

Paradójicamente la ciudad sagrada fue la primera en caer. Donde esta su Dios -pensó- mientras miraba las imágenes en televisión de un aparador del centro comercial que ardia en llamas. Le siguieron muchas más al azar. Como si no hubiera un orden en el fin.

La buscó afanosamente mientras corría entre los ríos de lava y las piedras que caían como disparadas por cañones invisibles del cielo. Nunca fue creyente así que sabia que era el final. Ni por un momento le pasó por la mente el sentarse a implorar como lo hacían la mayoría de las personas.

Los veía rezar y no veía a ningún Dios venir a recoger a nadie, solo el azar parecía escoger quien si y quien no sucumbía bajo una gran roca salida de quien sabe donde o perecía quemado bajo la lava que brotaba de las entrañas de la tierra.

Solo quería encontrarla, el mundo tenía días que se acababa y él quería verla por ultima vez. Pensó en su deseo de siempre. Morir con su nombre en los labios y si a eso le podía anexar su imagen en sus ojos, mucho mejor.

Y cuando al fin la miró ahí sentada en los columpios del viejo parque, viendo el espectáculo que se rendía a sus pies, no pudo entender porque Isabel cantaba mientras el mundo se caía a pedazos. Ella ni cuenta se dio de su llegada, cantaba mientras una gran roca los aplastaba a los dos.

Todo era como un sueño, muy difuso pero a la vez muy vívido. Recuerdo que caminaba por una calle bastante concurrida, sin saber con claridad a dónde iba. La gente, como siempre, con sus caras de bulto y su característico color gris, sólo pululaba.

Entonces, pasó: El cielo se tornó color turquesa (muy brillante) y el piso se transformó en nubes. Con inseguridad, levanté la mirada al cielo y vi una enorme luz, a la cual no sé si podía denominar como Dios, Caos o Naturaleza; pero algo en mí… más bien algo en todos nosotros los que presenciábamos eso, nos decía que sí le podíamos llamar Fin.

La gente empezó a correr con desesperación, como se hace en cualquier momento exagerado de crisis. Yo, seguramente como muchos otros, sólo me dedicaba a ver todo el alboroto, sabía que no había nada más que hacer.

Aún sabiendo de qué se trataba, la quimérica imagen era muy hermosa: el piso hecho de nubes, la pantalla turquesa que representaba el cielo, la gente corriendo como hormigas a punto de ser aplastadas, mientras que otros eran atropellados por los coches fuera de control: todo era caos y La Luz no hacía nada, ya no era nuestra luz. Yo opté por sentarme en el lugar en el que estaba, que en esos momentos ya era como mi espacio personal, mi trinchera, mi eje de rotación. La gente ni siquiera me volteaba a ver, como si respetaran mi sitio. O como si me respetaran a mí.
Silencio repentino.
Todos volteamos al cielo y vimos cómo la luz se hacía cada vez más grande. La gente abría la boca pero ya no existía el sonido. Tampoco había movimiento ni oscuridad: silencio y miedo.

Y de repente, nada.
No desperté.

Todo comenzó con un terremoto, después los volcanes empezaron a despertar, la gente comenzaron a asustarse. Unos decían que era el calentamiento global, otros decían que era el Apocalipsis, otros solo se quedaban a esperar su fin y los niños, todos los niños del mundo comenzaron a morir sin previo aviso, de recién nacidos hasta los 10 años.

De la nada, apareció una luz en el cielo. Nadie sabía qué era. Se fue acercando a la región del pico de Orizaba y la gente de las zonas cercanas se asustaron, pero no era la única luz. Otras luces se vieron también en La península de Kamchatka, el volcán Kilimanjaro, en las islas de Hawai, en el monte Fuji, Vogelsberg, Monte Eberus, Lake Bullenmerrie, Heart Peaks, Wudalianchi, Popocatépetl, y otras zonas de volcánicas…

La vida como la conocemos se esta extinguiendo, no se cuanto tiempo más los humanos dominarán la Tierra, pero ella ya se dio cuenta de que no nosotros ya no debemos estar aquí…

El final se acerca…

5…. Adiós, papá.

