Ejercicio 9: Estampa

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Una vez mas, agradecemos a todos los participantes su cooperación; es momento de comentar. Recuerden, mientras más textos comenten, más enriquecedor será este taller. Estén pendientes, el ejercicio número DIEZ se publicará a las cero horas del Viernes veintiocho (28) de Marzo. Hora de la Ciudad de México. (GMT-6)

Saludos

Ella pasa desapercibida; por eso no repare su presencia las primeras clases. La empecé a notar por su puntual asistencia, excelentes participaciones y pasión por la lengua extranjera que aspirábamos llegar a dominar.

Su apariencia no es excepcional: estatura promedio, cabello negro y lacio, piel morena, ojos negros, unas llantitas en la cintura, glúteos y pechos planos. Ni fea ni bella. En clases es entusiasta, pero fuera de eso es reservada, difícil hacerla platicar de cosas nimias y ajenas a los estudios que realizábamos.

Nunca llamaría mi atención.

Dos semanas falté a las clases de kanji, lo hice para ponerme al corriente en las experiencias educativas correspondientes a mi carrera. Ahora estaba retrasado en escritura de japonés. El examen final estaba próximo y necesitaba estar al tiro. Confiaba en mi capacidad pero no en mi disciplina, por eso le pedí ayuda a ella.

Accedió a ayudarme, me cito el salón del centro de idiomas viernes en la noche. El Sensei confiaba en mí y mucho más en ella, por eso nos prestó las llaves.

Comenzamos y después de cierto tiempo algo cambió en ella. Su figura comenzó a tomar una forma esbelta, su cintura agarro una forma más estrecha hasta que las llantitas desaparecieron; sus glúteos se tornaron redondos, firmes y gloriosos; así como sus pechos que poco a poco fueron aumentando de volumen hasta que llegaron a la medida exacta de mis manos; todo su cuerpo, piel, cabello, ojos, labios, pestañas, todo se transformo, para formar parte del cuerpo de la mujer perfecta.

De pronto lo entendí, esa metamorfosis transcurrió mientras ella escribía con ese talento que la práctica le concedió; firmeza y delicadeza en los trazos, creando símbolos de proporciones perfectas, legibles y hermosas. Mi excitación rebasó los límites.

Ella terminó y se percató. ¿Qué ocurre? Me pregunta. Me acerco lentamente a ella, ya a su lado apenas soy capaz de susurrarle: Te deseo.

Con los nervios a mil, hago malabares sobre la tapa del inodoro, necesito ver por esa pequeña ventana, si aún lo haces.

Tras de mí, una puerta que no cierra bien y una reunión familiar que atenta contra mi salud mental y auditiva.

Hace varios años que dejé este apartamento y admito que al principio extrañé verte, cuidarte desde mi silencio, ser tu cómplice, testigo de tu danza con la muerte y tu gusto por las camisas de cuello alto.

La adrenalina de saber que alguien puede entrar sólo acelera mi excitación, siento las palpitaciones en mis oídos tan fuerte que apagan el sonido exterior, el calor del bajo vientre se apodera de todo mi cuerpo logrando arder detrás de las orejas, comienzo incluso a temblar. No puedo detenerme, voy al ritmo de tu jadeo y sudor. Veo tu cara enrojecida y cómo abres la boca con cada vez más desesperación, las sensaciones se van magnificando por la falta de aire y el desafío a la muerte, siento tu placer como propio, haciéndose más grande, más profundo, adquiriendo una nueva dimensión, es el placer en su máxima expresión.

No puedo desviarme de lo que veo, no puedo pestañear, no debo perderme ni un milímetro de tu cuerpo, de tu tiempo, eres mi adicción como en aquellos tiempos, tu maximización del placer incrementa el mío, me fascina verte, intuirte, sentir una leve asfixia y la explosión de las sensaciones.

Si no fuera por la evidente diferencia de edad -que me remuerde la conciencia- intentaría una aproximación… por tanto, sólo procuro cuidarte sin que lo sepas e imaginar el sonido de tu respiración apagándose, mientras yo respiro por los dos.

Debo velar porque puedas desatar el nudo de la corbata colegial que usas y que no tardes en recuperarte.

Rosalía y Gustavo encontraron su pasión mientras aún eran estudiantes de arqueología. Todo comenzó durante una expedición en el tercer año de estudio.

Una noche, estando en medio de la borrachera de fin de semana, Rosalía se alejó del grupo y buscó internarse de nuevo en el sitio y en el camino tropezó con Gustavo quien dió media vuelta sobre su eje y casi por inercia la siguió.

En poco tiempo se encontraron solos enmedio del sitio. La luz de la luna nueva apenas alumbraba algunas estelas -que recién habían sido rescatadas de la selva- dibujando un hermoso paisaje onírico.

Rosalía comenzó a imaginar cuánta fuerza fue necesaria para tallar esas esculturas, se imaginó a los hombres pasando horas golpeando la piedra para sacarla de la mina se sonrojó…de pronto, su respiración se aceleró, sintió un suave calor subiendo desde el centro de su cuerpo, sus pechos se hinchaban al imaginar las ceremonias realizadas a su alrededor mientras veían a esa simple piedra como el objeto más sagrado..

