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	<title>Metatextos &#187; Phillippe</title>
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	<description>Literatura minimalista en línea</description>
	<pubDate>Mon, 06 Oct 2008 23:40:34 +0000</pubDate>
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	<language>en</language>
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		<title>Quemar las treguas.</title>
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		<pubDate>Fri, 02 May 2008 05:06:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leon</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ejercicio 12: Continuación]]></category>

		<category><![CDATA[Phillippe]]></category>

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		<description><![CDATA[Un hombre cortó con su silueta el haz de luz que recién se filtraba al cuarto a través de la puerta desvencijada. Su sombra creció sobre los confines de la habitación, conectando las tinieblas en una amenaza; fija sobre la mujer y el pasaporte.
Ella reaccionó con un giro del torso hacia la puerta, constriñendo un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un hombre cortó con su silueta el haz de luz que recién se filtraba al cuarto a través de la puerta desvencijada. Su sombra creció sobre los confines de la habitación, conectando las tinieblas en una amenaza; fija sobre la mujer y el pasaporte.</p>
<p>Ella reaccionó con un giro del torso hacia la puerta, constriñendo un chillido bajo su esternón y forzándose a espetarlo como gemido de angustia. Al descubrir esa mirada puesta en ella comprendió la identidad del invasor. El pasaporte le pesó entonces como una sentencia; observó sus dedos entreverados con las hojas ensangrentadas y sintió cómo éstas le acosaban la garganta repugnantemente. Tosió. Tosió desde la base del estómago y lanzó el pasaporte con el último de sus espasmos; comenzó a tallarse las manos frenéticamente contra el regazo; intentando borrarse el veneno incipiente de la violencia.</p>
<p>El hombre emitió un bufido osco y se lanzó sobre ella.</p>
<p>Monique saltó del asiento pateándolo hacia atrás, provocando que el negro trastabillara sobre éste; más no lo suficiente para caer. Tras otro impulso, el hombre la atajó a medio paso, derribándola sobre la mesa y luego al suelo, quedando encima de ella. La mujer sintió su cuello preso de las manazas de la bestia y pronto empezó a perder oxígeno. Intentó defenderse. Golpeó al agresor con cualquier resto de los objetos de la valija, pero era como integrarlos a la fuerza paquidérmica de su furia.</p>
<p>El negro sintió avidez por el cuerpo de su presa. Sorprendido, soltó una de sus manos para levantar las faldas de la mujer y contener sus pataletas con el tórax. Frotó sus muslos con ligereza y apenas tocó el triángulo blanco de sus bragas, eyaculó frenéticamente.</p>
<p>Ella también arrojó un gemido placentero, asfixiado&#8230;</p>
<p>Quedáronse impávidos por horas.</p>
<p>A lo lejos, el encendedor refulgió con el brillo de la calle; la inscripción enlució prístina: &#8220;Cuando los elefantes pelean, es el pasto el que sufre&#8221;</p>
<p>&#8230;</p>
<p>El hombre intentó encenderse un cigarro; sí, él: bastardo, profanador, carne de miseria. Phillippe.</p>
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		<title>Lastres</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 05:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leon</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ejercicio 11: Maleta]]></category>

