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Una vez más gracias a todos por su participación. Es momento de comentar. El Ejercicio TRECE será publicado a las cero horas del Viernes Nueve de Mayo.

Cerré la puerta tras él. Para ese momento todo mi cuerpo gritaba que me le fuera encima. Cosa innecesaria, pues apenas solté la perilla, sus manos aprisionaron mi rostro y me besó con vehemencia.

- ¿De qué son todas esas fotografías? -susurró mientras besaba mi cuello y me recorría por debajo de la bata.

- Strippers. Hago una selección para un calendario -dije mientras avanzábamos hechos nudo hacia el sillón.

- Fotógrafa, ¿eh? -dijo mientras le quitaba la camisa.

- Te interesaría posar para mí -pregunté mientras mi pelo mojado caía sobre su rostro.

- Suena bien, sólo que mañana tengo que viajar. Nos podemos ver más adelante ¿no?

Esas palabras verdaderamente fueron música para mis oídos. Sólo había un inconveniente. Tenía que entregar la selección final en dos días.

- Podemos tomarlas hoy, tus cosas están en la recámara.

- ¿Ahora? -respondió jadeando.

-No precisamente ahora -contesté en el momento en que me levantaba en vilo, me llevaba hacia la recámara y me tumbaba en la cama junto a la maleta. Me incorporé y lo jalé hacia mí. Giramos hasta que quedé sobre él. Tomé el sombrero de Indiana Jones de la maleta, lo sujeté con los dientes mientras poco a poco me quitaba la bata. Nos miramos a los ojos mientras me ponía el sobrero, él esculcaba a tientas la maleta buscando preservativos-

- ¿Te importa si pongo la cámara para hacer algunas tomas? -pregunté.

- En lo absoluto.

Completamente desnuda, coloqué el tripie y la cámara. Él me seguía con la mirada.

-Te sonará extraño -dijo- pero jamás había hecho algo así.

- ¿Así cómo? Con una cámara de por medio o con una perfecta desconocida.

- Sé cómo te llamas, dónde vives -dijo, mientras esbozaba esa sonrisa que me derretía de tantas formas- no eres una total desconocida. Termina ya con eso y ven acá.

Obedecí al instante. Sus manos se apoderaron de mis caderas, mientras caían sobre nosotros los primeros flashes. Cada sensación se multiplicaba con la luz. Entonces una nueva luz iluminó mi mente:

- Oye, ¿Indiana Jones tiene un látigo, no?

La enjoyadísima marquesa de Cruzalta recibió la noticia de la pérdida de su maleta con humor.

- Había ahí un vestido exclusivo mío. Como estoy deforme quien haya robado la maleta nomás lo va a poder usar de trapo.

- No la robaron – le informó su dama de compañia. - Confundí la maleta de otro por la tuya.

- ¿Como en esa película de Daniel Jimenez Cacho que nunca he terminado de ver porque me tumba de sueño?

- ¿…?

- Sí. Daniel Jimenez Cacho se lleva la maleta de una fulana y la fulana se lleva la maleta de Daniel. Al llegar a sus casas descubren su error y empiezan a hurgar en las pertenencias del otro para dar con su paradero. Él lee el diario de ella y ella escucha las grabaciones de él. Se idealizan y se enamoran del otro y luego no sé que pasa porque me da sueño y me duermo. Ha de ser porque temo que ambos se conozcan y vivan felices para siempre en lugar de que se aborrezcan nomás de verse, que es lo que pasaría en la realidad. Mejor miremos la maleta que te trajiste.

Abrieron la maleta. Dentro había un encendedor con la frase “carpe diem” grabada y un oso de peluche tan relleno de mota que por las costuras asomaba su contenido.

La marquesa de Cruzalta siguió la recomendación de la inscripción del encendedor. Consiguieron pipas pues ni ella ni su dama de compañía sabían liar un cigarro. Cuando ya se habían fumado a medio oso de peluche la marquesa creyó que era buena idea redecorar su casa. Puso en práctica esa idea encendiendo las cortinas.

Al otro día el servicio forense sólo pudo reconocer a la marquesa de Cruzalta por el oro fundido que cubría su cuerpo carbonizado.

- ¿Bueno?