-Si. Y ahora esas piedras están tan duras, tan perpetuas. -Contestó Gustavo ante un comentario que Rosalía había lanzado en medio de su éxtasis. Ella, aún sin salir de su sorpresa, esbozó una sonrisa a la vez que mordía su labio inferior.

Entonces Gustavo se acercó a la estela, se recargó en ella y comenzó a acariciar las formas grabadas a la vez que gemía suavemente. De pronto sintió una manita que comenzó a acariciar su espalda mientras que otra mano se dirigió al cierre de sus bermudas. Cuando Gus se dió la vuelta, se encontró de frente con los pechos desnudos de Rosa.

Así inició esa loca pasión de ese par de arqueólogos que aprovechan cada excavación para dar rienda suelta a su pasión por las viejas piedras.

 

-¿Te gusta reír?

-¿Crees que debo reírme de ti?

Aquel hombre de blanco cayó entonces en un mutismo repentino. Su respiración se ajó desde dentro mientras un vaho agrio, casi vomitivo, le intentaba trepar desde el estómago; a manera de respuesta. Alicia advirtió la dureza de sus palabras.

-Mejor ya no hagamos más preguntas, ¿quieres? Acércate por favor.

El hombre se mantuvo inmóvil. Humillado, su único deseo era abofetearla y salir de ahí. En sus puños, encallecidos por el contacto de la goma, las uñas empezaron a hincársele al punto de hacer brotar un insigne hilacho de sangre; la gota que cayó al piso provocó en Alicia un gesto de temor.

Justo antes de lanzarse a aporrearla, un sonido en su estómago detuvo su avance; el eco del hambre es irreductible. Alicia recobró la confianza y le ordenó que terminara de desnudarse y se aprestara.

El desabrochó su ropón y reveló un cuerpo albo, hinchado de parásitos, pero de canillas muy delgadas. Tenía su pene maquillado de blanco y el glande rojo como cereza. Se acuclilló sobre ella y la penetró.

Apenas Alicia sintió la incursión en su sexo rompió a carcajearse de manera inmunda; con risotadas obscenas y ocasionales escupitajos. Inmediatamente, ella comenzó a golpearlo con todas sus fuerzas, hasta que lo redujo a una masa temblorosa y lloriqueante.

Alicia se apartó, firmó un cheque que estaba sobre la mesilla de noche y salió del cuarto sin siquiera vestirse; traía la ropa bajo el brazo.

Antes de cerrar la puerta, volteó a mirar al tipo y pronunció:

-Eres la prueba de que la risa insulta, Payaso de porquería.

-Marica, qué asco. Vámonos ¿sí?

-Ay Juliana, no molestes. Sólo cinco minutos, estos papayazos no se ven todos los días. A ver, ve copiando:

“En extrañas circunstancias muere ciudadano bogotano. El pensionado Carlos Mendoza fue hallado el pasado sábado por sus vecinos. Su cuerpo desnudo fue encontrado con una bolsa plástica en la cabeza, por lo que se presume sufriría de asfixiofilia…”

-¿Asifixo-qué?

-Asfixiofilia, es cuando sólo se obtiene placer sexual si se obstruye la respiración durante el sexo, la masturbación en este caso.

-¡Ew! Manu, ¿tú crees que don Carlos era de esos?

-Pues hay gente para todo. Sigue escribiendo…

-No, no más, nos vamos ya de acá.

-Agh, no sé para qué te traje. Mira, terminamos esto, tomamos las fotos y nos vamos. Con esta chiva seguro me gano el ascenso en el programa.

“Las autoridades afirmaron que es probable que el occiso haya tenido un paro cardiaco mientras se estimulaba a sí mismo al tiempo que se asfixiaba y veía un documental en Animal Planet.”

-Idiota, el televisor está apagado.

-Lo prendemos.

-¿Estás loco? Si encuentran nuestras huellas nos van a acusar de matar a don Carlos.

-Estás viendo demasiado CSI.

-Y tú estás viendo demasiado Venus, ¿de dónde sacaste eso de la asfixo-cosa?

-Cultura general. Pero dime si no te gustaría, dicen que la falta de aire aumenta el placer, además hay que probar de todo en esta vida ¿no crees?

-Pues yo he probado muchas cosas, pero a eso no llegaría. ¡Cochino!, no toques el cadáver. ¿Qué haces con esa bolsa? ¡Manuel! Deja eso, me estás asustando.

 

-Mmmm, Manuel. ¡No pares!

 

Bogotá, Colombia.

Arrestado empleado de esta emisora por la muerte en extrañas circunstancias de su hermana y su vecino. Las víctimas del pasante Manuel Antonio Botero al parecer sufrían de Asfixiofilia, una parafilia que…

Mi piel desnuda a la luz de la luna llena lucía irreal. Recuerdo vagamente el olor a lavanda. Mi hermana mayor y su amiga me tomaron de ambos brazos mientras ella acariciaba todo mi cuerpo con una rosa blanca.

Recuerdo que dibujaron con sangre de dragón el emblema de la Diosa en mi pecho, y mi amante se acercó a mí y comenzó a besarme. Lo último que miré antes de perderme en sus labios fueron sus preciosos ojos café oscuro. Sus besos se volvieron más intensos y húmedos… de pronto, escuché a mi hermana cantar.