4… Adiós, mamá.

3… Adiós, hermano.

2… Adiós, mis amigos.

1… Adiós, mi vida.

Adiós…

Cuando estaba en el autobús rodeado de toda esa gente no pudo evitar sudar frío, un súbito escalofrío recorría todo su cuerpo. Trato de controlar el temblor que gobernada a su mano y actuar lo más normal que le fuera posible; en ese momento, viendo a través de la ventana, no pudo evitar pensar en Samira y en su enormes y hermosos ojos, también vino a su mente el recuerdo del llanto de su madre y del rostro inflexible de su padre. Con un movimiento brusco de su cabeza quiso alejar todos esos pensamientos que a estas alturas no le servirían de nada. Se paró de su asiento y le hizo la indicación al chofer de que iba a bajar.

Mientas caminaba por la calle, con la cabeza fija en el suelo, sintió nuevamente ese escalofrío; metió la mano a la bolsa de su pantalón y sacó una foto, en ella Samira lo veía sonriente, era tan hermosa que apenas podía creer la suerte que había tenido al estar con ella. Levantó la vista y vio que al fin había llegado a su destino; sin soltar la foto, aferrándose a ella como la flor a la tierra, entró al edificio y llegó a la recepción.

Cuando la recepcionista le preguntó qué se le ofrecía, el recuerdo de las palabras que su padre le había dicho una noche antes azotó su mente: El fin de cada hombre es igual al fin del mundo, aquél instante en el que todo desaparece y sólo se busca encontrar la redención. Supo entonces que el fin del mundo había llegado para él. Cuando la recepcionista repitió la pregunta accionó la bomba que estaba pegada a su cuerpo. Escuchó el ruido estridente de la explosión que había causado y en ese preciso instante entre la vida y la muerte sólo pudo ver el rostro de su amada Samira y las lágrimas brotando de sus ojos.

El calor es intenso y la humedad abundante en el estadio Maracaná; sin embargo, los más de 200,000 espectadores seguían con pasión, euforia, incesantes gritos y cánticos las acciones de la serie de penales, en la final del Mundial del 2014: Brasil estaba una vez más en la final, en contra de la sorpresa del torneo: México.

Brasil había pasado sin problemas la fase de grupo, había masacrado a sus rivales con goleadas históricas, como aquella de siete dianas con la que humilló a la defensa italiana, o esos cuatro goles que Pato anotó a Togo para instalarse en la final e igualar el récord de su ídolo Ronaldo.

Por su parte, México había contratado a Fabio Capello, ganador indiscutible de torneros europeos. Su “proceso” fue criticado por el anterior técnico Hugo Sánchez, que no lo dejó de atacar, a pesar de la terrible actuación verde en el mundial de Sudáfrica. Asimismo, los medios criticaron la “poca vocación ofensiva” que mostraba el tricolor. Con la fortuna de un autogol se rompe la maldición de los octavos de final, en los cuartos pasan directo (Inglaterra es eliminada por el doping de Walcott) y en la semifinal todo se decide con un tiro libre de Dos Santos frente a EEUU.

Ochoa detiene el quinto penalti a Anderson. Todo Brasil tiene miedo que ocurra una tragedia como en 1950. Guardado dispara engañando al portero, el balón da en el poste pero de inmediato se incrusta en la red. Sólo mil mexicanos festejaban ante la locura de los brasileños… se podían escuchar alaridos en todo Río de Janeiro.

En el festejo mexicano, a un aficionado extasiado se le ocurrió decir: “Ahora sí: ya se puede acabar el mundo”. En ese entonces la luna cambió de color a un rojo como sangre y de las nubes emergían cuatro jinetes: uno de ellos llamado “muerte”.