- ¡Hola Gatita! ¿Cómo andas?

- Mal. Estoy en el funeral de Guillermo.

- ¿Guillermo? ¿Quién es ese?

- Mi novio. Al que apodaban “El Taquero”

- Ah… No te creo. A mí se me hace que otra vez estás en una fiesta. Y no me invitaste, va culera. Yo hubiera llevado el chupe…

- Ejem… ¿no me oíste? ¡Mi novio está muerto!

- Pinche mentirosa que eres. Si en el fondo se escucha que están rapeando y todo el pedo. Seguro está bien chido el desmadre.

- ¿Cuál rapeando? ¡Están rezando, pendejo!

- Ajá, sí. Ahorita mismo le hablo al “Taquero” para que veas que eres bien chorera.

- ¿Y cómo le vas a marcar, si estás hablando conmigo?

- Neta. Deja le digo a mi mamá que le hable desde el suyo.

- …

Suena tono de celular con “La cumbia de los pajaritos”

- ¿Ya ves? Desde aquí suena su teléfono, ni modo que lo hayan enterrado con todo y celular.

- Pues así fue. El así lo señaló antes de morir. Era un pinche frívolo, ya sabes… Ash, no sé por qué te estoy dando explicaciones. Es más, no sé cómo sigo hablando contigo, chinga a tu madre, ¡Adiós!

- Espera, no me cuel…

Gatita cuelga el celular y se dirige hacia los asistentes.

- Ahora sí, sigamos con el “entierro”. ¡Wooooohoooooooo! Ice, ice, baby!

“Para que todo sea consumado,
para que me sienta menos solo,
me quedaba esperar que el día
de mi ejecución haya muchos espectadores
y que me reciban con gritos de odio”.

El extranjero, Albert Camus.

En el funeral, todos platicaban de cómo Meursault era un cínico y que se fue impune al infierno (sea lo que eso signifique). Todos los presentes, ante el ataúd cerrado (nadie quería ver al cuerpo con una cabeza pegada, cual muñeca de trapo reparada), sólo recordaban cómo iba con la cabeza en alto, con aire de magnanimidad, camino a la guillotina. “Dicen que ni a Robespierre se le había visto con tanta calma”, decían las señoras, con los aperitivos y el mal gusto en la sonrisa. Pese a que eran pocos, la verdad es que nadie conocía a Meursault. Todos los que estaban presentes, sólo lo hacían por los aperitivos gratis. Mientras las señoras reían grotescamente y los hombres platicaban sobre las nuevas buenas de la vida cotidiana al otro extremo del cuarto, María, la mujer-alucinación de Meursault, permanecía inmóvil, ante la caja grande, color café y olor a muerte. Después de permanecer unos minutos así, una lágrima, enorme y pura, brotó de su ojo y cayó, sin dar sonido alguno, sobre su pecho. Después, tomó asiento y puso su mano sobre el ataúd. Una de las señoras vio ese momento y advirtió a las demás. El chisme, como es su naturaleza en sí, recorrió todo el lugar. Las personas, dándose cuenta del mal gusto de ir a un funeral simplemente a reírse, decidieron marcharse. María permaneció, sola, con la mano en el ataúd, llorando, no desconsoladamente, sino reflejando una sensación de indiferencia, justo como Meursault lo hubiera tenido que hacer, para que los demás vieran que sí, era humano.

Pocos eventos, si alguno, tienen la carga psicológica y anímica de un funeral.
El ejercicio de esta semana consiste en escribir un cuento de 300 palabras o menos cuyo tema sea las conversaciones escuchadas en los funerales de

a) Un atacante suicida.
b) Un condenado a muerte.
c) Un personaje literario.
d) Ustedes mismos.

Tienen hasta las 23:30 (Hora del la Ciudad de México) del Jueves 3 de Abril para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes 4. Recuerden que hasta el cierre de este ejercicio los textos del ejercicio pasado pueden seguir siendo comentados. También les recordamos que una vez terminado su texto deben mandarlos a revisión y acomodarlo en la categoría correspondiente (Ejercicio 10: Funeral).

P.D: Por primera vez en las diferentes encarnaciones de este, su taller, hemos llegado a un ejercico de dos dígitos. De corázon, muchas gracias por participar.