La bella sacerdotisa comenzó a estimularme con la rosa y comencé a gemir en voz baja. Los escalofríos que sentía se hacían más profundos y percibí los pétalos de flores silvestres y hojas pequeñas que iban danzando en mi cuerpo. Era un sacrificio de la naturaleza a cambio de mi virginidad. Mi preciosa madrina tomó el símbolo de madera, lo lubricó con la sábila que yo había cultivado años atrás y comenzó a desflorarme. Sentí un placer distinto a los que había experimentado antes, sentí estar en contacto con todo alrededor y que todo en el espacio presente me amaba. Ella presentó a las demás mi sangre y la guardaron en un paño.

Quedé mirando la luna el resto de la noche. Ella se recostó a mi lado y acariciando mi cabeza me dijo al oído:

- Eres una de nosotras.

Le sonreí y quise detener el tiempo para siempre.

Se conocieron.

Ella se enamoró de él.

Él de ella.

Ella sólo cogía en la regadera porque la lluvia era lo único que le excitaba.

Él detestaba la idea de la regadera, el sexo sólo lo concebía en lugares abiertos.

Para salvar el amor que se tenían, y con el ánimo por fin poder hacer el amor y dejarse de frustraciones se mudaron al campo en una región donde llovía todo el año.

Entraron a la casa, dejaron las cajas, comenzó a llover, se quitaron la ropa y corrieron a los prados verdes, a coger por primera vez como siempre lo habían deseado, así de simple, así de llano.

Se lanzaron al suelo, fue inmediato, no habían respirado dos veces cuando ella ya lo montaba, rauda y veloz, intensa, intenso, ella por fin sentía la lluvia en su espalda y él volteaba a los lados, al ras del pasto, su mirada se perdía en horizontes, en infinitos de placer.

Sentían su piel estremecerse, sus miradas brillaban mientras el jadeo incrementaba, en un respiro sincronizado por fuerzas celestiales se dijeron “te amo” al mismo tiempo; se les erizó la piel de la cabeza a los pies.

Entonces les cayó el rayo.

Ciridongo caminaba por Reforma para cumplir con su ritual de todas la noches antes de irse a acostar a las escaleras del metro. En su mente de ideas cortas y precisas iba disfrutando del único momento de anticipación que tenía en el día. Tanto era el placer anticipado que se le agrietaban las costras de mugre de la cara por ir sonriendo.

Cuando arribaba al cruce de Reforma y Sevilla se sentaba en una de las bancas de piedra que rodean la glorieta. Alzaba la mirada a la fuente y contemplaba, extasiado, el culo más redondo que conocía.

Al cabo de un momento sentía una erección. Metia la mano en las profundidades de su pantalón que le quedaba grande y se masturbaba. Con discreción para que los policías rodantes que pasaban ocasionalmente por ahí no lo interrumpieran.

Al terminar, Ciridongo le dedicaba una última mirada al trasero de bronce contundente de la diana y se iba a dormir. Así terminaba cada día Ciridongo: plenamente satisfecho.

Esa rutina duró hasta la noche que Ciridongo ya no pudo cumplir con el ritual. Algún funcionario del gobierno del DF que sentía lo mismo que Ciridongo en la entrepierna cada vez que pasaba frente a la diana rumbo a su oficina, mandó ponerle, alarmado, una falda de bronce.

Ciridongo no conocía la causa de que la diana tuviera falda pues no leía periódicos. Sólo sabía que por más que estuviera contemplándola, la erección no llegaba. Por primera vez en mucho tiempo, se fue a dormir insatisfecho.

Esa noche Ciridongo soñó con un culo de bronce. Mientras otros más prósperos que él soñaban con culos de carne a los que no se atrevían a acercarse.

-¿Qué si me considero un pervertido? Veamos…

>>Me gusta el sexo, ¿es eso malo? Estoy seguro que no. Dedicar atención, caricias y besos a un cuerpo ajeno que excitado y con la respiración acelerada reacciona a cada uno de tus movimientos. Esa sensación de poder, el saber que eres capaz de provocar un efecto inmediato, el conocimiento de que la otra persona está descubriendo un nuevo mundo gracias a ti, la certeza de que nunca serás olvidado pues eres el primero en revelar ese toque sagrado.

>>La ternura de su piel, la inocencia en su mirada, el en todo momento presente miedo, ¡Dios!, son tantos factores que de tan solo mencionarlos el deseo vuelve a apoderarse de mí, ¿y sabe qué doctor?… es decir, usted es psicólogo pero lo puedo llamar doctor, ¿verdad?… bueno, le decía que está bien sentirse así, los impulsos están ahí para reaccionar a ellos, para satisfacerlos, ¿qué clase de padre le da un juguete a su hijo y le prohíbe jugar con él? No un buen padre sin duda.

>>No me diga que nunca se ha sentido así porque no le voy a creer. ¿Se ha puesto a pensar en esto, doctor? Es magia, magia pura. ¿Cómo puede algo así de hermoso estar mal? No, no puede, así que, ¿que si me considero un pervertido? Pasemos a la siguiente pregunta.