El pueblo reunido en la plaza mayor, esperando que aparezca el gran Tlahtoāni y les hable, les explique por que Quetzalcóatl los a abandonado dejándolos en manos de Tezcatlipoca ,si han cumplido todas sus demandas; llueve, truena y finalmente aparece; grande, de piel oscura con sus grandes plumas de colores sobre la cabeza, se dirige al pueblo con gran soberanía y a la vez con una inmensa humildad, su voz se escucha fuerte y clara, pareciera que recorre la plaza entera como un aliento en el que se le va la vida, todos escuchan y el les cuenta:

-El gran Huitzilopochtli me ha confiado entre sueños, que hemos de quedar en manos de Tezcatlipoca, el vendrá en diferentes formas, primero lo confundiremos con Quetzalcóatl y le daremos una gran bienvenida, pero debemos de estar atentos por que cambiara su forma y nos atacara, perderemos nuestra libertad, nos obligaran a traicionar a nuestros dioses, huiremos, nos ocultaremos y ellos nos perseguirán; pero no nos preocupemos, por que nuestros dioses han jurado que ellos nos recibirán, llegara ayudado por la gran Acuecucyoticihuati, traerá ideas nuevas, artefactos desconocidos con los que destruirá este mundo que es nuestro y que el arrasara.

Huitzilopochtli quiere que cumplamos con este sueño, así que no corramos, han llegado ya, nuestro mundo a terminado hemos de regresar a la tierra que nos ah dado nuestra gran felicidad, despidámonos de nuestros dioses y agradezcámosles también que después de nosotros nuevos mundos vendrán, saludemos a nuestra diosa Coyolxauhqui enfrentemos el destino, por que en poco tiempo que ella nos salude el fin de nuestro mundo empezara.

Terminando el gran discurso, él regresa a sus aposentos y decide reposar esperando que Huitzilopochtli le confié algo mas, deseando que algo cambie en el futuro de un mundo que esta destinado a terminar.

Los volcanes nos vomitan su rabia y la tierra nos traga con enojo. Muchos sufren, lloran y mueren. Y los benditos son llevados hasta los pies de su Dios (al que todavía me niego a reconocer como tal).

Nosotros. Los malditos. Los no-cristianos. Los endemoniados “hijos” de Dios, esperamos con lágrimas en la cara el fin de este mundo.

Lágrimas de felicidad.

No más hambrunas. No más guerras. No más niños africanos muertos de hambre. No más políticos ineptos. Solo nosotros, bastardos legítimos del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal. Nosotros que cambiamos la fé por la razón, esperamos aquí, junto a nuestros libros el fin.

El bip de mi reloj me indica que han pasado más de siete horas. Por alguna razón eso me tranquiliza: el tiempo no se ha detenido. Y aún puedo escuchar mi propia voz en la cabeza, cada vez con menos sentido. Tengo una conversación conmigo mismo después de tratar de escuchar el ruido de cualquier cosa alrededor. No hay sonidos, no logro sentir nada con mis manos, he caminado enceguecido desde hace un buen rato y sigo sin poder toparme con algo, apenas puedo sentirme. Sigo pensando, me aferro la conciencia que me queda, pienso para no enloquecer.

La oscuridad había tenido muchos significados en mi vida. La mayoría de ellos aterradores, pero jamás imaginé lo espantosa que puede ser la Luz.

Recuerdos. Acordarme de quién soy. Hace siete horas estaba en la calle. No puedo recordar mi propio rostro… Si tan solo pudiera mirarme… Estaba caminando por el… parque y platicando con… sus ojos eran café oscuro. Puedo recordar el café oscuro. Los árboles alrededor. La Vida. Gente viva a mí alrededor. Un sonido. Una luz a lo lejos. Yo la miré y alrededor nadie parecía notarla. Se acercaba. Yo la vi acercarse. No pude hacer nada. No pude huir, sólo la observaba fijamente… y no he logrado dejar de mirarla. No hay colores, solo ese espantoso y perfecto blanco.

La luminosidad que me envuelve me aterroriza. Cierro los ojos tratando de no percibirla pero aún así sigue estando presente. No se va, no disminuye. Sigue aquí, conmigo. Es una absoluta presencia del Todo. No me gusta.

Me siento solo.

Hoy, celebrando mi centésimo cumpleaños mi nieto me notó aburrido.

- Tengo algo que te va a animar – me dijo.

Lo seguí rodando hasta el patio a donde no dejaba entrar a nadie desde que se instaló en mi casa. Ahí se elevaba el cohete apuntando al sol.