A cierta edad es dificil para muchos hombres llegar a plenitud de facultados viriles a una relacion sexual, y se buscan formas diversas para satisfacerse y “satisfacer” a su pareja, que pudes ser su esposa, su companera o una cita ocasional, que por no decir que no y porque no se quiera quedar mal, se acepta, aunque tenga que recurrir a productos que garantizan que se dara todo para la satisfaccion sexual, para el y para la pareja.

pueden ser pastilla, pildoras, geles, condones extraordinarios, y de cada uno se tiene una gran variedad de opciones para elegir, antes de que llegue el momento, se pueden escoger, incluso,bebidas energetizantes y para esa noche especial.

Llega el momento, se entra en la habitacion que esta preparada para que el placer sea mas comodo; ella opta porque sea el companero quien le quite la ropa, responde a las caricias previas,al estimulo que en muy poca hace falta para ponerse a cien mil, porque ya desde hace rato o desde que hicieron el pacto se ha estado preparando y sus fluidos vaginales comenzaron el trabajo de lubricar la hermosa cavidad que recibira el miembro que ella misma vio y sintio crecer en sus manos y que ella misma ha humedecido para que se deslice, una y otra vez por su intimidad y que ella gustosa y exitada dejara que lo haga cuantas veces sea necesario y de la forma que el quiera: de perrito, ella arriba, como el monje, o como su imaginacion o sus fantasias le ordenen hacerlo… se llega al termino, los dos exitados y exaustos.

El momento termino y los remedios dieron resultados, pero nadie tiene presente los efectos secundarios que se presentany que duran de dos a tres dias, que incluyen dolores de cabeza y demas malestares que si no se tiene una pareja cerca para descargarlos, solo las tendra que aguantar.

El metro estaba lentísimo y yo tenía mucha prisa por llegar a la escuela. Estúpido examen. La estación se llenaba de gente y el metro no abría las puertas. Era la ironía hecha vida: los vagones vacíos y afuera todos moríamos aplastados, como un chicle debajo de alguna banca.

Magia: se abrieron las puertas y todos entramos para ganar lugar. Me quedé de pie pues sólo recorrería dos estaciones. Se cerraron las puertas y mucha gente se quedó afuera. “Se llama suerte, perras”, dije con los labios, mientras muchos ojos me veían a través de las ventanillas.

De súbito, noté que alguien se me estaba acercando demasiado, más de lo legal. Pensé ir a otro lado, pero ya no había espacio. Me moví en señal de disgusto, pero él puso sus manos en mis caderas y me acercó –violentamente- hacia él. Mi moral retrógrada me decía que esto no estaba bien. Puso sus labios junto a mi oído y empezó a respirar profundamente. Me sentía como líquido en sus manos; como si el aire que emanaba de su boca entrara a mi oído, viajara en espiral hasta conectar mi cerebro con lo que había estado muerto, durante mucho tiempo. Primera estación: se cerraron las jodidas puertas y yo me deshacía en el extraño que me fulminaba poco a poco. Puso su mano en mi cuello y, mientras susurraba palabras, me asfixiaba un poco. Éramos dos átomos a punto de explotar. Justo cuando empezó a acariciar mi cartílago con su lengua, llegamos a la siguiente estación y salí corriendo de ahí. Se me hacía tarde… aunque no fui al examen. No entregué mis tareas, no hice el papeleo que debía ni levanté la mano en las clases: la mano la ocupé, todo el día, encerrada en el baño de la escuela.

Bajó las persianas como cada noche antes de dormir, sin embargo antes de alejarse de la ventana alcanzó a ver su silueta. La luz que emanaba del farol de la esquina iluminaba la escena. Se quedo ahí, al pie de la ventana, observándolo, memorizando cada movimiento. A los pocos días esta actividad se había convertido en parte de su rutina.

Caminaba de prisa, el trabajo había estado horrible, ansiaba llegar a su casa para darse un baño. Al doblar la esquina se percató de su presencia, no pudo contener la sonrisa, rápidamente ideó algo para acercase.
-¡Hola! ¿Te ayudo?- dijo nerviosa.
-Gracias, está bien- respondió él.
-Ok, si necesitas algo me avisas, vivo en el 305B- agregó María emocionada.