		<category><![CDATA[Phillippe]]></category>

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		<description><![CDATA[Ella se sentó de espaldas a la valija. Intentó llevarse un cigarro a la boca, pero sólo logró espaciar sus jadeos lo suficiente para acallarlos. El sudor que habíale pegado la blusa al cuerpo fue secándose, dejando tras de sí un frío salobre que, en ausencia de mantas o alguna sábana, la obligó a escudriñar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ella se sentó de espaldas a la valija. Intentó llevarse un cigarro a la boca, pero sólo logró espaciar sus jadeos lo suficiente para acallarlos. El sudor que habíale pegado la blusa al cuerpo fue secándose, dejando tras de sí un frío salobre que, en ausencia de mantas o alguna sábana, la obligó a escudriñar entre el contenido de la maleta; en busca de suéteres o algo.</p>
<p>Lo primero que captó fue un olor reconocible: el tufo de la mansedumbre obrera. Todo dentro hedía a cansancio, a polvo y sudor. Nada de valor o importancia. La maleta estaba llena de basura; de recuerdos forasteros y baratijas. Había dos cajas de cartón: una con papeles anudados y otra sellada con cinta, cuyo sonido acusaba a naderías sueltas. Encontró un suéter. Dos. Remendados pero útiles. También hubo shorts doblados, unos folletos, calcetines y ropa interior. Trusas. Esta era la maleta de un hombre.</p>
<p>Tras sacudir los suéteres y ceñírselos encima, abrió el paquete de papeles anudados y pasó los dedos entre éste, buscando billetes o cambio escondidos. La mayoría eran recortes de periódico u hojas con escritura ininteligible, pero hubo una fotografía que le atrajo: un hombre blanco con sotana, en medio de lo que parecía una misión africana; rodeado de gente negra. Apartó la fotografía y tiró el resto al suelo.</p>
<p>De un tirón reventó el sello de la otra caja; su contenido quedó disperso sobre la mesa. Había varias piezas de metal y cuerda, además de vendajes; y lo único relevante, eran un encendedor de latón con una leyenda y tres iniciales, y un pasaporte de Uganda. Ella tomó el pasaporte con cuidado, pero al abrirlo descubrió que éste estaba quemado por dentro, y había manchas de sangre entre las páginas&#8230;</p>
<p>Entonces se oyó un gran golpe mientras alguien tiraba la puerta a sus espaldas&#8230;</p>
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		<title>PeekABoo</title>
		<link>http://metatextos.com/2008/03/07/peekaboo/</link>
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		<pubDate>Fri, 07 Mar 2008 06:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Leon</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ejercicio 8: Fin del Mundo]]></category>

		<category><![CDATA[Pasados]]></category>

		<category><![CDATA[fin de los tiempos]]></category>

		<category><![CDATA[Phillippe]]></category>

		<category><![CDATA[universo]]></category>

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		<description><![CDATA[ Phillippe vio sus sandalias flotar desde la costa, hasta trabarse entre unas matillas de hierba algo alejadas. Advirtió que a su derredor muchas cabañas mantenían las luces prendidas y caviló un poco sobre el ensimismamiento de sus vecinos y lo terco de su resistencia; en la tierra de sus orígenes nada había cambiado.
Phillippe desvistió [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Phillippe vio sus sandalias flotar desde la costa, hasta trabarse entre unas matillas de hierba algo alejadas. Advirtió que a su derredor muchas cabañas mantenían las luces prendidas y caviló un poco sobre el ensimismamiento de sus vecinos y lo terco de su resistencia; en la tierra de sus orígenes nada había cambiado.</p>
<p>Phillippe desvistió entonces el resto de su cuerpo. Se libró de pantalones, el saco, corbata y camisa, inclusive su reloj. Su magra desnudez avivó el ulular del viento, a manera de una venia adeudada. Regresar hacia su lecho, sin ropa ni calzado, resultó fatigoso para un anciano como él; no en balde era reputado uno de los hombres más longevos. Phillippe se tendió sobre su camastro hecho de boñiga de elefante, tal como aquellos de su juventud, de amaestrador de circo. Su textura fresca y nudosa le penetró la memoria hasta enardecer casi todos sus recuerdos: el disparo en su mano, las infecciones de un principio, las camas de mierda y los elefantes, el agujero, la sal del mar, la carne negra, la carne blanca, su hijo.</p>
<p>El viejo sabía. Miró hacia las estrellas y esperó.</p>
<p>Primero empezó a verse una luz muy brillante. Pronto, este destello se multiplicó por cientos, iluminando los cielos y la superficie de mil mundos.</p>
<p>Phillippe, anciano, sintió miedo.</p>
<p>Su pecho se estremeció ante la vorágine de un terror acompasado. El viejo apartó la vista y cubrió su rostro con ambas manos. Su respiración se hizo ruidosa bajo el peso de sus palmas; la oquedad entre sus dedos se llenó de lágrimas.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Pasaron instantes hasta que un halo se filtrara por el orificio del disparo -jamás cerró cabalmente-. Escrutando ese vago resplandor, Phillippe reflexionó que el fin del tiempo sería más bien plácido; así que aprestó a afinar la vista a través del agujero en su mano. Descansó su diestra sobre el abdomen y contempló el espectáculo desde su insólita trinchera de carne.</p>
<p>Al final, colmado por una indulgente sensación de inexistencia, Phillippe dejó salir un último respiro, y se durmió.</p>
<p>Era como tener el universo entero en una mano&#8230;</p>
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