Ejercicio 1: Zombis

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Caminando, todo el día caminando.

Hace tiempo que no ve un ser humano vivo, las calles están casi desiertas, hay un cuerpo decapitado pudriéndose por aquí, uno allá y otro más adelante y cada ser con el que se topa lo ve como su comida.

Lleva días sin probar bocado, la lluvia lo ha ayudado a mitigar su sed pero no es suficiente, su cuerpo maltrecho lo hace cada vez más lento, pero no se detiene, tiene que encontrar alimento, algo que sacie su hambre y su sed y que lo provea de fuerza para continuar su camino.

Cruza calles, plazas, centros comerciales y otros lugares a pesar del peligro que representan, el hambre lo hace cada vez más temerario. Entra en una tienda pero el éxito parece eludirlo, sale de ella y el ya habitual silencio es interrumpido por un grito.

En medio de la desorientación que el hambre le provoca, logra ubicar el lugar y se apresura hacia él, se tambalea y cae por el cansancio extremo, se levanta con dificultad, su cuerpo está al límite pero no puede ignorar el grito.

Llega demasiado tarde.

Los restos de una joven están esparcidos por el lugar, la carne del torso fue arrancada a mordidas, los miembros parecen haber sido roídos y la cabeza no está en el sitio.

Busca con la vista pero no hay nada ni nadie, se acerca lentamente y empieza su festín, no probará carne viva pero esos despojos lo mantendrán unos días más hasta que encuentre otra víctima… o hasta que alguien lo decapite.

Ser un muerto vivo no es fácil.

Hola, soy Maria y quisiera hablarles de mi papá. ¿Por qué? Pues porque él no es como los otros: es un zombi.

Así es, mi papá es un muerto viviente proveniente del panteón. Sus ojos son rojos como la sangre, su piel es verdosa como el pasto, huele a carne echada a perder y es bien fácil que pierda la cabeza.

Pero no me malentiendan. Él es un buen padre y es muy bueno conmigo. Si estoy aburrida, me deja armar su cuerpo como rompecabezas. Si estoy triste, se quita los ojos y hace malabares con ellos para hacerme reír. Una vez se le cayó un brazo y un perro lo enterró en el jardín. Nos tomó toda la tarde desenterrarlo, pero fue muy divertido. Y cuando alguien me hace algo, siempre está ahí para defenderme.

Lo malo es que en ocasiones puede ser un verdadero monstruo. Si se enoja, comienza a hacer ruidos extraños y no entiende razones. Si alguien lo ve feo en la calle, inmediatamente comienza a perseguirlo. Y si no le agrada un novio mío, lo amenaza diciéndole que se comerá su cerebro. A pesar de esto, yo lo quiero mucho y lo considero el mejor padre de todos.