Subió de prisa mientras repasaba mentalmente lo ocurrido, sonreía. Al entrar se dirigió hacia la ventana esperando poder contemplarlo de nuevo, no tuvo mucha suerte, Juan había desaparecido. Desilusionada fue a encender la ducha para tomar el baño que tanto necesitaba.

Entró a la habitación y poco a poco fue deshaciéndose de la ropa, llegó a la tina y se sumergió. La sangre comenzaba a fluir con mayor rapidez dentro de su torrente sanguíneo, gotas de sudor resbalaban de su frente, empezó a gemir. La humedad se hizo presente dentro de su interior, lo único en que podía pensar era en él, en sus movimientos, en sus manos torpes, en sus piernas inertes, en la dificultad que expresaba su cuerpo para desplazarse. Por un lado sentía una gran admiración por él, por el otro lo compadecía, le tenía lástima, se sentía superior a él y por tanto con la capacidad y el derecho de ofrecerle su ayuda, de cuidarlo, de protejerlo.

El teléfono sonó repentinamente sacando a Maria de su trance, era de la oficina, había llegado un nuevo paciente, contusiones múltiples, accidente automovilístico, cuadraplejía completa. María sonrió ilusionada.

Miles de cuerpos yacían en el suelo, bañados en sangre y cubiertos de tierra. Las trompetas tronando, llamando a la batalla a escuadrón, tras escuadrón de leales y poderosos soldados, prestos a defender a los suyos del Apocalipsis.

Apocalipsis en forma de una lluvia nauseabunda que quemaba la piel y derretía la carne. Los humildes recolectores solo atinaban a correr despavoridos mientras en lo alto del cielo, estallaba el combate. La aviación desplegaba su, quizás ultima ofensiva, mientras el mundo que millones de individuos conocían, se desmoronaba rápidamente.

Los soldados preparaban sus filas. No iban a pasar a la historia sin luchar, si los ángeles del Apocalipsis pensaban llevarse por delante este mundo, ellos estaban listos para mostrarles el infierno, así fuera el último acto de sus vidas.

Las pisadas de aquellos Titanes legendarios se sintieron hasta lo más profundo de la tierra, haciendo temblar cada estructura y helando la sangre de los habitantes de aquel organizado mundo. Clamaban a sus dioses el porque de aquel castigo, de aquella masacre, mientras sus fuerzas armadas se lanzaban a una batalla inútil.

- ¡Ya vienen! Protejan a la Rei…

El descomunal pie detuvo la frase de aquel comandante, y sus hombres, presas del pánico salieron despavoridos sumándose al desorden y caos de la situación. Era el fin del mundo sin duda alguna, todas las leyendas se cumplían: La lluvia de acido, la llegada de los Titanes, la aniquilación de su especie y del mundo conocido, eran la prueba de las escrituras.

- ¡La Reina ha muerto!

La frase caló hondo. Sin la Reina, toda la colonia esta perdida…

Los hombres de “Los 7 Ángeles: Control de Plagas” se retiraron cumpliendo su misión como siempre. Otro mundo que llevaban a la aniquilación de manera profesional y por un precio más que razonable…

No puedo distinguir
ningún presagio alentador
una mínima señal
alguna luz…

Luego del impacto, abro los ojos. Una lluvia atroz cae sobre nuestras indefensas cabezas, la gente gesticula y vocifera. Todo sucede tan lento que me siento en una película joligudense. Sigo sin creer que esto está pasando, aunque siempre hay signos que lo advierten, signos que no vemos, que no queremos ver. Más vale que me haga a la idea.

Entre las ruinas, pienso en el mundo que alguna vez tuvimos, el que sólo disfrutamos y no nos preocupamos por cuidar, cuestión que, ante esta devastación, se hace evidente.

Miro tus ojos y me revelan que no importa lo que haga, ya no estás ahí, conmigo. Suelto tu mano que me sujeta ya sin la fuerza con la que alguna vez lo hizo. Me tengo que ir, debo correr aunque te deje ahí, a la deriva. Más a la deriva estoy yo, que por el dolor que siento, sé que sigo viva. Balbuceo algo así como un adiós, aunque ya no hay palabras que puedas llegar a escuchar. Tengo que irme antes que todo me caiga encima.

