El frío lo situó en Nueva York cuando despertó en su cama del Hotel Sheraton. No supo cuando se quedó dormido: las imágenes, los sonidos y las texturas en la pared, principalmente las que le recordaban el porqué estaba ahí, le jugaron mil bromas. Su lengua parecía velcro y buscó desesperadamente la jarra con agua. De repente, como un flash, recordó lo que soñó entrada la madrugada.
(Mark sentado en el escritorio, leyendo The Catcher in the Rye. Holden Caulfield de frente)
-Mark D., eres un perdedor. Eres una gran mierda. Ahora lo necesitas hacer.
- ¡Ja! ¿Cómo hacerle caso a un mocoso como tú?
- Tendré dieciséis años, pero no soy un pendejo como tú: deseando ser yo. ¡Hazlo y punto!
(Mark se queda pensando.)
- Ya lo habíamos comentado… “Él conoció a donde fueron los patos en el invierno. Tú lo necesitas saber…” Perdiste una oportunidad de oro en octubre. En su cumpleaños. Fuiste una nena. ¡Marica!.
- ¿Por qué lo querré hacer?- Pregunta Mark, escribiendo en el libro “This is my statement…”
- Pon también: Holden Cauldfield
- Porque si lo haces, serás recordado por todos. Serás “El hombre del Karma Instantáneo”. Jai guru deva om- replica Holden.
-Jai guru deva om. ¡Ahora todos brillamos como la luna, las estrellas y el sol!¡Sí! De acuerdo, Holden.
Mark se asea, se viste y muerde una manzana. Se sienta en el escritorio. Limpia su Revolver .38 y pone las balas con cuidado. Pone el arma, la cartera y el libro dentro de su pantalón. Se abriga y sale del cuarto.
-Lo haré porque sí. ¡No hay ni una puta razón!- piensa.
Baja en elevador. En recepción deja su llave y un mensaje.
-Si preguntan por mí, entregue este papel.
- Muy bien, Mr. Chapman.
Y sale del hotel.
