-Este sí que no baila, pero tampoco se detiene-.
Un instante para reposar el cuerpo, buscar provisiones, tal vez armas; una alternativa. Alguien -no importa quién- aprovecha sus últimas horas para masturbarse en una esquina; nuestro fin es inminente, nuestra locación, idónea. Escondidos en una Sexshop tenemos la ventaja de las luces neon; le veremos venir. Le frenaremos para que al menos algunos escapen nuevamente. No quedamos ya ni diez metatexteros y empero, siendo francos, los posibles sobrevivientes son todavía menos. En la retaguardia, Cazador y Triquis comienzan a evidenciar indicios de la mordida y en cuanto a mí, desde mi caída del autobús cada vez camino con mayor dificultad; pronto no podré mantener el paso y tendrán que decidir entre abandonarme o cargar conmigo y sacrificar velocidad.
¡Mierda! ¿Cómo podíamos adivinar que él no permitiría que este mundo siguiera su marcha sin su presencia? De todas formas era obvio que ninguna caja le contendría del día o de la noche. Ahora somos objetivos, simples squares que cometieron el error de jugar un ejercicio metatextual demasiado cercano a su muerte; tentando al ego probablemente más ambicioso que haya pulsado un teclado. Llevamos días huyendo. No tuvimos tiempo ni de enterrar el cadáver del Árbol; él, que decidió suicidarse antes de traer la muerte al resto.
Hemos intentado todo pero no sucumbe. Hipster nos persigue todo el camino a Ptown. Ahí veremos si el hechizo que Lilith compró a un bokor haitiano valía tanto como lo que ella tuvo que ofrecer. Aún nos queda un hálito de esperanza.
Oigo un grito y un cristal rompiéndose. Todos corren al otro lado de la tienda, pasándome hacia la salida trasera. El último rostro que veo desfilar es del buen Semidiós -me despide con mirada sincera-. Luego sólo un par de ojos fulgurantes y dientes rechinando. Le vacío toda la munición pero es inútil. Norman Mailer Zombi está sobre nosotros.
León