-Como usted diga, padre…

-Ese día fue un accidente, mi novia me lo propuso, yo le dije que era malo, era incorrecto, por favor créanme, no era mi intención…-Pero usted lo hizo aun así, o ¿me equivoco?-Pregúntele a mi novia, ella les dirá lo mismo, por favor quiero irme… Todo empezó en la casa de ella, su nombre Carolina Brawn tiene 17 años, su novio se llama Abel Avilan de 18 años. Ellos cometieron un delito muy grande, es por eso que están aquí, su historia según cuentan es… Ellos estaban en la casa de ella, como un viernes normal, sin nada que hacer, decidieron salir a caminar por las calles de México, en eso llegaron hasta el zócalo donde estaba la pista de hielo, pero ya estaba cerrada, en eso Carolina pensó en que podrían hacerlo en la pista, era una fantasía de ella, Abel no quiso pues vio que avía muchos guardias, pero ella insistió mucho, en eso vieron que los guardias estaban borrachos y se escabulleron hasta llegar a la pista; ya estando en el lugar Carolina comenzó a quitarse la ropa, Abel con pena digo que no quería, que era una locura eso, Carolina no dio mas explicaciones y le quito la ropa y empezaron, Abel se sentía incomodo, pues tenia mucho frió, Carolina lo disfrutaba y no pensaba en otra cosa. En eso la policía llego, por que los guardias creían que eran fantasmas lo que avía en la pista, los atraparon desnudos, los llevaron a la comisionaría y les hicieron un interrogatorio, después de 1 hora llamaron a sus padres para que fueran por ellos y les dieron una sentencia 73 horas de servicio comunitario.

Un patio durante el día, un cuarto durante la noche, toda su vida a sido así, encontrando el gusto cuando la comida por fin llega, siempre rodeada de personas diferentes a ella, que la tocan, la acarician, sus mejores sensaciones son cuando juegan con ella y le hacen cosquillas, pero eso nunca ha bastado para satisfacer sus deseos sexuales, unos deseos desconocidos para ella, solo siente eso que no comprende, y que no la deja de molestar, creándole una gran inquietud desde los huesos hasta casi quemarle la carne.

Una noche, ya cuando estaba en edad de hacer frente a las leyes de la naturaleza, de hacer caso a sus instintos, cuando las hormonas golpeaban contundentemente, no lo soporto más y encontró como pudo una forma de auto satisfacerse, a partir de ese momento, su compañera sexual fue su propia cobija, se frotaba en ella hasta alcanzar el ansiado orgasmo que pedía explotar. A partir de entonces se sintió feliz, completa, ya no le faltaba nada, a fin de cuentas ella no sabía que existían otros placeres aparte de su cobija, que ahora protegía como algo sagrado.

Y no es muy difícil entenderla ya que nosotros nos encontramos en la misma situación atrapados en este mundo sin saber si existen otros con placeres diferentes a los que estamos acostumbrados, infinitamente mayores que aquí, puede que exista algún lugar donde se vive en un constante orgasmo y tienen algo todavía más intenso que no conocemos ni su nombre, donde el sexo es poco comparado con lo que se vive en esos mundos desconocidos para nosotros.

Así que por ahora seguiremos felices con los placeres que conocemos, como lo es la Polka, la perrita de mi amiga que vive en su propio universo.

La habitación donde se encontraba Sara era totalmente oscura, pero a ella no le importaba ya que por una odiosa broma del destino había nacido ciega, la oscuridad era su compañera más fiel.

El frío de la pared se filtraba por el pecho de Sara, pero a ella no le importaba ya que el hielo que albergaba en su corazón era mayor que cualquier temperatura helada que ella conocía.

Las esposas que apretaban sus muñecas la hacían sentir completamente impotente, pero igual ese era el sentimiento recurrente que ocurría cada vez que la gente la ignoraba, cada vez que los desconocidos se burlaban de ella, cada vez que la soledad se burlaba de ella porque no era capaz de escapar de ella.

El dolor iba en aumento pero no le importaba, ya en su vida existe mucho dolor así que esto era una simple distracción a su monótona rutina. La fuerza de su cadenas le lastimaba la piel pero no le importaba su alma se encontraba ya demasiada lastimada las cicatrices que le dejarían en el cuerpo no se comparaban en nada a las que ya tenia desde hace mucho en su alma.

Pero pese a eso al cada uno de los látigos que recibía, el dolor físico hacia la distraía de sus sentimientos diarios, las heridas cada vez eran mas profundas, el dolor iba en aumento, ya no lo soportaba mas, y aunque sabría que esto tendría secuelas en el futuro no le importaba, era mas importante esa sensación que se gestaba dentro de ella, ese calor interno que iba en aumento, que luchaba con el frío exterior, y se la incendiaba, y justo cuando pensaba que se iba a quemar en medio de esa atmósfera gélida y que estallaría, pudo dejar escapar un grito pero no de dolor sino de placer, y unas lagrimas corrieron su rostro pero no eran por angustia sino por felicidad, ya que por primera vez en su vida Sara pudo ver lo que realmente era la luz…….

“En tiempos ancestrales, cuando los varones buscaban el placer en soledad, ofrecían su simiente a la tierra en nombre de la diosa de la fertilidad, que al sentirse fecundada entonaba un hermoso canto que los llevaba a un incontenible placer. Así, semilla por semilla, lograban abundantes cosechas”.