Con la sorprendente agilidad del que corre para salvar su vida, bajo la escalera, en la calle, la penumbra lo envuelve todo. Las calles tranquilas por las que hace unos minutos caminábamos, son ahora un caos, la vorágine. Es el fin.

Transito sin rumbo y sin querer, deshago el camino andado, me pregunto si todavía me puede servir de algo el celular que tengo en las manos. Me siento desfallecer, me eclipso, me apago. Con mis últimas fuerzas, busco un número entre mis contactos, estoy temblando. Al encontrarlo, titubeo unos segundos pues lo que estoy a punto de hacer no es fácil, respiro y finalmente lo borro.

Levanto la frente y contengo las lágrimas, la llovizna sigue, la gente habla y sonríe alrededor.

I know it’s the last day on earth

We’ll never say good bye

La tierra se cimbraba ante las detonaciones. Las líneas telefónicas se saturaron. Las iglesias a reventar y los saqueos estaban a la orden del día. Las palabras “Te amo” y “perdóname”, se convirtieron en las más sonadas durante esos instantes en que el mundo se derretía.

Se veían las caras de angustia desfilar por las calles y los gritos desgarradores de algunas mujeres que caían llorando ante los cuerpos despedazados y en putrefacción de sus maridos. Los mismos que en vano intentaron detener a las mortíferas máquinas de guerra, días antes cuando el conflicto comenzó.

Soportaron apenas unos minutos y cuando el dominio de los armatostes se vio reflejado, fue necesario iniciar el éxodo inútil, sólo para encontrar un refugio que alargara los pocos segundos que quedaban de vida.

Apenas vi el desfile, pensé inmediatamente en ti, cuando prometiste aquella noche en el mirador, que estaríamos juntos hasta el último día de nuestras vidas…

Una mujer caminaba arrastrando el cuerpo de su esposo, aferrada a una pierna, lo jaloneaba mientras imploraba perdón y rogaba a una entidad inexistente que se manifestara y terminara con la masacre. Otros se quejaban del mal gobierno, de la nula democracia y de que los ejércitos de su país no actuaban como se esperaba.

Sentado frente a casa, con un rifle viejo para espantar a los que intentaban robar mis pertenencias, vi a tu familia pasar. Lloraban amargamente mientras tú me lanzabas una mirada que no supe definir si fue de dolor, auxilio o adiós…

Me importa un carajo si tu mundo se termina, el mío ya estaba muerto desde que partiste…

~ Azota puerta ~

- Bueno, maté a tu jefa, ahora qué?
- No es mi jefa pendejo, es un zombie.
- Pues no se, a ver márcale a su cel.

~ Lupita D’Alessio suena en el bolsillo del Zombie ~

- ¿Ves idiota?
- Chale, se puso fea mi jefa.
- Se puso o ya estaba; ¿qué importa wey, qué está pasando?
- Pues no se, a ver, asomémonos a la callé.
- ¿asomémonos?
- ¿Qué, culito?
- Nunca había escuchado esa palabra, uno dice cosas como “hay que asomarnos”.
- Estas idiota, hay zombies en la calle, nos carga la mismísima chingada y tu pensando pendejadas.
- Mi jefa dice que soy creativo.
- Tu jefa es medio creativa también.

~se asoman por la ventana~

- Sacabó el mundo.
- jajajajajaja
- ¿De qué riés idiota?
- Se acaba el jabón, el gas, la paciencia, ¿pero el mundo? no mames.
- Sigues de creativo.
-¿Qué haremos?
- No se, esto pinta masivo wey, lo que sea que sea, ya fue
- ¿Y qué es lo que está siendo?
- EL FIN DEL MUNDO.
- No te azotes, qué tal si es nomás aquí y aquí cerca ya no hay pedo, o en otra ciudad, tal vez podemos huir.
- Seamos realistas, ahi afuera nomás en lo que alcanza nuestra vista hay unos dos mil zombies como animales, las únicas armas que tenemos es el sacacorchos y tu olor a zobaco; estamos muertos.
- No tenemos nada.
- Nos mudamos antier imbécil, no hemos traído nada.