- El cohete sólo es la envoltura. Llevo años preparándolo. Para hoy.

Miré a mi nieto quien me dijo encogiéndose de hombros.

- Yo también me aburro. Creo que lo heredé de tí. Tolero mal al mundo.

Abordamos el cohete. Pronto fuego y humo lo envolvieron y nos llevaron a cientos de kilómetros por encima del suelo. Debajo nuestro la Tierra daba vueltas.

- Ten tu regalo – me dijo mi nieto. - Feliz cumpleaños.

Abrí la caja que me tendía. Adentro había un aparato que tenía un botón.

Deslicé el pulgar por la superficie bruñida del botón. Miré hacia abajo, a la esfera azul y blanca sin chiste y apreté el botón.

Pasó un minuto entero. Ya abría la boca para protestar cuando noté que perdía color la Tierra. Cambiaba de azul a gris.

- Acabas de mandar la atmósfera al espacio. Los océanos están en ebullición y se evaporan. No hay presión atmosférica que los contenga – me explicó mi nieto.

Tenía razón. Al cabo de otro minuto la Tierra ya tenía una hermosa cola. No tardaría en adquirir una longitud de millones de kilómetros. Era aire y agua siguiéndola.

Mi nieto me tendió el hipervisor. Estaba enfocado sobre una ciudad porteña. Ví a criaturas marinas boqueando. Sus gestos de estertor no eran diferentes a los de la gente que consumía los pocos centímetros cúbicos de aire que les quedaban en los pulmones, mientras los rayos del sol los cocían.

Dejé el hipervisor a un lado y contemplé, feliz, el cometa que me había regalado mi nieto.

El mundo como lo conocemos se acaba. Veinte minutos a lo mucho tardarán los misiles del medio oriente en llegar a América del Norte. Desde hace dos días -con el asesinato de todos los líderes en el G8- las ciudades han sido un caos, las comunicaciones -excepto la radio- se han caído, los templos se han abarrotado.

No entiendo cómo es que aun tengo luz. Más ilógico aun es el que yo esté escribiendo un post. Debería estar cogiendo, diciendo “te quiero” a los que quiero, escondiéndome como topo, leyendo lo que me falta de Garibay o haciendo algo que nunca hice… como sexo en grupo, que se yo.

Pero no, estoy escribiendo un post que nunca se publicará.

Los Estados Unidos y Europa ya mandaron a su élite al espacio. Bonitos supervivientes de una raza con la idiota manía de creernos inmortales. Polvo de estrellas es lo que somos. Seguro que esos “elegidos” están filmando ahora mismo el ataque nuclear.

Y yo estoy escribiendo un post. ¿Por qué?

Gazpacho ya ha comido y duerme tranquilo a mis pies. Yo también estoy tranquila. Supongo que es por esa tranquilidad que da el que no queda más que hacer. Tranquilidad que no existe en los gobiernos, quienes ante la inminencia nuclear les dio por “proteger” nuestra “cultura”. Wow, la Monalisa esta a salvo, también discos duros con nuestro conocimiento y hasta DNA de diferentes especies de animales. Seguro que el DNA humano es de un blanquito impedo, pff.

They say the devil’s water, it ain’t so sweet, you don’t have to drink right nowBut you can dip your feet, every once in a little while

Elegí a The Killers y Foo Fighters para morir. ¿Is someone getting the best of you?

Supongo que escribo porque no me confieso, cuando no tomé de esa agua prohibida, chapoteé en ella. Porque hubo quien tuvo lo mejor de mi.

Quizá de lo único que me arrepiento es

Phillippe vio sus sandalias flotar desde la costa, hasta trabarse entre unas matillas de hierba algo alejadas. Advirtió que a su derredor muchas cabañas mantenían las luces prendidas y caviló un poco sobre el ensimismamiento de sus vecinos y lo terco de su resistencia; en la tierra de sus orígenes nada había cambiado.

