Navidad

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Niña

Elisa despertó sobresaltada. Un mensaje en su celular le hizo recordar la fecha: Noche Buena. Todo el trabajo de la oficina y un par de días en completa ebriedad le hicieron perder la noción del tiempo y, sin quererlo, se atrasó en los debidos preparativos.

Sin perder más tiempo se vistió con unos jeans, camiseta y huaraches y salió hacia el mercado popular. Ahí encontró las esferitas de cristal, el heno y las figuritas para el nacimiento, así como los filetes de pescado, las nueces de castilla, manzanas y unos caramelos. Por último pasó por la sexshop pues faltaba el detalle final para su Noche Buena: un negligé negro, adornado con un par de cascabeles en lugares estratégicos.

Tic- tac… los minutos pasaban y a Elisa le quedaba mucho por hacer. Aún así consiguió con gran maestría hacer varias cosas a la vez: mientras preparaba la ensalada se puso una mascarilla de miel; al tiempo que cocinaba los filetes Elisa se depilaba las piernas con cera y finalmente, mientras se maquillaba consiguió colocar la serie luminosa en el viejo árbol de navidad.

Cuando al fin quedó todo listo, Elisa se tendió sobre el sofá con una copa de vino blanco. Sólo restaba esperar a su invitado especial. Cercana a la media noche unas pequeñas campanitas sonaron en el ascensor…El corazón de Elisa se sobresaltó- ¡Es él, es él – Pensó mientras se apresuraba a apagar las luces dejando la habitación iluminada sólo por el árbol navideño.

La puerta se abrió poco a poco y una majestuosa figura asomó entre las sombras. Caminó lentamente hacia el árbol de navidad arrastrando un pesado costal. En ese momento Elisa salió de la penumbra luciendo el sexy atuendo elegido para la ocasión. Caminó lentamente hacia el barrigón y, mostrándole un coqueto fuete plateado, le dijo:

-Lo siento Santa… este año he sido una niña muy mala-

Felices fiestas… y que tengan una feliz Noche Buena :lol: :lol:

Por si les interesa, les comparto el cuento de Navidad que esribí el año pasado :mrgreen:

Cuento de Navidad al estilo de la Cofradia Vol. 1

Cuento de Navida dal estilo de la Cofradia Vol.2

– ¡Me niego rotundamente, no, no y no! – Una vena palpitaba en la frente del rey Serakin que ni siquiera su negra piel lograba ocultar.

Discutía el etíope con su colega Magalath, algo ya convertido en costumbre. Entre ambos, con mirada cansada, el viejo Galgalath escuchaba la reyerta. Suspiró hondo, parecían dos niños. El anciano les dejaba tranquilos hasta que las discusiones empezaban a tornarse violentas, sólo en ese momento les detenía. Serakin siguió con su perorata: – ¿Por qué he de ser yo quien entregue el oro? Pareceré un falto de modestia, un pedante pues. ¿Por qué no lo entregáis vos? ¡Claro sólo porque soy negro!
– Pensad lo que deseéis, ya esto lo hemos hablado en oportunidades anteriores y no pienso ceder un ápice ante vuestra necedad. No entregaréis el oro, no se diga más.
– ¡Sois un crápula, un tunante, un…!
– ¡Calma señores, no os dejéis llevar por la ira! – Interrumpió Galgalath, justo a tiempo para evitar un enfrentamiento que podría llegar a las manos.
– Hagamos algo, – prosiguió Galgalath – Dejadme a mi el oro, tu Serakin llevaréis el incienso y nuestro querido Magalath llevará la mirra. ¿Qué os parece?

Algunos días después, Serakin gritaba energúmeno: – ¡Ese maldito viejo se nos fue!
– Es vuestra culpa – respondió Magalath. – Si hubierais aceptado llevar el oro, el pícaro no nos habría estafado.
– ¿Pero que iba a saber yo que se trataba de uno de esos mercaderes judíos?
– Sois un idiota, ahora no hay nada que llevarle al niño.
– Que se joda el niño. Se me ocurre que podríamos ir donde el viejo Ya’akov, yo empeñaría mi corona y con eso tendríamos suficiente oro.
– No lo se, no lo se. Mañana supuestamente llega el verdadero Galgalath. – El rostro del rey estaba marcado por la preocupación, luego siguió: – ¡Vamos, que carajos, algo nos darán por esa lata!

“Ya no puedes ir a ningún lado sin tener que escuchar interminablemente canciones de navidad”, -dijo, mientras recibía su coche del valet parking saliendo del restaurante. “Y lo peor de todo, Rodolfo, es que de tanta repetición se le pegan a uno en la cabeza. Justo el otro día venía tarareando una de ellas y cuando me di cuenta, me dio tanta vergüenza que pensé en darme un tiro a la cabeza. ¡Yo! De todas las personas, ¿yo? ¿murmurando la letra de una canción infantil?”

“¡Qué cosas piensas!”, - respondió Rodolfo con una sonrisa. “¿Qué canción causó esta avalancha neuronal?”

“Una del fulano ese… Lalo Guerrero…” Las últimas palabras las pronunció en voz baja, sentía sus mejillas ruborizarse por la confesión, así que decidió cambiar de tema. “¿Sabes qué se me hace fascinante, Rodolfo? Los sinónimos. Me parecen un gran invento, además de una maravillosa adición a la lengua”.

Rodolfo, tomándole la mano, rió diciendo.- “Ay, chaparrita, me gusta que me haces reir”.

“Chaparrita tu madre, y no te rías cuando discuto algo serio.”

“OK, hablemos de sinónimos entonces. ¿Sabes que los sinónimos no siempre son intercambiables?”

“¿Estás loco? Si esa es la función y razón de existir de los sinónimos.”

“Si, pero hay palabras que no puedes reemplazar, como por ejemplo, las que componen la letra de una canción. Usando sinónimos se convierten en una cosa ridícula.”

“Bueno, Rodolfo, hay canciones que ya son ridículas. ¿No escuchaste mis quejas sobre los villancicos y similares?”

Rodolfo, cantando, “Cencerro sobre cencerro, y sobre cencerro la unidad, asómate a la ventana verás al infante en su cuna…”

María, interrumpiendo, “Rodolfo, ¡basta!, no me hagas reir, ¿no ves que estoy de mal humor?”

Rodolfo, cantando nuevamente, “Crepúsculo de concordia, tinieblas de cariño, todo duerme en derredor…”

María, aprovechando la luz roja del semáforo lo besa. “Rodolfo, ¿sabes lo difícil que es ser novia de alguien con tu nombre en estas fiestas?, especialmente con tus habituales catarros”.

“Diles a mis papás en la cena de mi cumpleaños, no es mi culpa que a mi en lugar de la cigüeña me haya traido Santa Claus”