~Se voltean y sientan debajo de la ventana~

- Nunca escribí mi libro.
- Nunca exploté mi creatividad.
- Pero el mundo aquí sigue, no es su fin, hagamos algo.
- Es el fin del mundo como lo conocemos.

Revienta la puerta principal, se escuchan muchos pasos y gruñidos feroces acercarse rápidamente

- ¿No alcanzo a ir por la botella de whiskey al cuarto edá?
- No.

Dos cuerpos vuelan al vacío desde la ventana del octavo piso; uno grita “Jerónimo”, el otro “Yo también”.

El Ratón le dijo a Teté:
“Oye niña, oye, oye!
me han mandado pa’ decirte que te metas
¿qué no me oyes? Ah, que pendeja”.

Y Teté se volvió hacia el primero:
“Peladote, majadero!
estoy solo esperando a mis amores
y tu, gringo ¿quién te crees? Ven que te doy en el trasero.”

El Ratón a Teté le dijo:
“Ay que miedo, como tiemblo!
Todavía que me tienes de cautivo
hago favores, si soy muy lindo”.

Y Teté por poquito se desmaya:
“Pobrecito! vaya, vaya;
lo trajeron desde Texas percudido
y sin nadie que lo pele, ay, mi pobre vaquerito”.

El Ratón le dijo a Teté:
“¡Ah, que escuincla! ¡Que se meta!
Se lo he dicho a mañana, tarde y noche
y me hace pura geta”

Mas la otra replicó bien enojada:
“Directito pa’ tu jaula”!
ve y diles que me quedo aquí sentada
corre que tienes pies grandes y vete ya a la tiznada”

El Ratón miro a su pareja:
“¿Cómo dices? ¿No te dejas?
Si ni siquiera tienes los catorce años,
imagina ya de vieja”

Y Teté contestó como las bravas:
“Come gringo, puras habas!
todavía que te rescato de los gatos,
órdenes vienes a darme, vas a dar al escusado”.

 

Odín

Se levantó perezosamente de la cama, metida a duras penas en un pequeño departamente de 4×7 m. Se rascó la axila derecha, parado ahí en el cuarto lleno solo por su cama, Gungnir (¡oh! ¡Hace cuanto que no ve acción esa noble arma!) en una esquina y en la única silla del lugar, estaba botado un traje rojo, con su cinturon de hebilla gigante, con todo y su gorrito, con esa molesta bolita blanca en la punta. Estaba nevando afuera y su turno en el Mall empezaba en tres horas. Maldijo por lo bajo viendo con enojo el traje rojo y se volvio a meter a la cama, intentando recobrar esos 5 minutos desperdiciados en ese terrible traje rojo.

Canek es libertad. Estaba él en algún donde dormitaba cuando a lo lejos, en el horizonte se dibujaba la figura de un niño que venía hacia él.

Canek se levantó, y esperó a que el niño lo alcanzara; traía un pequeño pajarillo en sus manos.

— ¡Ha muerto! — dijo el niño entre sollozos

Y Canek dijo:

— Tranquilo, niño Guy, que no pasa nada, porque las avecillas muertas son como los niños y solo despiertan, para poder volar majestuosamente hasta las manos de Itzamna quien les acoge con gran dulzura y los lleva a su hermoso jardín.

En la pequeña hacienda esperaba callada y solemne la señora Sofía, la tía Chofi, quien desde hacía años esperaba poder morir de verdad para poder ver a su amada madre, a quien se consagró lo que le quedaba de vida.

Sirvió los platos de comida a Canek y al niño Guy, se sirvió ella y comieron los tres callados mientras empezaba a llover afuera.

Los tres vivos, tan vivos que comían sin dejar sobras.

Tan muertos, los tres tan muertos.

Tan llorados por los indios mayas como por el buen Sabines. Tan imaginarios como aquel pequeño duende que nadie ve en Cuba llamado Fidel Castro. Tan reales que comían en la misma mesa aquella tarde en una hacienda en algún lugar de la península de Yucatán.