Phillippe desvistió entonces el resto de su cuerpo. Se libró de pantalones, el saco, corbata y camisa, inclusive su reloj. Su magra desnudez avivó el ulular del viento, a manera de una venia adeudada. Regresar hacia su lecho, sin ropa ni calzado, resultó fatigoso para un anciano como él; no en balde era reputado uno de los hombres más longevos. Phillippe se tendió sobre su camastro hecho de boñiga de elefante, tal como aquellos de su juventud, de amaestrador de circo. Su textura fresca y nudosa le penetró la memoria hasta enardecer casi todos sus recuerdos: el disparo en su mano, las infecciones de un principio, las camas de mierda y los elefantes, el agujero, la sal del mar, la carne negra, la carne blanca, su hijo.

El viejo sabía. Miró hacia las estrellas y esperó.

Primero empezó a verse una luz muy brillante. Pronto, este destello se multiplicó por cientos, iluminando los cielos y la superficie de mil mundos.

Phillippe, anciano, sintió miedo.

Su pecho se estremeció ante la vorágine de un terror acompasado. El viejo apartó la vista y cubrió su rostro con ambas manos. Su respiración se hizo ruidosa bajo el peso de sus palmas; la oquedad entre sus dedos se llenó de lágrimas.

Pasaron instantes hasta que un halo se filtrara por el orificio del disparo -jamás cerró cabalmente-. Escrutando ese vago resplandor, Phillippe reflexionó que el fin del tiempo sería más bien plácido; así que aprestó a afinar la vista a través del agujero en su mano. Descansó su diestra sobre el abdomen y contempló el espectáculo desde su insólita trinchera de carne.

Al final, colmado por una indulgente sensación de inexistencia, Phillippe dejó salir un último respiro, y se durmió.

Era como tener el universo entero en una mano…

Porque el gran día de su ira ha llegado;

¿y quién podrá sostenerse en pie?

 

La vista revienta de sol y verde, el aire fresco alegra los pulmones. Los niños se divierten persiguiendo mariposas y lanzándole ramas al perro. Les prometí que después de comer volaríamos la cometa.

Fantaseo con planes para construir una cabaña junto al lago y disfrutar permanentemente esta tranquilidad. Pero son proyectos para ricos.

Decido dar un paseo, María me pide que no tarde, comeremos en media hora. Que buena mujer, siempre apoyándome, debí estar loco cuando casi la pierdo por estupideces, por culpa de otra. Pero eso quedó atrás, ella demostró una tenaz oposición a que mi debilidad e idiotez destruyeran la familia. Ahora me liga más a ella el agradecimiento por perdonarme. Me cortaría el cuello antes de lastimarla nuevamente.

Me gustan los días de campo. La luz, los colores y el viento lo limpian a uno por dentro, como si te permitieran soñar con ser un mejor hombre.

Pero un recuerdo me asalta: un lecho y un cuerpo prohibidos al alcance de una llamada. ¡El deseo es casi doloroso!, ¡ese cuerpo perfecto y pervertido!. Solamente evocarla me ha producido una erección y miro avergonzado alrededor. ¡Señor, en que estoy pensando!, después de lo que costó restaurar la tranquilidad de mi hogar.

Camino de regreso. Es temprano pero repentinamente negras nubes amenazan lluvia, relámpagos iluminan el cielo oscuro y rojizo del atardecer. Aparto el follaje que me separa del claro en donde esta mi familia y escucho un grito. Mi propio grito.

Mis hijos están tendidos en la hierba, inmóviles. Frente a mi, María cuelga entre los brazos del ser más extraño nunca visto: una gárgola de piel escamosa y tornasolada entre rojo y azul, con un hocico repleto de colmillos de donde mana sangre, sangre del cuello de María que gorgotea haciendo un ruido apagado. Cerca, un ser semejante voltea hacia mi, despliega las alas y sus grandes y malignos ojos amarrillos son la última imagen que veo antes de que una espesa capa roja caiga sobre mi, cegándome para siempre.