Esa leyenda persiguió a Lucrecia Albassini, pues su increíble voz de soprano y  su rostro angelical rebasaban lo terrenal. Su fama se aderezaba con diversos rumores: los mozos decían limpiar pecaminosas inmundicias en los teatros, los envidiosos aseguraban que el encanto de su voz se debía al impuro gusto de beber de sus amantes el néctar que antaño fertilizara la tierra.

Indiferente a las habladurías, el Cardenal Aguilanti, auténtico apasionado de la ópera, fue el primero ocupar su balcón en el estreno de Ariadna.

Aquella noche, Lucrecia, ataviada con una túnica de blanca seda, entregaba su voz a la melancolía del Lamento. Conmovidos hasta sus más sensibles fibras, mujeres y hombres escuchaban. Éstos, devoraban con los ojos tan hermosa visión, mientras sentían dentro de sus ropas el empuje de sus turgentes miembros. El mismo Cardenal, dejaba caer un hilo de baba.

Por un misterioso infortunio, la túnica de la diva resbaló, dejando a la vista sus voluptuosas formas. La lujuria se apoderaba del teatro mientras ella, en total concentración, proseguía inocentemente su canto, elevando a los presentes al éxtasis. Dulces y salados fluidos mojaban el terciopelo de los trajes que eran arrebatados con frenesí, chorros impulsivos golpeaban los rostros y desbarataban los altos peinados de las damas.

Las beatas mujeres, sin comprender el placer experimentado, estallaron en ira contra Lucrecia, causante de toda esa depravación. La arrancaron del escenario y la martirizaron hasta el límite de sus fuerzas.

La historia se contenta diciendo que al enfermar la cantante, Monteverdi la sustituyó con una actriz. 

El Cardenal, en agradecimiento a su musa, no descansó hasta lograr que se le otorgara la gracia de la canonización, por supuesto, en nombre de la ópera.

Esa tarde, después del funeral me ofrecí a llevarla a casa. En el camino, ella con la mirada perdida sollozaba por la pérdida de Carlos, su esposo, situación que me hizo sentir una sensación extraña, deseaba poseerla justo en ese momento.

Nunca he sido bueno para dar el pésame, así que sólo acaricié su cabello, sequé las lágrimas de sus mejillas y la tomé de la barbilla, acariciándole el rostro, gesto que agradeció con una leve sonrisa.

Al llegar a su casa, la acompañé hasta la puerta y con la excusa de utilizar el baño logré colarme, mientras ella se quitaba el grueso abrigo negro y se derrumbaba sobre el sillón vuelta un mar de llanto.

Me acerqué a ella despacito y la abracé. Su cabello olía tan bien que ya no lo pude resistir. Empecé a acariciar suavemente sus hombros y besé su frente. Cuando me miró con el rostro lleno de lágrimas no pude evitar besarla, extrañamente ella correspondió a mis caricias.

Besé su cuello y sentí como sus uñas se clavaban en mi espalda, así que metí la mano bajo su falda y logré quitarle la ropa interior.

Ni siquiera nos quitamos la ropa, ella con la falda arriba de la cintura se columpiaba sobre mi pelvis, mientras gemía de placer y a la vez seguía llorando por la pérdida del ser amado, quizá el sentimiento de culpa no la abandonaba del todo, pero nunca opuso resistencia.

Luego de pocos minutos, sentí cómo terminaba, mientras en su orgasmo gritaba ¡Así Carlos! Lo menos que pude haber hecho fue molestarme, le había dado a la viuda unos minutos de placer, además de revivir a su esposo al menos por unos momentos.

- Mira esto David:

“Interno muerto por riña”

“Carlos Ramírez, el hombre arrestado por devorar a una prostituta hace dos años fue asesinado en su celda esta mañana por su compañero al suscitarse una riña entre ellos por una carta dedicada a Carlos por una fanatica…”

- Que bizarro. ¿Carlos Ramírez no era al que arrestaron en la redada a un burdel?

- Si, que asqueroso…

- Si imagina todo lo que pasaba en ese lugar, toda la prostitución, mujeres amamantando hombres maduros, bondage, masoquismo, asfixia….

- Yo me refería a lo torcido de devorar a una prostituta…

- Es del todos sabido lo que en esos lugares, pero aun me sorprende lo torcido de la gente, una vez escuche a alguien hablar horas sobre lo “hermoso” de los pies femeninos.

- O esos que cubren con comida a su pareja .

- O los swingers.

- Siempre lo he dicho, nada como la pornografia.

- Si al menos es honesta.

- Y privada.

- Es mas decente.

- ¡Eso es lo que pasa! ¡Ya no hay decencia en este mundo!

- Si, ayer precisamente Karla llego quejándose de que le dieron un arrimón en el metro.

- ¿Karla, eh? ¿Es tu última presa verdad?

- Aja, una maravilla en la cama.

- ¿Como la consiste?

- Hubo un concurso de camisetas mojadas, a Karla le gusta presumir lo que se carga, y por supuesto a cualquiera le gustaría ir a ver.

- ¡¡¡Wow!!! y ustedes ya…

- ¡¡¡Claro!!! Esa misma noche, fuimos a un hotel cerca, de esos que tienen espejos por todos lados.