-Señor Rangel, el país está en pánico, no sé cómo pero la noticia llegó a las televisoras e imprudentemente la difundieron. ¿Qué vamos a hacer?…-Nada podemos hacer Gerardo. Estados Unidos está a horas de atacarnos y nosotros simplemente no tenemos defensas, hay un abismo de diferencia de poderes.-¿Y el proyecto liga extraordinaria? Tenemos la máquina del tiempo, para traer héroes, los necesita el pueblo.-Los necesitamos, pero no los tenemos. Porfirio Díaz dijo que si no lo hacíamos presidente no peleaba, él era nuestro gallo.-¿Qué tal el santo?-Pura fantasía, igual que la lucha libre en general.-¿Y Hugo Sánchez?-Está en Madrid, se decidió a ayudar a los españoles por si los invaden también.-¡Los niños héroes!-¿Para que se suiciden? Mucha pinche ayuda.-Podría ser el subcomandante Marcos…-Lo trajimos y no hemos podido ni hablar con él, lleva 2 días mariguano.-Bueno, Vicente fox, ¿no?-Su nieto, el presidente, por su imprudencia tiene al país en esta crisis, ¿le hablamos al abuelo?-Bueno bueno, Zapata, Villa, Morelos…-Ninguno es viable, ya los pensamos y a varios les hablamos, no sale nada. A muchos les pagaron los americanos para que peleen por su causa.-Entonces hay que crear uno, algún civil.-En México eso no pasa, aquí no hay héroes, nadie quiere serlo. Nadie mira por los demás, este no es un país donde salen campeones de cada rincón, de cualquier casa; la mentalidad aquí es otra, de huevones agachados, por mucho que nos disguste.-No pues está duro, oiga, señor Rangel, ¿y si traemos a Batman? Ese sí es bueno, ¿qué no?-Ay muchacho, Estados Unidos no nos invade, nos conquistó desde hace mucho. No hay más por hacer, te lo digo porque soy mexicano.

Por causas de imposibilidad tecnológica, el ejercicio se cerró con casi diez horas de retraso. Una disculpa a los autores que fueron publicados fuera de tiempo.

Gracias de nuevo por su participación. Comiencen a comentar.

Si algun hay alguien interesado, la rola utilizada para este ejercicio fue “Cazador de Ballenas” interpretada por Cabezas de Cera

Hoy por la tarde he llegado a Quebec, donde pasaremos con la familia de mi padre las fiestas navideñas, a nuestra llegada mi abuelo Patrick me ha pedido que le acompañe por un par de cosas que faltaban para la cena.

Bajamos por la calle rumbo a la tienda donde mis abuelos compran sus víveres, él me ha notado seria y me ha preguntado que ocurre, le conte que deseaba terminar un cuento que escribía sobre navidad, pero que no había podido, por diversas circunstancias.

- En ese caso yo te cuento uno-

- Le mire y sonreí, él tenia la costumbre de sacarse de la manga cuentos e historias según la ocasión, ya casi no recordaba ese detalle de mi abuelo.

Frente a un pino estaba él, no dejaba de contemplarlo, mientras que a su larga y blanca barba . A su derecha tenía una gran bolsa, estaba vacía de cosas materiales, pero si estaba llena de esperanzas, de ilusiones, de recuerdos, pero en si no tenía nada, le faltaban caricias, amor, comida y una frazada que lo abrigara.

La gente pasaba y monedas le arrojaban, ni siquiera lo miraban, de pronto un niño corrió junto a él, lo miró a los y lleno de ilusión le pidió por favor que para navidad le regalara una familia que lo pudiera cuidar y amar, el pobre anciano le explicaba que él no podría hacer una cosa así, porque era lo que él también buscaba.

El niño llorando , lo miro y le grito, pero Papa Noel, no me puedes decir eso yo no te pido juguetes ni nada de eso, solo alguien que me cuide que me proteja que me quiera que abrigue por las noche, no me abandones ahora Papa Noel, eres lo único que me queda.

Y de pronto el árbol se iluminó y el viejo, en Papa Noel se convirtió, y nunca más de él se pudo separar, hoy están juntos repartiendo sueños en cada noche buena.Por fin el niño pudo tener su familia y el pobre viejo encontró las caricias que le faltaban.