Darse cuenta que sostenía el mundo bajo la uña fue el encuentro más holocaustico que le había ocurrido hasta entonces. Catastrófico, fue que acudió presuroso a la farmacia que se localizaba a no más de 300 pasos por la avenida desquebrajaba poco más adelante. Se acercó al farmacéutico con pose señorial y pidió un cortamundos. –Un cortamundos- exclamó asombrado el encargado de las patentes. Volvió a preguntar, pero, más para hallar alguna respuesta de aquel joven que se decidía, así como así, cortar un mundo, en tal cuestionamiento preguntaba porque antes nunca había vendido algún cortamundos, ¡¡es más!!, nunca se le había presentado la ocurrencia de aplastar un mundo, de estrujar un mundo. ¡¡Es más!! no había visto un estrujador de mundos que viniera como los demás proveedores a surtir y repartir mercancía novedosas y “esenciales”, así como tampoco, un vendedor de cortamundos. Rió temeroso de ser tomado como un pelele de bata blanca tras un mostrador. Midió de cabeza a pies al joven que parecía decidido a mostrar su dedo índice causante de tan inoportuna demanda. -¡Mire mire!- sostenía inquietante y firme su dedo con la ayuda de su otra mano, como si pesara una eternidad, un abismo negro, una masa inapropiada. No lo podía creer, de verdad presentaba un mundo por debajo de la corteza. Y sin quitar la mano del mostrador mencionó, -me lo descubrí esta mañana al intentar asear la chimenea hollinada… Yo creo que de allí lo pesque, y como no he estado óptimo de salud, me encontró vulnerable- . Llevaba un mundo con sus mares sus planiciestodo meticulosa… o mejor dicho, cuticulosamente formado. La pose señorial se le iba desvaneciendo y de a poco, se acomodaba el dedo intransigente en el hombro caballistico. Caminó, y finalmente, carcomió la a-venida de los hombres…

I know it’s the last day on earth

We’ll never say good bye

La tierra se cimbraba ante las detonaciones. Las líneas telefónicas se saturaron. Las iglesias a reventar y los saqueos estaban a la orden del día. Las palabras “Te amo” y “perdóname”, se convirtieron en las más sonadas durante esos instantes en que el mundo se derretía.

Se veían las caras de angustia desfilar por las calles y los gritos desgarradores de algunas mujeres que caían llorando ante los cuerpos despedazados y en putrefacción de sus maridos. Los mismos que en vano intentaron detener a las mortíferas máquinas de guerra, días antes cuando el conflicto comenzó.

Soportaron apenas unos minutos y cuando el dominio de los armatostes se vio reflejado, fue necesario iniciar el éxodo inútil, sólo para encontrar un refugio que alargara los pocos segundos que quedaban de vida.

Apenas vi el desfile, pensé inmediatamente en ti, cuando prometiste aquella noche en el mirador, que estaríamos juntos hasta el último día de nuestras vidas…

Una mujer caminaba arrastrando el cuerpo de su esposo, aferrada a una pierna, lo jaloneaba mientras imploraba perdón y rogaba a una entidad inexistente que se manifestara y terminara con la masacre. Otros se quejaban del mal gobierno, de la nula democracia y de que los ejércitos de su país no actuaban como se esperaba.

Sentado frente a casa, con un rifle viejo para espantar a los que intentaban robar mis pertenencias, vi a tu familia pasar. Lloraban amargamente mientras tú me lanzabas una mirada que no supe definir si fue de dolor, auxilio o adiós…

Me importa un carajo si tu mundo se termina, el mío ya estaba muerto desde que partiste…

~ Azota puerta ~

- Bueno, maté a tu jefa, ahora qué?
- No es mi jefa pendejo, es un zombie.
- Pues no se, a ver márcale a su cel.

~ Lupita D’Alessio suena en el bolsillo del Zombie ~

- ¿Ves idiota?
- Chale, se puso fea mi jefa.
- Se puso o ya estaba; ¿qué importa wey, qué está pasando?
- Pues no se, a ver, asomémonos a la callé.
- ¿asomémonos?
- ¿Qué, culito?
- Nunca había escuchado esa palabra, uno dice cosas como “hay que asomarnos”.
- Estas idiota, hay zombies en la calle, nos carga la mismísima chingada y tu pensando pendejadas.
- Mi jefa dice que soy creativo.
- Tu jefa es medio creativa también.