- Son maravillosos, como los que tienen grandes bañeras espaciosas y cómodas para la ocasión.

- O canales porno…..¿Que?

- Parece que todos a nuestro alrededor nos han escuchado.

- Lo dices como si fuera algo malo, digo no somos unos enfermos mentales…

¿Cómo surgen estas cosas? No lo se, tampoco recuerdo cuando empezó esta… fascinación.

Nadie lo sabia, por que esto no lo hacia en publico; como todos, escondemos nuestras “vergüenzas” en casa, en la recamara, bajo las sabanas. Lo oculte durante mucho tiempo, nadie podía entenderme, no todos podemos ser perfectos, seguidores de normas y leyes que no se quien las impuso y porque las impuso.

Y ahora que lo pienso un poco mas, remontándome a lo mas oscuro de mi mente, donde están guardadas todas esas cosas que nadie sabe, aparece como si fuera una película, donde yo era el protagonista, me veía mi mismo junto a la puerta del baño, viendo a mi abuela secar su cuerpo desnudo con una toalla. Nunca tuve la intención de espiarla, simplemente fue una coincidencia, además de que eso me lleno de vergüenza a tal grado que evitaba toparme con mi abuela, pero no podía quitarme de la cabeza su cuerpo húmedo.

Así que en una ocasión, cuando me quede solo en casa, entré en la habitación de la abuela y tome uno de sus tejidos, y con eso en mano me masturbe por primera vez.

Con el tiempo, mi abuela desapareció de mis fantasías, pero no los tejidos, es tal mi fascinación, que incluso, aprendí a tejer y soy muy bueno hasta eso, de dos agujas y de gancho como quieran, todo para poder tener con que poder satisfacerme.

No todos somos iguales, por eso no espero que me comprendan porque realmente me vale madre.

No sé como es que empecé con esta afición, sólo sé que desde hace más de un año que no puedo alejarme de ésta ventana, y menos si son aproximadamente las 9 de la noche, justo cuando él cruza la puerta de su departamento. Sé la rutina de memoria: tira las llaves a la mesita que está del lado derecho en la entrada, junto con la mochila en donde guarda su laptop; se enfila a la recamara, y se despoja de su chaqueta, el pantalón, la corbata, la camisa… hasta quedar en boxers. Debo admitir que a veces me provoca cierta vergüenza… ¡es tan ordenado! Siguiendo la rutina, se pone un pants, y se sube a la bicicleta por el lapso de 1 hora mientras enciende la televisión para ver las noticias.

Para cuando termina su rutina, está completamente bañado en sudor… aquí es cuando comienza lo realmente excitante. Se dirige al baño, cuidadosamente se despoja de toda su ropa que arroja a un cesto, enciende la ducha y se introduce en ella. Se enjabona ese maravilloso y escultural cuerpo, pero particularmente, en esas ocasiones, cuando sus manos llegan a su miembro y comienzan a jugar con el, es de lo mas placentero para mi. Ser testigo de cómo crece y su excitación se convierte en mía. En más de una ocasión he tocado el cielo, imaginando que soy yo la que provoca sus fantasías, y que todo eso que arroja su ser, se queda dentro de mi.

Mi madre me grita que baje a cenar, que paso mucho tiempo observando con el telescopio el cielo; yo sólo me limito a contestarle que me encanta admirar la vía láctea… ojalá algún día le pueda poner mi nombre a tu estrella…

Bajó las persianas como cada noche antes de dormir, sin embargo antes de alejarse de la ventana alcanzó a ver su silueta. La luz que emanaba del farol de la esquina iluminaba la escena. Se quedo ahí, al pie de la ventana, observándolo, memorizando cada movimiento. A los pocos días esta actividad se había convertido en parte de su rutina.

Caminaba de prisa, el trabajo había estado horrible, ansiaba llegar a su casa para darse un baño. Al doblar la esquina se percató de su presencia, no pudo contener la sonrisa, rápidamente ideó algo para acercase.
-¡Hola! ¿Te ayudo?- dijo nerviosa.
-Gracias, está bien- respondió él.
-Ok, si necesitas algo me avisas, vivo en el 305B- agregó María emocionada.

Subió de prisa mientras repasaba mentalmente lo ocurrido, sonreía. Al entrar se dirigió hacia la ventana esperando poder contemplarlo de nuevo, no tuvo mucha suerte, Juan había desaparecido. Desilusionada fue a encender la ducha para tomar el baño que tanto necesitaba.

Entró a la habitación y poco a poco fue deshaciéndose de la ropa, llegó a la tina y se sumergió. La sangre comenzaba a fluir con mayor rapidez dentro de su torrente sanguíneo, gotas de sudor resbalaban de su frente, empezó a gemir. La humedad se hizo presente dentro de su interior, lo único en que podía pensar era en él, en sus movimientos, en sus manos torpes, en sus piernas inertes, en la dificultad que expresaba su cuerpo para desplazarse. Por un lado sentía una gran admiración por él, por el otro lo compadecía, le tenía lástima, se sentía superior a él y por tanto con la capacidad y el derecho de ofrecerle su ayuda, de cuidarlo, de protejerlo.

El teléfono sonó repentinamente sacando a Maria de su trance, era de la oficina, había llegado un nuevo paciente, contusiones múltiples, accidente automovilístico, cuadraplejía completa. María sonrió ilusionada.