-Te amo abuelo- le dije

Le tome del brazo y regresamos juntos a casa.

El ejercicio de esta semana, es una tradición metatextual que celebramos por segundo año consecutivo:

 

Escuchando el excelente disco de reinterpretaciones de las tradicionales canciones navideñas del cantautor Norteamericano de origen Armenio Sufjan Stevens, me vino a la mente una idea ¿por que no reinterpretar también los tradicionales cuentos navideños, de una manera similar a lo hecho en el ejercicio número 2 de la primera temporada de Metatextos?

 

Ese es el ejercicio de esta semana, muy ad hoc con las fechas decembrinas que se festejan a lo largo de toda latinoamérica: Reinterpretar un cuento navideño tradicional o escribir uno original con tema libre, únicamente con el tema navideño de trasfondo.

 

Tienen hasta las 23:30 horas del Jueves veinte de Diciembre para entregar sus textos. Como siempre, serán publicados a partir de las cero horas del Viernes veintiuno de Diciembre.

En el año de 2014, buscando en la enorme biblioteca de mi suegro algún libro para escapar de las desesperantes voces de mi esposa y suegra, quienes discutían por el precio de una lata de alverjas. Harto de la inútil disputa, me refugié en aquella sala, y ahí hallé un extraño y antiguo manuscrito:

 

“Vera Kite, la primera gran poetisa de Kircaldy, quien fue una de las grandes geniales-brillantes boreales más influyentes de este mundo. Sin embargo, antes del grandioso iniciar poético las cosas no eran como lo son. Todo comenzó cuando ella tenía 16 años.

“Al despuntar el luminoso-calórico del tercer día de la cuarta septena del noveno-ciclo de la nocturna-redonda, la joven Vera Kite, abandonó con sigilo su cómodo-ensoñador. Se dirigió quedamente a través de la empinada-escalonada a la elegante-comestible-elaborada, de donde salió para librarse de ataduras.”

“Su dador-de genes-XY, roncaba aún, mientras su dadora-de genes-XX, encontraba la nota que su única portadora de genes, había dejado frente al espacio-vacío para entrar al cómodo-ensoñador. Al leerla, gritó y rompió en húmeda-tristeza-óptica: – ¡querido, nuestra pequeña-adorada se ha ido! ¿Cómo pudo hacerme esto a mí?”

 

“Nunca la volvieron a ver, algunos dicen que sí, en el quinto día. Pero que el ansía de vivir libre pudo más, que el monótono constante-cumplir-ciclos en donde tenia todo lo que se pudiera comprar excepto la estruendosa-divertida. Dicen que ella se fue con su primer amado-adorado, un elegante-surte-hábil de poderoso-veloz-consumidor de energía…”

No pude terminar la lectura porque muy a mi pesar, la discusión llegó hasta la biblioteca, pero está vez ya no tenía lugar a donde huir.

…que Clío no me condene por intentar siquiera imitar la pluma de Borges…

La música en Tlön, también es considerada un objeto único; sin embargo, al contrario de la literatura, tiene un carácter efímero pero a la vez continuo. Se piensa —de la misma forma que lo hacía Schopenhauer— que está separada de las demás artes. No existe un concepto de música como interpretación independiente con ciertas características de ritmo y tiempo, de hecho en Tlön la música alguna vez tuvo un principio pero no se espera que tenga un final.
Se tiene la idea que la música es producto de un solo autor intemporal, que ya está escrita y que tan solo está esperando a ser interpretada a manera de improvisación. Se piensa que es una especie de pulso universal y que es el trabajo de los músicos encontrarlo de la manera correcta.
El único conjunto musical de Tlön ha estado interpretado desde tiempos inmemoriales de manera continua, sin descanso y sin partituras. Los músicos son reemplazados periódicamente para mantener la calidad y la composición ideal de la banda. Por supuesto que el tono y el ritmo varia según el ánimo del grupo.
La música en Tlön es irrepetible e irrecuperable. No existe una notación musical y no hay forma de guardar para la posteridad los grandes momentos musicales. Tan solo existe el recuerdo colectivo de las antiguas interpretaciones y la esperanza de estar ahí justo en el momento en que los anónimos músicos alcancen un momento de gloria.