~se asoman por la ventana~

- Sacabó el mundo.
- jajajajajaja
- ¿De qué riés idiota?
- Se acaba el jabón, el gas, la paciencia, ¿pero el mundo? no mames.
- Sigues de creativo.
-¿Qué haremos?
- No se, esto pinta masivo wey, lo que sea que sea, ya fue
- ¿Y qué es lo que está siendo?
- EL FIN DEL MUNDO.
- No te azotes, qué tal si es nomás aquí y aquí cerca ya no hay pedo, o en otra ciudad, tal vez podemos huir.
- Seamos realistas, ahi afuera nomás en lo que alcanza nuestra vista hay unos dos mil zombies como animales, las únicas armas que tenemos es el sacacorchos y tu olor a zobaco; estamos muertos.
- No tenemos nada.
- Nos mudamos antier imbécil, no hemos traído nada.

~Se voltean y sientan debajo de la ventana~

- Nunca escribí mi libro.
- Nunca exploté mi creatividad.
- Pero el mundo aquí sigue, no es su fin, hagamos algo.
- Es el fin del mundo como lo conocemos.

Revienta la puerta principal, se escuchan muchos pasos y gruñidos feroces acercarse rápidamente

- ¿No alcanzo a ir por la botella de whiskey al cuarto edá?
- No.

Dos cuerpos vuelan al vacío desde la ventana del octavo piso; uno grita “Jerónimo”, el otro “Yo también”.

Es posible que ocurra sin previo aviso, es posible que ocurra después de un largo periodo de espera, incluso es probable que nunca llegue a ocurrir; de lo que no cabe duda es que es un tema que tiene mucho potencial: El Fin del Mundo.

Esta semana los participantes de Metatextos deberán escribir en 300 palabras o menos los ultimos cinco minutos de un mundo. ¿Qué ocurrió? ¿una bomba? ¿un meteorito? ¿fue un accidente o fue causado con alevosía y ventaja?

El antecedente literario de este ejercicio es la novela Stringendo, fruto de la pluma de cierto Escritor Local muy prometedor.

Tienen hasta las 23:30 (Hora del la Ciudad de México) del Jueves 6 de Marzo para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 7. Recuerden que hasta el cierre de este ejercicio los textos del ejercicio pasado pueden seguir siendo comentados. que para agilizar la publicación de sus textos, deben mandarlos a revisión y acomodarlo en la categoría correspondiente. Muchas gracias.

 

 

En el vacío del espacio el silencio es apabullante. El planeta, próspero y boyante de vida, gira tranquilo sobre sí mismo y alrededor de su sol, ignorando su destino fatal. Sin previo aviso, una descarga de energía irresistible procedente del sol cruza el vacío, cortando el silencio a velocidad inconcebible.

La energía cruda se impacta contra el planeta, que comienza a arder con el fuego absoluto e incansable del sol, concentrado y fijo sobre su faz mientras rota. El rayo, destruye cuanto toca sin que ninguno de sus habitantes, flora y fauna, puedan hacer algo. Desde las bacterias hasta los seres más complejos y avanzados alcanzan solamente a sentir el calor y la presión del centro del sol. El silencio de toda la galaxia se balancea sobre el hilo tenue de aquella descarga de muerte.

El escenario es desgarrador: la tierra se convierte en magma y el vapor nubla la vista; las complejas estructuras de aquella civilización se derriten al instante y sus habitantes explotan y se contraen al segundo sin dar tiempo a manchar algo con sus entrañas que son vaporizadas en el mismo momento que salen del cuerpo.

No hay tiempo de nada, aunque no importaba ya: desde que aquél rayo mortal hizo contacto con la superficie planetaria todo había terminado: solamente fueron necesarios cinco minutos para destruir algo que demoró eones en formarse. Daba lo mismo morir antes o después.

Cuando termina de fundirse, la masa crítica del planeta explota dando paso a escombros de metal frío en su lugar.

Después de aquel cataclismo, el causante de todo ello se mantiene inmóvil e impasible como siempre, mientras el ser que lo controla, un ente inmaterial, liviano y vaporoso que abarca años luz de distancia, sigue su camino de destrucción: El Destructor ha consumado su tarea.

Toda la galaxia guarda silencio.