Sus manos la recorrieron poco a poco sintiendo cada reacción y cada leve temblor en su piel. Disfrutaba verla arqueando su espalda y moviendo rítmicamente sus caderas; ella cerraba sus ojos y de vez en cuando, gemía ligeramente incapaz de contener el placer que la inundaba. Él continuaba acariciando, lamiendo, besando. Hablando. Se sentía afortunado de haberla encontrado, un caso así no se había documentado nunca en los anales de la medicina.

Recordaba cuando la conoció en una conferencia sobre el Genoma en la que ella había sido expositora. Al terminar la ponencia él la había abordado y, finalmente después de insistir, ella aceptó una invitación a tomar un café. La plática fue del Genoma Humano a las relaciones humanas. Y, después de unos días de conocerse, hicieron el amor. Una mañana en la que, al terminar, él observó el reloj al lado de la cama, le dijo:

-¡Diablos! ¡Son las diez! Me tengo que ir.

-¿Es realmente necesario?- Preguntó ella perezosamente.

-Sí tengo que irme, tengo una cita con un paciente con varicela. Ya sabes cómo es: Aciclovir 500.

Apenas dijo esto, ella gimió levemente con un sobresalto.

-¿Estás bien?

-Mmmj…

-Ooo…kay…- contestó él, extrañado- También buscaré algo de Nebumetona para una paciente con artritis reum…-

-¡Mmmmmm!

-¡De acuerdo! ¿Qué pasa?

-Mmmmmnada…- contestó ella, entornando los ojos y sonriendo con picardía.

Él meditó unos segundos y dijo:

-Nalbufina, perindopril… ¡Espironolactona!

Ella gritó y se sacudió dominada por un poderoso orgasmo. Él, todavía impresionado, no pudo reaccionar cuando ella lo tomó del cuello y le hizo el amor de la manera más salvaje posible. Desde entonces no olvidaba el Vademécum Médico pues se enfrentaba al primer caso de Onomafármacofilia, el placer sexual en los nombres de medicamentos.

-Alteplasa, altiazida… ¡Amantadina!

Ella gritaba de placer.

Y apenas iban en la “A”.

El Satánico Dr. Iosephus

Era hermosa, su piel blanca reluciente, su pasividad inminente y su sonrisa impasible.

Más blanca que nunca, acostada en la plancha, lentamente descubrí su cuerpo, que algún día fue perfecto y que ahora esta marcado con una cicatriz burda y áspera.

Nada me enloquecía más que tocarla y hacerla mía. Mi bella durmiente le llamaba, aunque nunca me ha dicho una palabra, imagino su voz dulce.

No puedo dejar de tenerla esta noche, será la primera y la ultima vez que la veré antes que caiga entre llamas y desaparezca para siempre.

Mi único consuelo es el comienzo de las vacaciones de semana santa, seguro que vendrán muchas más.

En la oscuridad paladeo los recuerdos mientras acaricio tu pelo, duermes plácidamente a mi lado como si las fuerzas por completo te hubiesen abandonado.

Recuerdo cuando subimos las escaleras, tú, orgullosa de haberme halagado con aromático trabajo en la cocina, yo, orgulloso de lo que había preparado.

Al abrir la puerta del cuarto noté la sorpresa dibujada en tu rostro.

- Hay amor - suspiraste.

Las fragancias del incienso de vainilla y los pétalos de rosa que cubrían la cama se combinaban.

- Desnúdate - te susurré al oído - Estas cansada, necesitas relajarte.

Lentamente te despojaste de la ropa mientras me dirigías ocasionalmente tímidas miradas. Te tumbaste en la cama, mis manos cubiertas con bálsamo de mentol se posaron en tu espalda, un ligero gemido salió de tus labios cuando comencé a frotarla. Con suaves movimientos me ocupé de ti, desde la punta de los pies, hasta los dedos de tus manos, pasando por tus torneadas piernas y generosas caderas. Los vapores de mentol me inundaban los sentidos haciéndome lagrimear los ojos.

- Tengo frío - dijiste.

Te acerqué la taza con té de manzana y canela. Bebiste algunos sorbos. Te arropé.

Nuestros labios se acercaron, nos besamos. Recuerdo tu sabor y nuestras lenguas jugueteando.

- Hazme el amor - me pediste.

Me desnudé y cuidadosamente te penetré. Al respirar sobre tu cuello percibí el olor de tu pelo, inconfundible, tan tuyo, como de yerbas y eucalipto.

Todo se aceleró, los gemidos en mi oído, los enérgicos movimientos de tu cadera, tus uñas hendiendo la piel de mi espalda. Y de pronto la explosión, estertores y un te amo entre gritos ahogados. También un nuevo olor, delicioso, que emanaba de entre tus piernas.

Ahora todo eso se ha difuminado en el aire contenido entre estas cuatro paredes. Pero en mi mente el recuerdo es vívido, como grabado al fuego.

Tengo sueño, mis ojos se cierran.

Para cuando salgo del baño ya estás lista, esperando impaciente mi llegada, cubierta solamente con una delgada sábana blanca, que quito delicadamente dejando al descubierto tu bendita desnudez, inhalo tan profundo como puedo para llenarme de tu olor, y de ti.

