Inés se detuvo en el umbral del lujoso salón que se dibujaba entre luz y penumbra. Al fondo, vio a Lucía, arrodillada frente al ataúd. Con asombro, observó en la pared un retrato conocido, cuya mirada le produjo un estremecimiento.Algunos rostros voltearon a mirarla. Lucía se levantó y caminó hacia ella.
- Qué haces aquí, qué quieres. -dijo en voz baja con un dejo de desprecio.
- Necesitaba venir. Lucía, le sonará extraño… pero quisiera recuperar algo que, en cierta forma, es mío.
- Nada que esté en mi casa es o fue alguna vez tuyo.
Inés fue hacia el fondo del salón sin mirar el ataúd y contempló el retrato.
- Esto es un recuerdo mío -le dijo.
Lucía rió acallando los murmullos. Cohibida volteó a mirar el ataúd y susurró:
- Yo mandé hacer este retrato poco después de nuestra boda.
- ¿Pagó por este cuadro?
- Por supuesto. Incluso le ofrecí a Leandro mi apoyo para el pintor, un tal Medina, aunque nunca volví a saber de él.
- ¿Ofreció ser mecenas del pintor? Vaya Lucía, su generosidad no tiene límites. ¿También pensaba condicionarlo a casarse con usted para tener sus favores?
Lucía se quedó sin habla mirándola con furia.
- Por lo visto, Leandro le guardaba algunos secretos -agregó Inés. Vera, este retrato se pintó mucho antes de lo que cree. ¿Recuerda el reloj que le regaló cuando empezó a “apoyarlo”? Busque en él una inscripción, es la misma que verá alrededor de su mano en el cuadro. Le dejo mi tarjeta, por si cambia de opinión.
Al volver del cementerio, Lucía buscó la caja donde su marido guardaba aquel obsequio, en la tapa leyó unas palabras, mismas que encontró en el reverso del reloj. Agitada, fue hasta donde estaba el retrato. En una minúscula y hermosa caligrafía halló la frase. Desconcertada, sacó del bolsillo la tarjeta y la leyó mientras sentía hervir su sangre:
Inés Medina. Pintora
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“Allá en el fondo está la muerte, pero no tengas miedo” es un fragmento de Instrucciones para dar cuerda a un reloj de Julio Cortázar.
