Para Joako
por su cooperación, paciencia y mamonería.
-Tío, ¿se siente bien?
-Sí, solo un poco cansado del viaje. No te preocupes Estela.
-Por favor, siéntese. ¿Le sirvo café?
-Gracias.
-Mi tía Eveli, ¿cómo está?
-Bien. Viene en camino con los chamacos.
-Ese par de latosos. ¿Qué dicen mis primos?
-Pues, Jorge se acaba de titular y Joaquina apenas va a entrar a la universidad.
-¡Qué bueno!
-…
-…
-¿Cómo te sientes?
-Mal y usted lo sabe, pero debo hacer el esfuerzo. Aunque muchas veces él me dijo que ya estaba cerca su hora, no pude hacerme a la idea. Y ahora…
-¿Y… cómo pasó sus últimos momentos tu papá?
-Siempre decía que a lo que más le temía era formar parte de la inexistencia, pero no se le veía asustado ni angustiado, estuvo sereno y atento. ¿Papá nunca le dijo como deseaba morir?
-¿Te refieres a lo de Buñuel?
-Sí, en su último suspiro dijo: me muero y estoy consciente de ello. Y esbozó una sonrisa.
-Recuerdo el día que leí el texto del funeral. Le pregunté, ¿qué onda con tu “cuento”? Me contestó: así es como quiero morir. Y además, mi hija, si es que llego a tener una, se va llamar como La Jefa.
-¿Escogió mi nombre sin siquiera saber si yo llegaría?
-Ya sabes. Sus iris.
-¿Cómo el día de mis XV?
-Y que lo digas. Cuando me dijo que en lugar de darte tu última muñeca, te regalaría su libro de cuentos de Asimov, le dijé “¿Qué quieres?”.
-¿Qué le contestó?
-Nunca le he regalado una muñeca, para qué lo haré ahora que ya no juega con ellas. Este libro es un tesoro para mí.
-Y lo cuido como tal.
-Eso lo hacía feliz…