Con la punta de los dedos toco suavemente tus pies, ahí es donde siempre inicia el recorrido, mis manos suben poco a poco por tus pantorrillas, puedo notar que te depilaste hace poco tiempo y para comprobarlo acaricio tus espinillas, y sonrío al confirmar mi suposición, más no me detengo y me impresiona la fortaleza de tus muslos blancos como la nieve y suaves como el algodón. Separo ligeramente tus piernas y puedo admirar la flor de tu cuerpo, acerco entonces mi rostro para robar su perfume mientras juego con el poco vello negro que contrasta con la blancura de tu piel. Me incorporo y descubro que me he enamorado de nuevo, siempre me pasa.

Cuidadosamente paso por tu vientre, para no quedar atrapado en la gravedad del agujero negro que lo adorna. Finalmente llego a tu pecho, y con ambas manos lo tomo y estrujo suavemente, envuelvo con mis dedos tus pezones que se erigen majestuosos, tan excitados como yo, acerco mi boca y con el ansía del recién nacido los chupo intentando saciar mis instintos más primitivos.

Levanto la cara y acaricio tus mejillas, beso tu cuello y tus suaves labios mientras juego con tu sedoso pelo que cae por debajo de tus hombros, mi mano recorre de nuevo tu cuerpo hasta llegar a tu pubis, mientras mi lengua juega con la tuya, mis dedos juegan con tu sexo y así continúo hasta terminar.

Finalmente me pongo los guantes para poder llegar al fondo de tu alma y si es posible, descubrir la causa de tu muerte.

Esa tarde al verla luego de tantos años supe el porque de mi tristeza y mi soledad. Al partir de mi pueblo mi alma quedó partida. La soledad y la tristeza eran mis únicas compañeras, mis amigos fueron pocos en esos años y mis parejas menos aún. No me hallaba, mi desinterés por todo y todos era evidente, sin embargo parecía que sólo yo lo notaba y era que estaba incompleto.

Al principio no sabía que me ocurría, pero luego de un tiempo supe que me ocurría, su recuerdo empezó a dar vueltas en mi mente y mi corazón, no lo supe sino hasta ese momento, estaba enamorado de ella, de mi bella María Casquito y sólo después de aquel desamparo que me acompañaba a todas partes me daba cuenta.

Trabajé algunos años más en la ciudad, acumulé dinero y decidí partir de regreso a aquel caserío abandonado en la nada de mi querido llano para poder verla otra vez. Sin embargo, para mi desgracia ella ya no estaba, había muerto de una horrible enfermedad según me dijeron. ¿Qué iba a ser de mí si mi amada ya no estaba? Lo había dejado todo para regresar con ella y ahora no podría quererla nunca más. Esa noche lloré hasta que mi alma quedó seca.

Me levanté tarde, me tomé un café bien caliente, tanto que mis labios se llenaron de ampollas por las quemaduras. Salí y caminé, caminé y sin darme cuenta fui a parar en aquel campo donde tantas veces nos amamos. De pronto la vi y no podía creerlo no podía ser posible, estaba muerta, lo sabía, sin embargo, aquellos ojos dulces me regalaron todo lo que necesitaba. Era su hija, casi idéntica a ella, entonces supe que podía amarla como había amado a su madre.

— o —

Nota del autor: En Venezuela y Colombia se conoce con el nombre de María Casquito a las burras jóvenes, también se les llama pollinas y en la mayoría de los casos sirven como elementos en la iniciación sexual de adolescentes en los campos y sabanas. Aquí pueden leer un poco más del asunto.

En Acarigua, ciudad cercana a mi ciudad natal, Guanare inclusive hay un museo llamado “La Casa de María Casquito”, fundado por Manuel Graterol Santander (a) Graterolacho donde se dan cita algunos de los burreros más conocidos del país, se cuentan sus historias y hasta fotografías de algunas de las burritas más bellas del país son expuestas al público. Lamentablemente no pude conseguir información en línea al respecto.

De todo hay en esta viña del señor: algunas personas consideran suficiente ver una fotografía de Scarlett Johanson para estar a mil; otras consideran necesario vestir a la pareja en una botarga de oso panda. En gustos, se rompen géneros.

El ejercicio de esta semana consiste en escribir un texto erótico de 300 palabras o menos escrito que tenga como tema central alguna parafilia, ya sea ficticia o real. (para las reales, esta lista puede serles de ayuda)

Mucho ojo, no se trata aquí de escribir un relato shoqueante que haga enrojecer al Marques de Sade, sino intentar ponerse en los zapatos de aquellos que tienen gustos diferentes al suyo; al igual que la temporada pasada, traten de ver el erotismo con un enfoque distinto al que están acostumbrados.

Tienen hasta las 23:30 (Hora del la Ciudad de México) del Jueves 20 de Marzo para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 21. Recuerden que hasta el cierre de este ejercicio los textos del ejercicio pasado pueden seguir siendo comentados. También les recordamos que una vez terminado su texto deben mandarlos a revisión y acomodarlo en la categoría correspondiente. Muchas gracias.

P.D: Debido a un error la categoría en la que deben acomodar este texto es la que dice “Ejercicio 9: Estampa”