Sarcasmos

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Al principio estaba el Hombre. Pero éste no se percataba de su entorno y sobrevivía  por instinto. Descubrió el fuego y aprendió a utilizarlo a su favor, y vio que el fuego era bueno.  Al día siguiente descubrió que el metal es maleable, y vio que era bueno.

Llegó la conciencia y el Hombre vio que vivía en las tinieblas.

Conforme fueron pasando los días, el Hombre fue aprendiendo de su entorno. Pero a pesar de su conciencia, el Hombre no estaba consciente del Universo.

Entonces el Hombre dijo: Tengo curiosidad. Y se hizo la luz.

- Antes que nada, permítame felicitarlo. Su novela es, sin duda, un gran trabajo. Desde la primera página atrapa y fascina. Usa un lenguaje muy ameno, la incursión de palabras “ostentosas” le dan a la narración elegancia sin perder la amenidad. Los aforismos empleados, son bellísimos. El desarrollo de la trama está bien logrado, termina uno involucrándose con el protagonista y la psique del mismo. Le repito, buen trabajo.

“Pero hay un ligero inconveniente. Es totalmente inapropiado el uso de cierta palabra, en la segunda escena de amor, y por eso no podemos publicar su historia.

- Ok, ya esperaba esta reacción. Dígame, ¿si cambiara esa palabrilla por un eufemismo “apropiado” publicarían la novela?

- No habría problema.

- ¿Cree qué deba hacerlo?

- Sinceramente, no. Su novela es perfecta tal como está. Lamento enormemente que no pueda ser publicada, pero como funcionario, tengo la obligación de proteger a la comunidad de material dañino. Normalmente le pedimos al autor en turno que haga ligeros cambios en su obra, para que sea apta para todos.

- Lo que me dice es, que hará a un lado todo el contexto expuesto en más de 500 mil palabras, sólo por una. Una palabra que la “comunidad” determinó maligna.

- Su obra es muy buena, de lo mejor que he leído en mucho tiempo y es una pena que no deba salir a la luz. Cambiando esa “palabrita” sería aprobada sin dudarlo, pero sé como piensa, yo alguna vez fui escritor, y sé que no está dispuesto a alterar su obra.

- Me devuelve mi borrador.

- Fue destruido.

- ¿Qué?

- No se sienta mal, en compensación el gobierno le concede este cupón.

- ¡¿Sólo un kilo de tortillas?!… ¿Me lo cambia por uno de frijoles?

- Desafortunadamente hay escasez. La lucha en contra del Imperio Americano es ardua.

- Dos años de trabajo… por un kilo de tortillas… ¡La verga que!